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El Orgullo De Ser Mexicano

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Categoría: Filosofía

Enviado por: Jillian 16 mayo 2011

Palabras: 1719 | Páginas: 7

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ara ocultamos de los demás y encerrarnos en nosotros mismos. Nuestra tristeza y eterna melancolía, la manifestamos en un carácter jubiloso, somos el pueblo que tiene más fiestas donde vive y convive, a veces de manera violenta, con sus semejantes, para romper su cárcel.

Por otra parte «la indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida». Solemos rendir culto a los muertos y los símbolos de la muerte como recurso de fuga, con el pensamiento mágico de que, al fin, nos encontraremos acompañados, en derrota de nuestra soledad, «fascinación hacia la nada o nostalgia del limbo».

La Malinche, dice Paz, es el símbolo del servilismo ante lo extraño; «de la Madre violada que no me parece forzado asociarla a la Conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias».

Haciendo un esfuerzo por entender lo que Octavio Paz nos transmite en su obra podemos deducir que ve la fisonomía del mexicano en una máscara que oculta una tendencia hacia la soledad la cual nos conduce a un laberinto pero esa soledad no proviene de una decisión voluntaria, si no al contrario, es una consecuencia de nuestro carácter antisocial; La soledad es sólo un refugio que se busca involuntariamente. No es que el mexicano quiera y guste de la soledad, es que ésta se le impone como resultado de la timidez, la susceptibilidad, el recelo, la desconfianza, que se acompañan de reacciones inhibitorias.

Octavio Paz en El laberinto de la soledad concentra su atención en un verbo que resulta como una palabra clave de nuestra peculiaridad lingüística, de nuestra cotidianidad: el verbo Chingar con sus diversas variantes y atribuciones. Es una palabra muy mexicana, usada por las personas de todos los estratos sociales; es un atributo o lugar al que destinamos al «otro», al que tiene lo que nosotros no tenemos, pero que al mismo tiempo nos identifica. Paz señala una serie de variantes y se pregunta: «¿Quién es la Chingada? Ante todo, es la Madre. No una Madre, de carne y hueso, sino una figura mítica... es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad... es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva o infamante implícita en el verbo».

¿De dónde vienen todas estas reflexiones que Octavio paz expresa en su obra? … podemos atrevernos a contestar que: de nosotros mismos, “de la raza Mexicana “ y ¿Quién o qué es esta raza?

Bien, en México como en muchos otros países de Latinoamérica, tuvo lugar un fuerte y determinante mestizaje, que definitivamente dio origen a que se formara una clase homogénea, por supuesto esto permitió la construcción de una identidad nacional que no existía puesto que no existía tampoco la unidad nacional entre los diferentes grupos sociales predominantes en la colonia.

Para no penetrar demasiado en la historia del mestizaje y la raza, creemos que el pensamiento de José Vasconcelos es un excelente punto de partida para interpretar la cuestión de la raza.

El ministro de educación pública Vasconcelos trabajó arduamente en México en la búsqueda y construcción de la identidad nacional mexicana, siendo destacable sus reflexiones sobre lo que llamó La raza cósmica.

A grandes rasgos, la idea vasconcelista considera que Latinoamérica está destinada a ofrecer una clase de hombre superior, porque aquí es donde han confluido hombres de todos los orígenes y de todas las razas, más allá del indígena, el español, y nuestra abundante tercera raíz africana, en Latinoamérica también se ha producido un amplio mestizaje con asiáticos, con una vasta cantidad de países Europeos –Italia, Francia, Alemania, Inglaterra; y en fin, que a lo largo de 500 años Latinoamérica ha sido el escenario del mestizaje más vasto y diverso jamás presenciado en la historia del mundo, aunque cabe decirlo, en épocas recientes por obra y gracia de la globalización se están dando fenómenos similares en todo el mundo, principalmente por causas migratorias en búsqueda de mejores condiciones de vida.

Los mexicanos como la mayoría de los latinoamericanos, no somos puramente indígenas como para odiar a España, ni somos españoles para celebrar la conquista, pero el latinoamericano, en una gran mayoría por el acontecer histórico es el hijo predilecto del mestizaje: somos producto de muchas mezclas y de muchas culturas, hijos de Roma y nietos de Grecia, hijos de mayas, toltecas, aztecas, quechuas, zapotecas y tzotziles, pero en nuestras venas corre también la sangre de los moros, godos y visigodos, del francés y el sajón, somos hijos de imperios, y a la vez, por razones históricas somos los que más renegamos de nuestro ser y despreciamos lo propio por lo ajeno, en palabras de nuevamente de Octavio Paz: nos volvemos hijos de la nada.

El encontronazo de dos mundos cubrió de sangre nuestros suelos, pero no hay que olvidar que los imperios prehispánicos también derramaban sangre de los pueblos que oprimían, Debemos llorar la tragedia sufrida por nuestra estirpe prehispánica, si, pero debemos también enaltecernos de lo que somos hoy, no solamente somos testimonio vivo de la fusión de dos mundos, sino que podemos conocer y apreciar nuestra enorme diversidad.

Hoy día la vigencia de una alusión “racial” creemos que es totalmente trasnochada e innecesaria, porque solo existe una raza humana y todos somos iguales, ni mejores ni peores, simplemente humanos, la grandeza o superioridad, en todo caso, no va a residir en el origen étnico o geográfico, sino en la actitud positiva y progreso ante el mundo, o como bien escribiera José María Morelos y Pavón en los sentimientos a la nación: solo nos distingue a unos de otros, el vicio o la virtud.

La globalización hoy día produce el choque de muchos mundos y está llevando al mundo a un mestizaje más universal, el nuestro propio hoy día sigue definiéndose por la interacción con mas pueblos que transforman nuestro paradigma cultural y social.

Los nuevos encontronazos están aquí, y Latinoamérica es la única que posee una experiencia histórica de igual magnitud.

Somos el ejemplo vivo de que la unidad en la diversidad es posible y eso nos da toda la oportunidad para enfrentarnos con éxito ante un modelo homogenizante que se expande por todo el mundo.

Pasaron muchos años para que el mestizaje, aprehendido como raza, dejara de ser un concepto colonialista, para clasificar y establecer calidades, para que se refiriera al amalgama donde lo social, lo cultural, lo histórico y hasta lo religioso derivan en una sola identidad.

Así como la diversidad es la clave de nuestro genoma, lo son también nuestras instituciones, sin embargo ellas son reflejo de nosotros mismos porque son la razón de nuestros vicios y virtudes superar nuestros paradigmas son sin duda nuestros retos

Juan Rulfo poeta y novelista mexicano escribía en su obra Pedro Paramo: (y cito un pasaje)

-¿Y las leyes?

-¿Cuáles leyes, Fulgor? La ley de ahora en adelante la vamos a hacer nosotros.

No pocas frases de la obra resuenan y nos ponen a cavilar, porque las relacionamos con nuestra vida, nuestro mundo o nuestro país. ¿Cómo podríamos aislar de la historia mexicana el brutal significado de Pedro Páramo en todo lo que alude a la práctica del poder y a la manera en que los mexicanos vivimos la ley y las paradojas entre la ley y la justicia?

CONOCIENDONOS Y ACEPTANDONOS

Conociéndonos como individuos y pueblo como ente individual y como ente colectivo, sin negar nuestros vicios y reconociendo nuestras virtudes, sin vanagloriarnos de nuestros logros, eso impedirá perdernos en la masa; cualquiera que hoy día lea esta novela de Juan Rulfo podría asimilar su experiencia del Estado o de la ley con el fantasma del padre encarnado en Pedro Páramo. Como el arriero de la novela, Abundio, el hijo parricida, el lector podría decir: "Yo también soy hijo de Pedro Páramo".

Pero hoy para rescribir nuestro futuro nos convertiremos en Abundio el hijo parricida, pero a diferencia de él demostraremos que somos capaces de superarnos y trazar un camino prospero para este país, el cual no solo está en la industrialización o la asimilación de nuevas tecnologías si no en asumir principios y valores que le den perspectiva a esta generación.

Y nos despedimos citando a paz:

El verdadero amor es antisocial y revolucionario, y es precisamente en la adolescencia, en dónde se expresa en su forma más pura y contradictoria. La adolescencia no implica únicamente soledad sino “los grandes amores, el heroísmo y el sacrificio”.