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La Teoría Socio-Cognitiva Y Su Propuesta De Autorregulación

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Categoría: Psicología

Enviado por: tolero 15 junio 2011

Palabras: 5325 | Páginas: 22

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ios que nos permiten jerarquizar valores y hasta cierto punto mantienen la armonía de una comunidad, pero ¿cómo es que el hombre aprende dichos imaginarios? Consideremos como punto de partida los tres aspectos que conforman al actor social, el apartado biológico, el apartado psicológico y el apartado sociológico; sin ninguno de los anteriores el actor social no podría denominarse ser racional (Carrera, 2001, p. 43).

Desde esta perspectiva de la educación, podemos asumir que no es suficiente desarrollar las conductas individuales del ser humano y sus respuestas inmediatas ante los sucesos (Conductismo); se requiere ubicar al hombre como un ser social por naturaleza, que enriquece sus procesos individuales a partir de su experiencia con los otros; para dar respuesta a esta inquietud de integrar en los procesos de enseñanza- aprendizaje el ambiente (con todas sus características) o contexto, donde el individuo se desarrolla, surgen propuestas como la teoría socio-cognitiva, objeto de este trabajo.

Revisamos ya las teorías conductistas y sus aplicaciones; los teóricos socio-cognitivos dan el siguiente paso retomando algunos principios del condicionamiento, pero enriqueciendo su propuesta con algunas ideas fundamentales que acertadamente comenta Rivieré (1994, p 21): “La propuesta de Bandura parte de la premisa de que las personas no solo aprenden de lo que hacen de forma efectiva, sino también de lo que observan hacer a los demás; se cree que los alumnos están por si mismos motivados, tienen expectativas y se proporcionan autorrefuerzos es por esto que aprenden más allá de las sanciones externas impuestas por otros. Así el alumno tiene cierta responsabilidad sobre su propio proceso educativo; promueve el reconocimiento de los sistemas de autorregulación del individuo en los procesos educativos”.

El trabajo principal de Bandura es una propuesta teórica de carácter descriptivo, que presenta un gran esquema donde se explican los factores tanto internos como externos que determinan la conducta humana; se queda en ese nivel de descripción sin dar cuenta de los procesos o mecanismos concretos a través de los cuales se ejerce la influencia de dichos factores en la conducta.

En la propuesta de aprendizaje social, se reconoce que existe una relación recíproca entre el ambiente, la conducta y los factores personales, para que se de el proceso de enseñanza aprendizaje, en este sentido recuperan elementos que las propuestas tradicionales en el ámbito de la instrucción dejaron de lado.

Respecto a los factores personales, Bandura (1969) reconoce que dentro del proceso de aprendizaje existen cinco capacidades fundamentales para generar los procesos de autodirección, dentro de las cuales: la capacidad de prevención ( poder anticipar consecuencias), la capacidad autorreguladora, el establecer sus expectativas y la capacidad de autorreflexión (capacidad de pensar en si mismos), constituyen la esencia de la personalidad del individuo; junto a éstas se encuentran las capacidades complementarias que son: la capacidad simbolizadora (representar en forma figurada el conocimiento) y la capacidad vicaria (aprender habilidades, conocimiento o afectos por observación y modelado); todas y cada una de ellas se encuentran interrelacionadas y son esenciales para que el aprendizaje social-cognitivo tenga lugar.

El presente trabajo se enfoca en desarrollar concretamente el asunto de la capacidad de autorregulación desde su concepción hasta su aplicación en contextos específicos y la reflexión sobre los aportes de experiencias que se basan en este concepto fundamental de la teoría socio cognitiva del aprendizaje.

1. El concepto de autorregulación en la teoría socio-cognitiva

Para Bandura (1969) la autorregulación es el control que tiene una persona sobre su propio comportamiento, lo que le permite evaluar constantemente sus acciones y con ello, alcanzar sus metas.

Bandura (1969) reconoce que las conductas están reguladas en principio por las recompensas o consecuencias que se obtienen por las mismas, el ser humano va aprendiendo a predecir el tipo de consecuencia que puede tener ante determinada conducta; estos principios se retoman directamente de la teoría de Skinner de condicionamiento operante; sin embargo tanto Skinner como Bandura, parten de una idea diferente en lo que se refiere a los procesos motivacionales y la naturaleza de los motivadores. Comenta Rivieré: "Para Bandura (1994, p.76) las consecuencias de la conducta influyen sobre ella, en gran medida por su valor informativo e incentivo, es decir de previsión; y no como fortalecedores automáticos de las respuestas, según planteamiento de Skinner".

Según Bandura (1969) la autorregulación tiene tres pasos: el primero es la autoobservación, con lo que se refiere al conocimiento que tiene la persona de sí misma, de su conducta, de cómo actúa y de cómo reacciona ante determinadas situaciones. El segundo paso es la comparación, denotando con ello el cotejo que hace la persona de su comportamiento contra un estándar observado, es decir contra el comportamiento que observa que hacen otras personas y que le sirve de referencia. El tercer paso es la autorrespuesta, o sea la respuesta que se produce cuando la persona después de hacer la comparación se autorrecompensa o autocastiga, dependiendo de si considera mejor o peor su conducta en comparación con otras conductas observadas.

Las personas más adecuadas para servir como modelos reales o simbólicos para los demás tienden a poseer alguna de las siguientes características: a) el modelo es competente, b) el modelo tiene prestigio y poder, c) el modelo se comporta de una manera estereotipada de acuerdo a su sexo y d) la conducta del modelo resulta relevante para la situación del observador (Ormrod, 2005, p.160).

Las conductas autorregulas (establecidas por la propia persona) tienden a mantenerse más que las reguladas desde instancias externas ya que "los cambios personales conseguidos por el propio esfuerzo además incrementan la percepción de capacidad personal de control sobre el medio" (Rivieré, 1994, p.78). Solo falta mencionar la importancia de los procesos reflexivos y de toma de conciencia del individuo en su proceso de aprendizaje.

Otros autores como Rothbart (1981), consideran que desde una perspectiva psicobiológica se define el temperamento como las diferencias individuales en reactividad (las respuestas de los sistemas emocional y de activación) y autorregulación (los procesos como la aproximación, la evitación y la atención) con una base constitucional e influidas a los largo del tiempo por la herencia, la maduración y la experiencia. La autorregulación se relaciona con los cambios cualitativos en los mecanismos de control de la conducta en cada etapa evolutiva del individuo, aplicable tanto a los niños, como a los procesos de los adultos en formación.

De aquí se deriva una implicación educativa importante: debe ser objetivo de la educación, desarrollar en los alumnos y enseñar las habilidades que se requieren para adquirir la capacidad de observar su propia conducta y sus resultados de manera realista, aprender a establecer criterios y metas explícitas alcanzables y por último construir el empleo eficaz de procedimientos de autorrecompensa.

El proceso de autorregulación en la educación abre las puertas a la concepción de un alumno activo, emprendedor y verdadero protagonista de su aprendizaje.

El aprendizaje como producto de la autorregulación puede entenderse como un proceso no terminado que se basa en la posibilidad cognitiva permanente que requiere: aprender a aprender, aprender a reaprender, aprender a desaprender. Aprender, reaprender y desaprender, con independencia y autonomía. (Pereira, 2008)

Block (2001), citado por González (2001). Considera que la autorregulación se relaciona con la capacidad de prestar atención por parte de los individuos, sobre todo los niños, en los procesos de aprendizaje. Para este autor los individuos pueden modificar su conducta en virtud de las demandas de situaciones específicas.

Por otra parte Woolfolk (1997) manifiesta que la autorregulación en el campo educativo permite el aprendizaje independiente a lo largo de la vida. Para el logro de la autorregulación se requiere la conjunción de habilidades de aprendizaje académicas y el desarrollo de técnicas de autocontrol que facilitan la adquisición permanente de aprendizaje. Según esta autora a través de la autorregulación se consigue un aprendizaje efectivo que implica combinar factores como el conocimiento, la motivación y la autodisciplina. El conocimiento incluye la comprensión de sí mismo, del entorno y de lo que se desea aprender. La motivación tiene que ver con la valoración que hace el individuo acerca de la importancia que representa para él lo que aprende y el estímulo que simboliza la consecución de ese aprendizaje. La autodisciplina, también llamada por la autora volición, se refiere a la voluntad de mantener un esfuerzo continuo y concentrado, es decir evitando cualquier distracción, en lo que se desea aprender o en la meta que se pretende alcanzar.

Los aspectos anteriores se pueden ubicar en las diferentes etapas evolutivas del ser humano; sin embargo cuando se trata de los procesos en los adultos se conjuntan algunos elementos que favorecen la autorregulación. Según Pereira (2008) la concepción de un proceso de autorregulación en el aprendizaje de un individuo, tiene que ver con reconocer en él la capacidad de tomar las riendas de ese ser que representa; es decir, reconocerlo capaz de asumir la responsabilidad para consigo mismo, para con los otros, para con el todo del vivir y existir, respetando el proceso que lo revela como un ente, que es por naturaleza propia, único e irrepetible.

Un individuo autorregulado es capaz de llevar a cabo actividades concretas como: planificar su actuación, observarla ayudándose si es necesario con alguna modalidad de registro de conducta; formular o asumir metas concretas, próximas y realistas, y evaluar según criterios establecidos su eficacia para conseguir las metas; reestructura su actuar dependiendo del grado de ajuste entre las metas propuestas y la actuación real. El proceso de autorregulación en la educación abre las puertas a la concepción de un alumno activo, emprendedor y verdadero protagonista de su aprendizaje.

La teoría cognitiva social, nos ofrece un marco para explicar las influencias que puede tener en el desarrollo humano las nuevas tecnologías de la comunicación, al presentar modelos cada vez mas diversos y lejanos del contexto espacial y temporal inmediato de las personas, comenta Rivieré (1994, p 78) "estos medios inducen experiencias vicarias a través de modelos que van mucho más allá de los proporcionados directamente por la familia y la escuela".

El reto es aprovechar este potencial y establecer proyectos que realmente favorezcan este intercambio y aprendizaje entre los seres humanos a través del uso de diversas tecnologías.

2. Fomento de la autorregulación en los alumnos de diferentes niveles en la educación formal

Thompson (1994) citado por González (2001) al describir los diferentes dominios de la regulación emocional, incluyó procesos de atención junto con las características de los estímulos que producen activación emocional. Este autor define la autorregulación como la capacidad de los individuos para modificar su conducta en virtud de las demandas de situaciones específicas. Estudios recientes han apoyado la hipótesis de que la maduración de las redes de atención está implicada en el desarrollo de la autorregulación, sugiriendo la idea de que la capacidad para regular la propia conducta y la atención comparten una base biológica común.

González (2001) manifiesta que desde un punto de vista evolutivo, el desarrollo de la autorregulación en la infancia dependerá de factores tales como la maduración del cerebro, los logros cognitivos-lingüísticos de los individuos y las influencias de los contextos destacando a este respecto el papel de los padres. Por su parte las diferencias individuales en la autorregulación han mostrado ser relevantes para el funcionamiento psicosocial de los individuos.

En los diferentes niveles del sector educativo, podemos identificar claramente dos actores primordiales en el proceso enseñanza-aprendizaje dentro del aula: el facilitador y el alumno, donde “Saber regular y controlar el aprendizaje es la clave para el enriquecimiento de la vida, y sobre todo, para fortalecer la personalidad” (Coon, 2004, p.5). De manera general existen acciones con las cuales se puede fomentar en el alumno una actitud autorreguladora, sin embargo, para este caso analizaremos cuatro niveles educativos en los cuales se detallan las características especificas del fomento de la autorregulación en los alumnos.

2.1. Primaria

Zimmerman (2001) citado por Coon (2004), sugiere ocho pasos para generar un aprendizaje dinámico y orientado a lograr experiencias educativas de éxito por medio de la estrategia autorreguladora, que se describen a continuación:

1. Establecer metas concretas y específicas, pensando qué se quiere conseguir.

2. Planear estrategias de aprendizaje para lograr los objetivos, calendarizando actividades.

3. Ser uno mismo su propio profesor, a través de plantearse preguntas.

4. Vigilar el progreso personal, registrando avances y corroborando aprendizajes.

5. Premiar el logro de cada meta con estímulos positivos, tangibles o verbales, los cuales, a la larga son el verdadero premio del aprendizaje: el éxito, el sentido de logro y la satisfacción personal.

6. Evaluar el progreso y las metas, para mejorar acciones tanto a corto como a largo plazo.

7. Tomar medidas correctivas cuando las metas no se han cumplido.

8. Solicitar asesorías profesional, si es necesario, para conseguir los objetivos.

En primaria, el modelaje por imitación se dará fácilmente en el trabajo por equipos, donde cada alumno actúa espontáneamente y expresa con libertad sus ideas y sentimientos. La formación de hábitos está dada por la secuenciación de las actividades, así como por el desarrollo de actividades de refuerzo.

Los niños aprenden a través de las actitudes del docente, por ejemplo, al mencionar alguna dificultad como “yo puedo hablar en voz alta porque estoy entre amigos”. La auto-supervisión es continua, deteniéndose en algunas etapas del trabajo y revisando sus secuencias; auto-reforzamiento, lo hará cada vez que concluya uno de los pasos de la actividad. Los pasos mencionados anteriormente ayudan a adquirir estrategias útiles para el desarrollo de habilidades sociales, así como para el control de conductas impulsivas y/o agresivas disminuyendo las conductas inaceptables.

2.2. Secundaria

En este sector educativo se toma en cuenta aspectos importantes en la formación cognoscitiva de los alumnos. El docente, de cualquiera de las modalidades de secundaria debe considerar, en primer lugar facilitar la regulación metacognitiva de los alumnos. Como menciona Delgado y García (1997) esto implica orientar a los alumnos a lograr un proceso, donde el aprendiz sea capaz de ser reflexivo, autoevaluativo y adquiera la capacidad de comparar los puntos de vista personales con los del resto del grupo, con el fin de integrar a su personalidad nuevas vivencias que formaran parte de la personalidad de cada aprendiz.

En segundo lugar, el docente debe fomentar el desarrollo de competencias, así como habilidades y destrezas, tomando en cuenta como menciona Alonso, Salmerón y Azcuy (2008) los conocimientos previos del individuo. Otro aspecto a considerar se refiere a no limitarse a la transmisión de conocimientos, por el contrario, el alumno, debe ser capaz de trasladarlos a otros contextos lo que significa autorregular su propio aprendizaje. Entre los 12 y 15 años, edad generalmente los adolescentes cursan la secundaria, un aprendizaje que no es reflexionado, tiende a olvidarse fácilmente. Por ello, el profesor es el modelo viviente. Ormond (2005) menciona que la persona con sus actitudes y conductas se convierte en el ejemplo a seguir por los alumnos, es decir, se encarga de modelar la conducta, personalidad e inculcar valores, a través de la práctica de los mismos.

Para crear el ambiente donde se pueda generar las situaciones que propicien lo mencionado anteriormente, el docente debe planear con anticipación las actividades de igual manera debe emplear el materia didáctico adecuado que apoye a los alumnos a lograr los objetivos planteados en el curriculum.

2.3. Media Superior

En este nivel la capacidad de autorregulación, es fundamental para asegurar el éxito en el futuro del alumno, ya que empieza a crear un plan de vida, sin embargo esta formación no esta desarrollada de manera homogénea en todos los alumnos. Ante esta situación, el facilitador debe ejercer el liderazgo como una figura a seguir.

La comunicación dentro de aula debe jugar un papel fundamental, se deben evitar los prejuicios. El docente debe jugar un papel que genere respeto dentro de la población estudiantil. Debe ser capaz de manejar el poder del conocimiento y propiciar un espíritu competitivo en función de la aptitud y actitud de los estudiantes.

Las personas se refuerzan a si mismas por los logros que van teniendo según sus propios estándares de eficiencia y los propuestos por personas externas; la motivación interna tiene que ver con ese logro, es así como la autoevalución y el autorrefuerzo son fundamentales en la actividad educativa y se desarrollan en gran medida por los procesos de modelado.

Con los alumnos del nivel medio superior se deben fomentar tres aspectos básicos, indispensables para el desarrollo de la autorregulación, el primero es la organización del tiempo; el segundo aspecto es concertar asesorías con los profesores de las materias; el tercero, es fomentar el cumplimiento de tareas, por medio de rúbricas claras de las actividades a desarrollar. Una manera práctica y concreta de fomentar la autorregulación con los alumnos, es por medio del manejo de las faltas y asistencias a las clases.

Los aspectos mencionados anteriormente se integran en el reglamento escolar y busca fortalecer en los alumnos el orden, la disciplina como elementos indispensables de la autorregulación, dichas conductas tienden a mantenerse más que las reguladas desde instancias externas ya que "los cambios personales conseguidos por el propio esfuerzo además incrementa la percepción de capacidad personal de control sobre el medio" (Rivieré,1994, p.78).

Otra área importante donde se practican los procesos de autorregulación es mediante el seguimiento personal del tutor al alumno, donde al primero le corresponde acompañar, escuchar, sugerir o derivar según sea el caso. En estas situaciones se fomenta la reflexión, el cuestionamiento interno, la búsqueda de soluciones y alternativas o la atención especializada. Dichos procesos requieren de automotivación y autorregulación por parte de los alumnos.

La educación superior debe desarrollar y enseñar a los alumnos las habilidades que se requieren para adquirir la capacidad de observar su propia conducta y sus resultados de manera realista, aprender a establecer criterios y metas explicitas alcanzables, así como construir el empleo eficaz de procedimientos de autorecompensa.

Según Bandura “las consecuencias de la conducta influyen sobre ella, en gran medida por su valor informativo e incentivo, es decir de previsión" (Rivieré, 1994, p.76).

2.4. Superior

En este nivel educativo, la autorregulación juega un rol de gran importancia para el logro de aprendizajes. Por parte del alumno se requiere que a través de mecanismos internos de control, tome decisiones adecuadas en cuanto a la forma de apropiarse de los aprendizajes. Por parte del docente, es necesario el uso de estrategias de enseñanza que motiven el aprendizaje autónomo, autodirigido e independiente en los alumnos. En otras palabras el docente debe fomentar en los alumnos un cambio no sólo en la manera en que aprenden, sino también en la manera en que actúan y conviven. El docente debe procurar que el aprendizaje se convierta en una filosofía de vida para sus alumnos por medio de la autorregulación.

Según Clark (1993) citado por Merriam y Caffarella (1999), el docente de nivel universitario, debe enfocarse en los procesos cognitivos, en la construcción de la experiencia y en el proceso de reflexión de sus alumnos. Las estrategias educativas deben ir encaminadas a propiciar aprendizajes, mediante la combinación de la interacción con los procesos reflexivos. Se debe procurar que el alumno aplique técnicas de autorregulación buscando el logro de transformaciones en él como ente pensante, consciente de su situación, capaz de llevar a cabo procesos autónomos a través de la reflexión crítica y el análisis profundo de su sistemas de creencias y valores, lo que ha de llevarlo a alcanzar aprendizajes efectivos.

3. Beneficios de la actividad

El trabajo colaborativo, permite que se logren aprendizajes desde las perspectivas conceptual, procedimental y actitudinal. Desde la perspectiva conceptual se ubica al concepto de autorregulación en el contexto de la teoría socio-cognitiva, para comprender un poco mejor la forma en que aprenden las personas. En el aula de clases, la combinación de factores ambientales con los procesos cognitivos que ocurren en el ser humano le permite al alumno aprender interactuando con sus compañeros, sus maestros, los materiales didácticos e incluso en algunos casos, con materiales externos y personas de otras latitudes con el apoyo de tecnologías, así como el uso de técnicas de análisis crítico, de aprendizaje autónomo y de autorreflexión, que llevan al alumno a fortalecer su capacidad de autocontrol, lo que puede redundar en el logro de aprendizajes de gran significación.

Desde la perspectiva procedimental se logra establecer consenso entre los integrantes del grupo, en relación con la metodología de trabajo, con el establecimiento y seguimiento del calendario y con la forma de generar aportaciones, entre otros aspectos necesarios para alcanzar los objetivos para los cuales fue creado este equipo de trabajo. Desde el punto de vista actitudinal, la interacción lograda a través del intercambio de experiencias dentro de grupos heterogéneos de forma activa, genera empatía entre los integrantes del grupo y enriquece los puntos de vista sobre determinados aspectos. El trabajo colaborativo permite también una comunicación y discusiones productivas, así como el incremento de la red de relaciones sociales con personas que comparten intereses comunes, logrando en el grupo una interdependencia positiva.

Sin lugar a dudas la labor docente debe considerar la influencia que ejerce en los alumnos, sin importar el nivel educativo donde se encuentren. Además de planear la estrategia educativa adecuada para cumplir con los propósitos del nivel, el docente debe enfocar las actividades en generar situaciones y ambientes de aprendizaje donde el contexto y la personalidad de cada alumno contribuyan en la formación de los compañeros de aula. Es de vital importancia reconocer el aspecto socio-cognitivo dentro en la educación, ya sea formal, informal o no formal, para que a través de las aportaciones que generen los actores involucrados en el proceso de enseñanza-aprendizaje, se den las condiciones para reflexionar y actuar, sobre la base de la necesidad imperante de la sociedad posmoderna que exige actores competentes, de acuerdo con los parámetros de la nueva economía mundial.

Finalmente consideramos que el proceso de autorregulación dentro de un contexto socio-cognitivo, le permite al ser humano dar un paso más en su evolución crítica, puesto que como actor social reconoce las necesidades e importancia de fijarse metas, límites, recompensas y castigos. Dentro de este mismo proceso el ser humano aprende a equilibrar su estado anímico con su estado competitivo, lo que lo convierte en un ser adaptado a la sociedad posmoderna.

Conclusiones

La teoría socio-cognitiva tiene sus fundamentos teóricos en el aprendizaje social de Bandura, según el cual las personas no solo aprenden de lo que hacen de forma efectiva, sino también de lo que observan hacer a los demás; el constructivismo de Piaget, que sostiene que el aprendizaje se logra a través de la formación de estructuras y la evolución del pensamiento en estadios y procesos de asimilación y acomodación. La teoría evolutiva de Vigotsky o perspectiva socio-cultural del aprendizaje, que propone que el aprendizaje y el desarrollo de los niños debe proponerse de una manera intencional y sistemática, involucrándolos constantemente en actividades significativas y ayudándoles a dominar esas actividades.

Según los teóricos socio-cognitivos el tipo de normas que las personas establecen para sus conductas depende mucho de lo que observan en los demás, adoptando las conductas de los modelos que se parecen a ellos. Los alumnos deben estar convencidos de que son capaces de realizar las tareas escolares teniendo expectativas realistas respecto a sus logros académicos.

Bandura (1969) define la autorregulación como la capacidad de la persona para dirigir su propia conducta, lo que le permite evaluar constantemente sus acciones y con ello, alcanzar sus metas. Comprende al menos cuatro procesos fundamentales: establecimiento de normas y de objetivos, auto-observación, auto-juicio y auto-corrección.

El aprendizaje como producto de la autorregulación, no debe ser entendido como un camino que conlleva a un destino específico; sino más bien como un proceso, nunca acabado, que en sus múltiples entrelazamientos detona la sinergia de un rumbo cognitivo que permite un espacio dialéctico y permanente de construcción y reconstrucción de aprendizajes.

La autorregulación puede enseñarse, mediante una instrucción y práctica repetida, a través de múltiples experiencias que suceden en diferentes contextos. Tomando en cuenta los principios del conductismo, describir las consecuencias de las conductas puede incrementar las conductas apropiadas y disminuir las inapropiadas. Según estas teorías, existen técnicas para promover la conducta autorregulada y ayudar a los estudiantes a desarrollar estrategias productivas en las materias académicas, tales como: autoinstrucción, autosupervisión, autoreforzamiento y control del estímulo auto impuesto.

El proceso de autorregulación en la educación abre las puertas a la concepción de un alumno activo, emprendedor y verdadero protagonista de su aprendizaje; un participante capaz de tomar parte en la elaboración de los objetivos del mismo, en la determinación de los procedimientos y en las vías para lograrlo, así como en la evaluación de los procesos y sus resultados y; un entusiasta crítico capaz de disentir de la rigidez de la enseñanza tradicional y con la madurez intelectual necesaria para encaminar la búsqueda de su propio conocimiento: concienciar, dominar y emplear sus capacidades personales y adecuarlas a mejores estrategias, en vías de la construcción de una nueva forma de concebir el aprendizaje, que corresponde a las aspiraciones de alcanzar un desarrollo pleno, una continua superación personal y un sentido de autodeterminación en sintonía con la necesidad de educarse permanentemente.

Educar a nuestros alumnos como seres humanos integrales implica aceptar el reto de la complejidad humana en todas sus facetas, sin reduccionismos; así el alumno y el maestro son sujetos de la educación, sujetos de la historia y sujetos de la trascendencia.

Los cuatro pilares de la Educación del siglo XXI, según el documento elaborado por la Comisión de Educación de la UNESCO, establece como fundamental en la educación 4 tareas inaplazables: 1) Aprender a conocer: enseñar a los alumnos a aprender, lo que implica desarrollar en forma integra las capacidades intelectuales; 2) Aprender a Hacer: la alternancia entre la teoría y la práctica, la enseñanza y el aprendizaje; 3) Aprender a vivir con los demás: reconocimiento mutuo de la dignidad y los derechos humanos, resolver de manera constructiva los conflictos, “aquí como en todo lo de índole moral en la formación, el elemento decisivo será el gran activo o ejemplo de los maestros: su personalidad educadora” (González ,E., p.19) y 4) Aprender a ser: además de ser receptor y buscador del conocimiento, el ser humano es autor de decisiones responsables, en las cuales son 3 valores fundamentales: equidad (educación para todos), la pertinencia (realismo educativo: ofrecer lo que se necesita), y la excelencia.

El camino es largo y apenas comienza, los retos son grandes, por ello el compromiso con la educación, y con nuestros entornos inmediatos y reales, se renuevan a través de nuestro esfuerzo de seguir capacitándonos y actualizándonos para ofrecer proyectos y “modelos” que hagan realidad las propuestas que México requiere en todos los ámbitos educativos.

Referencias

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