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Biografias De Escritores Hondureños

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Categoría: Biografías

Enviado por: Sara 17 marzo 2011

Palabras: 5623 | Páginas: 23

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eguida y no fue hasta una década más tarde, en 1991, cuando finalmente se publicaron sus libros en Honduras.

TURCIOS

Froylán Turcios (Juticalpa Olancho, Honduras) Nacido como José Froylán De Jesús Turcios. Fue un escritor, periodista y político hondureño. Es considerado uno de los intelectuales hondureños más importantes de principios del siglo XX. Fue Ministro de Gobernación, diputado del congreso nacional, y delegado de Honduras ante la Sociedad de Naciones de Ginebra. Dirigió el diario “El Tiempo” de Tegucigalpa y fundo las revistas “El Pensamiento” (1894), “Revista Nueva” (1902), “Arte y Letras” (1903) y “Esfinge” (1905), entre otras. En Guatemala editó los periódicos “El Tiempo” ( 1904) y “El Domingo” (1908) y en Honduras “El Heraldo” (1909), “El Nuevo Tiempo” (1911), y “Boletín de La Defensa Nacional” (1924). Imbuido en las luchas americanistas, fue secretario privado del guerrillero Augusto César Sandino en Nicaragua, y en el plano literario

amigo personal de Rubén Darío, Juan Ramón Molina y numerosas figuras del pensamiento. Realizó una férrea labor de defensa nacional denunciando la política del Gran Garrote implementada por los Estados Unidos en las regiones centro americana y caribeña. Turcios inició en Honduras en el siglo XX el género del cuento. Fue un cuentista de finos rasgos preciosistas, inclinado a los temas violentos, que elaboró sus relatos como filigranas estilísticas. Sus textos en prosa, influidos por el italiano Gabriele D’Annunzio, se caracterizan por la pericia en la tramas, el valor exacto y a la vez ornamental de las palabras y los finales inesperados que marcaron luego buena parte del género en América Latina.

Julio Escoto nació en San Pedro Sula (1944). Cuentista y crítico literario, además de ensayista. Obras: “Los Guerreros de Hibueras” (cuento). Tegucigalpa, 1967. “La balada del herido pájaro y otros cuentos.” Tegucigalpa, 1969. “El árbol de los pañuelos.” San José, 1972. “Antología de la poesía amorosa en Honduras,” Tegucigalpa, 1975. “Casa del Agua.” Tegucigalpa, 1975, “Días de ventisca, noches de huracán.” “San José,” 1980. “Bajo el almendro... junto al volcán” (1988), “El ojo santo: la ideología en las religiones y la televisión” (1990); “José Cecilio del Valle: una ética contemporánea” (1990). “El general Morazán vuelve a marchar desde su tumba” (1992). “Rey del Albor, Madrugada” (1993); “Ecología para jóvenes de 10 a 190 años; Todos los cuentos” (1999). Premio Nacional de Literatura "Ramón Rosa" (1975). De él se ha dicho que es "probablemente el primer escritor hondureño que ha abordado la novela con un sentido claro de técnica", de acuerdo a Andrés Morris, mientras que Manuel Salinas lo considera "un narrador nato, ubicándose en la vanguardia de la moderna narrativa hondureña." Escoto ha definido al escribir "como un hombre en introspección constante, en análisis continuo, en búsqueda de algo que quizás él mismo no ve con suficiente claridad.. es solo un tipo humano diferente, no mejor que el artesano, que el niño que juega en la arena, sino con diferencias, nada más. Sus características le dan una particular visión del mundo, desde luego". Dirige la revista literaria Imaginación y el Centro Editor, en San Pedro Sula.

Máster con especialidad en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Costa Rica. Fue jefe de la Unidad de Comunicación de la FHIA en La Lima, Cortés, Jefe de la División Editorial y Técnica del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas en Costa Rica. Fue Director Ejecutivo de la Revista Desarrollo Rural de las Américas; Director de la EPUCA. Premio Gabriel Miró, rama de cuento, en Alicante, España; Premio José Cecilio del Valle, rama de ensayo. Su obra El árbol de los pañuelos fue traducida parcialmente al inglés y al polaco y algunos de sus cuentos han sido en Alemania. Galardonado durante el XII Recital de otoño (1994) en su ciudad natal. Columnista de diario El Heraldo. En su opinión, "el escritor... es en alguna forma el barómetro, el sismógrafo de la sociedad y debe aplicar su inteligencia en advertir sobre aquello que se ve o va mal para la nación. Es su función de orientador de opinión, si quiere ser honesto con sus principios, su creencia y su fe. Venderla al mejor postor es fácil, ha habido y hay tantos casos así en Honduras. Pero hacerlo es cruel, sobre todo en una comunidad tan ausente de luces, tan manipulada y prostituida, tan engañada por quienes buscan únicamente el usufructo del poder".

(Tegucigalpa, 1933) Poeta, narrador, periodista y editor hondureño perteneciente a la llamada Generación del 50, caracterizada por el deseo de renovación del lenguaje y la cuidada elaboración metafórica. Diplomático de carrera, fundó en Tegucigalpa, en compañía de otros intelectuales, la Editorial Nuevo Continente y las revistas “Extra y Presente”, y posteriormente la Editorial Iberoamericana. En la década de 1960 fue director de la Editorial Universitaria y de la revista literaria “Universidad de Honduras.” Mientras realizaba estudios de Derecho, organizó con otros estudiantes el Círculo Literario Universitario. Entre otros galardones, recibió en 1960 el Premio de Poesía Rubén Darío, en Nicaragua; el de Ensayo Rafael Heliodoro Valle, por la UNAH, en 1979; el Nacional de Literatura Ramón Rosa y el de los Juegos Florales Centroamericanos de Quetzaltenango, Guatemala. Como diplomático representó a Honduras en Perú, España, Italia y El Vaticano; actualmente es como asesor en la Cancillería Hondureña. Miembro de número de la Academia Hondureña de la Lengua, preside además la Asociación de Prensa. Entre sus libros de poesía hay que mencionar “Responso al cuerpo presente de José Trinidad Reyes” (1953), “Poesía Menor” (1957), “Tiempo detenido” (1962), “Antología personal” (1965 y 1971), “Mi país” (1971). Su poesía es profunda y serena, de tono intimista. “El arca” (1956) es una colección de relatos que abrió un nuevo camino a la literatura hondureña, rompiendo con la tradición costumbrista de la narrativa del su país. Recopiló también poemas de otros autores en obras como “Antología de la nueva poesía hondureña” (1967) y “Poesía hondureña de hoy” ( 1971). Entre sus estudios destaca “Rafael Heliodoro Valle, vida y obra” (1964).

Roberto Castillo (1950), filósofo, narrador y escritor salvadoreño y hondureño. Nació en El Salvador ya que sus padres eran comerciantes que viajaban entre Honduras y El Salvador, estudió filosofia en la Universidad de Costa Rica. Formó parte del consejo de redacción de la revista Alcaravan. Es miembro fundador de la Editorial Guaymuras. Fue profesor de filosofía de la Universidad Nacional Autónoma durante 25 años. Escribió más de 17 obras inéditas, entre cuentos y novelas:

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Subida al cielo y otros cuentos (1980), El Corneta (1981), "Anita la cazadora de insectos", cuento, ensayo y cinematográfico llevado al cine en Honduras en el año 2002, Figuras de agradable demencia (1985), Filosofía y pensamiento hondureño, en 1992, Traficante de ángeles (1996), La guerra mortal de los sentidos, en el 2002, Salamandra de su fuego

guión

Roberto Castillo falleció el 2 de enero del 2008 a causa de una enfermedad cerebral.

Roberto Quesada (Honduras, 1962). Destacado narrador, su obra ha recibido comentarios favorables de importantes publicaciones literarias, entre otras The New York Times Book Review y Babelia (El País, España). El prestigioso escritor norteamericano Kurt Vonnegut calificó de «claro, vivaz y muy talentoso escritor». Es autor del libro de cuentos "El desertor" (1985), y de las novelas "Los barcos" (1988) y "El humano y la diosa" (1996), que obtuvo el premio del Instituto Latinoamericano de Escritores en los Estados Unidos. "Big Banana" (1999), su tercera novela, también ha tenido una magnífica acogida en los Estados Unidos, igual que su edición en español (Seix Barral, 2000). Su más reciente novela, "Nunca entres por Miami" (Mondadori, 2002), figuró varias semanas en la lista de libros más vendido de los Estados Unidos. Su último libro, que lleva por título "La novela del milenio pasado", ha sido publicada por la editorial Tropismos. Sus cuentos figuran en diversas antologías publicadas en alemán, ruso, inglés y español. En 1986 fundó y dirigió la revista literaria "SobreVuelo". Desde 1989 reside en Nueva York. Ha dado conferencias en varias universidades norteamericanas y en la actualidad es el Primer Secretario de la Embajada de Honduras ante las Naciones Unidas.

CASTELAR

José Adán Castelar (Honduras, 1941), es un poeta casi desconocido en España. Colaborador habitual de prensa en su país, en el que reside, perteneció en su día a "La Voz Convocada", un grupo poético de la ciudad de La Ceiba. A pesar de no ser ya lo que se ha dado en llamar un "joven poeta", tan sólo ha publicado, hasta hoy, cuatro libros: Entretanto (1979), Sin olvidar la humillación (1987), la antología Tiempo ganado al mundo (1989) y el que ahora comentamos, que fue premio "Juan Ramón Molina", de la Dirección General de Cultura de Honduras, en 1988, a pesar de haber sido compuesto hacia 1966. Lo que no quiere decir que lo escrito sea sólo lo editado. Deudor de César Vallejo y, en cierta lejana medida, del modernismo hispanoamericano, Castelar descubre en este poemario, con fuerza y con sensibilidad, un paisaje hondureño que, a veces, ha de ser descrito de manera prosaica, sin admitir sones musicales que podrían desvirtuarlo: "Ciudad volcada sobre el mar, a lo largo de la costa habitada / entre la oscilante constelación (donde se bañan ahora / cuerpos y besos) y la noche de lunas / fluctuantes". Pero Poema Estacional también ofrece, en algunas de sus partes, una posible doble lectura: "A lo lejos, un dulce rumor crece. / y aquí, casi a mis pies, el agua sin dirección / corre hacia el mar". ¿Será el agua del pueblo que marcha, aun sin cauce que la guíe, a librarse de la injusticia? Sobre todo, es este un libro amplio, bien dividido en cinco partes. Cada una de ellas es una unión de temas que se tocan, que se hacen conformadores los unos de los otros; por ellas desfilan tiernas odas, efectistas y muy límpidas,

como "Cangrejo"; descripciones y lamentos de hombres y mujeres -o por hombres y mujeres-, que se arrastran por la vida conformándose con sus deberes y con sus desvelos ("Babú", "Don Manuel", "Ciudad: 6:30 p.m. (La Ceiba)", "Sólo estelas en la mar"); o deliciosos poemas de amor (como "Madrigal": "Nunca estuve tan cerca / de una llama dibujada / como cuando viví unos instantes / cerca de tus labios. / Su rojo quemaba suavemente / como un verano de niños, / y abría entre la nieve / algo de la tarde sobre el mar"). Pero es el paisaje, siempre el paisaje, el auténtico eje, junto con el tiempo, sobre el que rota todo el poder de estos versos, un paisaje siempre natural del que el hombre es un mero espectador ("Y los sapos, en el agua de los patos diurnos, / se hacen el amor bajo la luna") y sobre el que el poeta trata de ejercer una especie de protección -el paisaje es, por tanto, suyo, representante él de todos los hombres "puros"- contra aquellos que desprecian las delicias de la sensibilidad y la belleza (así dice, evocando la imagen de la luna, "caída en el charco": "Sube, pie de mi ronda, sube / hasta el balcón de la tierra y del cielo que, / como un verano de ojos, pueden destruirte / los que pasan"). Es esta una poesía "realista" en el sentido de trabajar con una realidad habitual, más que metafísica, que rodea al poeta; quizás su logro final se vea algo afectado por ello, pero no le cuadra el esteticismo a la manera de escribir de Castelar.

Rubén Berrios Nació en Aibonito el 21 de junio de 1939. Recibió su Bachillerato en Administración y Economía en la Universidad de Georgetown, Bachillerato en Leyes de la Universidad de Yale, Maestría en Leyes de la Universidad de Yale, DPL en Leyes de la Universidad de Oxford. En la Universidad de Georgetown fundó una organización estudiantil para luchar por la independencia de Puerto Rico. Elegido Presidente del Partido Independentista Puertorriqueño en el año 1970 a los 31 años de edad, se ha distinguido siempre como un apasionado por la justicia, la paz y la libertad y une su pensamiento y acción a los derechos de los individuos de los pueblos.En 1971, bajo su dirección y liderato, el PIP adoptó un programa de socialismo democrático. Ese mismo año, dirige la lucha de su partido contra la marina estadounidense en Culebra. Para enfrentarse a los bombarderos, el arma de Rubén y sus compañeros era la fuerza moral y la construcción de una capilla en la playa. Por esta causa sufre cárcel por tres meses y es expulsado de su cátedra de derecho en la Universidad de Puerto Rico. Como Senador en cinco ocasiones, ha presentado proyectos a favor de la paz, en contra de las armas nucleares y el militarismo y también ha presentado legislación en favor de los derechos de los trabajadores y la protección del ambiente. Ha sido, en esos años, el único Senador que ha presentado resoluciones de protesta contra todas las invasiones, de derecha o de izquierda, y que ha condenado con la misma energía la invasión soviética a

Afganistán y la invasión norteamericana a Granada. Fue el único líder de un partido político principal puertorriqueño que condenó el golpe de estado de Pinochet en Chile y el asesinato del presidente Salvador Allende en 1973 y que denunció la intervención de la CIA y la ITT en este golpe. Con igual fuerza, condenó la dictadura militar que existía entonces en Argentina, y defendió el derecho de Argentina sobre las Malvinas. Apoyó y defendió los tratados Torrijos-Carter sobre la devolución del Canal de Panamá. En 1978, fue Rubén quien inició el movimiento de presión internacional que hizo posible que se reconociera y aceptara, en la República Dominicana la libre decisión del pueblo expresada democráticamente en las elecciones. En 1979, fue miembro fundador de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina (COPPPAL) y uno de los redactores de la Carta Constitutiva de esa organización que lucha por la democracia y la solidaridad de los pueblos en América Latina. Apoyó la lucha contra la dictadura de Somoza en Nicaragua. Ha apoyado y apoya firmemente la libre determinación de los pueblos y su derecho a regir sus propios destinos, los esfuerzos de Contadora y del plan Arias por la paz en la América Central. Su lucha incansable por la democracia, la justicia, la paz y la libertad en el mundo y, particularmente, en América Latina es reconocida internacionalmente. Ha sido Vicepresidente de la COPPPAL, miembro de la Internacional Socialista y miembro del Consejo Ejecutivo de la Asociación Latinoamericana para los Derechos Humanos con su sede en Ecuador. Y es que Rubén, como él mismo dice, cree firmemente que tenemos “la obligación de sentir como una ofensa en contra nuestra, la ofensa en contra de cualquier ser humano en cualquier lugar del mundo, y estamos en la obligación de comprometernos en la lucha para la igualdad social y la libertad política donde quiera que ésta se dé.” Entre los libros publicados por Rubén se destacan: La Independencia de Puerto Rico: Razón y Lucha, y Puerto Rico: Nacionalidad y Plebiscito.

Clementina Suárez casada con el famoso pintor y escultor José Mejía Vides, Clementina Suárez es uno de los nombres fundamentales de la poesía hondureña de vanguardia. Clementina Suáres nació en 1903, fue una Bohemia apasionada de los cafés,. Desde muy niña se habituó a ir donde quería y hacer lo que le pareciera. No le molestaba ser la única mujer que frecuentaba el estanco de "Mamá llaca" en el Barrio La Ronda de Tegucigalpa. Fue una mujer que adoraba la compañía de los hombres en todas las formas, le encantaba estar rodeada de talentos, energía e ideas. De hecho la educación de Clementina era la gente. A Clementina Suáres se le llamo la "Mujer Nueva" de Honduras. Vestía pantalones cortos y traje de baño; celebraba su cuerpo no sólo en su vida sino también en su poesía. Fue liberada, independiente y franca. Tegucigalpa se escandalizó y se intrigó por ella. Y aunque ella fue la primera mujer que público un libro en Honduras, la gente se interesaba más por sus amantes que por su poesía.(Janeth N. Gold.). En diciembre de 1991 la delincuencia se ensaño con está celebre Poeta. Participó con pasión en la vida bohemia de los cafés de la capital. Adoraba la compañía de los hombres en todas las formas. Fue llamada la Mujer Nueva de Honduras. El Poeta Roberto Sosa le hizo su última entrevista. En diciembre de 1991 la delincuencia se ensaño con esta noble Poeta. Mujer y Poeta. O para ser más cabales con su indivisible condición humana: Mujer Poeta. Clementina Suárez es así: Mujer por la gracia de su sexo, el cual ha sabido enaltecer a niveles muy por encima del consabido muérgano; y

Poeta por destinación in claudicable, la única en su género que ha logrado aquí, hasta hoy, ejercer tal oficio con suficiente propiedad y transcendencia. Si hubiera una sola palabra para extraer su dilatada trayectoria vital, yo propondría: intensidad hasta la última gota de luz que fuera posible. Por eso, Clementina Suárez le ha profesado al tiempo la más legitima de las lealtades: la autenticidad , lo cual supone a despecho de lo establecido no dejarse avasallar por aquél, no prestar obediencia a sus varios y variados fueros. Ella ha vivido para crecer. Su corazón, arma de fuego, ha traspasado limpiamente los carapachos de la fijeza, la rendición o el acatamiento. Vivir intensamente es perdurar, mas sólo perdura lo voluble, lo irreductible, lo desmesurado. Suyas podrían ser estas palabras de la inmortal escritora brasileña Clarice Lispector: "No quiero la terrible limitación del que vive tan sólo de aquello capaz de tener sentido". De igual manera su poesía no ha sido ajena, en ninguno de sus versos, a tan hermoso destino. Vida y obra han crecido trenzadas, coyuntadas por la firme y fecunda pasión de existir, de perdurar. La obra de Clementina Suárez es, por eso, uno de los testimonios más genuinos y ejemplares que se puede encontrar dentro de la tradición literaria de Honduras. Desconocer su nombre, por mucho efusivo de macho cabrío que abunde en un ambiente como el nuestro, sería como privar a nuestras letras y, por qué no decirlo, a un período significativo de la actual formación cultural hondureña, de una voz, de una actitud con caracteres fundacionales. Vida y obra se erigen, por tanto, en hitos precursores de una forma de hacer, de una manera de ser iconoclastas, eclosivas, sin duda necesarias para potenciar todo proceso de transformación material y espiritual, ha si definía el Poeta Rogoberto Paredes a esta Poeta Hondureña. Su Trabajo Comprende Los siguientes Títulos:

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Corazón Sángrate, escrita en 1930 Los Templos De Fuego, en 1931 De mis sábados el último, en 1931 Iniciales en 1931 en coautoría con los mexicanos Lamberto Alarcón y Emilio Cisneros Canto y el hondureño Martín Paz Engranajes, poemitas en prosa y en verso, en 1935 Veleros, en 1937 De la desilusión a la esperanza, en 1994 Creciendo con la hierba, en 1957 Canto a la encontrada patria y su héroe El Poeta y su señales, en 1969

Leticia de Oyuela nació en Tegucigalpa el 20 de agosto de 1935. Desde muy joven incursionó en los estudios de la historia del arte hondureño. Su tesina como Bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto Central tuvo como objeto de estudio la historia del arte colonial en Honduras. Después de realizar estudios de Derecho en la UNAH, viaja a España e Italia, donde se va especializando en historia del arte, por medio de cursos libres en la Universidad de Madrid y en el Instituto Antonio Gramsci de Roma. Al retornar a Honduras en la década de los sesenta se incorporó a la Universidad Nacional Autónoma, teniendo a su cargo la Dirección de Extensión Universitaria, lugar desde donde desempeñó una gran labor de promoción cultural, proporcionando un fuerte impulso a los creadores de los campos artísticos y literarios, incluyendo el teatro en sus diferentes órdenes. Retirada de la docencia, se lanzó a la labor editorial, haciéndose cargo de la Editorial Nuevo Continente y de la Galería de Arte Leo, donde continuó impulsando las diversas formas artísticas y estéticas. Sin embargo, ha sido en el campo de la investigación de la realidad histórica hondureña donde ha desarrollado todo su potencial creativo y reflexivo. La obra de Irma Leticia se caracteriza por su extraordinario sentido de captación de la historia de Honduras, a través de la estética, la vida cotidiana, las mentalidades y la historia de las mujeres. De la combinación de sus pasiones por el arte y la historia resulta una de sus obras más creativa e imaginativa: “La batalla pictórica.” Síntesis de la historia de la pintura hondureña. En esta misma línea de comprender historia y arte, puede ubicarse también su libro: “José Miguel Gómez.” Pintor criollo (1992) y también complementada en: “La Virgen María en la

PlásticaHondureña”(2000). De este modo, en el proceso intelectual de Leticia de Oyuela, al combinar la historia del arte, la historia regional, de las mujeres y de la religiosidad popular, deviene en la necesidad de entrar en un campo inédito dentro de la historiografía hondureña como es el de la historia de las mentalidades. No es pues el acaso que Leticia de Oyuela nos presente este nuevo libro: El Naïf en Honduras, elaborado y publicado con el patrocinio de la UNESCO, la Secretaria de Cultura, Artes y Deportes y la AECI. Este trabajo tiene un objeto de estudio muy bien definido “la importancia del Näif como raíz y búsqueda del arte nacional”. Por ello para la autora establece unas premisas para la realización de este estudio: en primer lugar, ni todo el arte y la pintura popular hondureña entra en concepto de Näif, y en segundo lugar, ubica a otras expresiones artísticas que se han desarrollado a lo largo de la historia de Honduras dentro de esta concepción del arte. El libro responde a una investigación y estudio de la historia de este arte en Honduras en el sentido que rastrea desde los antecedentes remotos prehispánicos, pasando por el periodo colonial, el siglo XIX y especialmente el siglo XX hasta aproximarse al siglo XXI. En esta búsqueda la autora descubre lo descocido y nos presenta a figuras como Don José Expectación Navarro y Saúl Toro representantes de este arte. Precisamente porque para la autora, el estudio del Näif en Honduras no es aproximarse al arte por el arte, ya que “el Näif hondureño es sin duda el reflejo más profundo de su misma creatividad, que se destaca en el manejo sobre todo del follaje que signa aún nuestras forestas y el gran genio que rodea nuestras tradiciones y costumbres”. El autentico Näif para Oyuela no es el que se elabora de manera ingenua o reproductora, sino aquel de quien tiene la visión de captar y entrar en los ethos propio de los hondureños y hondureñas, por ello en este libro no se celebra ni se recoge toda pintura popular como arte Näif; por el contrario la autora advierte como en el país: “Han surgido nuevos nombres en esa amplia confusión que existe entre la pintura ingenua, también llamada primitiva, que es una forma casi estatal de ocultar la cantidad de chapuceros que se esconden bajo ese tipo de pintura turística, que el público ha llamado chocarreramente “para gringo llevar”, que el día de hoy atiborra la mayoría de tiendas que se llaman de artesanías y regalos”. El ethos, como carácter y modo de ser de los hondureños es representado para Leticia de Oyuela en la obra de José Antonio Velásquez, Teresita Fortín,

Roque Zelaya y adscribí a esta búsqueda al trabajo, por un lado, del verdaderamente autodidacta de José Expectación y por otro lado de Saúl Toro, exponente este último para la autora de un “primitivismo manifestado en un lenguaje contemporáneo, que se defiende con sus ideas que impone el color y una forma no convencional que ilustra ampliamente su discurso vital”. Sin embargo, también la autora invita en esta obra a revisar y dar seguimiento a la pintura regional y el esfuerzo de muchos jóvenes que deambulan por las calles de Tegucigalpa mostrando su obra y su quehacer. De esta nueva obra de Leticia de Oyuela se puede seguir diciéndose –citando a su recordado amigo Franco Cerutti-: “la erudición va del brazo de la intuición, la reconstrucción documental se acompaña de la acuciosidad de las acotaciones críticas, el gusto del detalle, de la capacidad de síntesis”. Todo esto, como ha dicho Julio Escoto, en “compartida soledad”, pero “la soledad del creador: minúscula, portátil, personal e intransferible, gustosa y gozosa al revelar un nuevo talento, al manosear el manuscrito que, ilegible, revelará sin embargo misterios bajo la lupa, la soledad creadora del artesano, del orfebre semiciego que abotona los metales con el palpo caricioso de los dedos y que con ellos ofrece una nueva obra, una nueva gesta del pensamiento a la humanidad”.

Lucila Gamero de Medina nació en Danlí, El Paraíso, tres años antes de que iniciara la Reforma Liberal del doctor Marco Aurelio Soto. Su padre era el doctor Manuel Gamero y su madre Camila Moncada. Era una familia que, sin ser rica precisamente, pertenecía a la clase alta. “Tenían la idea de ser descendientes de españoles”, dice el escritor hondureño Juan Ramón Martínez. Es por ello que Lucila se comporta con la dignidad y prestigio que su familia pretendía tener. No se sabe de dónde hereda su vena literaria, pero sí que desde joven se dedica a escribir. Su primera novela fue Amalia Montiel, 1895, que publica por capítulos en el semanal El Pensamiento, que dirigía en Tegucigalpa Froylán Turcios, el primer medio literario en dar espacio a las mujeres. Lucila mantenía correspondencia con Turcios y con una hermana de éste, Rafaela, a quien parecía unir una gran amistad. Gamero también tiene el honor de publicar la primera novela del país, Adriana y Margarita, 1897, de un total de siete novelas y un libro de cuentos.

No obstante a su persistencia y capacidad, en la publicación de Froylán Turcios, Gamero aparece como una simple colaboradora y no se hace mención de sus novelas ni crítica literaria alguna. Era una actitud mezquina en la que, sin duda, tenía que ver el hecho de que ella fuera mujer. Su visión feminista y avanzada la convirtieron en una mujer incomprendida, y también tuvo que lidiar con la insatisfacción de su género. Ella quería ir a estudiar a Guatemala junto a su hermano, pues tenía vocación de doctora, pero tuvo que conformarse con ejercer empíricamente lo que leía en los libros. Gamero montaba a caballo, dirigía una hacienda y era dueña de una farmacia. Fue tildada de varonil e inmoral. En 1898 se casó con el señor Gilberto Medina, un hombre rico, pero relativamente inculto, que había sido juez en Danlí. Tuvo una hija y un hijo que le dieron nietos. Se dice que cuando murió, no le dieron el responso en la iglesia, debido a sus críticas hacia la jerarquía. Extrañamente, su tumba tampoco tiene lápida. Lucila Gamero de Medina escribió, entre otras, las siguientes novelas:

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Páginas del corazón Adriana y Margarita Aída, novela regional Betina La secretaria Blanca Olmedo Amor exótico

Alfonso Guillén Zelaya nació el 27 de junio de 1887 en Juticalpa, Olancho, y fue durante medio siglo un ciudadano del mundo, periodista, intelectual, cosmopolita y sensible observador del hombre y su entorno. Fue el único varón de los seis hijos procreados por el señor Miguel Guillén y la señora Jesús Zelaya. En su ciudad natal hizo los estudios de primaria y secundaria, trasladándose luego a la capital para cursar la carrera de Ciencias Jurídicas y Sociales. Un trágico incidente en el que se vio envuelto, del que no se precisan mayores detalles en los libros de texto, le impidió culminar su carrera. Así, el Derecho perdió sin duda a un brillante abogado, pero el país ganó a un imbatible periodista que fue dolor de cabeza para las transnacionales, acostumbradas a mover con un dedo las leyes a favor de sus intereses. EL TACOMA Así llamó Guillén Zelaya al primer diario bajo su dirección, en su querida Juticalpa. Sin duda, su labor más trascendente estaba por venir, pero es aquí donde empiezan sus primeros escritos, que irán cobrando fuerza con el tiempo. En 1913, llega por primera vez a Guatemala, desde donde envía al gran Froylán Turcios sus composiciones, que son publicadas cada mes en el Ateneo de Honduras. Escribe además para el Nuevo Tiempo, de Guatemala. En 1915 trabaja en el consulado hondureño en Nueva York, con un salario inicial de 75 dólares, insuficientes para vivir, según una carta que envía a sus parientes. Al finalizar en 1918 la primera Guerra Mundial, Guillén Zelaya integra junto a Rafael Heliodoro Valle la delegación hondureña en la Conferencia de Versalles, Francia, que preside Policarpo Bonilla. En 1921 deja Estados Unidos y regresa a Guatemala como Jefe de Redacción de Diario Nuevo, del que luego es nombrado director. Es derrocado en aquel país el presidente Carlos Herrera y Guillén Zelaya, fiel al espíritu que lo acompañará toda su vida, redacta el documento de protesta que los periodistas presentaron al Congreso Nacional.

Juan Ramón Molina (1875-1908), nacido en Comayagüela, Honduras, es el primer poeta hondureño que salió de Centroamérica para embeberse en las corrientes culturales de otras latitudes. Es uno de los grandes exponentes del modernismo en Centroamérica y su obra de gran calidad literaria lo consagra como el escritor hondureño más universal. En 1892, en un viaje a Brasil, -en cuyo trayecto escribe “Salutación a los Poetas Brasileños”- conoce al poeta nicaragüense Rubén Darío, quien incidirá grandemente en su estilo. Visitó España, donde colaboró en el recién fundado "ABC" de Madrid, y varios países de Sudamérica, dejando huellas permanentes en su obra. Castelar alabó su canto "El Águila" y Rubén Darío su "Salutación a los Poemas Brasileños". Admiró a William Shakespeare y dedicó varios sonetos “El rey Lear”, “Ofelia”, “Yago”, etc. a la obra en inglés. Recibió la influencia de Rubén Darío, a quien conoció en su persona y en su obra. La influencia del nicaragüense se dejó sentir por ejemplo en “Tréboles de Navidad”, similar a la "Rosa Niña" de Darío, o en "El poema del Optimista", posiblemente el poema que, aisladamente, más haya influido en toda la literatura contemporánea en habla castellana.

Fue Juan Ramón Molina poeta de primerísima categoría y aunque cultivó la prosa en la que logró bellas y armoniosas realizaciones, como su cuento "El Chele", éstas no pueden darse un puesto en la literatura universal como se otorga a su obra poética que está dentro del modernismo más puro y une la calidad poética y lo depurado de la forma con una finísima sensibilidad de que es muestra su soneto “Pesca de Sirenas”. Fue Juan Ramón Molina hombre activo, personal y políticamente, quemó su vida en el afán de vivirla intensamente. Fue colaborador de la candidatura del General Terencio Sierra de quien se consideraba amigo. Presidente de Honduras durante el período 1899-1903, Sierra, molesto por una publicación que hizo Molina en el Diario de Honduras, bajo su dirección, lo mandó a picar piedra, encadenado, en la carretera que se construía al sur del país. El artículo que tanto lo había molestado "Un hacha que afilar", era un conocido apólogo de Benjamín Franklin, que los acólitos de Sierra consideraron alusivo, hostil y digno de ser castigado con la prisión del poeta. «Planfetista y periodista, coronel, político, diplomático, hombre que alcanzó altos cargos públicos y que hubo de seguir la ruta del exilio donde murió».1 A pesar de esta vida activa no pudo rehuir el pesimismo y el hastío tan común a los poetas hondureños y que él, como su más elevado representante tuvo en grado sumo por "La fatiga que le producía el peso ABRUMADOR DE LO INFINITO", que muestra en el sentido macabro de sus versos "Después que muera" o en el pesimismo vital de su soneto "Madre Melancolía". Falleció en San Salvador El Salvador el 2 de Noviembre de 1908.