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Funcion Social De La Familia

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Categoría: Psicología

Enviado por: karlo 18 mayo 2011

Palabras: 13828 | Páginas: 56

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l papel y las funciones, pero la familia está en el marco natural donde sus miembros, en particular los niños, se benefician del apoyo afectivo, financiero y material indispensable para el crecimiento y la expansión, y donde se tiene cura de personas como la gente mayor, los discapacitados y los enfermos. La familia llena la función esencial de preservación y transmisión de los valores culturales. La familia puede ser una institución que educa, forma, motiva y ayuda a sus miembros y de esta manera invierte en su expansión y constituye una contribución preciosa al desarrollo. Otra cuestión es que desde nuestra perspectiva podamos, ampliar este modelo adaptándolo a nuestras tradiciones y necesidades. La familia que se constituye como grupo de trabajo potenciará: la diferenciación, la cooperación, la educación y el aprendizaje, el mantenimiento de la tarea como eje central y el hecho de dar tiempo y espacio a los miembros del grupo de familia. El tema elegido es un tema novedoso, ya que hasta hace poco la familia constaba del padre, la madre y el/los hijo/s. La madre estaba en casa cuidando del niño y del hogar de manera que el padre era quien trabajaba fuera de casa y traía el dinero en casa. Todo esto ha cambiado, ya que cada vez hay más mujeres que trabajan fuera de casa, el cabeza de familia ya no es el padre, la homosexualidad cada vez es un tema menos tabú y muchas parejas homosexuales quieren adoptar un hijo, existen también las familias monoparentales ya sea por motivos de defunción (enfermedades, accidentes de coche...) o bien por motivos de separación. Lo cual no quiere decir que la familia tradicional se haya roto porque todavía son las frecuentes, juntamente con las monoparentales por motivos de separación. Claro que también hay las parejas que no quieren tener hijos (normalmente por motivos económicos y por el supuesto estrés que provocan los niños). Y precisamente la dificultad que hemos tenido al realizar el trabajo es su novedad, al ser un tema tan actual supone ser criticado o bien problemático (como por ejemplo lo que sucede con las parejas homosexuales). Hemos elegido este tema porque creemos que es muy interesante como está la familia en la actualidad, ya que como dicen nuestros padres los tiempos cambian. Porque todos tenemos o hemos tenido una familia, no sólo la que hemos vivido con nuestras padres, sino la que se forma después, en la adultez (de hijo pasas a ser padre). Hay que añadir que la familia se creó en el Antiguo Régimen. La familia de esta época se encontraba en la alta nobleza y principalmente era caracterizada como familia tradicional (madre, padre, hijo/s, abuelos...). Por el contrario, el proletariado veía a la familia de la nobleza como una familia inalcanzable para ellos debido a su 2

elevado estatus social y económico. Nuestro trabajo presenta un reto: hacer un recorrido por la noción de familia y de infancia, sobre todo en la posmodernidad, con el fin de ampliar nuestros conocimientos sobre este tema. Nuestro trabajo consta de la primera parte en que se presenta la familia a partir de su definición, funciones y los diferentes tipos que hay, esta primera parte teórica, mientras que la segunda parte la hemos realizado a partir de sinopsis de distintas películas, de la conclusión del trabajo... es la parte procedimental del trabajo. LA FAMILIA DEFINICIÓN DE FAMILIA Cuando se habla de familia hablamos de un núcleo de convivencia y solidaridad en la vida cotidiana; es un núcleo de complicidad en la corta distancia que permite afrontar adecuadamente los retos del mundo exterior; es el centro de un tipo de relación privilegiada, espontánea e intensa; es a la vez una escuela de convivencia para los hijos y la transmisora de valores y aprendizajes fundamentales que se realizan mediante las emociones primeras, los afectos fundamentales. Una familia se define por su capacidad de dar respuesta a estas funciones y necesidades de una manera estable y duradera. Los elementos de emparejamiento acostumbran a ser elementos fundamentales en esta forma de convivencia, pero no siempre es el caso y no por eso se debe presuponer que la familia en cuestión no cumple adecuadamente sus funciones de soporte e integración social. De la cualidad de la convivencia, de la capacidad de dar soporte a todos sus miembros, dependerá la vitalidad y la bondad de cualquier familia. Y también su fragilidad, cuando ella misma no encuentra mecanismos de protección suficientes, que puedan garantir que todos sus miembros sean solidarios. La familia proporciona a sus miembros, protección, compañía, seguridad y socialización. Según un estudio realizado El sistema de valores de los catalanes, el 99 % de ellos valoraban como muy importante la familia. Sobre el resultado de esta encuesta, Victoria Camps, comentó que sorprende que en una época de crisis de la familia tradicional, cualquier familia pase por delante de otros valores como el trabajo, la amistad, la política... La familia vive poco comunitariamente, el hogar se convierte en un hostal gratis sin que necesariamente haya comunicación, aún sin esta falta de comunicación los jóvenes encuentran en la familia todas las necesidades, hasta la de la independencia. Más sorprendente parece que los hijos de las familias desorganizadas también crean lo mismo, que no hay mejor lugar que en casa, es como si las dificultades que sienten y notan, un pudiesen superar un arquetipo eterno inicial que obliga a respetar a los grandes. Es con el tiempo y poco a poco, con la edad o en ser abandonados, que se convierten en explícitos enemigos de su contexto familiar. LAS FUNCIONES DE LA FAMILIA La familia empezaría por la pareja, una pareja con una buena evolución del vínculo, un aumento de las satisfacciones personales, profesionales y sociales, que se complementa y se potencia a sí misma. Es en el marco de la pareja donde la aparición de los hijos se crea la familia. La pareja suficientemente sana, que puede elaborar las propias ansiedades y contenerlas, podrá ayudarse mutuamente a crecer y, en su turno, ayudar a los hijos en su crecimiento. Esta sería la función principal de la familia: crear el marco necesario para favorecer el crecimiento de sus miembros y contener las ansiedades que se formen en grupo familiar. El crecimiento de la familia será determinado por los límites de crecimiento de los padres. Si la ansiedad es crítica no se crece. Es cierto que determinados niveles de ansiedad, ciertas dosis de dolor 3

mental, son necesarios para crecer. Pero niveles excesivos de ansiedad bloquean y paralizan, por la cual cosa podemos afirmar que la familia donde predomina la ansiedad y la confusión no crece. En el nacimiento del primer hijo se transforma la pareja en familia. La familia es un grupo complejo en constante evolución, que comprende miembros en distintas fases de desarrollo, unidos entre ellos por roles y funciones interrelacionados y diversificados. De manera que, la familia será: un sistema internalizado de relaciones un marco para el aprendizaje y una matriz para el pensamiento. La familia es una estructura vive y única, la cual participa y da forma al aparato mental de cada uno de sus miembros, sobretodo para los hijos. Para aprender de la experiencia es necesario funciones emocionales capaces de contener el dolor mental. Estas funciones se basan en: generar amor, fomentar la esperanza, contener el sufrimiento depresivo y pensar. Pero cuando en la familia predomina las funciones de odio, desesperación, creación de mentiras y de confusión, la familia se desestructura y aparece la patología. Meltzer propone una aproximación de las familias más sanas hasta las más desestructuradas: familia de pareja básica, familia matriarcal, familia patriarcal, familia−banda y familia en reversión. Los estudios de Funes y los de Martí Tusquets en Barcelona nos muestran que las concentraciones más importantes de problemas familiares y sociales se encuentran en determinadas zonas de la ciudad, fundamentalmente en barrios asociales, en zonas de degradación ciudadana y urbanística. El entorno social, las condiciones del barrio, la vecindad... influyen de una manera directa e indirecta en funcionamiento familiar, estaríamos de acuerdo en afirmar que el entorno social inmediato de una familia urbana es constituido más por una red que por un grupo organizado. ¿Por qué debe haber familia? El ser humano necesita durante mucho tiempo la atención de los adultos para su desarrollo físico y mental, es decir, para su nacimiento psicológico como ser humano. La familia existe para una necesidad vital. Puede ir cambiando a través de los cambios que se van produciendo en la sociedad, pero la necesidad de un padre y una madre para tener cura de sus hijos continúa vigente. La tarea esencial de la familia es cuidar a los hijos, formarlos y educarlos. Esto quiere decir ayudarlos a crecer física y emocionalmente, lo cual sólo se consigue enseñando a pensar (Bion), para que los niños puedan ser personas con individualidad y con criterios propios, es decir, que se puedan permitir ser diferentes de los padres y de los otros hermanos y que puedan ser unos adultos responsables y capaces de colaborar solidaria y creativamente dentro de la comunidad en que vivimos. Para que todo esto se pueda ir produciendo, hay una tasca mucho más básica y mucho más esencial: se trata de la contención de las ansiedades que puedan tener los diferentes miembros de la familia. Como más capacidad de contención del sufrimiento mental tenga una familia, mejor nivel de maduración obtendrán los hijos. Según el Dr. Thomas la familia es una estructura viva y única que participa a dar forma al aparato mental de cada uno de sus miembros, sobretodo al de los niños. La familia es una matriz parental con dos sistemas inconscientes dentro: el sistema parental y el sistema de los hijos. Cualquier cambio que se produzca en una parte de uno de los dos sistemas remueve todo el conjunto. Como estructura viva, la familia queda sometida al proceso natural de todo ser vivo, es decir, un inicio, un desarrollo y un final. Mientras este proceso se da, se producen unos cambios a los cuales se habrá que adaptar. Todo cambio promueve una alteración interna más o menos acusada y reclama la necesidad de resituarnos emocionalmente, de reestructurarnos a partir de la nueva situación. Delante una familia sin problemas hemos de empezar a sospechar que algo grave le sucede. Ya de entrada, podríamos asegurar que funciona a base de negar la realidad interna y de proyectar aquellos aspectos que le parecen indeseables o conflictivos. Este 4

funcionamiento le impide tener conciencia de los problemas, y naturalmente si no hay conciencia no se puede hacer nada para resolverlos. La situación se le irá complicando. Uno de los problemas principales de toda familia es tener o no la capacidad de saber que se tienen problemas. Tener es capacidad quiere decir tener un nivel de madurez mental aceptable. Una situación de ansiedad en uno de los padres o en un conflicto entre los dos (madre y padre) afectará inevitablemente todo el conjunto familiar, como también un problema de algún hijo lo puede llegar a cambiar todo. Hay también los problemas que vienen de fuera, de la relación con el mundo externo. La familia también se saldrá o no dependiendo de cómo esté mentalmente estructurada. Las familias tienen diferentes funciones. La primera función y la más importante es la función de reproducción, ya que sin ella no hay familia (padres e hijo/s). Una vez formada la familia, la función de reproducción servirá para ampliarla y crear otras familias. La función económica o de consumo, actualmente esta función es sobre todo la de consumo, y viendo así que desde los medios de comunicación se ofertan en numerosos productos dirigidos a las familias, anteriormente (hoy en día casi ya no), la familia cumplía una función de producción muy importante. En cuanto a la función de socialización, esta función es muy clara en la familia. En esta, la familia actúa como agente de socialización, ya que es en ella donde se da la socialización primaria del niño y es en ella donde los seres humanos vamos adquiriendo nuestros primeros conocimientos. Así es la institución ideal (por delante de la escuela) en donde vamos aprendiendo como funcionar en sociedad, por lo que es, en una palabra, el reproductor de la sociedad y sus valores vigentes. Si se consigue dominar la institución familiar, se consigue dominar a la sociedad. Aunque también hay que tener en cuenta que es en la familia donde se da el apoyo a los valores individuales, a las potencialidades de cada individuo, y donde se le apoya (o se le debería apoyar) sus defectos. La familia es el principal agente de la Educación. Su función educadora y socializadora basándose en como institución, supone un conjunto de personas que aceptan, defienden y transmiten una serie de valore y normas interrelacionados a fin de satisfacer diversos objetivos y propósitos. Los padres, en este proceso, actúan como modelos que los hijos imitan. Hay una abdicación de la familia en la cultura urbana, esto se debe a aspectos como el trabajo de ambos cónyuges, las distancias, los horarios y el pluriempleo... va siendo reemplazada en la faceta educativa por la escuela, las amistades. Debemos señalar también los factores temporal espacial, de escolarización y la distancia social. Padres e hijos, aportan distintas culturas al hogar, ya que se mueven por ambientes distintos. La familia es, en definitiva, el agente de socialización. Por último hay que mencionar la función de apoyo, de protección emocional ya que es en la familia donde los más desfavorecidos encuentran su mayor apoyo (aunque no siempre) económico y emocional. A la familia se acude cuando nos va mal: paro, mala relación con la pareja, desengaños... En general decimos que las funciones de la familia pueden distribuirse en tres tipos fundamentales. Las funciones de tipo biológico, y social, psicológico. Este es el papel principal de la familia de hoy, el de la fuerza creadora y dinámica que haga una renovación positiva de la sociedad. Su misión es la humanización de este mundo tecnificado y materialista, llevándole su experiencia de fraternidad. Después de ver las funciones de la familia en general pasemos a ver cuales han sido estas funciones a lo largo de la historia, marcando su evolución. LAS FUNCIONES DE LA FAMILIA A LO LARGO DE LA HISTORIA La familia desempañaba en el pasado múltiples funciones. La familia patriarcal se denomina también familia extensa. Ésta tenía en la sociedad preindustrial una seria de funciones, las cuales desarrollamos a continuación.

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En primer lugar, satisfacía las necesidades sexuales y aseguraba la reproducción. En segundo lugar, era una unidad económica de producción y de consumo, una unidad autónoma que organizaba el cultivo de la tierra, la caza y la pesca. Era, por tanto, una unidad económica de subsistencia: se producía para consumir lo producido. Todo ello bajo la autoridad paterna. En tercer lugar, la familia daba seguridad a sus miembros y garantizaba su supervivencia. Desde el punto de vista educativo, en primer lugar tenía la necesidad de enseñar a los hijos cómo comportarse dentro de la sociedad en que aquélla vivía. La familia extensa realizaba la primera etapa de la socialización y ejercía una influencia sobre la personalidad de los hijos en virtud de las múltiples relaciones familiares. Por último, realizaba también una función de enseñanza informal, al que se derivaba del aprendizaje de un oficio que, a veces, estaba en relación con la primitiva división del trabajo existente en el seno familiar. La familia extensa constituía un orbe muy cerrado y prácticamente autosuficiente. Durante mucho tiempo la humanidad se acostumbró a que la familia satisfaciera las necesidades sexuales, garantizara la conservación de la prole, cuidara materialmente del sustento de sus miembros, fuera un centro de seguridad y de protección frente al exterior, sanara sus heridas o sus enfermedades, le enseñara a comportarse en sociedad, fuera un refugio afectivo o le transmitiera un oficio. Todo esto explica el papel fundamental que en la evolución de la humanidad ha jugado la institución familiar. De ahí que cuando la familia extensa sufra la mutación sustancial que supuso la revolución industrial y la aparición de la llamada familia nuclear, se hable de crisis de la familia. En la actualidad, en las sociedades industriales la familia aparece integrada por dos generaciones, la pareja fundadora (también denominada familia nuclear) y la prole. El matrimonio se concibe como una asociación de iguales y la prole se reduce a un número de hijos muy pequeño. La transformación durante la revolución industrial afectó a la familia extensa. Por un lado no puede afirmarse (desde el punto de vista biológico) que la familia sea estrictamente necesaria ya que esta función puede asegurarse con otros tipos de organizaciones. Por otro lado, la familia dejó de ser el centro de imputación económica. La aparición de la fábrica supuso la proletarización del trabajador y la separación entre el hogar familiar y el centro de trabajo. Los miembros de la unidad familiar trabajan ahora en un ámbito ajeno, no como seres dependientes de una unidad superior que los alberga, sino como individuos aislados. Las funciones que desempañaba la familia como unidad económica de subsistencia son reemplazadas ahora por un sistema económico de mercado donde todo se compra y todo se vende. Finalmente, las funciones de seguridad y protección han pasado a ser desempañadas por instituciones especializadas (policía, tribunales de justicia, etc.). Por lo que se refiere a las funciones referentes a la socialización se mantienen en la familia nuclear debido a que la necesidad de transmitir a la nueva generación los roles que deben desempañar en la sociedad es prácticamente la misma que en la sociedad preindustrial, aunque la complejidad es mayor. Es por esto que la familia sirve para completar la labor de la socialización de la escuela. Cuando el niño actual ingresa en el sistema educativo se efectúa la primera socialización, pero a partir de ese momento la socialización es obra de la familia y de la escuela. Algunas veces surge un choque conflictivo entre la escuela y la familia, sobretodo cuando la transmisión de valores no es exactamente la misma. La escuela tiende a impartir los conocimientos y roles necesarios para ingresar en la sociedad industrial, la familia, atiende al desarrollo de la personalidad y de la afectividad del sujeto. Existe otra función educativa a la que ha tenido que renunciar la familia nuclear; Antes, el individuo aprendía un oficio en el seno de la familia extensa, en la actualidad, de eso se encarga el sistema educativo. La escuela suministra los conocimientos básicos para vivir en la sociedad industrial y enseñar una profesión. Podemos decir que más que una crisis en el sentido tradicional, e una mutación importante de la institución familiar. Hay una distinción entre funciones alienables (fruto de una situación histórica) y las inalienables (permanecen mientras subsista la humanidad). Estas últimas, se dividen en dos; la socialización y el desarrollo de la personalidad. Las dos constituyen funciones educativas. La familia se manifiesta como un agente educativo de primer orden no sólo porque en ella se produce el segundo nacimiento sociocultural, sino también porque ella 6

es la gran educadora de la personalidad del niño. La familia suministra el afecto que el sujeto necesita para la estabilidad emocional. Cuando la familia abdica de alguna de estas dos funciones educativas surge el individuo antisocial o la perturbación psíquica. LOS DIFERENTES TIPOS DE FAMILIA Desde siempre han existido diferentes tipos de familia con funciones distintas, entre ellas encontramos la familia tradicional institucional, la familia nuclear fusional y la familia postpatriarcal. A continuación, vamos a ver las características más importantes de cada una de ellas y en que se diferencian entre ellas. Empezaremos pues, por la familia tradicional institucional, que como muy bien dice su nombre de clasificación, es la que predomina en las sociedades modernas o en las cuales el mercado y el estado tienen una presencia reducida (es decir, en las sociedades que están en vía de modernización). En ésta, el destino de los miembros de la familia está marcado por sus mayores, por la figura del patriarca. Las desigualdades entre los miembros de la familia, entre hombre y mujeres, hermanos y hermanas, hermanos de diferentes edades eran vistas como necesarias a cambio de una seguridad económica, la protección emocional...que proporcionaba la pertenencia al grupo doméstico. En el sistema tradicional, la figura de más relevancia y poder es la del patriarcado. Las familias multifuncionales están orientadas a la supervivencia y no separan entre lo público y lo privado porque la actividad económica tenía lugar dentro del hogar. A diferencia de lo actual, las funciones del mantenimiento del orden público, la atención sanitaria y el sistema educativo iban a cargo de la unidad familiar. La familia tenia un sistema troncal, es decir, la convivencia de padres y uno de los hijos (normalmente el heredero) residía en el mismo hogar para la mutua colaboración económica y la explotación conjunta del patrimonio familiar. Su organización se hacia mediante roles separados, el de la mujer y el marido y entre la generación anciana y la joven para complementarse asimétricamente. Por lo que respecta al ámbito político, sólo había un representante del grupo doméstico ante la comunidad, y este era la figura del paterfamilias. En la familia nuclear fusional, a diferencia de la anterior vista, los recién casados se instalan en un nuevo hogar diferente del de la familia de origen reduciéndose las funciones reproductivas. En ésta, la familia no se constituye con parientes de varias generaciones sino por padres e hijos. El espacio doméstico surge de la realización de actividades en empresas y las realizadas dentro de la familia (sociales). Las reglas son diferentes dentro que fuera de hogar y el hecho de tener un trabajo asalariado fuera del círculo de la familia tiene consecuencias. Dentro de la familia nuclear, las funciones se reparten y realizan en función de las necesidades y capacidades de cada uno de los miembros y la familia como conjunto. Ésta creación de un ámbito privado marca los límites en el hogar, potencia el sentimiento de privacidad y hace que la comunidad no intervenga en asuntos familiares. Una de las principales características de la familia nuclear es la solidaridad afectiva al momento de construir un hogar (solidaridad un poco forzada). Al decir esto, nos referimos a la fusión que se establece entre la mujer y el marido. La mujer se ocupa más de las funciones dentro de la familia así como de la labor reproductiva excluyéndola del espacio público y siendo dependiente económicamente de su marido. En cambio, el marido tiene el papel de sustentador y funciones fuera de la familia. Más tarde, debido a la introducción de la mujer en el sistema educativo y en el mundo laboral, al cambio de ideas valores así como la dificultad del dominio de los hombres sobre las mujeres en la familia, se inicia la pérdida del patriarcado y con ello el camino hacia una familia postpatriarcal. El desarrollo de la libertad, la igualdad y el individualismo tienen lugar gracias al derrumbamiento de la figura del patriarca. Este tipo de familia más individualizada, es la menos institucional y en la que los roles 7

conyugales cada vez son más igualitarios (gracias también a los movimientos feministas y las políticas de igualdad de oportunidades). Es ahora que el hombre y la mujer aportan un salario cuando la mujer empieza a participar y ganar sitio en la sociedad que hasta ahora no las consideraba ni ciudadanas. La sociedad está formada por individuos con los mismos derechos más que por familias. Cuando decimos individuos con los mismos derechos, estamos hablando también de las mismas oportunidades y de las no diferencias de género. Esta igualdad de oportunidades puede provocar en el hombre la incitación de la violencia doméstica. Podemos decir pues, que es la aparición de a mujer como ciudadana de pleno derecho y el individualismo entre el hombre y la mujer lo que comporta la ruptura del patriarcado y por lo tanto, la principal innovación en la familia postpatriarcal. Como consecuencia de la familia postpatriarcal surge también el tipo de familia monoparental, es decir, aquella que está compuesta por un padre o madre y por los hijos. Ésta es una familia frecuente en nuestros días debido, como hemos dicho, al debilitamiento del dominio del patriarcado, al eclipsamiento de la figura del padre, al aumento de las tasas de divorcio, al inicio del trabajo asalariado de las mujeres Afortunadamente, en la actualidad es difícil encontrar un solo modelo de familia. La familia nuclear está dejando de ser el principal modelo de familia sobretodo en las sociedades de niveles educativos altos y en las que la mujer tiene una buena situación económica (ya que así no depende económicamente del marido). LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA MONOPARENTALIDAD Las familias monoparentales son aquellas que están formadas por un padre o una madre soltera que viven con sus hijos inmaduros. No es lo mismo hablar de familias rotas que de familias encabezadas por viudas o madres solteras, de familias con un solo cabeza de familia que de familias incompletas. Ello tiene que ver con las imágenes cambiantes que nos forjamos de la familia normal, con la percepción que tenemos de su crisis permanente, con los símbolos, los ideales o con los estigmas que asociamos a las formas familiares. La necesidad de hallar un término neutro para nombrar estas formas familiares se relaciona con los cambios que se han producido en su composición interna que han determinado el paso de esta forma familiar de la marginación a la respetabilidad. Posiblemente su aparición en la esfera pública tenga también que ver con el proceso de privatización del ámbito doméstico, con la diversificación de la familia nuclear, que permite al mismo tiempo una mayor variabilidad de los modelos de organización familiar. Pero sobre todo tiene que ver con la irrupción del pensamiento feminista en el ámbito poítico y académico, que veía la introducción de este término como una forma de legitimar a las familias de procedencia no tradicional, y con la acción del estado del bienestar, que al crear prestaciones específicas para este tipo de familias les da legitimidad e igualdad. Todo ello configura un complejo entramado de nuevas manifestaciones en el campo familiar indicativas de una transición hacia un nuevo modelo familiar que podríamos llamar postpatriarcal. En la monoparentalidad actual estas nuevas familias son concebidas como unidades económicas viables y no como un aparato o algo marginal o transitorio. Gracias a los movimientos feministas y a las políticas de igualdad sexual, se da una toma de conciencia de la legitimidad de la existencia de unidades domésticas encabezadas por mujeres como una variedad familiar con derecho propio. La aceptación de la legitimidad de este tipo de familias no excluye la consideración de las marginaciones y conflictos que experimentan las personas que viven en ellas. LA GÉNESIS DE LA MONOPARENTALIDAD El término familias monoparentales, traducido del inglés One Parent Families, fue introducido en Francia hace una década por sociólogas feministas, para quienes la utilización de este concepto parecía tener el interés de permitir que los hogares que estaban bajo el cargo o mando de una mujer accedieran a la categoría de 8

verdaderas familias. Pero la categoría familias monoparentales no ha aparecido en territorio virgen sinó que ha reemplazado otras categorías a las cuales ha destronado conviviendo estrechamente y tomando parte de su herencia y de sus connotaciones, como son las familias incompletas, familias disociadas, familias desunidas, rotas, defectuosas, dislocadas, etc. Las familias que estaban etiquetadas de esta manera incluían las que hoy se llaman monoparentales, pero no se limitaban solo a estas: las familias llamadas incompletas o disociadas eran esas en que faltaba al menos uno de los dos progenitores y también son las llamadas hoy recompuestas. Hay que empezar señalando que una inmensa mayoría de familias monoparentales están encabezadas por mujeres solas. En los países occidentales, nueve de cada diez hogares monoparentales lo están y ello tanto más si se los define de forma más cuidadosa y precisa. Si bien las escasas familias monoparentales a cargo de varones merecerían un estudio aparte, la ausencia de datos y de espacio no nos permite dedicarles una mayor atención. Como la monoparentalidad viene marcada de alguna forma por la desaparición del padre físicamente, moralmente; totalmente o parcialmente, convendría empezar analizando las consecuencias de esta ausencia, especialmente para los niños, pero también para la madre. Como dice un prestigioso psicólogo y psiquiatra: Existen diversas razones de ausencia tangible del padre: la muerte, la deserción del hogar, la paternidad ilegítima, la separación o el divorcio. La desaparición del progenitor es siempre traumática para el hijo. Mientras que la muerte del padre tiene, generalmente, un carácter natural o irremediable e inflige penosos sentimientos de duelo, de pérdida y de tristeza, la ausencia paterna por otras causas, incluyendo la ruptura de la pareja, es considerada por los niños un rechazo evitable, y produce confusión, angustia, culpa, rabia y emociones profundas de desprecio o de abandono. (Rojas Marcos, 1994) Si tenemos en cuenta lo que dice este autor, vemos que la forma de transición a la monoparentalidad tiene una gran importancia para el futuro desenvolvimiento de sus relaciones internas. En las familias monoparentales formadas por mujeres viudas, la desaparición física del padre por muerte produce un efecto contundente y claro. La ausencia del padre no se debe a una dimisión moral o a un cambio de residencia por divorcio o separación sino que el padre desaparece para siempre. Esto significa además que el niño, como puede suceder en el caso de las familias monoparentales originadas por ruptura o divorcio, no estuvo expuesto antes a conflictos entre el padre y la madre en el hogar, aunque en el caso de una larga enfermedad del padre es posible que esta carencia sí le hubiera afectado. En el caso de las mujeres solteras sin pareja el padre nunca existió. Aun así, hay una gran gama de posibilidades, desde la mujer fecundada artificialmente con semen de un donante anónimo hasta el caso de un padre conocido pero que nunca se ha relacionado habitualmente con el niño. Aquí la responsabilidad recae sobre la madre, quien desde un principio asume el hecho de criar a un hijo sin padre, y de su habilidad y madurez dependerá el resultado final de la socialización. Por último, tenemos las familias monoparentales formadas tras una ruptura de la pareja. Quizá este es el caso más frecuente en los países industriales. La descompensación económica y emocional que se produce tras una separación afecta de manera diferente a padres y madres. El resultado suele ser siempre el mismo: que en nueve de cada diez casos la custodia de los niños es para la madre. Este dato es determinante a la hora de entender la estructura de las familias monoparentales ocasionadas por separación o divorcio. 9

Para las mujeres los problemas pueden ser mayores, ya que en ellas se acumulan diversas transiciones vitales: cambio de estado civil y de estatus, trámites respecto a la pensión que debe pasar el marido al hijo/s y a la mujer y respecto a la custodia, nueva relación con el ex−marido, etc. Después de una separación o divorcio las madres solas suelen buscar apoyo en su familia de origen, aunque esto también puede suceder en otros tipos de transición a la monoparentalidad. Durante este período de transición tiene una gran importancia, en el reequilibrio de la familia monoparental tras este desajuste, la reconstitución de redes de solidaridad y de ayuda y la redefinición de la relación de la madre con su entorno comunitario. Las experiencias negativas más comúnmente asociadas con la monoparentalidad son la soledad y los problemas económicos. En contrapartida, los progenitores solos y especialmente las mujeres, expresan su satisfacción a través de ganancias de tipo emocional: confianza en uno mismo, sentimiento de independencia, autoestima y control de la propia vida, logros en la educación de los hijos y ejecución de roles domésticos menos tradicionales y convencionales. Con respecto a los hijos, es posible que los problemas emocionales relacionados con la pérdida del padre por separación o divorcio afloren en forma de fracaso escolar, conflictividad con los compañeros y comportamiento difícil. En este caso, el papel de la madre será determinante, aunque también el padre tiene mucho que decir, siempre que tenga el apoyo de la madre. Lo que suele suceder normalmente es que si la presencia de la madre y apoyo están presente y casi nunca fallan, la contribución del padre no está siempre a la altura de las circunstancias y con el paso del tiempo, se va reduciendo. En los países occidentales constituye una pauta bastante habitual que los padres divorciados se vayan desentendiendo poco a poco de sus hijos. Es lo que se ha llamado padres desvanecientes (fading fathers). Esta situación hay que unirla al hecho de que una importante proporción de los padres separados o divorciados no pagan la pensión de alimentos a sus hijos. Todo ello podría ser debido al hecho de que muchos padres no conciben la paternidad y el matrimonio como algo que puede separarse. En nuestra cultura resulta difícil ser padre a tiempo parcial y sin residir con los niños. Es como si los hombres sólo supieran ser padres indirectamente, a través de las acciones de sus mujeres, quienes se encargan de la crianza de los niños. Esta situación sale a la luz debido a la ruptura de la unión matrimonial. LA SOCIALIZACIÓN DE LOS HIJOS EN LA MONOPARENTALIDAD ¿Es realmente un desastre la ausencia física y/o moral del padre en la familia respecto a la socialización de los niños? Hasta hace poco se habían asociado las familias sin padre con los peores problemas de la infancia y juventud: drogadicción, delincuencia juvenil (abro el paréntesis para comentar, como opinión personal, que el apellido juvenil no sirve para nada más que estigmatizar a los jóvenes, ya que también podríamos hablar de delincuencia de las personas de 30 años o de la delincuencia senil pero en cambio no lo hacemos porque nos parece ridículo), fracaso escolar, etc. Pero a menudo eran profecías que se cumplían. En primer lugar, muchas de estas familias con la falta del padre eran de clase baja y, por tanto, más proclives a este tipo de conductas. Pero sobre todo se ha empezado a examinar la contribución del conflicto y la desorganización familiar en la génesis de los trastornos infantiles y juveniles. Es decir, los problemas que con frecuencia se asocian al divorcio son muy anteriores. Los niños pequeños que parecen haber sido dañados por la crisis revelan que la etiología de sus trastornos se remonta a episodios que precedieron a la ruptura de la unión de sus padres. Hay familias intactas que generan dificultades para los niños y familias monoparentales que funcionan bien. No hay que olvidar que hay familias completas en conflicto y familias monoparentales sanas, de la misma forma que existen matrimonios sanos como insanos. Lo que es decisivo para el desarrollo equilibrado de los niños es la estabilidad en las expectativas emocionales y sociales, la ausencia de conflicto entre los adultos, la asunción de responsabilidades educativas por parte de éstos y la coherencia en las normas. Por el contrario, la falta de apoyo parental, la dimisión moral o de la responsabilidad son actos con graves consecuencias. Y ello 10

vale tanto para el padre como para la madre. Siendo así las cosas, en caso de separación lo mejor es garantizar la estabilidad del niño y no acercarlo al conflicto. Es mejor que tenga un solo progenitor que se ocupe realmente de él, en vez de que tenga dos que se están peleando cada dos por tres. Las principales directrices que pueden guiar la política familiar con respecto a la monoparentalidad podrían ser las siguientes. En primer lugar, cuanto mejor puedan funcionar los padres, mejor será el ajuste de sus hijos. En segundo lugar, el ajuste también será mejor dependiendo de la menor exposición de los hijos al conflicto entre los padres. Finalmente, cuanto más regularmente los niños visiten al progenitor que no tiene la custodia, mejor será su ajuste. Pero se plantea otro problema. ¿No necesita el niño dos figuras parentales, un padre y una madre, para poder asimilar los papeles masculino y femenino, sin lo cual pueden producirse trastornos en su personalidad y en el aprendizaje social? Con respecto a esto hay concepciones diferentes. Los psicoanalistas ortodoxos destacan la importancia del triángulo edípico en el proceso de maduración del niño. Por lo tanto, según esta visión es difícil que, en ausencia del padre, se pueda conseguir un resultado correcto en lo que respecta a la formación de la personalidad. Pero hay otros autores que tienen otros puntos de vista y opinan que la relación linear entre el niño y la madre o el padre es más relevante que la relación edípica triangular. Opinan que los niños y niñas aprenden su papel social y lo que la sociedad espera de ellos de múltiple fuentes y modelos y no es necesario que haya un hombre en casa para que desarrollen una identidad y personalidad sanas. Opinamos que quizá esta postura se corresponde mejor con la realidad que vivimos hoy todos y es más abierta de miras. La falta del padre o de la madre no tiene porque implicar necesariamente un trastorno de la personalidad del niño. Lo que importa es que se le proporcione un cuidado correcto y se le preste una atención adecuada. FACTORES Y CONDICIONES IMPORTANTES PARA LA COMPRENSIÓN DE LA MONOPARENTALIDAD Querríamos nombrar las condiciones que se tendrían que tener presentes para la comprensión de la situación monoparental de las familias. El resumen fundamental es que la función que define una familia como tal es la educativa, es decir, la función educativa de los hijos, el reconocimiento de la importancia de los hijos y de la existencia separada de los hijos. El reconocimiento de los derechos del niño y, por lo tanto, el reconocimiento de la importancia de la infancia, de la atención a la infancia, ha ido seguido del reconocimiento de la mujer y de la necesidad de su liberamiento como individuo dentro de la sociedad, de la igualdad de derechos. No existe un efecto de monoparentalidad. No existe un solo tipo de familia, sino una gran variedad y se deben estudiar y analizar una a una. Hay que pensar que las dificultades para llevar a cabo las funciones educativas no derivan de la monoparentalidad. Pensemos que hasta la monoparentalidad puede ser un síntoma. Por ejemplo, en los casos de viudedad, puede ser debida al hecho que la mujer rechaza la idea de reprender contacto con otras posibles parejas. Lo mismo puede suceder en los casos de separadas o de abandonadas. Todo esto repercute en la acción sobre los hijos, especialmente por la facilidad de desviación qua hay hacia la familia matriarcal. No hay que olvidar la importancia de la transitoriedad en el estado monoparental. Porque muchas veces estas familias monoparentales han podido modificar fácilmente su situación cuando a partir del crecimiento y de la educación del hijo han descubierto que el hijo está reclamando un padre y que el padre no necesariamente ha de ser una figura agresiva. Así, pues, muchas de estas situaciones se han podido modificar, cosa que les ha permitido reducir su resentimiento y que les ha hecho más accesibles a nuevos emparejamientos, en beneficio de la función familiar.

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El bienestar de los niños es inseparable del bienestar de los adultos, y, por lo tanto, se ha de prestar atención al hecho que no tan solo hay niños maltratados, sino también familias maltratadas. La necesidad de hacer un reconocimiento de la importancia de la familia es debida a la existencia de una gran presión social y política hacia su desintegración. Uno de los aspectos equívocos vendría expresado, por ejemplo, por el hecho de que actualmente se llame a las guarderías llars d'infants. La mujer como fuerza de trabajo reclama, porque las necesita, la organización de guarderías para los niños, y se recorre al eufemismo de nombrarlas llars d'infants, que es el sitio donde se debería desarrollar la educación parental. No es una crítica sino la descripción del conflicto entre las funciones que son específicas de la familia y que trata de asumir la comunidad, en vez de favorecer que la familia pueda realizar su función , es decir, que la madre pueda desarrollar su función, tanto si forma parte de una familia conyugal como de una familia monoparental. La tasa de familias con un solo progenitor va aumentando, pero también diríamos que aumenta la transitoriedad, especialmente la de las madres solteras, que tienen estadísticamente más facilidad para casarse, por ejemplo, que las viudas. Parecería que la viudedad tiene más estabilidad como familia monoparental que la condición de madre soltera. Se ha visto que al convertirse en una familia de un solo progenitor hay una correlación con una fuerza económica, ya que cuando los hombres están en el paro la proporción de separaciones es dos veces más alta que cuando esto no se produce. La disminución de la dependencia económica de las mujeres es también otro factor económico importante. En igualdad de condiciones, a medida que aumentan los ingreses de la mujer aumentan las separaciones de las parejas. Un aspecto de la aceptación de las familias con un sólo progenitor es que se ha de entender no como la falta de otro progenitor, sino como la obtención de un progenitor. La capacidad económica de las familias con un sólo progenitor es bastante pobre, la mitad más pobre que la de las familias con dos progenitores. También en las familias encabezadas por una mujer los ingreses son la mitad de las encabezadas por un hombre. Se ha valorado muy positivamente el hecho de que las mujeres solas que no tienen familia cercana ni amigos o suficiente dinero, hagan demandas activas a los servicios sociales, ya que de esta forma las mujeres se pueden promocionar laboralmente y familiarmente. CÓMO VE LA SOCIEDAD LA MONOPARENTALIDAD La utilización social de la categoría familias monoparentales se apoya en gran medida en observaciones negativas. Pese a los esfuerzos de trasladar las situaciones monoparentales desde la consideración de "desviación" a la de "variación" aquello que sostiene el uso social de esta categoría es la referencia implícita o explícita a dos series de problemas sociales que plantearía la socialización de los hijos en los grupos monoparentales. Tanto en las observaciones de uso corriente como en las eruditas, las familias monoparentales son consideradas familias con problemas: se considera que tienen problemas para subsistir y que plantean, o bien plantearan algún día, problemas a la sociedad. Parece claro que pertenecer a un hogar monoparental significa generalmente, y más aún cuando el progenitor sólo es una mujer, tener un nivel de vida inferior, inferior al de las personas de su mismo nivel, tanto las que conocía antes como las que conocería con toda probabilidad si el grupo no se hubiera convertido en monoparental. Parece igualmente claro que pertenecer a un hogar monoparental también significa ser objeto de un cierto 12

número de calificaciones sociales estigmatizantes, por lo que se refiere a los efectos económicos y educativos de la situación monoparental, y ser objeto también de procesos sociales que sitúen a los individuos en situación monoparental al margen de sus marcos sociales anteriores y hacia entornos sociales compuestos por individuos que también son objetos de procesos de estigmatización y de marginación. Los progenitores solos pueden cuidar a sus hijos de manera efectiva si la sociedad ofrece una atención adecuada a los padres y una estrategia de atención a los niños que los compense por el progenitor absente. LA INFANCIA UN DISCURSO SOCIAL Antropológicamente hablando, el concepto que se tiene de menor en una sociedad se corresponde con el nivel de desarrollo adquirido por ésta por lo que se refiere a derechos humanos y a los derechos sociales. Es por eso que podemos percibir el recorrido seguido a lo largo de la historia. Durante siglos, el menor de edad ha sido considerado propiedad exclusiva de los padres, parte integrante y subalterna de una unidad familiar totalmente dependiente del pater familiae. Los niños hasta finales del siglo pasado, habían sido vendidos, encarcelados, torturados, utilizados para tareas muy duras en las minas y las fábricas, como consecuencia del proceso de industrialización. Durante esta época, comienza a aparecer la concepción del menor como un sujeto digno de protección, hecho que representa un gran avance respecto a la situación anterior. En este hecho, no han sido ajenos los descubrimientos de las ciencias sociales, sobre todo la psicología, la pedagogía y la sociología, que han dado a conocer características del desarrollo de la personalidad del futuro adulto. Colectivamente se ha visualizado el nexo causal que existe entre el niño y el futuro adulto. Y se ha comprendido el papel que el medio y la educación juegan de cara a las conductas sociales. Pero este concepto está, a la vez, condicionado por la creciente conciencia colectiva de los derechos sociales. La ley de 1948 tiene mucho que ver con este sentido protector, impregnado de un gran intervencionismo moral, que corresponde a la época en que fue redactada esta ley que hiere nuestra sensibilidad democrática y laica. En ella, el menor es considerado un sujeto irresponsable, digno de protección material y, sobre todo, moral, con una moral entendida de acuerdo con los criterios propios del pensamiento nacional−católico. Actualmente, la legislación no ha cambiado con la misma rapidez como lo ha hecho la concepción que sobre el menor tiene la sociedad actual. Bajo varios nombres (niños y niñas, jóvenes, etc), se está difundiendo una concepción más normalizada y universal del menor. Se introduce cada vez más, lo que le hace ser considerado sujeto de pleno derecho, se acepta plenamente la idea que tiene que disponer de los mismos derechos que los adultos, y así está reconocido en la Convención de los derechos de los niños, del año 1989, como también en los resultados de la Cimera de jefes de estado. Ha sido necesario, a lo largo de 200 años y al ritmo marcado por la evolución de la propia sociedad, ir ampliando la cobertura del que, de antaño, era considerado un derecho de todo ser humano pero que, a la práctica, era sólo el derecho de algunos hombres. La explicitación de la existencia de derechos fundamentales para los menores va más allá de su papel en la vida familiar, representa una ruptura importante con la situación anterior, y es una meta histórica fundamental en la larga lucha por la ampliación de los derechos humanos en nuestra sociedad. Este es el concepto de menor en el cual basamos nuestras reflexiones y que abarca tanto los que disfrutan de una vida protegida, a los cuales garantiza el ejercicio de sus derechos básicos, como los otros, aquellos a los cuales la sociedad debe prestar una atención especial porque no disponen de los sistemas normales de protección y respeto que garantizan un adecuado desarrollo en libertad. En algunos casos, la Administración y la misma sociedad tendran que actuar indirectamente a través de la familia, la escuela, la sanidad y los servicios sociales para favorecer el ejercicio de los derechos de los niños y niñas. En otros casos, hará falta actuar directamente sobre ellos, para protegerlos y garantirles la dignidad. EL NIÑO, UN SER DEPENDIENTE

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El individuo humano es, desde el mismo momento de nacer, y quizá puede que antes, un ser social; eso significa que sus sentimientos, su inteligencia y los valores profundos que guiaran su conducta futura se forman gracias al diálogo constante que se establece entre él y el medio que le envuelve, medio que actúa a través de las personas que cuidan de él. Estas personas se encuentran profundamente condicionadas por los ámbitos en los cuales transcurre su vida y por su situación económica y social. La relación del niño con las personas que se ocupan de él es una relación cambiante con el tiempo y también respecto a los cambios que experimenta el entorno en que se produce. La relación interpersonal resulta ser muy determinante y estructurante contra más joven es el ser humano, ya que es más grande su situación de necesidad y, por lo tanto, de dependencia respecto al ambiente que lo envuelve. La vida del niño suele transcurrir en la familia, en el sí de la cual pasa sus primeros años de vida, más tarde en la escuela, después, a partir de los 11 o 12 años, participa en una vida más amplia de barrio o ciudad, y pasa, finalmente, al mundo del trabajo. Cada momento de su evolución, cada uno de los marcos en que pasa su vida, tiene su propia lógica, su manera de incidir en la vida del niño o adolescente. Pero, en todos los momentos y en los variados marcos educativos, el niño tiene que encontrar posibilidades de establecer relaciones y vínculos que le han de permitir tres cosas: una, satisfacer sus necesidades básicas, otra, aprender a respetar unas reglas de juego mínimas que le permitan la convivencia con los otros, y otra, aportar algo constructivo en el ámbito en el cual su vida se desarrolla. Si el diálogo resulta frustrante, el individuo tiene dificultades para construir adecuadamente su individualidad y no es capaz de aprovechar las aportaciones de su alrededor, la personalidad se estructura de manera deficitaria, quizá con necesidades básicas por cubrir, o con una escasa capacidad de aceptar las reglas de juego de la colectividad, de manera que va situándose cada vez más en una posición marginal. Hay sectores sociales que preocupan especialmente los casos de desprotección de niños en todas sus formas, bien porque determinadas conductas producen alarma social. En estos sectores concurren una serie de factores que afectan especialmente a los menores y a los jóvenes. Es fundamental intentar comprender el papel que cada uno de los medios en que se desarrolla la vida de los niños juega en su maduración interna y externa. Es en el marco familiar donde el niño suele pasar los primeros años de su vida. En este ámbito, las relaciones interpersonales tienen un carácter emocional y próximo. El círculo familiar está formado por pocas personas que mantienen entre sí lazos estrechos, con sus vidas mezcladas en una dinámica cuotidiana comuna, en la cual todo lo que uno de los miembros es o hace repercute de una manera directa en los otros. Son relaciones a corta distancia. La madre, o la persona que se ocupa del niño en las primeras épocas de su vida es, sin duda, de entre los miembros de la familia, quien influye de una manera más decisiva en su evolución. Des de los primeros días, las manifestaciones de necesidad del recién nacido, las expresiones de malestar, sus intentos de acción hacia el mundo exterior o hacia él mismo, encuentran una respuesta determinada en las personas que se cuidan de él. La necesidad (alimento, calor, movimiento, etc.) raramente es formulada de manera clara, por la cual cosa tiene que ser interpretada por una persona que aporta a esta interpretación un amplio bagaje de diversas procedencias, sus propias vivencias, respecto a las necesidades más vitales; toda una serie de cánones culturales que condicionaran la respuesta; y, por último, ciertas condiciones sociales y económicas que, evidentemente, las determinan. La respuesta sanciona, valora, satisface y aprueba la necesidad y sus formas de manifestarse. A los ojos del niño, la respuesta ofrece una determinada imagen de él mismo y de su conducta, que lo induce a seguir por un camino determinado. 14

Todo esto penetra en la percepción de sí mismo, y le hace abandonar conductas y manifestaciones que no le son útiles para obtener la aceptación del adulto y potencia esas conductas que lo valoran. La manera de ser de la madre o de las personas que se ocupan de él, modela al niño. Las respuestas no tienen por qué ser explícitas: la sonrisa, el tono de voz, son algunas de las numerosas vías por las cuales el niño recibe una respuesta constante a sus propias actividades y actitudes. A través de estas respuestas aprende a tratar sus propias necesidades y las de los otros, a utilizar su potencialidad, a valorar y a amoldarse a unas normas que, en los primeros años, se transmiten por canales específicamente afectivos. La noción de sí mismo que asume el niño en la vida familiar entrará en crisis cuando cambiará el marco donde transcurre su vida, precisamente cuando empiece su vida escolar. Sus relaciones con el grupo, anteriormente limitadas a un número reducido de personas, se ampliará considerablemente. El grupo con el cual debe convivir ahora es muy vasto, y las distancias entre sus miembros más grandes. Son relaciones de distancia larga. Los puntos de referencia claros y inmediatos, transmitidos hasta ese momento a través de las figuras parentales, son en la escuela, en un primer momento, confusos y, posteriormente, claramente diferentes de los familiares. Los valores que la escuela le impone ahora son otros, y se le exigen conductas nuevas, de acuerdo con las necesidades que implica la vida en común. A más, la escuela potencia en el niño aspectos de la vida social más amplios que los de la vida familiar, y su autovaloración pasará a regirse por otros criterios, de acuerdo con la valoración que el maestro y los compañeros irán haciendo de su conducta. Al empezar la escolaridad obligatoria la vida de grupo permite ya una cierta valoración menos ligada a la opinión del maestro, pero la fuerte tendencia a imitar las conductas del adulto y la de los niños entre sí no permite aún al sujeto de la educación tener criterios de valoración netamente diferentes. De hecho, es necesario esperar hasta que empiece la segunda etapa para que la vida del grupo se consolide y empiece para el niño una manera nueva y clara de ser valorado. Aún así, cabe destacar que cada escuela tiene sus características propias. Contra más autoritario es un sistema, contra más depende del poder del adulto, mayor es el peso de su manera de considerar al niño sobre el conjunto de la dinámica escolar. Contra más potencie el maestro la vida de grupo, más valorado podrá ser cada niño. De manera contraria, contra más uniformes sean las conductas exigidas, más estrecha será su valoración. LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA INFANCIA Hoy la infancia es objeto de diversos debates. Hay quien habla de su desaparición y hay quien sostiene que se encuentra en un momento de expansión. Quizá más que de la desaparición de la infancia hay que hablar de la desaparición de la concepción moderna de infancia. Los nuevos modelos convivenciales, la generalización de la entrada de la mujer en el mundo laboral y los cambios que ha producido la revolución y la expansión en el campo de las tecnologías repercuten en el campo de la infancia.

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La modernidad define una niñez indefensa, que debe aprender y ser educada y para la cual se destinan dos instituciones: la familia y la escuela. La infancia, pues, se ha institucionalizado. En medio de la posmodernidad esta definición no tiene vigencia. Ahora tratamos al niño como un adulto, consideramos que éste es un sujeto de derechos por encima de todo. Hoy en día, se somete a la infancia a una escolaridad que se prolonga y prolonga en nombre de las necesidades de los niños. La escuela es cada vez menos patrimonio de la infancia. Hoy es imposible dejar de aprender a lo largo de la vida, debido sobre todo a los cambios que provocan la ciencia y la tecnología. Es por este motivo que hablamos de educación permanente, es una educación a lo largo de la vida. Quizá sería mejor que hubiera diferentes itinerarios y que fueran los propios niños los que eligieran el itinerario que más les convenciera. Poder elegir sus intereses, sus ritmos, sus tiempos, al contrario de lo que sucede hoy: es el sistema educativo el que fija los intereses, tiempos y ritmos. Quizá el niño, debería escoger entre diferentes ofertas, aquella que satisfaciera mejor sus intereses. Pensamos, que sería maravilloso, que los niños pudieran escoger el itinerario que mejor se adecuara a sus intereses. Si, por ejemplo, me quiero dedicar a la música, ¿por qué no empezar ya des de pequeño a perfilar ese camino con la creación de nuevos itinerarios que conducieran a un futuro profesional posible? No decimos que no sea necesaria una cierta homogenización educacional y que todos los niños aprendan a leer y a escribir y a contar, pero creemos que sería interesante que la escuela diera cabida, cediera espacio y tiempo a otras propuestas como la música, el arte, la danza... Pasemos a hablar ahora de la familia que también, al igual que la escuela, ha institucionado la infancia. La familia ha sufrido importantes cambios de estructura y de funciones que producen consecuencias. En primer lugar, el debilitamiento de la función paterna, cuyo lugar como principal sustentador ha quedado en entredicho. También la entrada en el mundo laboral de las mujeres de forma generalizada cuestiona el lugar del padre como sustentador principal a través de su salario. LA DESPROTECCIÓN DE LA INFANCIA Hemos pasado de un modelo de educación represivo a uno de permisivo. Las relaciones entre adultos y niños se inscriben en un contexto de organización en función de lo que se define como las necesidades del niño. Podemos hablar, hoy, de la infantilización del adulto ya que ha renunciado al ejercicio de la autoridad, que no remite al autoritarismo sino a la responsabilidad. Creemos importante marcar unas pautas a los niños. Deben ocupar el lugar que les corresponde y no permitir que vayan haciendo llegando, de este modo, a la permisividad y en consecuencia al abandono de la autoridad y de la responsabilidad que como adultos deben asumir. Los adultos están menos presentes y de este modo dejan desprotegida a la infancia. La infantilización del adulto lleva consigo la adultización del niño. Éste accede, en igualdad de condiciones que el adulto, a determinados circuitos de ocio y información. El niño es un adulto en pequeño. Debemos asumir el forjamiento de lo humano en el niño, es decir debemos forjar el ejercicio de la violencia simbólica, como Hegel dijo, como adultos que somos. La educación necesita de una posición de autoridad. Observamos una paradoja: por un lado, hay una desresponsabilización de los adultos en cuanto al lugar de autoridad a ocupar, y por otro lado, hay una expansión de los deberes de los adultos respecto a los niños.

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Quizá sea ya hora de empezar a trabajar y a proponer nuevos modelos de relación con los niños donde prima la responsabilidad del adulto. Una responsabilidad que tenga en cuenta los cambios sociales, económicos y culturales, que son los que han propiciado una nueva categoría de infancia. Hay que tener en cuenta otra cuestión. Actualmente tendemos a dejarnos llevar por una serie de estereotipos relacionados con la infancia que nos impiden trabajar correctamente. Tendemos a adjetivar a los niños, los clasificamos sin pensar de qué manera los estamos estigmatizando. Hablamos de los niños violentos, de los niños maltratados, de los niños inmigrantes (ahora ya de los MEINA (Menores Extranjeros Indocumentados No Acompañados)), de los niños conflictivos, etc. De este modo lo único que hacemos es estigmatizarlos y mostrar nuestros prejuicios. Ciertamente hacemos un juicio previo y con nuestras valoraciones les perfilamos un futuro. Con los prejuicios se pone un muro de contención al sujeto, no se espera nada de él. Y si no se espera nada de él, como agente de la educación, te estás limitando a educar porque piensas: para qué educar si acabará mal y no será nada en la vida. Hasta el mismo presidente de la DGAIA (Dirección General para la Atención de la Infancia y la Adolescencia) en un encuentro con educadores sociales mostró sus prejuicios cuando constató que casi el 98% de niños que viven en CRAE's tienen fracaso escolar. Ante la pregunta de qué pensaban hacer para poner remedio a esta situación, respondió que nada porque pobrecitos con lo que han pasado no podrán aprobar. Pensar esto es grave si es un educador social quien lo piensa, pero más grave resulta que estas palabras salgan de la boca del presidente de la DGAIA. Si pensamos esto vale más que como dice el refrán apaguemos y nos vayamos. No podemos saber si ese niño continuará padeciendo un fracaso escolar o, si al final, logrará aprobar y resultar con los años un excelente abogado, médico o arquitecto. Esa es la magia de la educación. Se trata de algo efímero que marca al sujeto pero no sabemos cuando ese acto maravilloso va a suceder. Es algo no previsible y por tanto algo no evaluable: no sabemos qué, cómo y cuándo acontecerá. Lo único que podemos hacer es transmitir bienes culturales y confiar que algo de lo transmitido quedará en el sujeto. Debemos, por lo tanto, confiar en el sujeto, apostar por él y no dejarnos llevar por prejuicios que no hacen más que estigmatizar al sujeto. No debemos perfilar el futuro del niño porque como ya hemos dicho no sabemos qué ocurrirá, qué acontecerá de todo lo transmitido en él y que no. Olvidemos pues todos los argumentos pestalozzianos y dejemos de educar al pobre para pobre, al fracasado para fracasado, etc. y apostemos fuerte por el sujeto de la educación. De no ser así, caeríamos en el gran error de la Educación Social: no permitir que nadie se mueva del lugar que le ha tocado vivir y de este modo quedaría borrada, olvidada la cuestión educativa. ANÁLISIS DE PELÍCULAS A continuación, hemos analizado una serie de filmes que se pueden relacionar directa o indirectamente con el tema de la familia y en las cuales podemos encontrar diferentes ejemplos para ilustrar lo dicho hasta ahora y veremos así, que en nuestra sociedad aún existen tipos de familia característicos de tiempos pasados. Cada película consta