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El Espiritismo

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Enviado por:  CHRISTOPHERNORMA  02 octubre 2012
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Palabras: 1985   |   Páginas: 8
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El espiritismo... ¿cómo lo ve Dios?

SALUSTIO, historiador romano, dijo: “Lo que da solidez a la amistad es que a los amigos les gusten y disgusten las mismas cosas”. Y es verdad que el amigo es la persona con quien uno tiene mucho en común, alguien en quien uno puede confiar. De la misma manera, Dios también nos considera amigos suyos y nos permite acercarnos a él si nos gustan y disgustan las mismas cosas que a él. Esto significa que nos atraen cualidades divinas como el amor, la paz, la benignidad y la bondad, y hacemos esfuerzos diligentes por imitar esas cualidades en nuestra vida. (Gálatas 5:22, 23.)

Por lo tanto, para ver si Dios aprueba el espiritismo, primero pudiéramos examinar su fruto. (Mateo 7:17, 18.) ¿Nos ayuda a desarrollar agradables cualidades piadosas? Para descubrir si es así, consideremos dos ejemplos de la vida real.

Adivinación, hostigamiento y muerte

Asamaja Amelia, una señora de mediana edad de Suriname, tenía 17 años cuando se envolvió en la adivinación, una forma de espiritismo. Alcanzó gran estima en su comunidad porque sus predicciones se realizaban, y por el beneficio que recibían los que buscaban su consejo. (Compárese con Hechos 16:16.) Pero algo le causaba molestia.

“Los espíritus que me utilizaban para expresarse eran bondadosos con las personas que buscaban su ayuda —dice—, pero a mí me hacían sufrir mucho. Después de cada sesión, me sentía como si me hubieran golpeado, y casi no podía moverme. Al caer la noche yo buscaba el descanso, pero ellos no me dejaban quieta. Me perturbaban, hablándome y manteniéndome despierta. ¡Y qué cosas horribles decían!” Suspira, y con la mirada baja, sacude la cabeza con movimiento de repugnancia. “Les encantaba hablar de las relaciones sexuales e insistían en tener coito conmigo. Aquello me alarmaba. Yo estaba casada. No quería ser infiel a mi esposo, y eso les dije. De nada valió. En cierta ocasión una fuerza invisible me venció, me tocó y apretó el cuerpo, y hasta me mordió. Me sentí muy abati

da.”

Usted quizás diga: ‘¿Espíritus que animan a cometer inmoralidad sexual? ¡Eso es increíble!’. ¿Es posible tal degradación en unos espíritus?

“¡Es peor que eso! —dice Izaak, a quien ya mencionamos—. Cierta noche nos llamaron para ayudar a una enferma a quien perturbaba un espíritu. El guía del grupo —el médium de un espíritu más fuerte— trató de echar a aquel espíritu. Pasamos un día entero suplicando la ayuda del espíritu del guía. Danzamos y tocamos los tambores, y la enferma empezó a mejorar. El guía le ordenó al espíritu que afligía a la enferma que saliera de ella, y así sucedió. ‘Hemos vencido’, dijo el guía. Entonces nos sentamos a descansar.”

Izaak hace una pausa significativa, y por un momento sus ademanes cesan. Entonces continúa: “Pasó un rato, y parecía que todo marchaba bien, pero entonces nos sacudió un grito terrible. Acudimos corriendo a la casa de donde había venido el grito y vimos allí a la esposa del guía. Lloraba histéricamente. Dentro de la casa estaba su hi ...



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