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Ensayo Madame Bovary

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Categoría: Informes De Libros

Enviado por: Kate 25 mayo 2011

Palabras: 1306 | Páginas: 6

...

zó en su día a la sociedad porque humanizaba la figura de la adúltera, haciéndola peligrosamente cercana a sentimientos muy comunes, demasiado comunes para romper el tabú de la traidora, infiel y viciosa que tanto llama la atención de la sociedad, pero aún más a cualquier hombre que desearía considerar su matrimonio un blindaje contra afectos no correspondidos.

Madame Bovary rompió los paradigmas y esquemas que siempre han estado presentes en la sociedad, es por esto mismo que su papel en la obra y ella como mujer y ser humano, es tachada muy fácilmente, de muchas cosas que, claro, depende el lector, considera incorrectas, y posiblemente inauditas.

Madame Bovary sigue escandalizando hoy a nuestra sociedad, que se resiste a practicar la empatía que la obra merece, pues sin duda Flaubert tuvo que dejar de lado muchas de sus convicciones para ponerse en la piel de su protagonista. Personalmente creo que lo consiguió de forma magistral. Pero… ¿Por qué al lector o lectora le cuesta tanto? ¿Por qué el lector o lectora no puede entender los motivos de Emma, cuando sus motivos y sentimientos son de los más comunes y claros? Por miedo. Miedo a la libertad, miedo al “que dirán”. Evidencia es que sin libertad no hay amor posible. Sin valor, no hay camino posible para lograr lo soñado, lo idealizado y lo deseado.

El autor muestra todo su coraje facilitando un camino para entender las motivaciones de Emma Bovary. Muestra a un marido que sólo vive por ella, que se dedica al trabajo con el sacrificio de un santo, capaz de mudarse buscando el bienestar de la esposa, un esposo que reacciona a sus desplantes, cambios de humor y desatención con la hija de ambos con una gran paciencia. Lo fácil habría sido describirlo como agresivo, borracho, mujeriego. No es así, sólo se trata de un miedoso, cuyo primer matrimonio sin duda tiene más de cadena social que de sincero afecto. Quizás en este punto esté la clave del carácter de víctima de Charles Bovary.

Así, ante los desvaríos de la Emma, no es difícil exclamar indignados: “¿Cómo es posible? ¡Con lo bueno que es el marido!”

¡Error!

Primero, el amor no entiende de bondad. Son muchas las mujeres aferradas a tipos malvados, perniciosos, e indudablemente dañinos para sus parejas, hasta el punto de que debe ser un juez quien los separe. No obstante, ellas los aman, con sinceridad, con pasión, con todo su ser. Ellas los aman, aunque resulte obvio que no son amadas. Sólo cuando en un ataque de lucidez, nada fácil de lograr por otro lado, son capaces de aceptar esta asimetría, entonces pueden iniciar el desapego. Segundo, ese argumento en pos de la bellísima persona que es el marido constituye sólo la mitad de la historia, y no atiende en absoluto a las inquietudes de su mujer. Es un juicio que apela a la lógica, cuando bien se nos ha insistido que “El corazón tiene razones que la razón no entiende.” Y es increíble como al final Charles Bovary termina siendo un antagonista, ya que se termina perfilando como un carcelero de Emma, un acosador para ella.

Al enfrentarnos ante algo que nos produce tanta incomodidad como un adulterio, la tentación es llenarnos la boca de traición, infidelidad, deslealtad, inestabilidad, capricho, desapego…

Sin embargo nadie habla de pasión, ideales, rebeldía, inconformismo, lealtad, honestidad…

¿Me contradigo? Escribo deslealtad como crítica fácil a la actitud de Emma Bovary, y lealtad para elogiarla, ¿qué falla?

Cuando me refiero a esta gran mujer, hablo de su coraje para ser coherente con sus pasiones, con sus sentimientos, enfrentándose a la hipocresía de la época, a la hipocresía que ella misma ejercía cada vez que negaba sus pulsiones, sus sentimientos, y lealtad hacia sus aspiraciones, demasiado altas quizás para la mayoría de nosotros, pero que constituían su impulso vital.

Lo fácil es considerar que las inquietudes de la protagonista obedecen a sus muchas lecturas románticas, a sus aires de grandeza, a su debilidad espiritual, que le lleva a entregarse a cualquiera a la búsqueda de un placer fugaz, momentáneo.

Lo difícil es intentar vivirla, realmente nombrarnos Emma y apellidarnos Bovary, imaginarnos casados para huir del tedio y descubrir que ni así podemos sentirnos en plenitud. Entonces podremos dejarnos guiar por Flaubert, podremos experimentar la ira hacia un marido sin carácter, incapaz de ser nuestro espejo, odio y rechazo que cualquier psicólogo describirá como inevitable, no tanto por la insatisfacción hacia su incapacidad de amar, como por cuanto es imposible buscar otros amores sin detestar a quien ya es nuestro. Podremos detectar un oasis en un apuesto León que admira la misma literatura que nosotros, que exhibe una sensualidad que transpira trascendencia, que abre una pequeña puerta a nuestras más profundas inquietudes, y a la que, aún así, renunciamos por las rígidas imposiciones sociales. Podremos, en definitiva, entender que la búsqueda de un nuevo amante no obedece a un deseo erótico, ¿qué mujer puede aceptar eso?, sino a la incontrolable pulsión por entregar a un alma gemela todo ese amor que hierve en nuestro ser, que nos define como seres únicos e irrepetibles. ¿Nos podríamos resistir a un amor así, ser el escogido para quien desea entregar todo su ser, o elegir el tibio afecto de quien nos ama priorizando las etiquetas de terceros?

Para lograr comprender esta maravillosa obra es necesario entregarse a su empatía, liberándose de las cadenas de los caminos ya transitados y vivir en la mente la situación de Emma. Creo que es lo que Flaubert quiso al escribir Madame Bovary y, más que eso, me parece la lectura más constructiva que se puede hacer para comprender los maravillosos deseos y necesidades de las mujeres.