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La Relación Maestro-Alumno

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Categoría: Temas Variados

Enviado por: monto2435 23 abril 2011

Palabras: 3775 | Páginas: 16

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ndizaje, y la forma en que generalmente se vivencian las relaciones entre maestros y alumnos al interior del mismo, como espacio de encuentro entre sujetos, entre individuos que asumen su participación en un espacio específico de actuación, para transformarlo, en aras de la conformación de un espacio humanizado, en donde el contenido, el saber y el conocimiento adquieran el carácter de medios para la comprensión del mundo. En este sentido, el profesor requiere ver en el alumno a un otro como sujeto. De la misma manera el alumno requiere reconocer en el profesor a un otro como sujeto.

De ahí que entre profesor y alumno tenga que generarse tal reconocimiento, pues de lo contrario ¿cómo suponer la asunción del compromiso que el proceso educativo implica?

En este sentido es importante saber que el verdadero conocimiento y la comprensión del mundo sólo pueden lograrse realmente en el intercambio intersubjetivo. Como bien apunta Savater: “Nuestro maestro no es el mundo, las cosas, los sucesos naturales, ni siquiera ese conjunto de técnicas y rituales que llamamos “cultura” sino la vinculación intersubjetiva con otras conciencias”. De ahí que tengamos que romper la idea “clásica” de la enseñanza como lugar de adquisición de conocimientos entre alguien que sabe (el profesor) y quien ignora (el alumno) en el entendido de que no hay ignorantes absolutos, para concebir el proceso enseñanza-aprendizaje como lugar de encuentro entre sujetos con características propias, y que se manifiestan en deseos, valores, etc. Es claro que el alumno asiste a la escuela para aprender aquello que ignora, pero lo hace desde referentes culturales específicos, con un lenguaje determinado, luego entonces se trata de permitir el diálogo entre subjetividades. (Educación, ética y democracia, Ernesto Rodríguez Moncada, consultado en http://www.oei.es/valores2/rodriguez.htm, el 5 de abril del 2010).

Es también importante saber que el reconocimiento del otro no se da en abstracto, sino en circunstancias concretas de actuación social, en espacios específicos en donde los individuos se hayan insertos, y en donde a partir de su asunción como sujetos pueden permitirse la transformación de las relaciones que en dichos espacios imperan: porque el alumno y el profesor son personas concretas que viven las distintas problemáticas de la sociedad desde su situación específica en un espacio determinado. Pero además porque cuando hablamos de profesor y alumno, con esa “neutralidad” terminológica asexuada, conformamos una división que distingue y clasifica a dos grandes grupos humanos, generando con ello distinciones que tienden a negar el ser humano del otro, es decir; se ubica a cada uno como alumno o profesor, con todo lo que ello implica, en el cumplimiento de roles determinados de antemano, para el cumplimiento de una función determinada, de la cual no puede salirse.

La transformación de la relación profesor-alumno durante el proceso enseñanza-aprendizaje, requiere ser transformada en una relación pedagógica entre profesor/persona(sujeto)-alumno/persona(sujeto), para posibilitar de aceptación del papel activo de cada quién, pero ello no supone esperar a que la institución escuela permita o dictamine que las relaciones van a cambiar, sino a que, al momento de reconocer la necesidad de la transformación, profesores y alumnos la llevan a cabo durante los momentos que cotidianamente comparten, posibilitándose mutuamente opciones; respeto mutuo, por el propio saber y el desconocimiento, reconocimiento de la creatividad que ambos manifiestan, reconocimiento de los errores que ambos cometen, en tanto la concepción del mundo desde la cual parten no puede ser totalizadora ni completa.

Se considera alarmante resultados de investigaciones que arrojan como los profesores tienden a actuar represivamente contra aquellos alumnos que les han evaluado mal, o bien, que justifican los resultados de su evaluación aludiendo a la “subjetividad” de los alumnos, poniendo énfasis en el sentido peyorativo del término; “me evaluaron mal porque exigí”, “no son capaces de evaluar objetivamente”, “no saben lo que quieren”, etc. Son expresiones comunes entre los profesores en los pasillos y espacios docentes. Y más preocupante aún, es el hecho de referirse a los alumnos con calificativos negativos: “son unos flojos”, “no quieren leer”, “son apáticos”, “nada les interesa”. (Educación, ética y democracia, Ernesto Rodríguez Moncada, consultado en http://www.oei.es/valores2/rodriguez.htm, el 5 de abril del 2010).

Tomando como referencia el trabajo de Eiby Mérida Alonso y Emilio Ortiz Torres sobre la influencia de la percepción social en las relaciones profesor-alumno se puede decir que una relación profesor-alumno, que no esté basada en los principios de la moral, en una ética pedagógica, no podrá contribuir al desarrollo del alumno así como del maestro. Según estos autores los cambios operados en nuestro subsistema a partir del triunfo de la Revolución, se han reflejado, entre otros factores, en nuevas concepciones de la relación del profesor con sus alumnos. "El viejo estilo de relaciones alumno-profesor, no posibilitaba enseñar a estudiar, a pensar, a investigar'".

En el estudio de estos autores se parte del enfoque comunicativo; teniendo en cuenta que las relaciones interpersonales son, ante todo, un proceso de comunicación.

Para abordar esta problemática que es la relación maestro-alumno se parte del enfoque comunicativo dado que en la comunicación se expresan las relaciones interpersonales como fenómeno condicionado por factores sociales y psicológicos, en los que se establecen vínculos directos en la vida real de los individuos.

Existen autores que consideran la comunicación como personificación de las relaciones sociales, como un proceso bilateral de información e interacción.

En la relación alumno-profesor se produce una interactividad, mutualidad y en ella se incluye la actividad como fenómeno de importancia, pues la comunicación se produce aquí dentro de la actividad conjunta así como en otras situaciones y actividades en las que llega a convertirse en un fin en sí misma.

Es posible que profesores y alumnos no utilicen todas las dimensiones referidas por estos autores que son: la función psicosomática, la funcional, la socio-psicológica, y la espiritual. A partir de estos elementos podría clasificarse el nivel en que se encuentran las relaciones entre ambos, puesto que partimos de que mientras más dimensiones utilicen en la comunicación, más intensa es la relación entre ellos y, por tanto, mayor influencia habrá sobre la personalidad de los alumnos.

Al comunicarse con otras personas y realizar una actividad conjunta, el individuo adquiere propiedades nuevas, de ahí la gran repercusión educativa que tiene la relación alumno-profesor, pues contribuye al desarrollo de la personalidad del educando.

Al estudiar la relación profesor-alumno, se hace necesaria conocer cómo se perciben mutuamente si existe identificación o empatía, o ambas cosas, y comparar éstos con las imágenes que tienen ambos de si, pues la imagen humana que surge de la comprensión mutua, de la reflexión y de la percepción interpersonal, refleja aquellas representaciones que los hombres se forman de sí y de otros. Las imágenes que tienen los profesores y alumnos entre si y de sí, condicionan sus relaciones interpersonales en las diferentes actividades en las que participan y en su comunicación.

La comunicación profesor-alumno tiene tanta repercusión educativa que algunos investigadores consideran al profesor con mayor influencia educativa en los rasgos de la personalidad del estudiante, que sus propios padres.

Las diferentes investigaciones realizadas en el ámbito de la educación han demostrado que el trabajo del pedagogo depende, en gran parte, de las relaciones que se establezcan con sus alumnos, problema ampliamente abordado por los pedagogos N.Krupskaia, A.S.Makarenko, A.Kalinin y otros.

En el proceso enseñanza- aprendizaje inciden múltiples factores para el éxito o fracaso del mismo que determinarán la calidad de los resultados.

En la interacción del proceso participan el maestro y el alumno, quienes de acuerdo a sus expectativas hacia el aprendizaje desarrollarán una buena relación o no. El maestro como líder de su clase, coordinador de las actividades del aprendizaje, propiciará que el alumno pueda adquirir sentimientos de superación, de valor personal, de estimación, un concepto de sí mismo o todo lo contrario, sentimientos de minusvalía, de frustración, apatía e inadecuación.

Los maestros como parte esencial de la relación educativa están obligados a promover un ambiente óptimo para que se generen buenas relaciones maestro-alumno basadas en la confianza y respeto mutuos. Como se puede observar la actitud y trato del maestro es esencial para la construcción de una sana relación educativa entre maestro-alumno.

Es conveniente que los maestros estén atentos para evitar homogeneizar y estandarizar a los alumnos, ya que pueden con su trato y actitudes, desindividualizarlos y entonces conducirse como si estuvieran frente a objetos y no a sujetos.

No puede darse auténtica acción educativa sin el binomio maestro-alumno, precisamente porque al educar se da una relación intrapersonal e interpersonal. Intrapersonal porque el proceso educativo debe originarse y desarrollarse desde dentro de las personas. Interpersonal porque el objetivo de la misma es la interacción de las personas.

“El genuino educador es aquel que provoca crecimiento, porque es capaz de ver, de descubrir y valorar la potencialidad que se encuentra en la interioridad del educando.”

Se plantea en algunos escritos que el trato del profesor hacia sus alumnos ha ido cambiando de acuerdo a como ha avanzado el tiempo, años atrás el profesor solo se dedicaba a entregar conocimientos de la forma que fuese necesaria, llegando al grado de recurrir a los golpes cuando el creía que la situación así lo ameritaba. Esto provocó un temor en los alumnos y una inseguridad en sí mismos. En la actualidad la educación entregada por los profesores es diferente a la mencionada anteriormente, ya que el profesor trata de realizar su labor de la mejor forma posible, teniendo un buen conocimiento de lo que va a enseñar a sus alumnos; manteniendo un trato adecuado con cada uno de ellos, siendo cortés, nunca descalificando a un estudiante, sino por el contrario ayudándolo a corregir su error; mantiene cierto sentido del humor sin que por ello necesariamente se pierda el grado de respeto existente entre ambos ; teniendo un criterio pedagógico, para así saber cuando corregir, felicitar o ayudar a uno de ellos; entregando no solo conocimientos sino también valores.

Estas actitudes del profesor traen consigo en el alumno un sentimiento de seguridad y tranquilidad, lo que permite que éste se sienta capacitado para dar su opinión, emitir juicio sobre un tema determinado sin temor a las burlas.

Para reflexionar sobre que tan importante es el profesor en la vida de un alumno, hay que tener en cuenta que la labor del profesor va más allá de solo entregar conocimientos, de saber bien las asignaturas y de impartir clases, tiene que ver también con que el profesor quiera a sus alumnos y ame su profesión, ya que esto permite mantener un grado de confianza entre ambos, es necesario sentir que el profesor también es un amigo que puede enseñar con amor, debido a que con este sentimiento cada uno entregará lo mejor de sí para hacer del aprendizaje un momento grato y no una tortura tanto para el profesor como para el alumno.

En el artículo sobre la mala relación profesor-alumnos escrito por Luis Osma (2010) podemos encontrar que uno de los problemas con los que se enfrenta un alumno a diario es el temor a un profesor muy autoritario. También opina que si no existe una gran diferencia de edad entre el profesor y sus alumnos puede darse una mejor relación porque el maestro puede comprender mejor a los estudiantes, y a estos les resultan les resultan menos autoritarios los maestros. Además plantea que en ocasiones los niños pueden transferir problemas familiares a su percepción del maestro.

Muchos especialistas coinciden en subrayar la evolución que han sufrido las relaciones alumno-maestro en el aula en los últimos años. Donde algunos de ellos consideran que en la actualidad los profesores ya no son la única forma que tienen los estudiantes de recibir la información; sino que pueden acceder a ella a través de la televisión, Internet y la prensa, entre otros medios.

Una mala relación entre el profesor y sus alumnos afecta a todas las partes implicadas. Incluso se dice que puede llegar a ser causa de depresión y ansiedad en los estudiantes, lo que tendría como consecuencia un descenso en su rendimiento académico. "Sólo se puede aprender de alguien en quien se confía que puede enseñarnos algo".

Una mala relación entre un profesor y un estudiante también afecta a los compañeros del aula. Si el alumno tiene una gran capacidad de liderazgo, los demás escolares también cogerán antipatía al profesor. Si, en cambio, es poco popular, los otros se volverán en su contra.

La profesionalidad exige que los educadores traten a todos sus alumnos por igual, aunque algunos investigadores reconocen que es inevitable que haya alumnos con los que se establezca una mejor relación que con otros, puesto que, los profesores son personas y pueden sentir mayor afinidad hacia ciertos alumnos.

En la tesis consultada (L. Suárez, 2007) se hace referencia ha como se ha ido devaluando al maestro, a la pérdida de valor social que este ha sufrido, haciendo referencia a la consecuencia directa del hecho de considerar al maestro como menos de lo que es o de lo que pudiera ser, lo cual especifican G. Fariñas y N. de la Torre en una investigación dedicada al desarrollo cultural del maestro. Luego la consecuencia o fin último es el didactismo.

Denominando didactismoa “la hiperbolización de los procedimientos didácticos y de control sobre el comportamiento y desarrollo de los estudiantes. Asumiendo que un maestro didactista es para nosotros, aquel que se fija y pondera sobre todo, los aspectos formales del proceso educativo por considerarlos decisivos para el control del comportamiento de los estudiantes y para su aprendizaje”.

Las autoras señalan también las principales manifestaciones del didactimo, entre las que se encuentran: la posición de poder detrás de la que se esconde el maestro para defenderse de la incertidumbre que le provoca un acercamiento al estudiante, las posiciones simplificadoras, minimizar o anular el carácter activo del estudiante en su aprendizaje, la inflexibilidad ante la diversidad y en oposición el predominio de la enseñanza rígida, así como el temor a la ambigüedad entre otras expresiones.

En una de las tesis consultadas (Y. Cifuentes, 2003) se hace referencia a las características y actitudes que deben predominar en un maestro para que exista una buena relación maestro-alumno. Donde se expresa que el maestro debe ser imparcial con todos los alumnos ya que esto le va a evitar preferencias por algunos, debe saber llevar al grupo, debe ser siempre amable, educado, evitar desesperarse, debe ser calmado, debe tratar de conocer y dialogar constantemente con sus alumnos.

El alumno puede mejorar los niveles de comunicación y por tanto de comprensión cuando se comunica, pidiendo aclaración sobre algo que no comprendió o sobre lo cual desea conocer con mayor profundidad, en este sentido el maestro debe convertirse en un experto en relaciones humanas y escuchar con atención a sus alumnos; no solo los temas de las asignaturas, también todas aquellas inquietudes, problemas o comentarios que el alumno quiera hacer.

La relación en el aula depende tanto del maestro como del alumno, ya que ambos deben estar dispuestos a escuchar, a dialogar, a intercambiar experiencias, a llevar a cabo juntos el contenido que el maestro quiere impartir.

Cooll, C (1996) nos dice: “el educador, padre, maestro, compañero, tiene la iniciativa de la relación, desde la acogida, la aceptación de sus alumnos hasta el cultivo de la amistad o relación profesional.”

El maestro como dinamizador del proceso de la comunicación debe llenar de intencionalidad, significado y trascendencia sus interacciones, debe sentirse como fuente de estímulo, y provocaciones, saber buscar el momento, el tono, el contenido de su relación para así facilitar más el proceso enseñanza-aprendizaje.

En investigaciones realizadas se ha encontrado que para los alumnos el tiempo es muy corto para responder, que las respuestas de los alumnos tienden a ser quebrantadas, expresando debido a esto ideas incompletas; que los alumnos necesitan más tiempo para pensar, y un ambiente grato en el cual pueda especular; y además se encontró que los resultados a los que pueden llegar los alumnos en el proceso enseñanza-aprendizaje son muchas veces manipulados por el maestro. De ahí que el maestro puede limitar al alumno impidiendo que desarrolle sus habilidades, y no tienen en cuenta en muchos casos la rapidez con que estos pueden captar y dar un concepto.

Por lo general el maestro debe tener un buen vocabulario, amplio además, debe vestir adecuadamente, y crear un ambiente positivo en el aula, de esta forma la comunicación va a ser buena, ya que esto hace que el alumno se sienta bien, que perciba que su maestro siente agrado al estar con ellos, de igual manera debe reunir todo tipo de estrategias que contribuyan al mejoramiento del aprendizaje, siempre dando participación a los alumnos para el logro de un exitoso proceso enseñanza-aprendizaje.

El maestro siempre debe estar dispuesto al diálogo, debe aceptar que él también puede equivocarse y admitirlo si es necesario delante de sus alumnos, esto les dará más confianza a ellos. No debe ser jamás un dictador por el contrario destacarse por ser un mediador, despertar confianza en sus alumnos, nunca ridiculizarlos por ningún motivo, ya que esto pudiera provocar el rechazo hacia el maestro.

El maestro debe ser una persona optimista, no pesimista, y como plantean algunos autores les tocó a los maestros malos tiempos en que vivir, en efecto aún cuando ningún maestro tenga condiciones completamente favorables, y exista la violencia, la discriminación, la injusticia, y el autoritarismo, nunca ha sido sencillo ser maestro, y tomar decisiones acerca de lo malo o lo bueno, lo permitido y lo prohibido. Lo importante es estar comprometido con la profesión, con ser un maestro, e interesarse en el bienestar de los alumnos, dejar de un lado el egocentrismo y buscar como cambiar cualquier dificultad a través del diálogo, de la comprensión y la estimulación hacia los alumnos, así como enseñar al alumno a valorar lo que su maestro hace por él, simplemente por el beneficio y la satisfacción de haber educado y formado verdaderos hombres abiertos al cambio, a la tolerancia y la comprensión, y todo por saber manejar un desarrollador proceso de enseñanza-aprendizaje.

La relación de comunicación entre maestro y alumnos tiene dos funciones fundamentales, una recibir, conservar y reproducir una información de su entorno social, escolar y familiar; y la otra tiene que ver con el acto de relacionarse el profesor con los alumnos, en esta relación entra en juego las habilidades comunicativas del profesor, sus actitudes, su nivel de conocimiento y su pertenencia en determinado contexto socio-cultural. El alumno por lo general reconoce fácilmente cuando es apreciado, aceptado por el profesor, ello le da seguridad en el aprendizaje que necesita adquirir.

La forma como se comunican los alumnos entre sí y con el maestro tiene un impacto significativo en la dinámica del grupo. De hecho el instrumento principal de las relaciones interpersonales es la comunicación, por lo tanto bajo cualquier estructura social en el aula los maestros deben aceptar y fomentar las ideas de los alumnos.

Teniendo en cuenta a Piaget cuando comenta cómo la interacción social es uno de los factores que promueven el crecimiento cognoscitivo, debe fomentarse la interacción social como parte fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje de ahí la importancia de la relación maestro-alumno, de promover la participación, de estimular el diálogo, de hacer una clase de todos y no del profesor hacia sus alumnos los cuales se tornarían oyentes pasivos.

Paulo Freire sustenta su concepción y práctica educativa sobre la base del establecimiento de relaciones comunicativas entre los participantes del proceso educativo. La dialogicidad de la educación que propone no se refiere solo a los métodos de enseñanza-aprendizaje, sino que se inicia cuando el profesor empieza a pensar en aquellos contenidos sobre los cuales va a conversar con sus alumnos.

Es así que la educación como proceso comunicativo, como diálogo entre maestro y alumno supone no solo cambios en el aspecto cognitivo sino que también influye en su formación como ser social, el cual debe saber que las buenas relaciones son las que lo llevan a dar grandes soluciones.

Para que exista una buena relación maestro-alumno es necesario que el maestro conozca bien a sus alumnos, incluso que aprenda bien sus nombres y los llame por estos; que con frecuencia alabe sus triunfos, que acepte sus errores sin autosuficiencia, que planifique junto a sus alumnos y les permita la participación en actividades tanto escolares como extraescolares, que ayude a los alumnos en la búsqueda de soluciones a sus problemas personales, que por lo general se manifieste alegre y entusiasta con ellos, un buen maestro debe poseer cualidades que le hagan ganar el respeto y la confianza de sus alumnos para de esta manera desarrollar, aumentar la calidad de la relación maestro-alumno en el aula escolar.