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Caputalismo En eñ Peru


Enviado por   •  6 de Junio de 2013  •  1.830 Palabras (8 Páginas)  •  289 Visitas

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La Revolución Capitalista en el Perú

Jaime de Althaus

Introducción

Durante la segunda vuelta del proceso electoral del 2006 se produjo un fenómeno mediático sin precedentes: prácticamente todos los diarios y canales de televisión manifestaron –más o menos explícitamente- su apoyo a Alan García frente a Ollanta Humala. Esa casi unanimidad fue percibida por algunos sectores de izquierda como sospechosa, asfixiante y sublevante. Veían detrás de ella la acción de grupos de poder o, en el mejor de los casos, el miedo instintivo del Perú criollo, dominante y discriminatorio al Perú real, andino, cholo, un miedo que era, en el fondo, el temor a perder posiciones de privilegio en una revolución democrática. Y hubo miedo, sin duda. Pero no a un cambio democrático y justiciero, sino a una involución estatizante y populista que pusiera en marcha nuevamente todos los mecanismos que nos habían llevado al enfrentamiento, a la descapitalización del país y a la larga crisis económica que desembocara en la hiperinflación de fines de los ochenta. Pero más que miedo, era la sensación de impotencia y desesperación de constatar que no habíamos aprendido nada de la historia, que el fantasma de Velasco podía regresar y pasearse como Pedro por su casa. Era la anticipación a un desaliento nacional muy grande.

Por eso, incluso sectores de izquierda más modernos se inclinaron también por García en la segunda vuelta, y pudo ganar casi milagrosamente el candidato que más desaprobación y voto negativo había registrado en los dos últimos años en todas las encuestas. Entonces, la pregunta era, más bien, por qué Ollanta Humala convocaba tal rechazo en los sectores que podríamos llamar, algo petulantemente, "modernos", tanto de derecha como de izquierda. No es novedad la enorme brecha con el Perú mayoritario y excluido, que no se siente partícipe ni de la democracia, ni del mercado ni de esta sociedad a la vez ilusoria y racista. Pero para el humalismo eso significaba que había poco de rescatable en el modelo económico y en el sistema político, y lo único que quedaba era, efectivamente, patear el tablero para comenzar de cero, con nuevas reglas. Así se decía en las plazas. Refundar la República, como proponía su plan de gobierno.

Eso era, exactamente, lo que se rechazaba. De alguna manera el país había comenzado un nuevo camino económico a partir de los noventa que, pese a la recesión 98-01 y a que no incluía a todos por igual, daba nuevamente claras señales de vitalidad y crecimiento. No tenía sentido destruir el lado sano y vigoroso para curar el lado enfermo y exangüe. De lo que se trataba es de hacer crecer el lado dinámico hasta abarcar a todos. Extender el mercado y la democracia. Integrar, no eliminar.

No sólo eso. Para cualquiera que hubiese seguido la trayectoria económica del país, era claro que una recuperación importante había comenzado a partir de los noventa, luego del retroceso operado desde los setenta. En efecto, el gráfico ilustra claramente cómo el producto per cápita, que venía creciendo de manera sostenida desde 1950 gracias a una política de apertura económica y estabilidad fiscal, empezó un proceso de caída libre a partir de la década del 70 cuando la nueva estrategia de desarrollo basada en la estatización de la economía y la industrialización por sustitución de importaciones no pudo seguir ocultando sus efectos y estalló en inflación y pérdida de reservas. La caída del PBI per cápita se siguió pronunciando durante los ochenta debido al mantenimiento y acentuación de los rasgos más nocivos de ese modelo de desarrollo, hasta la implosión final del Estado - en medio de la hiperinflación de finales de la década, acompañada, como en una pesadilla sin salida, del avance sin pausa de Sendero Luminoso. En cambio, y en claro contraste, el paso a un modelo económico basado en una mayor libertad y apertura económicas y a la reprivatización de la mayor parte de la economía invirtió rápidamente la curva del producto per cápita devolviéndola a una trayectoria ascendente hasta la actualidad, con la sola y temporal pausa de los años 1998-2001, ocasionada por shocks externos que no fueron bien manejados por el Banco Central, que no fue capaz de soltar parte de las ingentes reservas acumuladas cuando los bancos del exterior cortaron las líneas de crédito provocando el corte de la cadena de pagos en nuestro país. No obstante, ese pequeño interludio, doloroso porque cortó el vuelo ascendente de la economía durante tres años provocando la quiebra de muchas empresas, no logró alterar la notoria velocidad de la subida del PBI per cápita desde los noventa, en contraste con la caída abrupta desde los setenta. Porque superado ese trance la economía se recuperó por sí misma gracias a sus nuevos fundamentos. Por eso, que una opción electoral pretendiera afectar el mecanismo clave de la acumulación –la inversión privada- para retornar a algunos de los conceptos estatizantes de los setenta, luego de la experiencia tan claramente expresada en el gráfico expuesto, reflejaba, como hemos dicho, una severa incapacidad para aprender las lecciones de la historia, lo que echaba una sombra de pesado desaliento sobre las posibilidades del país de construir sobre sus experiencias, e implicaba una involución en los consensos tan duramente conquistados en el país en torno a la democracia y la economía de mercado. El Perú perdió más de 30 años con Velasco y su continuismo en los ochenta. Recién ahora recupera el per cápita del año 74. Países de la región que en 1970 eran más pobres que el Perú, hoy son más ricos; es el caso de México, Chile, Costa

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