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“La Importancia Que Tiene Para El Psicólogo La Sensación Y La Percepción"

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Categoría: Psicología

Enviado por: Antonio 21 junio 2011

Palabras: 2744 | Páginas: 11

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, lo que hacemos es adaptarlo a nuestras condiciones subjetivas; esto es, a una serie de factores mentales personales, que hacen “única” la percepción.

En realidad captamos una serie de estímulos o sensaciones que nosotros, de un modo casi inconsciente, agrupamos para formar figuras o imágenes perceptivas. Y podemos organizar o estructurar mentalmente estos estímulos (visuales, auditivos, etcétera) atendiendo a diversos factores. Digamos que en pocas palabras, la percepción es el procesamiento mediante el cual damos sentido o dotamos de significado a una sensación.

Dentro de la psicología, la sensación como la percepción son temas fundamentales (aunque en la práctica a veces es difícil distinguir los límites precisos entre ambas) ya que nuestro comportamiento se debe en gran parte a la forma en que reaccionamos ante los estímulos provenientes del mundo que nos rodea y se supone que a los psicólogos les interesa comprender las causas del comportamiento.

De hecho, los psicólogos han discutido durante años las diferencias. La principal diferencia radica en que la sensación puede ser entendida como el primer encuentro de un organismo, en este caso podría ser una persona, con un estímulo sensorial bruto; mientras que la percepción es el proceso mediante el cual se interpreta, analiza e integra dicho estímulo con otra información sensorial.

Pero hay otras diferencias entre sensación y percepción, como el hecho de que una sensación no implica necesariamente que la persona se de cuenta del origen de lo que lo estimula sensorialmente. Una sensación se transforma en percepción cuando tiene algún significado para el individuo, por eso es importante analizar cual es la experiencia de las personas con esas sensaciones, ya que la percepción aumenta o se fortalece conforme se enriquece la experiencia y la cultura del sujeto.

También es importante aclarar que las sensaciones no sólo se reciben a través de los cinco sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto) que funcionan de forma automática y natural, sino que también dependen de la cantidad de estímulo y de su naturaleza diferencial. Al hablar de la naturaleza diferencial, se me viene a la mente el hecho de no distinguir un objeto negro en una habitación oscura, por ejemplo. Por otra parte, la capacidad sensitiva viene definida por los umbrales de percepción, es decir: ¿a partir de qué intensidad comenzamos a percibir algo? En ese sentido pueden distinguirse tres umbrales, el máximo, el mínimo y el diferencial.

Pero para no desviarnos del tema, y ya que hablamos de los sentidos, creo que es conveniente decir que a pesar de que en la escuela primaria se nos enseñó que tenemos cinco sentidos, las capacidades sensoriales humanas van mucho más lejos que eso; no sólo podemos ver, oír, tocar, oler y saborear; también somos capaces de distinguir dolor, presión, y temperatura entre otras cosas; pero, como bien lo dijo el profesor en la primera clase, a veces ni siquiera nos damos cuenta de que están ahí; estamos tan acostumbrados a usar nuestros sentidos (aunque sea de una manera limitada), que a veces ya ni nos percatamos de ellos.

Un claro ejemplo de esto es la cena de Navidad. El hecho de ver a la familia reunida, de escuchar tantas conversaciones de las personas que queremos y que son importantes en nuestras vidas; poder oler el pavo, los romeritos, el bacalao, y todas las cosas ricas que hay para cenar, y sentir los abrazos, hacen de la cena de Navidad una cena especial y diferente a las demás cenas del año.

Sin embargo, ¿qué pasaría si en la cena de Navidad estuviéramos ciegos, o sordos o, para no ser tan fatalistas, tuviéramos gripa? Las sensaciones serían diferentes; la percepción de esa cena sería otra completamente distinta; tal vez seguiría siendo la cena especial del año, o tal vez se convertiría en una cena más en el año. Tal vez recurriríamos a algún recuerdo almacenado en nuestra memoria para tratar de “sentir” lo mismo que en otras ocasiones, aunque la percepción definitivamente sería distinta a otras ocasiones, porque la percepción es irrepetible, única.

Y precisamente lo que me gusta más de todo esto es que tanto la sensación como la percepción son procesos individuales. Yo no puedo sentir lo mismo que otra persona, ni puedo percibir al mundo de la misma manera que alguien más, y esto es lo interesante del caso; sobre todo para la psicología.

Es decir, aunque los estímulos sensoriales pueden ser los mismos para todas las personas, cada una de ellas percibirá cosas distintas. Este fenómeno nos lleva a concebir la percepción como resultado de dos tipos de elementos: las sensaciones que provienen del mundo externo, y los estímulos internos que provienen del mismo individuo.

Investigando un poco más acerca de este tema, me encontré con que tradicionalmente la percepción se había enfocado en la psicología como un mecanismo de recepción de estimulación, es decir, hay un estímulo, siento el estímulo y después percibo el estimulo; se puede decir que se suponía que la percepción dependía totalmente de las características estructurales de la estimulación y del funcionamiento del sistema nervioso, pero con la aparición de la corriente llamada new look, o teoría de los estados directivos de Bruner y Goodman en 1949, se demostró que el proceso es mucho más dinámico y funcional de lo que se había supuesto; la percepción no sólo depende de la naturaleza de los estímulos, sino que también influyen los estados y disposiciones del organismo.

Percibir es un proceso, y al igual que todo proceso la percepción se ve afectada por el aprendizaje, la motivación, la emoción y todas las demás características permanentes o momentáneas de las personas.

Otro campo de influencia proviene de los estudios de los conductistas, quienes aportaron datos importantes sobre la influencia del aprendizaje sobre la percepción, remarcando sobre todo la experiencia pasada.

Ligado a lo que es la percepción, algunos de los procesos perceptivos más básicos operan de acuerdo con una serie de principios que describen cómo organizamos fragmentos y porciones de información en unidades provistas de significado. A estos principios se les llama leyes gestálticas de la organización, y fueron postuladas a principios del siglo XX por un grupo de psicólogos alemanes que se dedicaban al estudio de patrones o gestalts. Ellos descubrieron diversos principios de importancia que son válidos tanto para estímulos visuales como para estímulos auditivos.

Por ejemplo, solemos agrupar en términos de figuras cerradas o completas, en lugar de figuras abiertas (cierre); también tendemos a agrupar los elementos que se encuentran más cerca entre sí (proximidad); así mismo agrupamos los elementos de apariencia similar (semejanza); y cuando observamos un patrón, lo percibimos del modo más básico y directo que nos es posible (simplicidad).

Aunque la psicología de la gestalt ya no tiene un lugar prominente en la psicología contemporánea, su legado perdura. Los psicólogos de la gestalt afirmaban de manera bastante convincente, que la percepción de los estímulos en nuestro entorno va más allá de los elementos individuales que sentimos. En su lugar, representa un proceso constructivo activo realizado en el cerebro; ahí, los fragmentos de sensaciones son unidos para formar algo más grande y más significativo que los elementos separados.

Un enfoque más reciente de la percepción, el análisis de atributos, estudia el proceso mediante el cual percibimos una forma, patrón objeto o escena por medio de la reacción inicial ante los elementos que la conforman. Después se hace uso de estos componentes individuales para comprender la naturaleza general de lo que percibimos.

El análisis de atributos comienza con la evidencia de que neuronas individuales del cerebro son sensibles a determinadas configuraciones espaciales, como ángulos, curvas, formas y bordes, y cualquier estímulo se puede desglosar en una serie de características componentes. Cuando nos encontramos con un estímulo (por ejemplo una letra), el sistema de procesamiento perceptual de nuestro cerebro responde primero a sus partes; cada una de éstas se compara con información acerca de los componentes que está almacenada en la memoria, y cuando las partes específicas que percibimos corresponden a un conjunto determinado de componentes que hemos encontrado antes, podemos identificar el estímulo.

De acuerdo con algunas investigaciones, percibimos los objetos complejos en una manera similar a la que experimentamos con letras simples, viéndolos en términos de sus elementos componentes.

También es importante mencionar que existen elementos que intervienen en la percepción y que hacen referencia a los diversos factores o aspectos que no son compartidos por todos, sino que dependen de cada uno; cuestiones como la personalidad, la actitud, la cultura, etcétera. Esto hace que unas personas se fijen en aspectos que a otras les pasan desapercibidos. Un factor muy importante es la atención, puesto que en función de nuestro interés elegimos los parámetros de la observación. Factores subjetivos hay muchos, dado que nuestra subjetividad es compleja y se encuentra impregnada de valores, experiencia, intereses, y demás.

Algunos factores importantes que condicionan el acto de percibir son: la presión de un grupo, la credibilidad, la ideología o creencia, la personalidad, y la cultura, entre otros.

Y como ejemplo puedo decir que en el tercer cuatrimestre una de las maestras nos dejó hacer una práctica de percepción. La actividad consistía en preparar queso crema philadelphia con colorantes vegetales de distintos colores. El queso era exactamente el mismo, no se le agregó ningún otro ingrediente que pudiera modificar su sabor, lo único que se hizo fue cambiar el color. Una vez preparado el queso, se tenía que vaciar en vasos transparentes (para que las personas pudieran ver los diferentes colores) y teníamos que salir al patio para darles a probar el queso a distintas personas.

Total que la práctica arrojó resultados sorprendentes. A pesar de que el queso no tenía ningún ingrediente que modificara su sabor, todos los sujetos que probaron las distintas muestras, reportaron que el sabor era diferente. “El verde –decían- tiene chile morrón”. “El blanco tiene cebolla y ajo”; “el rojo es paté o tiene algo así como catsup”. “El amarillo tiene mostaza… o no, ya sé, es queso amarillo derretido”. Así hubo varias reacciones.

Lo curioso del asunto es que una vez que concluyó la práctica, los integrantes del equipo decidimos comernos lo que había quedado de queso y por muy ilógico que parezca, hubo un momento en el que nosotros mismos dudamos del sabor; en algún momento también nos supo diferente y nos encontramos tratando de identificar a qué sabía cada muestra (“sí, si sabe como a queso amarillo, de ese que le ponen a las papas, como dip, ¿no?”); ¡y eso que nosotros lo habíamos preparado!.

Que contrariedad, a veces hasta nuestros sentidos parecen engañarnos. Y si eso pasa en la vida diaria, ¿qué no pasará en el consultorio de un psicólogo? Es muy importante, como futuros psicólogos, estar muy alertas a todo lo que la sensación y la percepción implican, pues una mala percepción puede significar hasta la diferencia entre la vida y la muerte, ya en un caso extremo, como una persona con depresión, o con tendencias suicidas.

Al respecto, Howard Schwartz menciona que “el concepto de subjetividad desde hace mucho tiempo tiene relaciones profundas con el concepto de error… por esta razón me interesé en estudiar los errores prácticos que comete la gente en la vida cotidiana. Puesto que estaba concentrado en los errores a fin de aprender acerca de la subjetividad, decidí buscar ocasiones en que la gente descubría que estaba equivocada con respecto al mundo, o bien, equivocada en una conclusión o afirmación previa.”

A las personas que tienen experiencias o se ocupan en comportamientos que son, por cualquier razón, inaceptables para la comunidad en general, se les considera “enfermos” y se les manda al psicólogo; a muchos se les recluye, se les estigmatiza, se les degrada y se les manipula con el pretexto de tratar sus diversas “enfermedades.”

Como respuesta, la psicología humanista ha planteado un dilema interesante. Hay oposición en considerar a los pacientes como gente enferma, pero por otra parte se les da tratamiento, entonces ¿cómo puede haber tratamiento si no hay enfermedad? Ahora bien, el tratamiento es un proceso por el cual un individuo toma libremente ciertas decisiones, llega a determinados conocimientos y cambia sus opiniones y su comportamiento. Un psicólogo no cura a la persona, ni le dice que tiene que hacer o que no tiene que hacer, no manipula; un psicólogo tan sólo facilita, digamos que crea las condiciones para una autoexploración sana, por llamarle de alguna manera.

Y aquí es donde entra todo el tema de la sensación y la percepción, porque definitivamente creo que es responsabilidad del psicólogo no mezclar sus propias sensaciones y percepciones con las del paciente, así como respetar la percepción que tiene el paciente acerca de “su” mundo, o “del” mundo, y no utilizar los conocimientos que tiene el psicólogo para modificar a su conveniencia la percepción de sus pacientes.

Creo que se debe buscar el bienestar de la persona, y es por eso que nosotros, como futuros psicólogos, debemos tener plena conciencia de todo lo que implica sobre todo la percepción. Aunque como ya lo mencioné, la percepción sea subjetiva y única. No debemos ni podemos olvidar este pequeño detalle.

En conclusión, creo que tanto la sensación como la percepción son dos factores de suma importancia dentro de la psicología, y como futuros psicólogos es necesario que aprendamos a reconocerlos, a distinguirlos y a trabajar con ellos, no importa el área en la que trabajemos.

Imaginemos a un psicólogo que trabaja en Recursos Humanos, seleccionando personal para que entre a una empresa. Sí no sabe observar, distinguir y trabajar con lo que es la sensación y la percepción, seguramente no elegirá al mejor candidato para un puesto determinado, pues muchos detalles que son importantes pasaran desapercibidos, o peor aún, si llega una persona que está altamente calificada o que es totalmente inadecuada para un puesto, y el psicólogo tuvo un mal día, su percepción puede no ser la correcta en ese momento y puede hacer una mala elección en cuanto a la vacante que tiene que ocupar.

En el área clínica, si un psicólogo no desarrolla un amplio conocimiento de lo que es la sensación y percepción, (no sólo la del paciente, sino también la de él mismo) probablemente no podrá establecer un diagnóstico confiable de su paciente, además de que tendrá muchos problemas al momento de redactar sus informes, pues no serán del todo objetivos.

Bibliografía

FELDMAN, Robert S., Introducción a la Psicología, ed. McGraw-Hill, México, 2003

SALAZAR, José Miguel y coautores, Psicología Social, ed. Trillas, México, 2006.

SCHWARTZ Howard, Sociología Cualitativa; ed. Trillas, México, 2006

Diccionario Larousse Esencial de la Lengua Española