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Educacion En El Mexico Contemporaneo

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Categoría: Historia

Enviado por: Eric 11 junio 2011

Palabras: 12720 | Páginas: 51

...

reparaban los varones para la guerra. Los jóvenes trabajaban en el servicio

eclesiástico para el dios tutelar, participaban en trabajos colectivos y, como cada calpulli tenía alguna

especialidad profesional, posiblemente aprendían oficios. Según su desempeño, los jóvenes podían

ascender en la jerarquía social del estrato al que pertencieran, noble o plebeyo. Los nobles que

permanecían indefinidamente en ellos adoptaban funciones sacerdotales (López, 1985: 26-28; Escalante,

1985: 17).

Los hijos pequeños de los nobles eran cuidados y vigilados en su conducta por servidores, mientras

que los niños del pueblo aprendían y heredaban el oficio de sus padres y les ayudaban en las actividades

cotidianas. Las niñas aprendían las tareas de la madre, generalmente relacionadas con el trabajo del

hogar o el comercio (Escalante, 1985: 16).

2.1.2 La educación durante la Colonia.

En la Colonia se distinguen diversos tipos de enseñanza: la evangelizadora, el adiestramiento en

artes y oficios, la femenina, la formación de religiosos y la universitaria. Las actividades educativas fueron

asumidas por diversas órdenes religiosas. A partir de la segunda mitad del siglo XVI, los jesuitas llegarían

a ejercer una gran influencia intelectual en la sociedad novohispana.

En la Nueva España, la educación escolar fue una empresa de poca magnitud pero de gran

importancia para la consolidación ideológica y religiosa del dominio español. La Conquista, en este

sentido, no fue sólo producto de la supremacía técnica y militar sino también un proceso de implantación,

sustitución, eliminación y/o combinación de ciertas concepciones y categorías mentales y de nuevos

esquemas y formas de vida. No obstante, la inicial preocupación por la evangelización y la formación

intelectual de los indios fue desplazada por la atención casi exclusiva hacia los criollos. La educación para

los indígenas fue perdiendo importancia y se les excluyó de los niveles educativos superiores (Gonzalbo,

1985b: 9).

Durante las primeras décadas de la Conquista, los franciscanos ofrecieron educación en internados

conventuales a los hijos de señores y principales mexicas, con el doble objetivo de enseñarles la lectura

y la escritura del español y evangelizar a los indígenas. Esos jóvenes mexicas participaron eficazmente

en la labor catequizadora. Los internados adoptaron elementos de los templos-escuelas que guardaban

semejanzas con la educación conventual, como el rigor de la vida de los internos, la retórica ceremonial

y la formación moral (Kazuhiro, 1992: 1-28; López, 1985: 26).

A fines del siglo XVI ya existía una peculiar forma de educación religiosa, destinada a los vasallos:

la educación en el atrio de las iglesias, en donde se congregaba a los conversos para enseñarles la

doctrina cristiana.

Impulsados por Don Vasco de Quiroga en el siglo XVI, los hospitales-pueblo, de corta duración y

situados en sólo dos poblaciones, se distinguieron de los internados conventuales por reunir hombres,

mujeres y niños sin privilegios especiales. Recibían las primeras letras, se les instruía en la doctrina y

trabajaban en beneficio de la comunidad (Gonzalbo, 1985b: 15-16).

El fracaso de la enseñanza del catecismo por mímica o a través de intérpretes, llevó a los religiosos

a estudiar lenguas indígenas y adoctrinar a la población en sus lenguas, iniciativa que tiempo después

volvería a ser retomada por maestros y misioneros que nuevamente intentaron atraer a los indios

(Gonzalbo, 1985b: 17).

OEI - Sistemas Educativos Nacionales - México 3

Las medidas para la educación inicial adoptadas por el estado español poco se cumplieron y no

fueron determinantes. Tal fue el caso de las disposiciones de Fernando el Católico y de Carlos I que

obligaban a los beneficiados por la encomienda a educar a los indios encomendados. Algo semejante

ocurrió con las Ordenanzas de los Maestros en el Nobilísimo Arte de Enseñar a Leer, Escribir y Contar,

que no fueron observadas por los instructores. (Bolaños, 1981: 13-14).

Las instituciones de educación femenina fueron escasas y crecieron poco durante la Colonia. La

mayoría de las niñas y jóvenes no tenía otra escuela que la catequesis dominical en parroquias y

conventos y las enseñanzas de su madre y de mujeres mayores del hogar. Pocas niñas asistían a las

escuelas que daban instrucción cristiana, lectura y, a veces, escritura y aritmética elemental. Algunos

colegios internaban a niñas huérfanas o necesitadas y los conventos recibían jóvenes de cualquier grupo

étnico. Los conventos ofrecían una educación más completa, en especial a las que más tarde profesarían

en ellos. Los internados aristocráticos exigían que las alumnas fuesen españolas o descendientes de

españoles. (Gonzalbo, 1985b: 15-16).

En los primeros años del virreinato, se establecieron instituciones como el Colegio de San José de

Belén de los Naturales, el de Nuestra Señora de la Caridad, el de Estudios Mayores del pueblo de Tiripitío,

el de Santa Cruz de Tlatelolco y la Real y Pontificia Universidad de la Nueva España (Bolaños, 1981: 13).

Dedicado a la enseñanza de indígenas, el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, también conocido como

el Primer Colegio de América, fue la primera institución de educación superior, pero tuvo una corta

duración. Los jesuitas, al momento de su expulsión en 1767, tenían 24 colegios, 10 seminarios o

internados y 19 escuelas. Fundada en 1551 y regida por los estatutos de la Universidad de Salamanca,

la Real y Pontificia Universidad de la Nueva España, recibió esa denominación pues, como las demás

universidades hispánicas, se creó por concesión del Monarca y del Papa (Rangel, 1983: 11-12.).

En el último tercio del siglo XVIII, influido por las ideas de la Ilustración, el gobierno Real fundó los

colegios superiores de Cirugía, Grabado, Nobles Artes de San Carlos, Real Estudio Botánico y Real

Seminario de Minería. A fines del siglo la Corona creó la Real y Literaria Universidad de Guadalajara

(Rangel, 1983: 11-12; Tanck, 1985: 16-17).

Las ideas de la Ilustración que circularon en medios académicos e intelectuales no influyeron en

la educación básica. Se sabe, sin embargo, que el ayuntamiento de México ordenó que los frailes y

párrocos establecieran escuelas gratuitas de primeras letras a niños y que se fundaran las dos primeras

escuelas municipales, una para niños y otra para niñas (Tanck, 1985: 19)

A principios del siglo XIX los liberales españoles que luchaban contra el absolutismo borbón y los

insurgentes mexicanos aceptaban la necesidad de atender la educación. Los ordenamientos en la

materia estipulados en la Constitución de Cádiz de 1812 sólo parcialmente fueron aplicados por los

virreyes Venegas y Calleja, entre otras razones, porque coincidían con los anhelos libertarios de los

independentistas. En la Constitución de Apatzingán de 1814, que nunca entró en vigor, los insurgentes

establecieron que la instrucción era necesaria para todos los ciudadanos y que debía ser favorecida por

la sociedad «con todo su poder» (Bolaños, 1981: 16).

2.1.3 La educación en el periodo postindependiente.

Una vez consumada la independencia de México, se abrió un periodo de intensas luchas entre

liberales y conservadores, dentro de un proceso histórico de construcción del Estado nacional. En cuatro

décadas el país perdió la mitad de su territorio, sufrió la intervención armada de Estados Unidos de

Norteamérica y de Francia y estuvo gobernado durante algunos años por un noble austríaco, impuesto

por la alianza que establecieron los sectores conservadores con Napoleón III.

Los liberales y los conservadores coincidían en que la educación era fundamental, pero sus

profundas diferencias político-ideológicas y los conflictos con el exterior dificultaron la construcción del

Estado y, con ello, la definición de políticas educativas. No obstante, si se compara con el periodo

colonial, la educación en este periodo tuvo avances, en especial la primaria «que se extendió a gran parte

del país» (Staples, 1992: 70).

El papel de la iglesia en la educación y la noción de libertad educativa fueron puntos de conflicto

desde 1824. Los liberales de las primeras décadas del México independiente propusieron la libertad de

enseñanza con el objetivo de acabar con el monopolio eclesiástico sobre la educación. Al mismo tiempo,

pensaban que cualquier intervención del Estado en la educación destruía la doctrina liberal. Sin embargo,

en la década de los años treinta, con el mismo propósito de excluir a sectores eclesiásticos y

conservadores, los liberales modificaron su opinión y propusieron el control estatal sobre la educación.

OEI - Sistemas Educativos Nacionales - México 4

La reforma liberal de 1833 que impedía al clero intervenir en la educación, no pudo aplicarse pues en 1834

fue suprimida ante la respuesta adversa de los sectores conservadores. Esa reforma brindó las bases

de la propuesta liberal de educación pública en los años venideros, a partir del principio básico de la

integración nacional4. Buena parte de la educación continuó en manos del clero, pero a mediados de la

década cincuenta, aunque tuvo vigencia el principio de la libertad de enseñanza, se operó «un cambio

de espíritu que llevaría a un control mayor de la educación por el Estado.» (Vázquez, 1992: 94)

En 1842, ante la carencia de instituciones que pudieran organizar la educación, el Estado encargó

a la Compañía Lancasteriana el manejo de la Dirección de Instrucción Pública (Tanck, 1992: 50-52;

Staples, 1992: 83-84). Tres años más tarde, los ayuntamientos volvieron a hacerse cargo de las escuelas

y de su financiamiento, pero la invasión norteamericana, las guerras de castas en Yucatán, la Revolución

de Ayutla de 1854, la guerra de reforma, la intervención francesa y la guerra contra Maximiliano de

Habsburgo, afectaron la operación de muchas escuelas, «por la impostergable necesidad de tomar los

fondos destinados a sueldos para financiar la actividad bélica» (Staples, 1992: 85). En suma, la

inestabilidad política, militar y financiera del periodo impidieron durante más de dos décadas que la

acción educativa del Estado se ampliara.

En 1867, tras la victoria definitiva de Juárez, se promulgó la Ley Orgánica de Instrucción Pública.

En ella se establecía la educación primaria «gratuita para los pobres y obligatoria», se proponía la

unificación educativa, se excluía del plan de estudios toda enseñanza religiosa y se incorporaba la

enseñanza de «moral». La libertad de enseñanza garantizada en la constitución, encontraba sus límites

en el laicismo obligatorio de los establecimientos oficiales. La ley del 67 también contenía disposiciones

para la educación secundaria, entre las cuales destaca la creación, bajo los principios del positivismo5,

de la Escuela de Estudios Preparatorios, la cual habría de dar una base homogénea a la educación

profesional. La ley sólo regía al D.F. y territorios federales, pero ejerció influencia sobre las leyes

estatales6. (Vázquez, 1992: 95-102; Bolaños, 1981: 32).

A mediados del siglo el número de escuelas sostenidas por el Estado era muy pequeño, pero a partir

de la restauración de la república en 1867 se multiplicó rápidamente. En 1843 existían 1310 escuelas

primarias, 2,424 en 1857 y 4,570 en 1870. El empeño liberal fue patente en 1874, año en el que el número

de escuelas se elevó a 8,1037. No obstante, sólo el 19.4% de los niños en edad escolar asistieron a la

escuela.

CUADRO 2.1.1

Escuelas por tipo de sostenimiento. 1874

Sostenimiento Escuelas %

Federación, Estados y Municipios 5843 72,11

Corporaciones o individuos part. 378 4,66

Clero y Asociaciones Religiosas 117 1,44

Privadas de paga 1581 19,51

Sin clasificar 184 2,27

Total 8103 100

Fuente: Vázquez (1992). Datos tomados por la autora de José Díaz Covarrubias. La Instrucción Pública en México. México, 1875,

Imprenta del Gobierno.

El cuadro 2.1.1 muestra que los poderes públicos sostenían al 72.1% del total de escuelas, de las

cuales 64.4% dependía de los municipios, mientras que el 1.44% pertenecía a sectores religiosos. Aún

suponiendo que las escuelas privadas fueran de tendencia confesional, sólo constituían la cuarta parte

del total (Vázquez, 1992: 99-100).

2.1.4 La educación en el porfiriato.

En el porfiriato, el poder y los recursos económicos tendieron a centralizarse a costa de las

autonomías locales y estatales8. La antigua base municipal de la educación fue erosionándose por la

supresión de las alcabalas. La falta de recursos locales y nacionales dificultaron el desarrollo de un

sistema nacional y unitario de educación pública (Martínez, 1992: 107-113).

Joaquín Baranda, Ministro de Justicia e Instrucción durante 19 años (1882-1901), diseñó un

sistema nacional de educación que sólo pudo aplicarse en el D.F. y los territorios federales. En su gestión

se fundaron cuatro escuelas normales, una de ellas con carácter federal y nacional, que se sumaron a

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por lo menos otras cuatro que existían en distintos estados. Desde su fundación, la Normal Nacional

adquirió la facultad exclusiva de expedir títulos para la enseñanza (Martínez, 1992: 113-116).

En 1888 se promulgó una Ley de Instrucción Obligatoria con alcance jurisdiccional para el D.F. y

los territorios federales. Con el objetivo de lograr que los ordenamientos se aplicaran en otros estados

y conseguir la unificación educativa nacional, Baranda convocó a dos Congresos de Instrucción en los

que se reunieron pedagogos, maestros, intelectuales y autoridades, y cuyos resultados contribuyeron

a definir el proyecto estatal de educación pública9 (Martínez, 1992: 116-118).

Con la llegada de Justo Sierra a la Subsecretaría de Instrucción Pública se abrió un segundo

momento de la educación durante el porfiriato. Destacado intelectual y político, Sierra se preocupó por

organizar la educación nacional, expandirla a todos los sectores sociales y elevar los niveles de

escolaridad (Martínez, 1992: 124). Como continuador de los ideales liberales de unidad nacional y

progreso, confirió una función civilizatoria a la labor educativa, la cual debía estar organizada como un

todo en un sistema con diferentes niveles de enseñanza. El Estado tenía que tutelar la educación primaria

para «transformar la población en un pueblo, en una democracia». Como cúspide del sistema, a la

universidad le correspondía «la educación nacional en sus medios superiores e ideales, logrando la

incorporación del conocimiento universal a las necesidades nacionales y con una visión nacionalista»

(Sierra, citado por Martínez, 1992: 129). La tenacidad de Sierra se hizo patente con la creación de la

Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, de la que fue su primer titular en 1905 y con la fundación

de la Universidad Nacional en 1910.

Durante el porfiriato la educación continuó siendo un sistema pequeño y de lenta expansión. De

1878 a 1990, se registró una tasa de crecimiento anual de la escolaridad por cada 1,000 habitantes de

3.2%. En una segunda fase, de 1900 a 1907, el ritmo disminuyó para situarse en una tasa de 2.7%. Según

datos aproximados, la tasa de escolaridad efectiva (relación entre la matrícula y la población de 5 a 15

años) era de 23%. Entre 1878 y 1907 sólo surgieron alrededor de 162 escuelas, un crecimiento de 2%

en 30 años (Martínez, 1992: 132).

En la administración porfiriana aparecieron en pocas ciudades y en número muy pequeño los

primeros jardines de niños. La educación primaria sólo llegó a las ciudades importantes, atendiendo

principalmente a una porción de las clases medias urbanas y semiurbanas. En cambio, la educación

superior recibió mayor atención: la escuela preparatoria surgió en todos los estados del país, los

institutos científicos y literarios se multiplicaron y sus contenidos y equipos didácticos mejoraron. En casi

todos los estados se contó con escuelas normales, en algunos se desarrolló la educación artística y, al

final del periodo (1910), se creó la Universidad Nacional.

En el terreno de las ideas, las realizaciones más destacadas del porfiriato fueron los cuatro grandes

congresos pedagógicos nacionales, el desarrollo de teoría educativa y el diseño de distintos enfoques

educativos (la educación popular, integral, liberal, nacional y para el progreso)10 (Álvarez, 1981: 111).

2.1.5 De la revolución mexicana al periodo de conciliación y consolidación (1910-1958).

Durante la revolución mexicana (1910-1917) la educación tuvo un escaso desarrollo. Sin embargo,

en algunos estados de la República los gobernadores revolucionarios impulsaron leyes que favorecieron

la educación popular y, en algunos casos, pese a las grandes dificultades económicas, crearon escuelas

y ampliaron el número de profesores (Gómez, 1981: 136-137).

El Congreso Constituyente de 1917 elevó por primera vez a rango constitucional el precepto de la

educación laica, obligatoria y gratuita. El Congreso estableció la prohibición al clero y a las asociaciones

religiosas de organizar o dirigir escuelas de educación primaria. La Constitución otorgó mayores

facultades educativas al Estado, el cual debía vigilar las escuelas primarias oficiales y privadas. Sin

embargo, la supresión de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes determinada por el

Congreso, dificultó al gobierno federal impulsar el sector educativo. Los municipios tuvieron a su cargo

la educación, pero muchas escuelas cerraron por falta de recursos técnicos y humanos. Esta situación

cambió en 1921, cuando por iniciativa de José Vasconcelos fue creada la Secretaría de Educación

Pública (SEP), de la cual fue el primer titular. La creación de la SEP inaugura una tendencia hacia la

«federalización» educativa11.

Vasconcelos desplegó una intensa actividad educativa, guiado por la convicción de unificar a la

heterogénea y dispersa población mediante un nacionalismo que integrase las herencias indígenas e

hispánicas de los mexicanos. Con esos principios impulsó la alfabetización, la escuela rural, la instalación

de bibliotecas, la edición de libros de texto gratuitos, los desayunos escolares, las bellas artes y el

OEI - Sistemas Educativos Nacionales - México 6

intercambio cultural con el exterior. Uno de los aportes más importantes de la gestión de Vasconcelos

fue la educación rural: se crearon escuelas primarias y algunas normales rurales, y se formaron las

Misiones Culturales, grupos de maestros, profesionistas y técnicos que se dirigieron a diversas

localidades rurales para capacitar maestros y trabajar en favor de la comunidad (vacunación, organización

productiva, recreación) (Iturriaga, 1981: 159; Mejía, 1981: 199, 208-209).

En 1917, la Universidad Nacional de México era la única institución que agrupaba diversas escuelas

y colegios de educación superior. A raíz de un conflicto estudiantil en 1929, la Universidad obtuvo su

autonomía, conservando el financiamiento público. En 1933, la autonomía fue «plena», es decir, se

extendió también al plano financiero.

Entre 1917 y 1930 se crearon cuatro universidades y entre 1930 y 1948 otras siete12. Entre 1916

y 1931 se fundaron cinco escuelas técnicas superiores y cerca de treinta escuelas técnicas industriales

de nivel medio superior y de carácter propedéutico.

En el sexenio del general Lázaro Cárdenas (1934-1940) fue modificado el artículo tercero

constitucional para dar lugar a la educación «socialista» y, por primera vez en el texto constitucional,

obligar a las escuelas privadas a seguir los programas oficiales.

Aunque el significado de este concepto fue impreciso, la nueva orientación propuso ampliar las

oportunidades educativas de los trabajadores urbanos y rurales. En esos años se crearon internados,

comedores y becas; se impulsó la creación de escuelas vinculadas a centros de producción y se alentó

la educación técnica. En este último aspecto, la realización más importante del periodo fue la fundación

del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y de otros establecimientos tecnológicos. Al mismo tiempo, se

crearon escuelas regionales campesinas para formar maestros rurales y cuadros para la agricultura, se

establecieron escuelas vocacionales de nivel medio superior y centros educativos indígenas (Guevara,

1985: 9-16). Por otra parte, fueron creados el Instituto de Antropología e Historia y El Colegio de México

(Prawda, 1987: 28).

Como puede observarse en los cuadros 2.1.2 y 2.1.3, la educación creció en forma constante a

partir de 1907. De 1921 a 1940, la educación primaria creció más del doble. Destacan los periodos de

1921-1925 y de 1935 a 1940. En el primero, la matrícula creció 25.6% y el número de escuelas se

incrementó 19%. Al finalizar la década treinta, México tenía 1,960,755 alumnos y 21,874 escuelas de

educación primaria en las que trabajaban cerca de 40 mil maestros13. Comparadas con las de 1935 estas

cifras representaron un crecimiento de 30% en la matrícula, de 20.7% en el número de escuelas y de

29% en el profesorado14.

CUADRO 2.1.2

Matrícula por niveles. 1907-1940

Preesc. Prim. Secund. Sup. y Técnica Total

Preparat. Normal

1907 8880 657843 5782 9984 ND 682489

1921 ND 868040 ND ND ND ND

1925 11623 1090616 12435 16218 ND ND

1930 17426 1299899 17392 23713 40152 1358430

1935 21174 1509386 25358 15261 ND ND

1940 33848 1960755 ND ND ND ND

Fuentes: Solana, Fernando, et al. (1981) y Meneses (1986 y 1988).

Nota: Estos datos deben considerarse como aproximados, pues las fuentes originales son diversas y no siempre coincidentes.

CUADRO 2.1.3

Escuelas por niveles. 1907-1940

Preesc. Prim. Secund. Sup. y Técnica Total

Preparat. Normal

1907 79 9541 42 74 - 9736

1921 - 11041 - - - -

1925 74 13187 50 119 - -

1930 125 11379 81 147 179 11911

1935 322 18118 164 114 - -

1940 334 21847 ND ND - -

Fuente: Solana, Fernando et al. (1981).

Nota: Estos datos deben considerarse como indicativos pues las fuentes originales son diversas y no siempre coincidentes.

OEI - Sistemas Educativos Nacionales - México 7

La industrialización iniciada en los años treinta cobró mayor impulso con el modelo de sustitución

de importaciones puesto en práctica frente a la escasez de productos industriales que generó la segunda

guerra mundial. En esa nueva fase, México experimentó un rápido crecimiento demográfico y transitó

hacia la urbanización, de modo que al finalizar la década de los cincuenta la población rural pasó a ser

minoritaria. Al asumir la presidencia en el contexto de la guerra mundial, Manuel Ávila Camacho (1940-

1946) propuso una política de unidad nacional que tuvo expresiones en la doctrina y en las políticas

educativas del gobierno. Durante la posguerra, en el periodo conocido en México como de conciliación

y consolidación, Miguel Alemán, sucesor de Ávila Camacho, dio continuidad a la política de industrialización

y a la política educativa del gobierno anterior.

Entre 1940 y 1952, se redujo a 50% el analfabetismo de la población adulta. Entre 1940 y 1950 la

cobertura educativa continuó creciendo. En primaria, la matrícula se expandió 60% y en preescolar

276.4%. El número de maestros de este nivel aumentó 66.7% (1942-1952), (cuadro 2.1.4)pero la

cantidad de escuelas sólo se incrementó 8.9% . Por su parte, hacia 1952 la matrícula de educación

secundaria ascendía a casi 70 mil estudiantes, la de educación media superior a 37 mil y la de superior

a poco más de 30 mil (cuadro 2.1.5).

CUADRO 2.1.4

Matrícula, profesores y escuelas de Educación Preescolar y Primaria. 1940-1952.

1940 1945 1950 1952 Increm.%

Preescolar

Matrícula 38848 61410 115378 127396 276,4

Profesores ND 2139 2892 3443 61*

Escuelas 334 655 835 1007 201,5

Primaria

Matrícula 1960755 2624841 2997054 3141107 62,2

Profesores 43931** 54136 66577 73245 66,7***

Escuelas 21874 20966 23818 25331 15,8

* Período 1945-1952

** Dato de 1942

*** Periodo 1942-1952

Fuente: Dirección General de Programación de la SEP, en Solana F., et al. (1981: 596, 598).

CUADRO 2.1.5

Matrícula, profesores y escuelas de Educación Secundaria, Media Superior y Superior, 1950-

1952

1950 1952

Secundaria

Matrícula 69547 76021

Profesores 8702 11295

Escuelas 411 469

Media Superior

Matrícula 37329 42599

Profesores 6599 7407

Escuelas 192 186

Superior

Matrícula 29829 31953

Profesores 6126 5673

Escuelas 157 145

Fuente: Dirección General de Programación de la SEP, en Solana F., et. al., (1981: 596,598).

En 1944 se fundaron el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas

(CAPFCE) y el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, el cual abrió normales en diversas partes

del país. En 1946 se fundó el Instituto Nacional de Bellas Artes. Algunos años más tarde, se crearon el

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Instituto Nacional Indigenista (1948), la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza

Superior (ANUIES) (1950) y el Centro Regional de Educación de Adultos y Alfabetización Funcional para

América Latina (CREFAL) (1951). En 1952 se inauguró la Ciudad Universitaria de la Universidad

Nacional Autónoma de México.

En 1943 tuvo lugar la unificación de los sindicatos magisteriales. El nuevo Sindicato Nacional de

Trabajadores de la Educación (SNTE) fue reconocido mediante un decreto presidencial en 1944 como

el único organismo representativo de todo el magisterio nacional (Sotelo, 1981: 317).

La reforma del artículo 3º Constitucional en 1946, suprimió la educación socialista y en su lugar

postuló nuevos principios, como la educación integral, científica, democrática y nacional, basada en la

libertad, la justicia y la paz para mejorar la convivencia humana. (Sotelo, 1981: 325).

2.2 LA EDUCACIÓN EN MÉXICO. 1950-1990.

2.2.1 La expansión del sistema educativo.

Entre 1920 y 1950 el sistema educativo mexicano creció en forma constante pero moderada.

Durante esos años, la enseñanza primaria se concentraba principalmente en el medio urbano y los

niveles superiores tenían un carácter restringido. Ese patrón de crecimiento acabó a mediados de la

década cincuenta, dando lugar a un gran ciclo expansivo de treinta años que concluyó en los años

ochenta.

CUADRO 2.2.1

Matrícula, profesores y escuelas. 1950-1990.

Mat. Total Profesores Escuelas

1950 3249200 90896 25413

1960 5994079 145377 36018

1970 11177294 316734 54954

1980 20683158 723793 104144

1990 24504543 1113495 159968

Fuente: INEGI (1990); Salinas (1992); SEP (1991a)

CUADRO 2.2.2

Matrícula, profesores y escuelas, crecimiento porcentual. 1950-1990.

Mat. Total Profesores Escuelas

50-60 84,48 59,94 41,73

60-70 86,47 117,87 52,57

70-80 85,04 128,52 89,51

80-90 18,48 53,84 53,60

Desde la década cincuenta la acelerada urbanización, el crecimiento de la industria, los nuevos

patrones de consumo de algunos sectores de la población, la ampliación y diversificación del Estado y

el crecimiento demográfico impactaron al sistema educativo (Fuentes, 1979: 230-233). La expansión se

hizo más veloz, la educación adquirió grandes dimensiones y comenzó a incorporar a sectores sociales

antes excluidos, el cuerpo de profesores se ensanchó considerablemente, el sistema diversificó las

ofertas educativas y amplió el número de instituciones (cuadros 2.2.1 y 2.2.2). Algunos establecimientos,

en especial de educación superior, crecieron en grandes proporciones.

A partir de 1982, bajo el impacto de la crisis económica, el sistema educativo mexicano se internó

en un nuevo periodo con dos momentos claramente definidos: disminución progresiva de los ritmos de

crecimiento y decremento absoluto en el número de estudiantes. Esta última fase constituye un

fenómeno que no se había presentado en ningún otro momento de la historia escolar postrevolucionaria

(Fuentes, 1989: 10; 1992: 69).

a) Crecimiento de la matrícula.

De 1950 a 1980 la población de 6 a 24 años creció notoriamente en términos absolutos y relativos,

dentro de un proceso de rejuvenecimiento demográfico. En 1950 sumaba 11.7 millones, lo cual equivalía

al 45.4% de la población total. En 1980, había 33.2 millones de niños y jóvenes, el 49.7% de la población

OEI - Sistemas Educativos Nacionales - México 9

nacional. En treinta años, la población en edad escolar creció 183.3%, mientras que la población total

159.2%. La tendencia de alto crecimiento del grupo de 6 a 24 años se modificó sensiblemente en los años

ochenta al crecer a ritmos menores y disminuir su proporción en la población total (cuadro 2.2.3).

CUADRO 2.2.3

Evolución de la población total y del grupo 6-24 años. 1950-1990.

1950 1960 1970 1980 1990

(a)Total 25791017 34923129 48225238 66846833 81249646

Incr.% 0 35,41 38,09 38,61 21,55

(b)6-24 11716002 16157697 23205902 33189372 36328944

Incr.% 0 37,91 43,62 43,02 9,46

b/a % 45,43 46,27 48,12 49,65 44,71

Fuente: Censos de Población y Vivienda

En 1950 el sistema educativo atendió al 27.7% del conjunto de mexicanos en edad escolar y en

1980 al 62.3%. El número absoluto de población no atendida se incrementó, pero en términos

proporcionales disminuyó notoriamente. Entre 1980 y 1990 el número total de la población potencial no

atendida disminuyó en términos absolutos (cuadro 2.2.4)

CUADRO 2.2.4

Matrícula y grupo de edad 6-24 años. 1950-1990

(a)Matrícula (b)G.E.6-24 a/b

1950 3249200 11716002 27,73

1960 5994079 16157697 37,1

1970 11177294 23205902 48,17

1980 20683158 33189372 62,32

1990 24504543 36328944 67,45

Fuentes: Censos de Población y Vivienda; Estadísticas Históricas de México y Estadísticas Básicas del Sistema Educativo

Nacional.

El crecimiento de la matrícula implicó el tránsito a un sistema de grandes magnitudes. En 1950, la

matrícula total fue de 3,249,200 estudiantes y al finalizar la década setenta de 20,683,158 (cuadro 2.2.4).

En esas décadas, la primaria creció a un ritmo superior que el grupo de edad de 6 a 12 años hasta llegar

en 1980 a una tasa bruta de escolarización primaria superior al 100%15. La educación primaria alcanzó

en ese año una matrícula de poco más de 14 millones y medio de alumnos (cuadro 2.2.5). El ritmo de

crecimiento fue mucho más acelerado en los niveles preescolar y postbásicos, debido a un efecto

combinado de la ampliación de la demanda real y de las políticas estatales de expansión de estos niveles,

especialmente en las décadas sesenta y setenta. Una expresión del crecimiento fue el cambio en las

proporciones de la matrícula en los distintos niveles. En 1950 la primaria ocupaba más del 90% de la

matrícula total y en 1980 alrededor del 70%.

Durante esas tres décadas el sistema educativo mexicano creció en forma ininterrumpida.

Destacan las décadas de los cincuenta y setenta con un crecimiento acumulado de la matrícula de 77.1%

y 74.7% y con tasas medias anuales de 6.6% y 6.4% respectivamente. La década de los ochenta

constituye por el contrario, un periodo distinto. A partir de 1979 las tasas anuales de crecimiento

comienzan a disminuir constantemente hasta llegar a un decremento absoluto en el número de alumnos.

En 1990, el sistema tenía alrededor de 250 mil alumnos menos que en 1986. El crecimiento acumulado

entre 1981 y 1990 es de 18.5%, con un reclutamiento de 3,821,385 nuevos alumnos. La tasa media anual

de crecimiento en esos años se sitúa en 1.71%.

OEI - Sistemas Educativos Nacionales - México 10

CUADRO 2.2.5

Grupos de edad, matrícula de primaria y tasas de escolarización. 1980-1990.

6-12 6-14 Matrícula TE. 6-12 TE. 6-14

1980 13816597 17295147 14666257 106,15 81,0

1990 14701697 18835378 14401588 97,96 76,46

Incr.%80-90 6,41 8,91 -1,80

Fuentes: Censos de Población y Vivienda y Estadísticas Básicas del Sistema Educativo Nacional

A pesar de la pérdida de dinamismo en el crecimiento y de los decrementos absolutos de la

matrícula al finalizar el periodo, el crecimiento fue superior en términos relativos al de la población de 6

a 24 años. Entre 1980 y 1990 la matrícula total creció 18.5% mientras que dicha población creció 9.5%.

Sin embargo, en el caso de la educación primaria hubo 1.8% alumnos menos en 1990 con respecto a

1980, en tanto que, en el mismo lapso, el grupo de edad de 6 a 14 años creció 8,9% (cuadro 2.2.5).

Desde 1979 y hasta 1985 la educación preescolar tuvo un crecimiento sin paralelo en la historia

educativa nacional, alcanzando tasas anuales superiores al 20%. En los primeros cuatro años de la

década de los ochenta, más de un millón 300 mil nuevos alumnos se incorporaron a este nivel educativo.

No obstante, en la segunda mitad de la década la velocidad del crecimiento se redujo notoriamente. En

el decenio, la tasa media de crecimiento anual fue de 9.8%, superior a las registradas en los otros niveles

educativos (cuadros 2.2.6 y 2.2.7).

A partir de 1980 la primaria inicia un periodo que va de la disminución de los ritmos de crecimiento

al decrecimiento absoluto de la matrícula. En esa década la primaria presentó una tasa media anual

negativa (-0.18%) (cuadros 2.2.6 y 2.2.7). A pesar de ello, se redujo el abandono escolar del primero al

segundo grados, disminuyó ligeramente el porcentaje de población repetidora en esos grados y mejoró

significativamente la eficiencia terminal. En 1981-82 la población repetidora de primero y segundo grados

era de 30.2% y en 1989-90 de 29.3%. En 1980 la eficiencia terminal fue de 49.7% y en 1990 de 57.9%.

La secundaria creció a una tasa media anual de 3.3% en el decenio, adquiriendo un millón 156 mil

alumnos más que en 1980. En los cuatro primeros años de la década el crecimiento de la matrícula tendió

a estabilizarse, pero a partir de 1984 se inició una caída constante en las tasas anuales de crecimiento

(cuadro 2.2.7). Conviene señalar que, aunque la eficiencia terminal de la primaria mejoró, el primer

ingreso a la secundaria sólo representó en 1991-92 al 82.9% del egreso de la primaria. La eficiencia

terminal del nivel, por otro lado, tendió a disminuir: en 1980-81 era de 75% y en 1990-91 de 73%.

La enseñanza media superior creció 78% durante los años ochenta a ritmo veloz hasta 1984, año

a partir del cual la velocidad de crecimiento disminuyó sensiblemente. Al finalizar el periodo el nivel

prácticamente dejó de crecer. En promedio la tasa anual de crecimiento se situó en 5.9% (cuadro 2.2.7).

El primer ingreso a la educación media superior tuvo un crecimiento de 29.5% entre 1981 y 1991, pero

el nivel de absorción de egresados de secundaria disminuyó.

La educación superior presentó un crecimiento acumulado de 47.4% en la década, es decir, casi

293 mil alumnos más. El ritmo de ese crecimiento fue, sin embargo, mucho menor que el registrado en

las dos décadas anteriores. Mientras que en los años setenta creció a una tasa anual promedio de 12.3%,

en los ochenta lo hizo en 4%. A partir de 1987, la tasa de crecimiento de la matrícula fue menor que las

del grupo de edad y del egreso de la educación media superior, concluyendo el gran ciclo expansivo de

la enseñanza universitaria (cuadros 2.2.6 y 2.2.7).

OEI - Sistemas Educativos Nacionales - México 11

CUADRO 2.2.6

Matricula por niveles. 1980-1992.

Preescolar Primaria Secundaria Media Sup. Superior Total

1980 1071619 14666257 3033856 1180135 731291 20683158

1981 1376248 14981156 3348802 1363695 785419 21855320

1982 1690964 15222916 3583317 1535434 840368 22872999

1983 1893650 15376153 3841673 1627518 879240 23618234

1984 2147495 15219245 3969114 1744883 939513 24020250

1985 2381412 15124260 4179466 1897236 966384 24548758

1986 2547358 14994642 4294596 1936077 988078 24760751

1987 2625678 14768008 4347257 2012268 989414 24742625

1988 2668561 14656357 4355334 2070471 1033207 24783930

1989 2662588 14493763 4267156 2091920 1069565 24584992

1990 2734054 14401588 4190190 2100520 1078191 24504543

Incr.% 80-90 160,5 -1,8 38,1 78,0 47,4 18,5

Fuentes: Salinas (1992).

CUADRO 2.2.7

Tasas anuales de crecimiento por niveles. 1980-1992.

Preescolar Primaria Secundaria Media Sup. Superior Total

1980-81 28,43 2,15 10,38 15,55 7,40 5,67

1981-82 22,87 1,61 7,00 12,59 7,00 4,66

1982-83 11,99 1,01 7,21 6,00 4,63 3,26

1983-84 13,41 -1,02 7,21 7,21 6,86 1,70

1984-85 10,89 -0,62 3,32 8,73 2,86 2,20

1985-86 6,97 -0,86 5,30 2,05 2,24 0,86

1986-87 3,07 -1,51 2,75 3,94 0,14 -0,07

1987-88 1,63 -0,76 1,23 2,89 4,43 0,17

1988-89 -0,22 -1,11 0,19 1,04 3,52 -0,80

1989-90 2,68 -0,64 -2,02 0,41 0,81 -0,33

Tasa anual media 9,82 -0,18 3,28 5,94 3,96 1,71

b) Acceso social a la educación y desigualdades regionales.

El proceso de expansión del sistema educativo mexicano modificó los viejos patrones elitistas de

acceso a la educación y amplió las oportunidades de escolarización en las entidades federativas más

rezagadas. Sin embargo, la desigualdad en las oportunidades de escolarización de los diferentes

sectores sociales ha tendido a transferirse hacia los niveles educativos postbásicos, particularmente los

niveles medios superior y superior, y persisten disparidades educativas entre los estados y regiones del

país.

Aunque hay pocos estudios al respecto, las evidencias existentes permiten señalar que la

permanencia y la promoción escolares están relacionadas con factores económicos, sociales y

culturales de las diversas regiones del país y con el origen socioeconómico de los estudiantes. Sin

embargo, es difícil establecer relaciones directas entre escolaridad y origen social. En los últimos años

estas relaciones son particularmente evidentes en los extremos de la pirámide social pero inciertas en

los estratos intermedios16. En éstos las posibilidades de escolarización «están mediadas por la

disponibilidad real de una oferta accesible y sobre todo por las condiciones culturales de la familia, en

particular por la valorización asignada en la escuela» (Fuentes, 1989:17).

OEI - Sistemas Educativos Nacionales - México 12

Pese a la selectividad social y a las desigualdades regionales, cada año se fueron generando

oportunidades escolares que aumentaron el nivel educativo medio de la población mexicana y

disminuyeron el tamaño del grupo totalmente marginado de la escuela. Entre 1970 y 1990, el sector de

la población que no recibía atención escolar de algún tipo se redujo significativamente. Según datos

censales, el 36.1% de la población de 6 a 14 años en 1970 no asistía a la escuela y el 13.4% en 1990.

En las entidades federativas la distribución social de las oportunidades de escolarización es diversa

y persisten desigualdades en el ingreso, la permanencia y el egreso escolares. Todo ello, por supuesto,

está relacionado históricamente con factores socioeconómicos, políticos y culturales de los estados.

En las décadas de los años cincuenta, sesenta y setenta los estados de menor desarrollo

socioeducativo tendieron, en general, a incrementar la atención educativa básica con ritmos más rápidos

que los estados de mayor desarrollo. Sin embargo, no alcanzaron los índices de cobertura logrados por

estos últimos. Mientras los estados de bajo desarrollo emprendían una veloz carrera por ampliar sus

sistemas, particularmente en los niveles básicos, los estados con mayor desarrollo pudieron centrar

buena parte de sus esfuerzos expansivos en niveles postprimarios17 (Muñoz, 1973: 33).

En la década ochenta esa tendencia general continuó, con una variación importante en el nivel

superior. Por ejemplo, Chiapas, el estado con los mayores índices de rezago educativo, registró uno de

los crecimientos porcentuales más altos de las matrículas en todos los niveles. En el extremo opuesto,

el Distrito Federal presentó una disminución absoluta de su matrícula total. Casi todos los estados del

norte, en general situados en el país con indicadores altos de alfabetización y eficiencia terminal, también

tuvieron tasas de crecimiento menores a los de la media nacional y, en muchos casos, las matrículas

de primaria tuvieron decrementos absolutos. A pesar de su mayor expansión proporcional, los estados

más rezagados no alcanzaron los indicadores de los estados de desarrollo educativo medio y alto.

La variación de la tendencia en lo que respecta a la educación superior consistió en la estabilización

y en algunos casos decremento de las matrículas en los estados con sistemas históricamente grandes.

Las tasas de crecimiento de la educación superior registraron una declinación general en la década

ochenta, pero los estados de escolarización «tardía» y de menor desarrollo del nivel educativo superior

las tasas fueron consistentemente altas lo cual indica que todavía tiene un amplio campo de

reclutamiento social que probablemente permita la expansión durante unos años más (Kent, 1992: 15-

16)18.

En general, todas las entidades federativas han abatido los porcentajes de población analfabeta.

Sin embargo, según datos del censo de 1990, sólo Baja California, el Distrito Federal y Nuevo León

registran un porcentaje de analfabetos menor a 5%. Por el contrario, 11 estados superan el promedio

nacional y, dentro de éstos, hay algunos con proporciones superiores a 20%, como Chiapas (30%),

Oaxaca (27.5%), Guerrero (26.8%), Hidalgo (20.7%). Estos estados han mejorado sus índices de

alfabetismo a mayor velocidad que otros, pero conservan una situación de gran rezago. Por ejemplo, en

1950 sólo el 34.6% de la población chiapaneca sabía leer y escribir, mientras que en 1990 el 70% ya

estaba en esa condición; en el otro extremo, el alfabetismo en el Distrito Federal en 1950 llegaba al 86.9%

y en 1990 al 94.1%.

Los avances en la eficiencia terminal del nivel primario presentan diferencias significativas en cada

entidad. En 1980, por ejemplo, la tasa de eficiencia terminal de primaria en Chiapas fue de 24.7% y en

1990 de 28.2%. Se registró un avance, sin lugar a dudas, pero las tasas son muy inferiores a las de Nuevo

León, donde el 68.7% de sus alumnos terminaban la educación primaria en 1980 y el 73.7% en 1990.

c) Crecimiento del número de establecimientos.

La expansión del sistema educativo implicó la multiplicación de escuelas en todo el país. En 1950

había 25,413 escuelas de todos los niveles y en 1990 la cifra llegó a 156,165. La década de los setenta,

en especial su segunda mitad, destaca por el gran aumento de escuelas (cuadro 2.2.8).

En la primera mitad de la década de los ochenta, el crecimiento en el número de escuelas se

mantuvo alto, principalmente por la expansión del nivel preescolar que ganó 22,708 escuelas. En la

segunda mitad de la década, el crecimiento disminuyó. Al finalizar la década, destaca la reducción del

número de escuelas normales: de 858 normales existentes en 1985 se llega a 461 en 1990 (cuadro 2.2.8)

Esta disminución se presentó en todas las modalidades de educación normal, excepto en las normales

para secundaria. Las causas de este fenómeno deben encontrarse en el desestímulo de la demanda a

raíz del aumento de los requisitos de ingreso, de la elevación del grado académico y de las bajas

remuneraciones salariales que afectaron al magisterio en esos años19.

OEI - Sistemas Educativos Nacionales - México 13

CUADRO 2.2.8

Escuelas por nivel. 1950-1990

Total Preescolar Primaria Secundaria Media Sup Normal Superior

1950 25,413 835 23,818 411 192 157

1955 29,812 1,294 27,520 611 220 167

1960 36,018 1,852 32,533 1,140 360 133

1965 42,358 2,469 37,288 1,858 505 238

1970* 53,885 3,077 45,074 4,249 869 250 366

1975 68,893 4,156 55,618 6,798 1,494 324 503

1980 101,638 12,941 76,024 8,873 2,428 538 834

1985 135,154 35,649 76,690 15,657 4,953 858 1,347

1990 156,165 46,736 82,280 19,228 6,222 461 1,238

Fuentes: INEGI (1990); Salinas (1993a).

* A partir de 1970, datos de Salinas (1993a).

CUADRO 2.2.9

Escuelas por nivel. Crecimiento porcentual. 1950-1990

Total Preescolar Primaria Secundaria Media Sup. Normal Superior

50-55 17,31 54,97 15,54 48,66 14,58 6,37

55-60 20,82 43,12 18,22 86,58 63,64 -20,36

60-65 17,60 33,32 14,62 62,98 40,28 78,95

65-70 27,21 24,63 20,88 128,69 72,08 53,78

70-75 27,85 35,07 23,39 59,99 71,92 29,60 37,43

75-80 47,53 211,38 36,69 30,52 62,52 66,05 65,81

80-85 32,98 175,47 0,88 76,46 104,00 59,48 61,51

85-90 15,55 31,10 7,29 22,81 25,62 -46,27 -8,09

Fuentes: INEGI (1990); Salinas (1993a).

2.2.2 La política educativa del gobierno federal, 1952-1993.

a) La presidencia de Adolfo Ruiz Cortines, 1952-1958.

El gobierno del presidente Adolfo Ruiz Cortines consolidó las realizaciones educativas de los

gobiernos anteriores. En esos años el gobierno aumentó los gastos en educación, especialmente los

subsidios a las universidades y los salarios de los profesores, y en general aplicó con mayor eficacia y

economía los fondos federales. Los servicios educativos continuaron creciendo pero no se llevaron a

cabo reformas en los métodos, programas de estudio o los textos escolares (Cardiel, 1981: 348).

En este periodo presidencial se creó el Consejo Nacional Técnico de la Educación (CONALTE) y

el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV-IPN).

En el Instituto Nacional de Bellas Artes las actividades se multiplicaron, se crearon institutos regionales,

grupos artísticos y centros de educación estética en varias ciudades del país y se construyeron

instalaciones para las artes dramáticas en la ciudad de México, entre ellas el Auditorio Nacional, los

edificios de la Escuela de Teatro y de la Académica de la Danza Mexicana (Cardiel, 1981: 354-356).

b) La presidencia de Adolfo López Mateos, 1958-1964.

Adolfo López Mateos consideró prioritario ampliar las oportunidades educativas y apoyar la

educación normal y la capacitación para el trabajo. La educación había registrado avances, pero todavía

en 1958 uno de cada dos mexicanos no sabía leer y las insuficiencias de los servicios así como la

inequitativa distribución de la oferta hacían que el nivel básico fuese poco accesible para amplios

sectores de la población. En esas condiciones, el gobierno promovió la expansión acelerada del servicio

educativo: se incorporaron poco más de dos millones 800 mil estudiantes, se duplicaron en términos

reales los recursos federales destinados a la educación, se construyeron más de 21 mil aulas, se

OEI - Sistemas Educativos Nacionales - México 14

fortalecieron los servicios de mejoramiento profesional del magisterio y se reformaron planes y

programas de educación normal. Entre las políticas más importantes del sexenio, se encuentran la

formulación e inicio del Plan de Once Años, la implantación del libro de texto gratuito para la primaria y

la reforma de los planes y programas de estudio de primaria y secundaria (Noriega, 1985: 19-20).

El Plan para el Mejoramiento y la Expansión de la Educación Primaria en México, conocido como

Plan de Once Años por el lapso en que se cumplirían sus objetivos, propuso satisfacer toda la demanda

de educación primaria. Al cabo de los 11 años el objetivo central no logró cumplirse20: en 1970 aún

quedaban fuera de la escuela alrededor de 2 millones de niños y persistieron diferencias entre el medio

rural y urbano, que sólo atendieron al 83% y al 62% de la demanda respectivamente. No obstante, el Plan

constituyó «un gran salto hacia adelante en el intento de proporcionar educación primaria a todos los

mexicanos» (Caballero, 1981: 371) y, como señaló Prawda (1987: 29), fue «el primer intento de

planificación oficial del sistema educativo mexicano».

La gratuidad y la obligatoriedad de la primaria fundamentó la iniciativa para elaborar libros de texto

gratuitos, los cuales beneficiaron a miles de estudiantes de bajos recursos y a los que su ubicación

geográfica dificultaba el acceso a materiales educativos. La propuesta fue ofrecer a los alumnos un

mínimo de conocimientos y destrezas sin distinción de condiciones sociales. Para editar los libros se creó

la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuito (CONALITEG) y se convocó a un concurso público

para elaborarlos. Sin embargo, la falta de calidad de muchas obras presentadas llevó a la CONALITEG

a encargar la redacción de textos a maestros de competencia reconocida. La primera edición alcanzó

casi 15 millones y medio de ejemplares y entre 1960 y 1964 se editaron más de 107 millones de libros

y cuadernos de trabajo (Caballero, 1981: 376). Algunos sectores ligados a la educación privada se

opusieron a la obligatoriedad de los libros de texto gratuito21.

En cuanto a la formación de maestros se desplegaron diversas políticas. En 1959 las escuelas

normales de preescolar y primaria reformaron sus planes y programas de estudio. Las escuelas normales

y el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, encargado de capacitar maestros a distancia,

recibieron aumentos en sus recursos. Se crearon dos Centros Normales Regionales y las Normales de

Capacitación para el Trabajo Industrial y Agrícola. Se construyeron los edificios de las escuelas normales

de Especialización y Superior de Maestros y del Instituto Nacional de Pedagogía. El Instituto Federal de

Capacitación del Magisterio capacitó y tituló más de 17 mil maestros, descentralizó su funcionamiento

y desarrolló un amplio programa editorial con un tiraje de dos millones y medio de ejemplares de diversos

títulos (Caballero, 1981: 386).

El nivel medio superior duplicó su matrícula, un crecimiento que dio inicio a la masificación de los

niveles educativos superiores, y sus planes y programas de estudio fueron reformados, con el objetivo

de integrar las preparatorias22 de tipo universitario en un bachillerato único promovido por la ANUIES

(Noriega, 1985: 26).

La educación superior, por su parte, recibió mayores recursos financieros. Fueron creados el

Centro Nacional de Educación Tecnológica Industrial y el Centro de Investigación y de Estudios

Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV-IPN). Al mismo tiempo se abrieron Institutos

Tecnológicos Regionales, se concluyeron las obras de la Unidad Profesional Zacatenco y de otras

escuelas del IPN, y se creó la Subsecretaría de Enseñanza Técnica Superior. Las universidades en los

estados ampliaron sus matrículas y las instituciones particulares iniciaron su expansión (Noriega: 1985,

26-29; Caballero, 1981: 391; Prawda, 1987: 28-29).

Con el objetivo de ofrecer salidas laterales que posibilitaran la incorporación al trabajo a los alumnos

que no accedieran a los niveles educativos superiores, entre 1963 y 1964 se implantó un amplio conjunto

de programas de adiestramiento para el trabajo industrial y agrícola (Caballero:1981, 392-394).

c) La presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, 1964-1970.

Las propuestas educativas del presidente Díaz Ordaz fueron semejantes a las del gobierno que lo

precedió. Sin embargo, el ritmo de crecimiento del sistema disminuyó. El crecimiento acumulado de la

matrícula total fue de 42.2%, mientras que en el sexenio anterior acumuló 58.2% (cuadro 2.2.10).

Entre 1964 y 1970, se instaló la Comisión de Planeamiento Integral de la Educación, se implantaron

algunas medidas para ampliar la cobertura de la educación elemental, abatir sus costos y aliviar la

presión de la demanda por estudios superiores, como el uso experimental de medios masivos de

comunicación para la enseñanza primaria, la secundaria y la alfabetización, la creación del Sistema

Nacional de Orientación Vocacional y la apertura de nuevas posibilidades en la enseñanza media

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superior. Por otra parte, se inició la unificación de los calendarios escolares y se intentó modernizar la

administración (Noriega, 1985; Prawda, 1987: 30).

Durante el sexenio la educación secundaria creció un 150% y recibió especial atención. Todas las

escuelas de este nivel pasaron a regirse por un mismo plan y programas de estudio; por cada secundaria

general se creó una técnica; y se impulsaron las escuelas secundarias técnicas agropecuarias

(González, 1981: 413; Meneses, 1991: 123).

d) La presidencia de Luis Echeverría Álvarez, 1970-1976.

En el marco de una política de reforma educativa, el gobierno de Luis Echeverría propició una

considerable expansión y diversificación de los servicios educativos, la multiplicación de las instituciones

en todo el país y su crecimiento interno, la reforma a los planes y programas de primaria y secundaria,

la edición de nuevos libros de texto gratuito y la promulgación de nuevas leyes en materia educativa y

de patrimonio cultural23.

Durante el sexenio se crearon diversas instituciones de enseñanza media superior y superior, así

como el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE), el Centro de Estudios de Métodos y

Procedimientos Avanzados de la Educación (CEMPAE) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología

(CONACYT). En ese sexenio se impulsó la enseñanza abierta, se creó el Sistema de Primaria Intensiva

para Adultos, se fundaron escuelas para el aprovechamiento de recursos marinos y la investigación

educativa a través del Departamento de Investigaciones Educativas del CINVESTAV-IPN y del Centro

de Investigaciones Superiores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

En 1972 se promulgó la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e

Históricas, la cual afirmó la propiedad nacional del patrimonio histórico y artístico, así como su protección

y exploración (González, 1981: 423).

La Ley Federal de Educación de 1973 estableció que la educación es un servicio de carácter público

que ejerce el Estado y la iniciativa privada bajo las condiciones que éste señale; organizó al sistema

educativo nacional; estableció la función social educativa, las bases del proceso educativo y los derechos

y obligaciones sobre la materia. Dicha ley reiteró la gratuidad de la educación impartida por el Estado

y el derecho que todos los habitantes del país tienen de recibir educación con las mismas oportunidades;

estableció las modalidades escolar y extraescolar y nuevos procedimientos de revalidación y equivalencia

de estudios; y aseguró el principio de libertad educativa (González, 1981: 416).

La Ley Nacional de Educación para Adultos de 1976, normó y reguló la educación para los mayores

de 15 años que no habían cursado o concluido la primaria o la secundaria. Esta educación fue concebida

como educación extraescolar, basada en el autodidactismo y la solidaridad social, y cuyos planes y

programas favorecerían la capacitación para el trabajo (González, 1981: 419).

Para dar curso a la intensa actividad y a la expansión acelerada del sistema, la Secretaría de

Educación Pública modificó su estructura orgánica y creó la Subsecretaría de Planeación y Coordinación

Educativa (Meneses, 1991: 330). La SEP inició la desconcentración técnico-administrativa con la

creación de 39 unidades y subunidades de servicios descentralizados en las ciudades más importantes

de las nueve regiones en las que fue dividido el país (Noriega, 1985: 71). Al mismo tiempo, la

Subsecretaría de Planeación y Coordinación Educativa impulsó medidas técnico administrativas para

mejorar el control escolar, generar estadísticas confiables, asignar maestros de primaria y elaborar los

programas y el presupuesto educativos. Asimismo se implantó un nuevo reglamento de escalafón de los

trabajadores de la SEP y se emitieron varios acuerdos para regular la titulación y regularización de

maestros (Prawda, 1987: 31).

El nivel preescolar creció 52% a lo largo del sexenio, lo cual indica que se incorporaron más de 200

mil nuevos estudiantes (cuadro 2.2.10). Pero la expansión todavía fue limitada puesto que en 1976 sólo

el 14% de los niños entre cuatro y cinco años asistía a este nivel (Noriega, 1985: 58).

La primaria fue uno de los principales núcleos de la reforma educativa. Sin embargo, no alcanzó

el ritmo de crecimiento del sexenio anterior. Mientras que entre 1964-1970 la matrícula creció 34%, en

este periodo se incrementó 31.5%, a pesar de que se abrieron opciones para ampliar la oferta mediante

cursos comunitarios, albergues escolares y centros regionales de educación elemental (cuadro 2.2.10).

La eficiencia terminal, aún baja, mostró una mejoría de 16% con respecto a la generación de 1965-1970,

debido en gran parte a la expansión de los servicios urbanos con escuelas de organización completa.

Al finalizar el periodo existían 21 mil escuelas incompletas, de las cuales el 15% eran escuelas unitarias

ubicadas en pequeñas poblaciones rurales (Noriega, 1985: 59-60).

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Por otra parte, los nuevos programas y libros de texto de primaria sustituyeron las asignaturas de

geografía, civismo e historia por el área de ciencias sociales; en ciencias naturales se incluyeron temas

de educación sexual que despertaron polémicas en algunos sectores sociales y se introdujeron la

gramática estructural y un nuevo enfoque en la matemática. El tiraje de libros educativos ascendió a 543

millones de ejemplares, un incremento de casi 200 millones respecto a los distribuidos en total durante

los 10 años anteriores.

La matrícula de secundaria registró un crecimiento de 94.9%, inferior también al del sexenio anterior

que había alcanzado un crecimiento acumulado de 150% (cuadro 2.2.10). No obstante, dio cabida a poco

más de un millón de nuevos alumnos, un tercio más que en el sexenio anterior. Las secundarias técnicas

fueron objeto de especial apoyo, bajo la premisa de formar cuadros para el desarrollo socioeconómico.

La reforma educativa no logró implantarse en todas las escuelas del nivel. En 1974, la SEP autorizó

a las escuelas secundarias a optar por los nuevos programas de áreas o por los anteriores de

asignaturas.

En el nivel medio superior se desarrolló una vigorosa política expansiva. Al finalizar el período

presidencial de Luis Echeverría, el nivel había acumulado un crecimiento de 188% (cuadro 2.2.10). Las

preparatorias universitarias y otras opciones terminales y ambivalentes (terminales y propedéuticas)

fueron apoyadas. Así, se crearon el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM y el Colegio de

Bachilleres, se impulsaron los Centros de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECYT), los Centros de

Estudios Tecnológicos (CET), los Centros de Estudios Tecnológicos Agropecuarios (CETA) y los

Institutos Tecnológicos Agropecuarios y Pesqueros24, creados en 1973. Al mismo tiempo, se iniciaron

experiencias de educación abierta en el D.F. y en Monterrey. Con ello, la absorción de egresados de

secundaria se elevó del 72% en 1970 a casi 80% en 1976 (Noriega, 1985: 63-65).

En las instituciones de nueva creación, se atendieron las recomendaciones formuladas por la

ANUIES en 1971 para implantar un sistema de cursos semestrales, articular a las instituciones del nivel,

dividir los contenidos escolares en tres áreas y aplicar un sistema de créditos académicos (Noriega,

1985: 65).

La educación superior creció 156%, es decir, matriculó a 332,301 estudiantes más que en 1970

(cuadro 2.2.10). La matrícula sumó 545,182 estudiantes. Un hecho notorio fue la tendencia a la

«federalización» del gasto en este nivel, es decir, al aumento de la participación del financiamiento

federal, el cual superó el 50% de los ingresos de las universidades estatales. Otra tendencia importante,

aún incipiente pero en ascenso, fue la desconcentración de la matrícula. Paulatinamente, instituciones

ubicadas en los estados comenzaron a aumentar su participación en el total de matrícula, en tanto que

la matrícula de instituciones del D.F., en especial la UNAM y el IPN, disminuyó en términos porcentuales.

En este proceso influyó la creación de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), con cinco

unidades en el D.F.. La UAM fue una novedosa propuesta, que modificó los esquemas con los que

tradicionalmente se habían organizado las universidades públicas, mediante una estructura de unidades,

divisiones por grandes áreas profesionales y departamentos. (Noriega, 1985: 67).

En lo que se refiere a la educación para adultos, los servicios continuaron ampliándose. Los centros

de alfabetización pasaron a ser Centros de Educación Básica para Adultos (CEBA), los cuales operaban

en centros urbanos, y se establecieron los sistemas abiertos de enseñanza. La población atendida creció

en forma significativa: de 13,500 en 1971 se pasó a 125,000 en 1976. El presupuesto asignado a este

rubro, por su parte, se incrementó casi doce veces. No obstante, dentro de la población mayor de 15

años, en 1976 aún existían más de 6 millones de analfabetos, 12 millones con primaria inconclusa y 9

millones con primaria completa pero sin secundaria. (Noriega, 1985: 69).

La educación normal también experimentó un crecimiento importante. En 1970 habían 56 mil

estudiantes en las escuelas normales de preescolar, primaria, educación física, técnica industrial y

técnica agropecuaria, y 136 mil en 1976. La mayor parte de esa matrícula se encontraba en escuelas

particulares. En 1975 se abrió el programa de actualización y mejoramiento del magisterio para ofrecer

el nivel de licenciatura en educación a través de cursos abiertos y talleres de verano. En 1976 había 60

mil maestros inscritos en el programa. (Noriega, 1985: 69-70).

e) La presidencia de José López Portillo, 1976-1982.

El gobierno de López Portillo elaboró el Plan Nacional de Educación (PNE). Dicho Plan consistió

en un diagnóstico y en un conjunto de programas y objetivos. En 1978 se declaró prioritaria la educación

preescolar y se puso en marcha el Programa de Educación para Todos cuyo objetivo fue atender a todos

los niños que demandaran la escuela primaria. Durante el sexenio se impulsó la educación terminal, se

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buscó regular, mediante la planeación, a la educación superior y se creó la Universidad Pedagógica

Nacional (UPN). En este sexenio adquirieron relevancia las preocupaciones sobre la calidad y la atención

al rezago educativos.

El diagnóstico del PNE llamó la atención sobre diversos problemas de la educación preescolar: la

atención a la demanda potencial era baja; la distribución de oportunidades era desigual al concentrarse

en el medio urbano y atender casi exclusivamente a sectores sociales medios y altos; y los bajos índices

de eficiencia en los primeros grados de la primaria estaban asociados con la inasistencia de los niños

a la educación preescolar. Ante ello, el gobierno se trazó la meta de atender al 70% de los niños de cinco

años, porcentaje que no pudo alcanzarse al finalizar el sexenio25. Sin embargo, se consiguió aumentar

la matrícula en 1,830,000 alumnos, lo cual representó un incremento de 178% en 1982 con respecto a

1976 (cuadro 2.2.10). Al mismo tiempo, la creciente demanda de escolarización en el nivel, generada

entre otras razones por el aumento de madres trabajadoras, hizo que la oferta privada de preescolar

canalizara una parte de la demanda. Así, el sector particular aumentó su participación porcentual en la

matrícula total, pasa