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El Pequeño Instructivo De Cómo Ser Huevón Sin Fracasar En La Vida

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Categoría: Informes De Libros

Enviado por: Ledesma 04 mayo 2011

Palabras: 10401 | Páginas: 42

...

el reto de sobrevivir, siendo huevón, se facilita un poco.

Tener diez millones de dólares en el banco no le da a uno solamente el derecho de ser huevón, sino el derecho también de no tener que leer este libro. Es irónico que aquél que tiene el dinero para este libro, ¡no tendrá que comprarlo!

Pero éste no es tu caso, ¿verdad? Desafortunadamente, la gran mayoría de nosotros no nacimos en una familia muy rica, ni tenemos diez millones de dólares en el banco. Sin embargo, tenemos que enfrentar el serio problema de no fracasar siendo huevón. Hay mucha gente que es muy trabajadora y fracasa de todos modos. Si ellos fracasan, ¡¿qué nos espera a nosotros, los pobres huevones del mundo?!

Creo que ya ha llegado el momento de resolver esta grave situación. Tenemos que encontrar la manera de echarla — sin tener que pagar las consecuencias desagradables en el futuro. Hay que encontrar la manera de utilizar la hueva como un recurso humano un ingrediente positivo, un dispositivo para superar, progresar y avanzar.

Ese es el reto.

CAPITULO UNO

VEINTICUATRO HORAS Y NI UN MINUTO MAS

Se me hizo tarde....No me alcanzó el tiempo....” ¿Cuántas veces lo has oído? ¿Cuántas veces lo has dicho? ¿Cuántas veces te has quejado que nunca tienes suficiente tiempo para poder hacer todo lo que hay que hacer?

Tengo malas noticias: Vas a tener que aprender a caminar y mascar chicle simultáneamente para ahorrar tiempo — porque, en este planeta en el cual vivimos, sólo hay veinticuatro horas en el día - y nunca vas a tener ni un minuto más. Si no tienes tiempo para realizar tus actividades ahora y, además, no cambias tu manera de hacerlas, nunca te va a alcanzar el tiempo porque no lo estás utilizando de manera eficiente. Cuidado con eso, ¡el tiempo es vida! Junto con cada minuto perdido, se va un pedazo de tu vida también.

No vayas a llorar por cuanto mis sugerencias te van a hacer trabajar. Relájate. Los trabajos no van a aumentar. Van a seguir siendo igual que antes. El chiste es hacer el trabajo de tal manera que te cueste menos esfuerzo.

Recuerda el tema de este libro. Si se tratara de cómo trabajar demasiado, me hubiera dado bastante flojera escribirlo.

Hay que ponernos a pensar en los superexitosos del mundo. ¿Sus días contienen más horas que los tuyos? No, ¿verdad? Si ellos pueden lograr algo, con el mismo tiempo, por supuesto que tú puedes lograrlo también. Ahora, ¿te quejas de que vas a tener que trabajar? De eso, no hay ninguna duda. Todos tenemos que trabajar, queramos o no — con o sin este manual. Lo que tienes que evitar es trabajar más de lo necesario. Si estás leyendo este libro, es fácil adivinar que esa es una de tus metas.

Una de las grandes verdades de la vida es que todo se paga. Los trabajos se pagan igual como las cuentas. Se pagan ahora o se pagan después. En el caso de las cuentas, lo que uno carga a su tarjeta de crédito, se paga después— pero, por los intereses, se paga más. Los intereses se acumulan y la cuenta sube.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO DOS:

TODO EN ESTA VIDA SE PAGA.

Seguro que ya has aprendido que todo sale más barato si pagas de contado. Es doloroso para el codo, pero el dolor es menor que cuando lo tratas de posponer. Con la cuenta pagada, ya no piensas en el dinero. Ya no agonizas por cuándo la cuenta te va a llegar, o por cuánto vas a tener que pagar. Además, dos y tres meses después, no tienes que vivir con la angustia causada por los intereses.

Algo similar pasa con los trabajos. Trata de recordar algún trabajo que dejaste hasta el último momento. ¿Recuerdas cómo pasaste todo ese mes pensando en él? Pensando en ¿cómo lo ibas a tener que hacer aunque no tuvieras ganas de hacerlo? Pensando en ¿cuánto tiempo te ibas a tomar para elaborarlo? Pensando en ¿si lo ibas a terminar a tiempo? Y cuando empezaste a hacerlo tres días antes de la fecha límite, ¿recuerdas la angustia? ¿Recuerdas cómo no podías salir a hacer otra cosa durante esos tres días? ¿Recuerdas cómo no podías pensar en otra cosa? y ¿cómo tu novia se hartaba de ti? ¿Recuerdas los dolores de estómago por el miedo de que no ibas a terminar a tiempo? y ¿cómo no te atrevías a tomarte el tiempo ni para dormir? y ¿cómo tuviste que faltar dos días al trabajo? Y ¿cómo te descontaron dos días de sueldo? ¿Acaso fue una verdadera felicidad? Pues no, ¿verdad? ¿Quieres otra experiencia igual?

Hay otra manera de hacer las cosas. Imagínate que tienes un mes entero para completar un trabajo, pero que es un trabajo que no requiere más de tres días. Tienes dos opciones básicas para establecer un calendario de trabajo. La primera es agonizar durante veintisiete días pensando en el trabajo y, finalmente, ponerte a trabajar en ello durante los últimos tres. La segunda opción es hacerlo durante los primeros tres días y, después, descansar durante los siguientes veintisiete. Piensa en ¿cuál método le causaría menos daño a tu hígado? Haz de cuenta que no es contra la ley hacer un trabajo durante los primeros tres días del plazo, guardarlo en un cajón hasta la fecha de entrega, y, mientras, pasar esos veintisiete días a gusto ya que no tienes esa presión encima. Es un descanso pensar en lo que ya hiciste — porque lo que ya hiciste es algo que ya no lo tienes que hacer.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO TRES:

LO QUE YA HICISTE, YA NO LO TIENES QUE HACER.

Uno no puede ser un verdadero huevón mientras piense en los trabajos que todavía tiene encima. El chiste de ser huevón no es solamente no trabajar, sino tampoco tener que pensar en trabajar. El verdadero huevón no vive con una lista de pendientes.

Ahora, ¿qué tal si te echas ese trabajo como sea - y ya? Eso puede ser una gran tentación. El trabajo lo haces de la manera más rápida sin pensar en su calidad. Lo entregas, y ya. Pero ¿qué tal si te lo regresan para que lo hagas bien? ¿Cuánto tiempo te ahorraste? No mucho, ¿verdad? En realidad, te va a terminar costando el doble del tiempo, ¿verdad?

Eso nos lleva a la siguiente ley de la vida huevona: Hay que hacer bien las cosas la primera vez — para no tener que hacerlas una segunda vez,

VERDAD DE LA VIDA NUMERO CUATRO:

HAY QUE HACER BIEN LAS COSAS LA PRIMER VEZ — PARA NO TRABAJAR DOBLE.

Toma menos tiempo hacer algo bien, que tener que hacerlo dos veces.

Pasa exactamente lo mismo que con los productos. ¿Recuerdas los zapatos que te iban a costar trescientos pesos pero, por codo, te compraste otros en cien? ¿Recuerdas como se deshicieron en la lluvia? — y ¿cómo, finalmente, regresaste a la tienda a comprar los de trescientos? ¿Recuerdas que terminaste pagando cuatrocientos pesos en vez de trescientos? ¿Recuerdas cómo tu mamá siempre te decía que lo barato cuesta caro? Esa es una de las leyes de la vida —siempre y con todo— con los productos y con los trabajos — con las cosas y con el tiempo.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO CINCO:

IGUAL COMO CON LOS ZAPATOS, EN TÉRMINOS DE TIEMPO, LOS TRABAJOS BARATOS TE CUESTAN CAROS.

Si piensas que nada de eso importa porque, malinchista que eres, todo el trabajo importante, igual como los inventos significantes del mundo, se hace en el llamado primer mundo, ponte a pensar otra vez. Casi todos nosotros aquí en México sufrimos de la tendencia de pensar que los países industrializados producen más solamente porque tienen más ventaja. No hay manera de negar que la gente de los Estados Unidos y de Europa Occidental y de Japón sí hayan logrado mucho. Pero debemos tomar un momento para analizar por qué.

Con el clima que tuvimos antes en el Distrito Federal, ¿quién se hubiera tomado la molestia de inventar un sistema de calefacción o de aire acondicionado? Si los mexicanos no inventaron los sistemas de calefacción o de aire condicionado, ¿es posible que fuera debido a una simple falta de necesidad? Ponte a pensar. ¿Es posible que las invenciones del hombre blanco no sean por blanco sino por la necesidad?

Ahora, dices que la aspiradora, que el horno de microondas, que la batidora, que la lavadora de ropa... En México mucha gente tiene la ventaja de la servidumbre. La servidumbre cuenta tanto como una parte de la vida cotidiana que hasta existe un dicho que dice que la muchacha no trae la felicidad a la casa, pero, cuando ella se va, se la lleva consigo. En los Estados Unidos la vida es muy diferente. La señora estadounidense no tiene una muchacha que trabaje en la cocina, que barra el suelo, ni que lave la ropa en el lavadero de la azotea. Todos estos trabajos, la señora estadounidense los tiene que hacer con su propias manos, y es precisamente ese hecho el que explica las invenciones domésticas para simplificar los trabajos hogareños. En México, si el señor de la casa no provee una batidora o una aspiradora a la muchacha para hacer su vida más fácil y más placentera, a la señora mexicana no le importa mucho, y el señor no sufre ninguna consecuencia. Pero si la señora de la casa es quien tiene que moler la salsa en molcajete por falta de una licuadora, o barrer por falta de una aspiradora, a ella, sí le importaría y mandaría a dormir a su esposo con el perro. Entonces, le empezaría a importar al señor también.

Ahora, debe ser obvio por qué los aparatos domésticos llegaron a los Estados Unidos mucho antes que a México. Sin embargo, en México, ya han llegado a ser comunes también. Se popularizaron paralela y proporcionalmente con la desaparición de las criadas. Todo esto nos lleva a concluir que las invenciones del hombre blanco no son por ser blanco, sino por ser huevón.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO SEIS:

LA NECESIDAD NO PASA DE SER LA TÍA DE LAS INVENCIONES. LA HUEVA ES SU MADRE.

CAPÍTULO DOS

LA RUEDA: YA LA INVENTARON.

Mis alumnos siempre se sorprenden cuando les dejo usar el mismo trabajo de investigación que les dejó otro maestro en su clase. Les explico que, si el tema del trabajo es propio para las dos materias, prefiero que utilicen su tiempo bien para producir un buen trabajo y completo, que partir su tiempo — y los resultados — en dos medios esfuerzos. Se les dificulta comprender que sí se vale no sufrir el doble, y siempre muestran una expresión de sorpresa.

Sospecho que el sentido de shock es debido a un cierto sentido de culpabilidad. Las memorias de mi propia niñez me lo hacen pensar, y, seguramente, no soy la única que creció creyendo que de no hacer un trabajo de la manera más larga y dolorosa iba traer un serio castigo. Claro, siempre hay gente que busca la ruta más corta y fácil para hacer sus cosas, pero esa manera abreviada siempre trae con ella un sentido de osadía y, a veces, hasta de miedo. Uno siempre siente que el camino fácil es ser transa y que, si es descubierto, será castigado. Es posible que este nerviosismo sea el simple resultado de la disciplina que nos impusieron nuestros padres cuando todavía éramos niños, o puede tener algo que ver con la religión. Sin embargo, yo no creo que sea necesario descubrir las raíces del problema para poder resolverlo.

Para los que todavía no se han dado cuenta, no hay premios en esta vida por trabajar doble. El que trabaja diez horas en un día no necesariamente gana lo doble que el compañero que trabaja cinco. Por cierto, no es raro que él con un horario de cinco horas gane más que él con diez. En realidad, no hay relación infalible entre el horario y las ganancias.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO SIETE:

NO HAY PREMIOS POR TRABAJAR DEMASIADO.

No son los procesos los que ganan los premios, sino los resultados. En tu oficina no te van a felicitar porque te quedaste trabajando hasta las dos de la mañana, especialmente si fue por un trabajo que no requería tanto tiempo. Es más probable que te vean como un idiota. Acuérdate que lo que cuenta son los resultados. Si puedes llegar a los mismos resultados en la mitad del tiempo, ¡qué bueno!

No todos sufren de la impresión que, para ganar en la vida, hay que trabajar muy duro. Pero son precisamente los que se creen muy huevones los que pierden una verdadera oportunidad para sacar el máximo provecho de la flojera. Todo lo bueno en esta vida requiere un cierto sacrificio al principio. La flojera no es una excepción, y, como para todo lo bueno, hay que organizarse para ella también.

La mera palabra “organización” da nervios a muchos. Suena a algo que requiere mucho trabajo, y, por eso, los huevones no intentan hacerlo. Lo que uno tiene que aprender es que, en realidad, la “organización” es un término administrativo que se usa para referirse a la prohibición de reinventar la rueda varias veces. Su propósito es establecer los sistemas que faciliten todos los futuros trabajos del mismo tipo para que, en el futuro, uno pueda trabajar menos.

Lo que quiere decir “reinventar la rueda” depende en parte del área en que trabajas. Todos los trabajos tienen sus trucos para ahorrarse tiempo y esfuerzo. Por ejemplo, yo he trabajado en escuelas durante muchos años. Mis colegas a veces me ven con cara fea porque piensan que ellos trabajan mucho más que yo. ¡Sí, es cierto!

Yo logro lo mismo que muchos de ellos, pero tengo que confesar que ellos sí trabajan más que yo. ¿Por qué?

Cada vez que invento una nueva tarea, un diferente tipo de examen, un nuevo tipo de trabajo para mis alumnos, archivo un plan detallado de exactamente lo que hice y como lo hice la primera vez — con los materiales que después se pueden fotocopiar. En las ocasiones subsecuentes, sigo mi plan original, fotocopio los materiales que necesito — y ya. Eso no quiere decir que hago todo, exactamente, de la misma forma año tras año. Sí, cambio ciertas cosas e introduzco nuevos elementos también, siempre dejando un record de estos cambios. Pueden pasar tres años sin repetir un cierto examen o trabajo, pero cuando lo quiero usar de nuevo, en su forma original o cambiada, siempre lo tengo a la mano. Nunca sufro por no poder recordar qué fue o cómo fue — y no me mato en un intento de reinventarlo.

He notado que varios de mis colegas no hacen esto. Parece que los que no lo hacen son los menos aficionados al trabajo, los que se creen muy huevones. Dicen que dejar todo organizado requiere demasiado tiempo, trabajo y esfuerzo. Irónicamente, terminan trabajando mucho más. Cada vez que se embarcan en un proyecto, tienen que empezar desde el primer paso. Si ha pasado tiempo desde la última ocasión, les cuesta aún más trabajo por tratar de recordar cómo lo hicieron la última vez. Si no lo pueden recordar — y es frecuente que no — tienen que inventar todo un nuevo método. El nuevo método puede ser bueno, o puede ser inferior al proyecto olvidado. No hay manera de predecir. Es fácil pensar que trabajar más produce mejores resultados, pero, como hemos aprendido de la verdad de la vida número siete, eso no es necesariamente cierto. Los mejores resultados pueden desaparecer con el olvido.

Los trabajos son diferentes. Ser maestro o ingeniero o contador o actor de cine son trabajos muy distintos, pero el principio es el mismo para todos. No existe un trabajo que no se puede aprovechar de un archivero y un buen bonche de folders. Las amas de casa eficientes lo hacen con sus recetas. Las archivan inmediatamente. Así como los administradores más eficientes de los negocios, saben que el no archivar una buena idea luego luego, puede resultar en la pérdida de la idea o, por lo menos, en la pérdida de tiempo. Entienden los peligros de pasarla de un lugar a otro. Saben que lo más seguro es nunca tocar un papel más de una vez. Las cocineras no tan eficientes desperdician su tiempo buscando las recetas perdidas. No encontrarlas puede resultar en comidas no tan sabrosas. Si organizarse facilita la vida del ama de casa, ¿no puede facilitar las vidas de los ingenieros y los contadores y los estudiantes también?

Un gran peligro que debes evitar es sobreproteger los sistemas que has establecido porque tienes miedo de que alguien pueda aprovecharse de ellos y quitarte tu trabajo. Esta lógica sirve únicamente para los que no tienen planes de subir a puestos más atractivos. Los que tratan de proteger sus trabajos haciendo todo con sus propias manos pueden quedarse en el mismo puesto durante toda la vida. Hacer eso es pensar solamente en el presente y no ver hacia el futuro.

El jefe más exitoso que yo he tenido fue un señor que delegaba casi todo el trabajo a otros. Entonces, preguntas tú, ¿cómo es posible que él fuese un éxito? Porque bien sabía quién tenía el talento para hacer el tipo de trabajo. A eso, precisamente, se debe el éxito en el mundo: saber seleccionar a la gente apropiada para llevar a cabo el trabajo y, también, saber en quién confiar para los consejos.

Es una de las grandes ironías de la vida: El que hace todo se queda en donde está. El que pasa un poco de su bulto a otros es el que recibe el premio. Mientras más haces, menos subes.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO OCHO:

MIENTRAS MAS HACES, MENOS LOGRAS.

No parece justo, pero así es. Para tener éxito, ¡hay que ser huevón!

CAPITULO TRES

UNA NACIÓN DE PASANTES: LA TESIS

¡Qué lástima! Has estado estudiando tu carrera en la universidad durante casi cinco años, y ahora existe la posibilidad de que nunca la termines, que nunca vas a recibir tu título, que vas a pasar toda tu vida como pasante - y solamente porque te falta la tesis. Más triste aún es que hay muchos como tú.

Hay buenas noticias. Hay esperanza, pero no debes esperar para aprovecharla. Si todavía estás estudiando, debes hacer planes para tu tesis con anticipación. Planear desde antes te puede ahorrar mucho tiempo después. Los huevones que fracasan jamás piensan en la tesis antes del último momento. Eso es un gran error. Si estás consciente de ella, podrás ahorrarte todo un trabajo.

¿No tener que hacer todo un trabajo? ¿Cómo? Durante nuestros estudios, en los cursos regulares, es decir, los cursos que no traten directamente con la tesis, todos tenemos que presentar trabajos, ¿verdad? Si recuerdas que la tesis seguirá en un futuro no muy lejano, la puedes empezar como un trabajo común y corriente —y matar un pájaro y medio con un tiro. En el momento de la tesis, puedes tomar ese mismo trabajo y expandirlo. Por ejemplo, en mi caso, previo a la tesis para la maestría, en un curso de las influencias extranjeras sobre la literatura norteamericana, presenté un trabajo que trataba de las influencias del zen budismo sobre una sola novela del escritor norteamericano Jack Kerouac. Para la tesis, expandí el tema a las influencias del zen budismo sobre todas las novelas autobiográficas del mismo autor. Una gran parte de la investigación ya la había hecho para el trabajo original. Pude terminar la tesis en un mes y medio — no por ser brillante, sino ¡por huevona!

VERDAD DE LA VIDA NUMERO NUEVE:

SI LA HUEVA CREATIVA NO VA MAS LEJOS QUE LA BRILLANTEZ, POR LO MENOS LLEGA MÁS RÁPIDO.

No debes ver la tesis como una gran amenaza, ni como algo muy misterioso. Por debajo del mistique que han creado alrededor de ella, es un trabajo común y corriente, igual a tantos que ya has hecho. Es un poco más largo, pero nada más. Recuerda que, si algún día escribes un libro significante, nadie va a ver tu tesis, y, si nunca escribes un libro significante, nadie va a ver tu tesis. ¿Para qué te mortificas?

VERDAD DE LA VIDA NUMERO DIEZ:

A NADIE LE IMPORTA TU TESIS.

Una recomendación muy importante para facilitar tu tesis tiene que ver con la selección de tu asesor. A estas alturas de tu carrera, conoces a los profesores en tu área. Personalmente o por reputación, ya sabes qué puedes esperar de ellos en términos de qué tan duros, qué tan fáciles, qué tan abiertos o qué tan cerrados son. Puedes ser muy aventurado al escoger un profesor muy duro y exigente, pero ¿para qué? No te van a regalar ni más puntos, ni más dinero, ni una comida en París por ser masoquista. Además, un profesor no tiene que ser inhumanamente exigente para ser bueno. Lo que cuenta es su inteligencia y sus conocimientos. Ser o no ser exigente tiene que ver con el estilo de una persona, no con su sustancia. Hay gente tonta que exige mucho y genios que son muy liberales. Tienes que aprender a distinguir.

También es importante que tu asesor de tesis te caiga bien. Vas a tener que trabajar con él. Si lo odias, tu trabajo será desagradable y parecerá más difícil. Además, si no te cae bien, es muy posible que el sentimiento sea mutuo. Es difícil satisfacer a alguien que no te puede ver.

Si todavía sientes pavor por tus trabajos normales que te toman demasiado tiempo, a la mejor los estás haciendo mal. Irónicamente, el gran error de muchos es que trabajan demasiado. Se embarcan en un tema demasiado amplio y, por eso, toma más tiempo y, frecuentemente, con resultados desilusionantes. Jamás olvidaré el trabajo que me enseñó esa lección. Escogí “el estoicismo romano” como tema, y, con cincuenta libros y artículos en mi bibliografía, trabajé durante tres meses en él. Por todo ese esfuerzo, ¡saqué una calificación de siete! — y el comentario sarcástico del profesor: “¿Nada más?”

VERDAD DE LA VIDA NUMERO ONCE:

A VECES TRABAJAR DEMASIADO ES HASTA CASTIGADO.

No importa si se trata de un trabajo común y corriente o la tesis. Los principios son los mismos: No hay manera de describir bien, en 20 o aún 100 páginas, lo que requiere cinco mil. Hay que trabajar con temas reducidos, Temas tal como “la segunda guerra mundial” o “el imperialismo” simplemente no pueden funcionar Hay que limitarlos a subtemas tal como “los efectos de la asistencia militar norteamericana a los soviéticos en los resultados de la segunda guerra mundial”. Este tipo de tema sí puede tener éxito

No es difícil inventar este tipo de tema. Solamente, tienes que hacer una pregunta sobre el área en que estás trabajando. También ayuda si trata de algo que de veras quieres saber. A la larga, debido a tu interés, es más probable que los conocimientos se te queden en la cabeza, y eso te hará una persona más interesante. A la corta, todo el proceso será menos doloroso, y el factor huevón será reducido.

Ya que tengas un tema con el que puedas trabajar bien, hay que empezar tu investigación — pero siempre recordando varios tips para ahorrar el mayor tiempo posible. El primero de ellos es aprender a leer más rápido, ya que los profesores se impresionan por las bibliografías largas. ¿Has pensado en un curso de lectura veloz? Te ayudaría a lograr mucho más en menos tiempo. Poder leer mas rápido te dará más tiempo para irte de parranda o echar la hueva. Pero leer no es lo único que uno tiene que hacer para realizar un trabajo de investigación. También, hay que tomar apuntes y redactar el trabajo final.

El primer paso es formular una bibliografía provisional, provisional porque, hasta el último momento de tu trabajo, le puedes quitar y agregar fuentes de información, y no importa su orden alfabético. Apunta cada libro y articulo con la ficha bibliográfica completa y correcta, directamente en la computadora (las máquinas de escribir no tienen lugar en la vida del huevón), para no tener que hacerlo de nuevo después. Marca cada entrada con una letra. En tus notas es más fácil y rápido identificar las fuentes de información con letras que con nombres de autores

Para apuntar tu información, no tomes notas en un block. Usa tarjetas o papel bond cortado en cuatro piezas. En cada tarjeta, apunta solamente un detalle, no más. Después, verás como eso te ayuda a organizar el trabajo casi automáticamente. No importa si tienes 100 tarjetas de cada fuente de información. Es mucho más fácil que tener muchas ideas en una hoja que no se puede manejar fácilmente.

En cada tarjeta, apunta la letra que asignaste a la fuente de información en tu bibliografía, la página en que se encuentra, y la información. Apunta las ideas con tus propias palabras. Si usas citas directas, no te olvides de las comillas para no tener que buscar el libro de nuevo para averiguar si es cita directa o no. Esto también evita tener que explicar al profesor porque copiaste. Tus tarjetas deben parecer así:

A p. 182

Marco Aurelio

era estoico.

No importa con cuántas tarjetas termines. Es mejor tener demasiadas que no suficientes.

El siguiente paso es la organización del trabajo. ¿Sufres de una tendencia a salirte del tema sin querer? Es fácil no caer en esa trampa. ¿Recuerdas la pregunta que estableciste como la base de tu trabajo? Ahora toma tus tarjetas una por una, y pregúntate si la información ayuda a contestar la pregunta. Si la respuesta es sí, quédate con esa tarjeta. Es información relevante al tema. Si la respuesta es no, apártala. Lo más probable es que va a terminar en la basura

Ya que has leído tanto sobre tu tema, sabes más o menos el orden en que quieres presentar los resultados. Pon todas tus tarjetas sobre la mesa y distribúyelas en grupos coherentes según el subtema. Dentro de cada subtema, arregla las ideas en el orden que te parezca más lógico. Un mapa de la ruta de ideas que quieres seguir te puede ayudar.

Con tus tarjetas juntas a la computadora, puedes escribir directamente de ellas, redactando espontáneamente. Después de cada pieza de información que requiere cita, entre paréntesis, indica la letra y número de página de la fuente de información.

Cuando termines de redactar el trabajo, revísalo. A la vez, con lápiz rojo, asigna números a las citas. Cuando escribas el trabajo en limpio, sustituye los números por las letras y números de páginas. Después, regresa al principio del texto en sucio y formula la lista de citas usando las letras para hacer referencia a la información de la bibliografía provisional. Finalmente, organiza tu bibliografía en orden alfabético, y omite las letras de referencia.

No importa si se trata de un trabajo común y corriente o de tu preciosa tesis, el proceso es el mismo, y sirve también para otros proyectos de investigación. Este sistema requiere menos tiempo, y produce resultados mejores. Recuerda que los premios en esta vida se dan por resultados, no por esfuerzos inútiles. ¡Y que bueno! Será difícil ser huevón y, a la vez, dedicarse a esfuerzos inútiles.

CAPITULO CUATRO

EL GRAN SUEÑO: MI PROPIO NEGOCIO

ES impresionante observar cuánta gente quiere establecer su propio negocio. Mil veces he oído,

— Si algún día te ganas la lotería, ¿qué harías?

— Poner mi propio negocio.

— ¿Qué tipo de negocio?

—Pues, no sé, pero mi propio negocio.

Muchos creen que tener su propio negocio equivale a ganar una llave mágica a las vacaciones eternas. Aunque no saben ni siquiera que tipo de negocio pondrían, y aunque no tienen ni una onza de conocimientos de la economía, piensan que el secreto de la vida es encontrar algo de capital, poner el negocio que sea — ¡y ya!

En la colonia en donde vivo, existen varios restaurantes pequeños estilo changarro. Es una colonia comercial, y en los fines de semana no operan.

Abren únicamente de lunes a viernes, y sirven a la gente que trabaja en las oficinas de alrededor. Algunos de estos restaurantes se llenan durante la hora de comer, pero no todos, y ninguno se considera como restaurante para cenar. Ya para las cinco de la tarde, los pisos están lavados, y todos cierran.

Uno de estos restaurantes en particular me ha fascinado desde su apertura. Desde el primer día en que anunciaron que el local se iba a convertir en un restaurante, lo observaba preguntándome cómo un lugar tan pequeño iba a ganar dinero, donde solamente cabían siete mesas.

Desde un principio, me pareció un poco aventurado por parte del dueño. Y el tamaño del lugar no fue todo. Los muebles y el equipo obviamente eran bastante caros. Me puse a pensar en cómo el dueño iba a recuperar su inversión. No me tomó mucho tiempo en llegar a la conclusión de que nunca la recuperaría. Tiene que competir con los otros restaurantes, y no puede cobrar lo que quiera. En el precio que la competencia le permite, tiene que ser un reto para cubrir los gastos normales de operación. ¿Y la inversión de equipo y muebles? Imposible. Dando de comer a solamente siete mesas, sería difícil dar de comer a su propia familia. A lo mejor, el dueño ganaría más en una compañía que no fuese la suya.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO DOCE:

MUCHOS GANAN MAS TRABAJANDO PARA OTROS QUE POR SU PROPIA CUENTA.

Todo esto me recuerda a mi amiga, Bárbara, quien cayó en la misma trampa. Hace muchos años, Bárbara daba clases de inglés en la misma escuela en donde yo trabajaba. En esa época ganábamos alrededor de seis mil pesos al mes. Ella se casó, pero seguía trabajando en la escuela mientras que su esposo sufría la gran ilusión de poner su propio negocio. Finalmente, él logró poner una zapatería, y, aunque Bárbara no estaba muy contenta con tener que trabajar en una tienda de zapatos, renunció a su trabajo en la escuela para cuidar el negocio. Se agarraba la nariz y decía que oler los pies de gente extraña no era su gran sueño, pero se puso a calcular los dinerales que iban a ganar mientras que su esposo seguía trabajando en relaciones públicas para poder pagar la inversión de la zapatería. Al poco tiempo, Bárbara se contagió con la ilusión de ser empresaria. Su conversación llegó a tratarse casi exclusivamente de los retos de ser negociante de zapatos. Hablaba de zapatos. Comía zapatos. Dormía con zapatos. Respiraba zapatos. Sus “vacaciones” eran ir a Guanajuato a comprar zapatos. Los zapatos llegaron a ser el punto central de su vida. Los zapatos reemplazaron sus actividades sociales. Cuando sus amigas salían a comer, ella se tenía que quedar en la tienda. Cuando sus amigas se juntaban a tomar una copa después del trabajo, ella no podía acompañarlas porque, aunque la tienda ya estaba cerrada, ella tenía que hacer los inventarios. Sin embargo, a pesar de todo eso, parecía feliz. Aunque se quejaba de las pérdidas durante el primer año de operaciones, nunca perdió la confianza de que algún día la zapatería iba a dar ganancias.

Después de un tiempo, muy emocionada, me habló para reportar que la tienda, por fin, había “ganado” dinero, que en ese mes la zapatería tuvo una ganancia de tres mil pesos. Algo me sonaba raro. Después de unos minutos, me di cuenta por qué. En la escuela, ella había estado ganando seis mil pesos al mes. Ese dinero se llamó “sueldo”, no “ganancia”, pero valía seis mil pesos de todos modos.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO TRECE:

LAS “GANANCIAS” NO VALEN MAS QUE LOS “SUELDOS”.

Pobre Bárbara estaba tan emocionada. Yo no quería destruir su ilusión, pero la verdad fue que no había ganado tres mil pesos. Había perdido tres mil.

En la economía, hay un concepto que se llama “los costos implícitos”. Todos sabemos que, si uno no cubre sus costos en un negocio, no tiene ganancia. También sabemos que los costos incluyen la renta del local, los sueldos de los empleados, y el valor de los insumos. De lo que muchos no se dan cuenta es que, después de restar estos costos directos de los ingresos, no necesariamente existe una ganancia. Hay que calcular el valor del trabajo del dueño.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO CATORCE:

TU TRABAJO TIENE VALOR — AUN EN TU PROPIA COMPAÑÍA.

Si estaba ganando diez mil pesos al mes trabajando en otra compañía, y la ganancia de su propio negocio era de siete mil, no estaba ganando diez mil. Estaba perdiendo tres mil.

El valor del trabajo del dueño no es la única cosa que hay que considerar como costo implícito. Vamos a imaginar que, para establecer este negocio, el dueño decidió ubicarlo en una casa que le pertenece y que, si no fuera por el nuevo negocio, la hubiera rentado en tres mil pesos al mes. Igual que el sueldo que está sacrificando por ya no trabajar en la otra compañía, estos tres mil pesos hay que contarlos como un costo. Son tres mil pesos que, debido al negocio, tampoco tiene en la bolsa. Y aún hay más. Si, para montar el negocio, tuvo que sacar cien mil pesos del banco, también hay que contar los intereses perdidos como otro costo implícito del nuevo negocio.

Ahora, vamos a hacer cuentas. Vamos a suponer que la ganancia mensual de este negocio, después de los costos de materiales, sueldos, etc., está en el orden de ocho mil pesos al mes. Si descontamos los diez mil pesos que el dueño hubiera estado ganando en la otra compañía, más los tres mil pesos de la renta de su casa que ya no gana, más mil pesos de intereses sacrificados, podemos ver que nuestro empresario no tiene ganancia. Está perdiendo seis mil pesos al mes.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO QUINCE:

NO HAY MANERA DE CONVERTIR EL DINERO YA PERDIDO EN GANANCIA.

Si nuestro empresario hubiera calculado que tenía que ganar seis mil pesos al mes después de los gastos directos para salir a mano, posiblemente se hubiera quedado en su trabajo anterior.

Las ganancias no deben ser el único factor en tu decisión de establecer tu propio negocio. Hay que pensar en el tiempo y la atención que requiere también. Es fácil pensar que los empresarios solamente cobran sus millones cada vez que van de visita a su oficina y que pasan la mayor parte de su vida en el club de golf. Hay algunos que lo tratan de hacer, pero generalmente no tardan en descubrir que por más tiempo que pasen en la negligencia de sus negocios, menos y menos dinero existe por cobrar. Un negocio es como un niño. Hay que cuidarlo para que no se enferme y para que no se convierta en un delincuente.

Los empleados tienen una gran ventaja. Algunos llevan trabajo a casa, pero la mayoría piensa en el trabajo únicamente durante sus horas en la oficina. No pasan las noches y los finos de semana agonizando por los problemas de su compañía. En cambio, los empresarios, sí lo hacen. Con cada problema que puede resultar en una pérdida de clientes, existe la posibilidad de pasar la noche sin dormir. Con cada problema que puede resultar en una baja de ingresos, existe la posibilidad que la presión sanguínea suba. El empresario piensa en su negocio durante las veinticuatro horas del día. Lo come. Lo duerme. Lo respira. ¿Así quieres pasar tu vida?

Pero no te espantes. Si tu verdadero sueño es tener tu propio negocio y no te importa ganar menos de lo que pensabas y aún anticipas con emoción los problemas que te puede causar, hazlo. Todo el mundo debe trabajar en lo que quiere, no solamente para ganar dinero. Sería ideal, pero es rara la vez que ocurre. Hay excepciones, como los pintores y los poetas, pero pocas son las excepciones. Si estás leyendo este libro, sospecho que no eras una de ellas. Si tu meta es ser huevón sin fracasar en la vida, es obvio que estás más del lado de poner tu propio negocio que de ser pintor o poeta. Pero, antes de hacerlo, debes pensar si te dejaría tiempo para ser huevón — o si te haría fracasar.

CAPITULO CINCO

UNA MUJER NECESITA UN HOMBRE COMO...

La estadística puede ser interesante. Cuando uno lee entre los números y nota lo que quieren decir en realidad, puede ser fascinante. Por ejemplo, todos saben que la duración de la vida de las mujeres es más larga que la de los hombres. Aquí no hay nada de nuevo. Pero ¿sabías que los hombres casados duran más años que los hombres solteros mientras que las mujeres casadas mueren varios años antes que las solteras? Algo aquí huele mal, ¿verdad?

No soy tan feminista para negar la posibilidad de que la buena relación entre el hombre y la mujer sí existe, y sería lindo si todas las relaciones hombre-mujer fueran buenas. Desafortunadamente, la cruel realidad es que no siempre es así. Es por eso que Gloria Steinem declaró que una manera segura en que la mujer puede lograr estar sola es casándose.

Es la sociedad quien obliga a la mujer a tener pareja. Casi todo el mundo piensa que aquélla que no está acompañada por un hombre tiene algo mal. La mujer que opta por trabajar en su carrera en vez de contraer matrimonio es vista como anormal. La mujer soltera que prefiere leer o ver la televisión el viernes o el sábado, en vez de cenar con un señor, es considerada como una loca.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO DIECISÉIS:

LA SOCIEDAD DICTA LA VIDA SOCIAL DE LA MUJER SOLTERA.

A la sociedad, no le importa si el señor dominará la conversación con su trabajo, sus problemas, y su juego de golf. A la sociedad, no le importa si él está en condiciones de edad para pasar toda la noche feliz, platicando de su presión arterial y sus estreñimientos. A la sociedad, no le importa si ella tiene que pintar una sonrisa y pasar la noche suprimiendo cualquier evidencia de su propia inteligencia. Y generalmente así es. Si ella acepta la invitación, es probable que quiera que la relación progrese. Pero si ella muestra un nivel de inteligencia que iguale o, peor aún, que supere a la del señor, es probable también que él nunca la llame de nuevo. Uno puede ver que cuando más cambian las cosas, más se quedan igual. En el siglo XIX, Samuel Johnson dijo: “Un hombre es, por lo general, más feliz cuando tiene una buena cena en la mesa que si su esposa sabe hablar griego.” A través de los siglos, no mucho ha cambiado en este aspecto. No importa si la mujer personalmente acaba de encontrar evidencia de vida en Marte. Si, en el mismo día, el señor tiró un par en el campo de golf, ésa será la base de la conversación.

Alguna vez alguien decidió que una mujer siempre estará mejor si está en una relación con un hombre - cualquier hombre. Si es feo, chaparro, menso y apestoso, nada de eso tiene importancia. Según la sociedad, tener cualquier hombre es mejor que estar sola.

Una gran lástima es que la gran mayoría de las mujeres creen en eso, a pesar de que una vez notó la famosa antropóloga Margaret Mead que los hombres siempre han temido que las mujeres puedan vivir perfectamente bien sin ellos. Otro antropólogo, Ashley Montagu, dice que, en términos evolucionarios, la mujer es más avanzada que el hombre. Es triste ver que pocas mujeres se dan cuenta de esto y que, consecuentemente, regalan su tiempo y su energía — pedazos de la vida — en la lucha de ser aceptadas por seres quienes son frecuentemente inferiores a ellas.

No soy tan feminista, pero algo aquí está mal, y siento una enorme tentación de decir algo más sobre el asunto. Sin embargo, no quiero perder de vista el tema de este libro: cómo ser huevón o, en este caso, huevona. Tampoco quiero tomar la responsabilidad de un alza en la tasa de divorcio. Por eso, pido que las señoras casadas no sigan leyendo este capítulo, mientras que me dirijo a las solteras y a las divorciadas, a las que no están en una relación firme, pero que quieren estarlo, y no les importa a qué precio, a las que dedican su vida a encontrar un hombre a pesar de cuántos romances fracasados, a las que todavía no han llegado a la conclusión que es mejor estar sola que mal acompañada.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO DIECISIETE:

ES CIERTO QUE ES MEJOR ESTAR SOLA QUE MAL ACOMPAÑADA.

Una razón por la cual no llega a esta conclusión es que frecuentemente basa su sentido de validez en si un hombre la acepta o no. Ella puede ser doctora en psicología o leyes, pero no importa. La tendencia sigue: En los ojos de ella misma, una mujer con diploma de secundaria y un hombre, aunque sea borracho y mujeriego, tiene más validez que una mujer sola. Suena absurdo, pero así es.

Estoy de acuerdo que es bonito tener un hombre en la vida. Pero solamente cuando el hombre valga la pena, una relación con él también valga. Mi reacción a una relación sin valor, francamente, es ¡qué hueva!

Hay maneras de averiguar si tú estás contenta en una relación. Mujer, pregúntate:

Cuando andas sola, ¿te portas como una persona inteligente y lógica? ¿Pasas tu tiempo libre con quién quieres? ¿Participas en las actividades que a ti te gustan? Si no quieres hacer nada, ¿te obligas a hacer cosas porque te da pena portarte como huevona?

¿Pierdes el tiempo con la ropa y con el pelo y con el maquillaje para ir a comer tacos? ¿Cambias tus respuestas a estas preguntas cuando estás en una relación romántica?

VERDAD DE LA VIDA NUMERO DIECIOCHO:

LAS MUJERES CAMBIAN SU COMPORTAMIENTO CUANDO ESTÁN EN UNA RELACIÓN CON UN HOMBRE.

Además:

Cuando tienes un hombre en tu vida, aunque no estés muy encantada con él, ¿pierdes tiempo esperando sus llamadas? ¿Crees que él se queda por el teléfono esperando el momento propio para hablarte?

¿Pierdes tiempo en las tiendas buscando ropa para impresionarlo? ¿Comprarías la misma ropa si no fuera por él? ¿Cuánto dinero te gastas? ¿Cuánto tiempo te cuesta para ganarlo? ¿Crees que él hace lo mismo? ¿No recuerdas los sábados en que tú te pusiste el vestido y los zapatos nuevos que te costaron media quincena de sueldo? — y ¡¿te sorprendiste cuando él llegó con tenis y chamarra?!

VERDAD DE LA VIDA NUMERO DIECINUEVE:

EN UNA RELACIÓN, LOS HOMBRES HACEN MENOS ESFUERZO QUE LAS MUJERES.

Casi todas las mujeres pasan un tiempo considerable en el salón de belleza. Pero, debido a la presencia en tu vida de un amable —o no tan amable —señor, ¿pasas tiempo extra en el salón solamente porque sientes una presión de estar más presentable de lo normal? ¿Piensas que es mutuo? A lo mejor, mientras que tú aguantas esa inconveniencia, él pasa la tarde comiendo y bebiendo con sus cuates, y llegará a tu casa a recogerte sin ni siquiera peinarse.

¿Cuánto tiempo pasas en frente del espejo maquillándote para tu gran date, mientras que al señor ni se le ocurre pasar a su casa a rasurarse antes de ir por ti?

¿Cuánto tiempo pasas oyendo las historias de su trabajo, de su juego de tenis, de sus hijos, de sus problemas — mientras que nunca te da la oportunidad de hablar de tu propia vida, de tus propios hijos, de tus propios problemas, o de tus propios logros?

¿Cuánto tiempo pasas con él, simplemente porque él no tiene otra cosa que hacer? ¿Es tiempo que necesitas para otras cosas? ¿Tienes que esperar el momento de hacerlas cuando no sean una inconveniencia para él?

¿Cuánto tiempo pasas con él en las reuniones de sus amigos, gente con la cual tú no tienes nada en común, mientras que él siempre encuentra razones para no asistir a las reuniones de tus amigos?

¿Cuánto tiempo pasas con una sonrisa pintada, en las bodas de los hijos de sus amigos, oyendo superficialidades de la gente que nunca en tu vida volverás a ver?

¿Hay ocasiones en que no sales con tus amigas porque tienes que estar con él, — aunque prefieres estar con ellas?

¿Cuántas cosas tuyas haces a las dos de la mañana para evitar conflictos con el horario de él?

¿Cuántas cosas tuyas no haces para evitar conflictos con el horario de él?

No incluyo las respuestas a estas preguntas por la sencilla razón que tú ya las sabes. Si calculas que reprobaste la prueba, también eres capaz de calcular que mereces más de tus relaciones, y que el grupo U2 tiene razón cuando canta, “una mujer necesita un hombre como un pez necesita una bicicleta.”

¿Ya estás lista para decidir que dedicar tu tiempo, tu esfuerzo y tu energía a una relación con un hombre, solamente por la presión social, no es manera de ser buena huevona?

CAPITULO SEIS

UN HOMBRE NECESITA UNA MUJER… PUNTO.

No parece justo que, en el capítulo cinco, me dirija exclusivamente a las mujeres.

Por eso, tengo unas palabras para los hombres, que son las siguientes:

¿Recuerdas la estadística que indica que los hombres casados viven más años que los solteros? ¿No es posible que eso sea una manifestación de cómo el hombre necesita a una mujer? Si quieres ser huevón, a la vez que te aseguras una vida larga, ¿no te parece que toma menos tiempo y esfuerzo olvidar un poco tu egoísmo y aprender la consideración, la comprensión, la sensibilidad, y la paciencia para poder vivir bien con una sola mujer que tener que repetir todas los pasos románticos de mujer en mujer? — porque, debido a tus malas costumbres, todas te abandonan, dejándote morir antes de tu tiempo.

CAPITULO SIETE

MI HÉROE: HENRY DAVID THOREAU

Hubo un tiempo en mi vida en que oír las conversaciones entre los que tienen casa propia, me llenaba de tristeza y envidia. ¿Cómo fue posible? me preguntaba, ¿Por qué nunca me tocó comprar mi propia casa? ¿Cómo fue posible que hubo gente que tenía más de una: casa en la ciudad, otra en el campo, y a veces una casa o departamento que se rentaba? Sin embargo, ahora, en vez de envidia, estas pláticas me han llegado a fascinar.

Me divierte pensar en lo masoquista que la gente puede llegar a ser. La batalla de los trámites durante la compra de una casa y el miedo a los impuestos prediales, de agua y quién sabe que más, es algo parecido a la segunda guerra mundial. Poder soportar todo esto automáticamente descalifica a uno como verdadero huevón. En lo personal, me hace rezar por la buena salud del dueño de mi edificio.

Cuando uno vive en casa o departamento rentado, generalmente tiene que reparar cosas y pintar, igual como uno tiene que hacer en su propia casa, pero hay una gran diferencia. Si las reparaciones son mayores, debido a un temblor, por ejemplo, el inquilino se puede cambiar de casa. El dueño de su propia casa no tiene esa opción.

Puede cambiar de casa, pero no antes de hacer las reparaciones, cuesten lo que cuesten. Si no las hace, no puede vender su propiedad en un precio adecuado. A menos que uno sea tan rico que no le importara cuánto recibirá por su casa, solamente después de dejar el inmueble en buenas condiciones la puede abandonar. Imagina este anuncio en el periódico: “Vivienda para personas con estudios de huevón. No hay enganche. Libertad de reparaciones. Servicios incluidos.

Todo por 3,000 pesos al mes.” ¿Qué atractivo, verdad?

VERDAD DE LA VIDA NUMERO VEINTE:

UNA CASA RENTADA TIENE LA CONVENIENCIA DE SER DESECHABLE.

Lo mismo pasa si el gobierno de la ciudad decide construir una vía rápida en la calle enfrente de tu casa. El inquilino no se tiene que preocupar por perder una parte de su inversión cuando llegue el momento de vender su casa. Tampoco tiene que aguantar las nuevas condiciones espantosas.

Convenientemente se puede ir.

Todo esto no trata tanto del dinero, sino de la libertad — uno de los mayores requisitos para los huevones.

Cuando yo estudiaba en la universidad, nunca se me ocurrió que mi héroe, Henry David Thoreau, pudo ser huevón. Pero ahora, pensándolo bien, a la mejor sí era.

Henry David Thoreau era un escritor norteamericano del siglo XIX. En su ensayo “Sobre la desobediencia civil”, habló en contra de la guerra de los Estados Unidos con México en el año de 1847, y fue una gran influencia sobre Mahatma Gandhi y Martin Luther King, Jr. Su obra maestra, a la cual refiero aquí en estas páginas, fue Walden, titulado así por un lago donde Thoreau fue a vivir un buen rato para poder investigar el significado verdadero de la vida. Hace poco, en un viaje a Boston, después de quererlo hacer durante muchos años, fui a visitar aquel lago. Las vibraciones de Thoreau están todavía presentes.

Debido a la época, Thoreau no habló de departamentos en condominio, sino de las granjas. Sin embargo, uno de los temas presentes en su libro es tan válida para nosotros hoy en día, que para nuestros antepasados de entonces: ¿Qué valor existe en ser dueño de los terrenos o de los bienes raíces o de las cosas? La gente de la época de Thoreau tenía la misma tendencia de caer en las mismas trampas materialistas como nosotros ahora. Thoreau entendía que el deseo de ser poseedor tenía que ver con el materialismo, pero no pudo comprender el porqué del materialismo. Si hubiera vivido en nuestros tiempos, hubiera sido el primer comprador de la playera que dice, “Aquél que muere con los demás juguetes aún muere.”

“¿Eres dueño del terreno?, o ¿el terreno es dueño de ti?” Thoreau preguntaba. Por no pensar en estos términos, mucha gente pierde su libertad - y la posibilidad de echarla - en la búsqueda de bienes. Ganar bienes cuesta tiempo. Ganar bienes cuesta trabajo. Ganar bienes cuesta libertad.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO VEINTIUNO:

NO PODEMOS TENER TODO EN ESTA VIDA. HAY QUE ESCOGER ENTRE OPCIONES.

Siempre recuerdo a una familia que tenía casa de campo en Valle de Bravo. Una vez planearon ir una semana a San Antonio, y casi lo lograron, pero les venció un aguacero. Cuando un aguacero cancela tu vuelo, esperas un rato y te vas en otro más tarde. En este caso, no fue el vuelo. El aguacero tumbó la azotea de su casa de campo, y tuvieron que pasar toda la semana de sus vacaciones supervisando la reparación. No solamente costó dinero, sino el tiempo y la libertad de hacer otras cosas. ¿Consideraremos a estos amigos de Valle de Bravo como dueños de su casa? ¿O la casa como dueña de ellos? Irónicamente, la compraron pensando precisamente que hubiera sido un buen lugar para practicar el arte de ser huevón.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO VEINTIDÓS:

LO QUE NO POSEES, NO TE PUEDE POSEER.

La paz y la tranquilidad son elementos de mayor importancia para el verdadero huevón. Su estado mental es primordial. Uno no puede gozar de ser huevón mientras que se siente preocupado o resentido. Si se preocupa por las reparaciones, o si resiente siempre tener que ir al mismo lugar porque el dinero ya está invertido e ir a otro lugar representa un gasto doble, entonces no hay manera de lograr y gozar el ser huevón en esa casa de campo.

Hay gente que llega al punto de ya no aguantar el ir a la casa de campo, y la empieza a dejar caer en pedazos. Yo recuerdo a una familia con casa en Cuernavaca que llegó a ese punto. Después de tres o cuatro años, toda la familia se cansó de ir siempre al mismo lugar. Aunque todos los hijos tenían sus propios coches, ninguno de ellos iba.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO VEINTITRÉS:

LAS COSAS PIERDEN SU VALOR. MAS LAS QUEREMOS CUANDO MENOS LAS TENEMOS.

Finalmente, la casa quedó abandonada durante todo un año, y, cuando uno de los hermanos fue después de tanto tiempo, descubrió una capa de mugre encima del agua de la alberca y catorce personas, invitadas por los sirvientes, viviendo en la casa. No por nada alguien tuvo la buena idea de inventar ¡los hoteles!

No son solamente las casas y los bienes raíces que evitan que uno llegue a ser huevón. Cualquier cosa que nos pertenece, nos quita un poco de nuestra libertad y hace más difícil el camino a la vida del huevón — porque cada cosa trae un conjunto de responsabilidades correspondientes. No hablo en contra de la responsabilidad, sino solamente en contra de las responsabilidades inútiles. Por ejemplo, ¿Compraste tu coche especialmente para llegar a tu trabajo? ¿Te has dado cuenta que andas en un círculo vicioso —porque ahora tienes que seguir trabajando para pagar el coche? Aparte de eso, ¿cuánto tiempo pierdes en la búsqueda de un lugar para estacionarlo? ¿Cuánto tiempo pierdes en dejarlo en el taller y, después, para recogerlo? ¿Cuánto tiempo pierdes en trabajar para poder pagar al taller? Recuerdo una noche en que salí a tomar una copa con una amiga. Ella insistió en llevar su coche. Al final, terminamos la noche esperando veinte minutos en el estacionamiento para recibirlo. En un taxi, hubiéramos llegado a casa más rápido y, curiosamente, nos hubiera costado menos que el estacionamiento. Claro, para poder vivir sin este tipo de molestias, uno tiene que vivir en un lugar lógico. ¿Qué hubiera dicho Thoreau a los que trabajan a dos horas de donde viven?

Para ser huevón, hay que observar ciertas reglas sencillas: Hay que vivir cerca de donde trabajas. Hay que encontrar todo lo que necesitas cercano también: supermercado, salón de belleza, médico, dentista. No hay que perder tiempo en lo innecesario. Hay que evitar la acumulación de cosas materiales que requieren una pérdida de tiempo en su mantenimiento. Las cosas materiales no tienen nada de malo — siempre y cuando signifiquen algo para ti, no para la sociedad. Hay que evitar involucrarse en los símbolos huecos y superficiales del status social que cuestan dinero y tiempo.

Te quitan tu sentido de paz y tranquilidad y posiblemente algo aún más significante— a ti mismo. Los que se identifican por sus bienes, caminan sobre hielo delgado. Si los pierden, también pierden su autoestima, llegando a sentir que no valen nada.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO VEINTICUATRO:

PUEDES PERDER LO QUE TIENES, PERO NO PUEDES PERDER LO QUE ERES.

Thoreau dijo que las masas viven sus vidas en un estado de desesperación silenciosa. Mucha de esa desesperación surge de la preocupación con los símbolos del status social. No hay que vivir en un estado de desesperación silenciosa. Hay que gritar un poco en contra de lo inútil — porque los huevones preocupados y nerviosos no existen.

CAPITULO OCHO

BUENAS NOTICIAS PARA TU HÍGADO

Hace unos meses, mi hijo tuvo un problema con un profesor, y no hubo nada que yo pudiera hacer para resolverlo. Mi hijo está en la universidad, y ahí no hay lugar para las mamás metiches. Eso yo lo sabía perfectamente bien, igual como sabía que el control de la situación estaba en las manos del profesor. Sin embargo, sufrí por la frustración de no poder hacer algo, y no dormí bien durante varios días.

Creo que ya aprendí mi lección, y tú también la debes aprender: Hay cosas en la vida que uno no puede controlar. El esfuerzo de tratar de controlarlas cuesta demasiado trabajo. Es trabajo que toma la forma de la preocupación, pero de todos modos te cansa aunque no sea trabajo físico. Los médicos ahora están comprobando que lo mental y lo emocional nos puede enfermar y hasta matar. ¿Para qué lo haces? ¿No que estás leyendo este libro precisamente porque buscas maneras de evitar el trabajo y el cansancio que produce?

Tal vez, parezca tonto decir todo esto, pero hay poca gente que lo entiende y aún menos que lo cree. Son tipos comunes, y todos los conocemos. Muchos somos nosotros mismos. Son los que pasan sus días preocupándose por la guerra nuclear y por los temblores y por las bajas en las bolsas de valores del mundo, Si me preocupo lo suficiente ¿llegaré a controlar estos fenómenos? Claro que no. Lo único que lograré es cansarme por el trabajo que esta preocupación representa.

Deshacerme el hígado es otra posibilidad. ¡Esta no es manera de ser huevón!

VERDAD DE LA VIDA NUMERO VEINTICINCO:

NO PUEDES CONTROLAR LO INCONTROLABLE.

La forma en que la gente trata de controlar lo incontrolable cambia de un país a otro y de una cultura a otra; pero, ahora, con la globalización de las economías y los mercados y las influencias culturales, tenemos que evitar caer en las trampas que no nos pertenecen.

Los norteamericanos, por ejemplo, al contrario de los mexicanos, no respetan el papel de la muerte y tratan de controlar la mortalidad a través de la maquinaria médica hasta un punto ilógico. Se quejan por los costos de los seguros de gastos médicos, pero no entienden que tratar de salvar lo insalvable cuesta mucho dinero. Muchos no entienden que no tiene caso trasplantarle el corazón a una persona de 70 años. Esta manera de pensar no es problema para los mexicanos ahora, pero con las influencias culturales que nos están llegando, algún día puede llegar a ser.

Otra manera en que los norteamericanos tratan de controlar el futuro es a través de la planeación de la jubilación del trabajo. Muchos empiezan a hacer sus planes desde su primer trabajo. A una temprana edad como, por ejemplo, a los veintisiete años, muchos ya piensan en qué van a hacer cuando cumplan los sesenta y cinco. No solamente piensan en eso, sino también en donde van a vivir, a dónde van a viajar, y como lo van a financiar — aunque nada de ello vaya a pasar hasta dentro de unos treinta o cuarenta años. Esta gente no comprende que sus planes se pueden interrumpir.

Recuerdo una serie de conversaciones entre dos maestros norteamericanos. Ninguno tenía más de treinta años, pero los dos contaban, día tras día, cuánto iban a recibir de su fondo de pensiones por vejez. Sumaban esa cantidad con los pagos de sus pólizas de seguro e inversiones que ya tenían o que pensaban tener en el futuro. Ya sabían, casi al centavo, cuánto dinero iban a tener disponible al momento de su jubilación — ¡más de treinta años al futuro! Lo irónico es que planear para ser huevones al futuro representaba un trabajo que los descalificaba como huevones en el presente. Las influencias extranjeras que nos llegan, algún día pueden llevar a los mexicanos a caer en la misma trampa.

Es importante planear para el futuro —pero ¿hasta qué grado y a qué precio? Siempre recuerdo a mi papá quien planeaba para su futuro a lo gringo. Pasó los últimos cinco años de su vida pensando, anticipando, calculando cuánto iba a recibir de su fondo de pensiones. Durante esos cinco años, casi no pensaba en otra cosa. Posponía casi todo para después de su jubilación, para cuando tuviera el tiempo de gozar la vida. Tristemente, después de toda esa preocupación y sacrificio, murió cinco semanas antes de la fecha esperada.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO VEINTISÉIS:

LOS PLANES DE UNO PUEDEN CAMBIAR SIN PREVIO AVISO.

Hay que ser huevón en el presente y no arriesgarse a perder la oportunidad. No hay que planear un futuro que posiblemente no llegue.

Mucha gente también trata de controlar el futuro a través de las inversiones. Si tú eres uno de ellos, cuando invertiste en la bolsa, ¿pensabas que ser inversionista te iba a permitir retirarte de la vida pública y ser huevón? ¿Fue cierto? ¿O ahora vives en una montaña rusa de alzas y bajas del mercado? Si así es, te descalificaste como huevón porque ahora pasas la vida en un estado de preocupación y nerviosismo constante. Acuérdate que vivir con preocupaciones y nerviosismo equivale a trabajar demasiado.

Los huevones nunca trabajan demasiado.

Tenía una amiga que compró una casa nueva y, en vez de vender su departamento en que había vivido, decidió rentarlo. En el momento, parecía una buena manera de ganar un ingreso adicional sin trabajar, pero, a fin de cuentas, no salió muy bien. Los inquilinos no pagaron la renta, y ella los tuvo que expulsar. Lo logró hacer, pero el proceso le tomó más de tres años. Aparte, los inquilinos dejaron el inmueble hecho pedazos, y ella tuvo que cambiar varias puertas rotas, componer los hoyos en el suelo y comprar toda una cocina nueva. Toda la operación le costó tiempo, dinero y coraje. El coraje es otro elemento eliminatorio en el proceso calificador de los huevones.

No todas las experiencias son cuentos de horror. Puede ser que ganes suficiente dinero de tus inversiones para poder dejar una buena parte de la ganancia a tu hijo en tu testamento. Pero eso no es necesariamente bueno.

VERDAD DE LA VIDA NUMERO VEINTISIETE:

LAS HERENCIAS TIENEN LA TENDENCIA DE HACER DÉBIL A LA GENTE.

Dejando una fortuna a tu hijo puede garantizarle una vida de huevonería, pero, por otro lado, le puede causar el fracaso en la vida.

CONCLUSIÓN

VERDAD DE LA VIDA NUMERO VEINTIOCHO:

LOS HUEVOTES NO REDACTAN CONCLUSIONES INÚTILES — NI LAS LEEN.