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Mapa Conceptual De Conocimiento Cientifico

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Categoría: Ciencia

Enviado por: Antonio 04 mayo 2011

Palabras: 8316 | Páginas: 34

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ía del conocimiento, aunque no se reduzca a ella. I. El desarrollo de la epistemología en el siglo XX A principios del siglo XX la epistemología tenía un menor desarrollo, pero hoy en día alcanza una importancia creciente. (Salmerón, F., 2,000) Hace 70 años no había ninguna revista especializada de epistemología y hoy hay al menos tres de nivel internacional así como algunas publicaciones nacionales. También hay colecciones enteras de libros dedicados a temas epistemológicos. El número de cátedras de epistemología se ha multiplicado y son cada vez más numerosas las

universidades que tienen departamentos e institutos de epistemología. Se realizan numerosas y periódicas reuniones nacionales e internacionales sobre esta temática y han surgido organizaciones nacionales de funcionamiento regular dedicadas a estos estudios en EEUU., Gran Bretaña, Canadá, México, Venezuela y Colombia. Actualmente la epistemología se ha convertido en una parte importante de la filosofía tanto en un plano teórico como profesional. Este incesante crecimiento e influencia de la Epistemología durante el siglo XX no puede tener otra explicación que el despliegue fundamental que en el mismo ha adquirido la revolución científico - técnica, como fundamento e inspiración del desarrollo económico, que avanza impetuosamente hacia los siglos venideros. En el desarrollo histórico de la epistemología podríamos distinguir tres etapas. La primera se extiende desde los remotos tiempos de la filosofía griega de la antigüedad hasta las primeras décadas del siglo XX, donde la investigación de la ciencia no era realizada por filósofos especializados en esta temática. Algunos de estos pensadores como Comte, Engels, Mach, Lenin, Husserl y otros, hicieron aportes especialmente trascendentes. La segunda abarca desde 1927 hasta la década del 60 y está caracterizada por las contribuciones del Círculo de Viena y el neopositivismo. Es a partir de aquí que se incrementa la especialización de los filósofos en las temáticas de la ciencia. En 1927 por primera vez se reunió un grupo de epistemólogos con el fin de intercambiar ideas e incluso de elaborar colectivamente una nueva epistemología, el empirismo lógico. La reflexión filosófica individual y

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aislada fue sustituida por el trabajo en equipo. Al Círculo de Viena pertenecieron filósofos y científicos de diversas materias. Su actividad duró menos de una década pero fue intensa, muy influyente, inspiró la creación de grupos afines en otros países de Europa y condujo a la fundación de una revista especializada y a la realización en 1935 del Primer Congreso Internacional de Epistemología en París. El neopositivismo adquirió gran influencia internacional y predominio sobre otras corrientes filosóficas en la primera mitad del siglo XX. Pero a partir de la década del 60 tomaron fuerza otras corrientes anti positivistas que luchan por desplazarlo. La tercera etapa y actual en el desarrollo de la epistemología podemos caracterizarla como aquella en que esta disciplina ha adquirido un mayor auge e influencia y consiste en la lucha de ideas entre el neopositivismo que predominó en la primera mitad del siglo y las nuevas corrientes no positivistas que lo desplazan y entre las cuales se encuentran, por un lado, los pospositivistas T. S. Kuhn y otros teóricos como Hanson, Feyerabend y Toulmin y por otro lado, también la tradición epistemológica francesa representada por G. Bachelard y M. Foucault. A esta posición no positivista o anti positivista se suman hoy en día numerosos teóricos. Carnap, representante del positivismo lógico, era partidario de concebir el conocimiento científico como una estructura racional que hiciese posible determinar si una hipótesis es apoyada lógicamente por la evidencia empírica. La epistemología debe reducirse a la distinción entre lo verdadero y lo falso, o sea, a un plano estrictamente gnoseológico y de esta manera desentenderse de los determinantes sociales e históricos que influyen sobre la ciencia. A estos puntos de vista se oponen Kuhn, Feyerabend, Hanson, Toulmin en la década del 60 y otro grupo de teóricos que surgen a partir de la década del 70, cuyos criterios fundamentales son los siguientes: 1) la epistemología debe fundamentarse en el estudio de la historia de la ciencia y de los determinantes sociales del conocimiento científico; 2) la actividad científica no puede ser reducida al estudio de la cognición y debe incluirse la consideración de los fines y necesidades sociales a los cuales responde la ciencia; 3) mientras el empirismo lógico se empeña en la búsqueda de la objetividad y en la exclusión de los factores subjetivos, el pos positivismo destaca la importancia del sujeto y de los factores subjetivos en la ciencia. (Nuñez, J., 1999) El pensamiento de Bachelard - como el de G. Canguilhem y M. Foucault - se opone al positivismo, es un no positivismo radical y deliberado. La Epistemología histórica de Bachelard privilegia la historia de las ciencias como instrumento filosófico de análisis del conocimiento científico El tema fundamental de la obra de Foucault es la relación entre saber y poder. El poder produce cosas, induce placer, forma saber, produce

discursos y hay que considerarlo como una red productiva que pasa a través de todo el cuerpo social y no debe ser considerado solo como el poder represivo del estado. El poder es condición de la posibilidad de discursos, es constitutivo de su existencia. Esto quiere decir que el saber de que se enorgullecen científicos o expertos no es objetivo o neutro, sino producto de relaciones de poder. La voluntad de saber implica un proceso de dominación sobre los objetos y sobre los hombres. (Olmedo, F. y Rojas, C., 1999) Aunque el cientificismo positivista ha ejercido una gran influencia en psicología y en los métodos de investigación de esta ciencia, grandes psicólogos del siglo XX como Freud, Piaget, Maslow, Rogers y otros han expresado las posiciones no positivistas en psicología. En las últimas décadas del siglo XX la concepción positivista ha perdido influencia y ha tomado fuerza la reflexión epistemológica liberada de ese paradigma en psicología y ciencias sociales. Este es el caso, entre otros, del constructivismo como epistemología, del construccionismo social y de la epistemología cualitativa. (González, F., 1996, 1997). La idea central del constructivismo es que el conocimiento es una construcción del investigador y no es determinado directamente por los datos empíricos. Así se opone radicalmente al positivismo. En cuanto a su posición respecto a la teoría materialista del reflejo, los constructivistas se dividen en radicales y críticos. Los radicales son agnósticos, afirman que no es posible conocer una realidad que existe fuera de la conciencia, mientras que para los constructivistas críticos la realidad es parte de una forma u otra del conocimiento. Pero ni la una ni la otra forma del constructivismo aceptan que la realidad exista fuera del conocimiento y lo determine como un reflejo. Los constructivistas niegan que el criterio de verdad radique en la verificación empírica, pues ven la validación del conocimiento en la propia elaboración teórica, por ejemplo, mediante la consistencia interna con las estructuras existentes del conocimiento y el consenso social entre los investigadores. En consecuencia, confieren una importancia fundamental a la investigación teórica. El construccionismo social es otra concepción epistemológica anti positivista para la cual la sustancia del mundo social son las conversaciones, las que define como sistema de actividades conjuntas. Para todos los autores construccionistas el mundo social no es una realidad que exista por sí misma, sino la trama actual de nuestro sistema de acciones, o sea, vivimos en un mundo que permanentemente construimos. El construccionismo social es agnóstico pues afirma que el sentido de objetividad es un logro social, o sea, para considerar algo verdadero es necesario que los otros hayan llegado a igual conclusión. La objetividad se alcanza mediante una coalición de subjetividades. La teoría

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no es un reflejo de lo externo, sino uno de los elementos constitutivos de la realidad social en que ella se construye. Enfatiza el papel activo de la teoría en la construcción de la realidad. Entiende que el conocimiento no se verifica en los hechos. No acepta la validación empírica como legitimación del conocimiento. La ciencia es resultado de la negociación entre sus actores en sus discursos interactivos. La adecuación del conocimiento se alcanza en su coherencia, su utilidad, su inteligibilidad, y en las operaciones que permite realizar, pero no en su verificación empírica. En dos recientes libros Fernando González (1996; 1997) ha expuesto de manera explícita sus concepciones epistemológicas. La epistemología cualitativa desarrollada y expuesta por F. González es una concepción constructiva e interpretativa de la producción del conocimiento que ha surgido íntimamente unida a la investigación psicológica de la personalidad realizada por él. Pensamos que por ello resulta una elaboración personal de este autor que refleja las condiciones concretas de su labor científica. Es notoria su oposición al positivismo, al conductismo y a las posiciones del psicólogo soviético A. N. Leontiev que convirtió la actividad externa en la categoría central de la psicología. Por ello F. González enfatiza el estudio de la subjetividad. Su punto de vista fundamental es que el conocimiento psicológico no puede ser un reflejo directo, una copia isomórfica y lineal de los datos empíricos y cuantitativos, dispersos e inconexos, sino que debe ser una interpretación y construcción del investigador, el cual, apoyándose en todos los datos y métodos (entre los cuales tiene una importancia fundamental la comunicación con el sujeto investigado) descubre la estructura o configuración de la subjetividad y el sentido de cada dato o elemento Las concepciones de F. González (1996, 1997) expuestas en estos libros han despertado en nosotros el deseo de reflexionar acerca de cuestiones fundamentales de la epistemología psicológica que abordaremos en este trabajo. II. La epistemología marxista. La epistemología marxista surgió a mediados del siglo XIX y su primer documento de mayor importancia se encuentra en las tesis de Marx sobre Feuerbach (Marx, C., 1955 p.397) en cuya segunda tesis se afirma algo decisivo y rotundo: “El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento aislado de la práctica, es un problema puramente escolástico.” En esta tesis Marx afirma que es posible la verdad objetiva, o sea,

el conocimiento de la realidad y que su criterio de validez está en la experiencia práctica. Estos postulados de Marx fueron totalmente apoyados por otra gran obra de la epistemología marxista que fue Materialismo y Empiriocriticismo de V.I. Lenin (1956). Pero el énfasis en la experiencia práctica como criterio de verdad no niega la gran importancia que el marxismo confiere a la teoría y que se expresó en el empeño que pusieron Marx, Engels y Lenin en el método dialéctico de pensamiento, en la lógica dialéctica. La unidad de teoría y práctica es un principio cardinal de la epistemología marxista. La psicología soviética, en la persona de destacados psicólogos entre los cuales tienen la primacía L.S. Vigotski y S.L. Rubinstein, asumió la tarea de expresar en la investigación psicológica estos principios epistemológicos del marxismo. S.L. Rubinstein (1964) fue partidario de emplear tanto los métodos de la auto observación (cuestionarios, entrevistas, etc.) como los de la observación externa, entre los cuales confirió importancia al método experimental. Los datos de la vivencia deben ser interpretados en función de los de la observación externa. A su vez esta última debe ir dirigida al descubrimiento de su contenido psicológico interno. Tanto la vivencia interna como la observación externa son datos fenoménicos iniciales a partir de los cuales la investigación psicológica descubre su auténtico objeto. Así fundamentó teóricamente la unidad del método experimental con el clínico. La epistemología marxista en psicología fue también desarrollada en Francia, en los trabajos del psicólogo Henri Wallon (1963) y otros investigadores. En Latinoamérica debe señalarse, entre otros, la obra de Alberto Merani (1968). En Cuba el libro “Experimentos e Ideología” de Diego González Martín (1960) fue la primera obra de la psicología marxista cubana. Hace más de quince años publicamos un libro (González, D.J. 1984) sobre epistemología psicológica inspirado en la filosofía marxista leninista, pero nuestro propio trabajo actual y recientes publicaciones sobre este tema nos obligan a volver a él. Respondiendo a los puntos de vista de la epistemología marxista y también al énfasis puesto en el ideario de José Martí (véase González, D.J., 1999) en el rol activo y creador de la subjetividad y de la moral, hemos planteado una posición epistemológica que llamamos la psicología del reflejo creador. (González, D.J., 1997, 2,000). Nuestro criterio fundamental es que la psiquis humana y el conocimiento científico son un reflejo de la realidad objetiva, pero también una creación subjetiva de sí mismos, de la realidad percibida y pensada y de la cultura; a la vez que establecemos un estrecho vínculo entre la epistemología y una ética orientada a la formación masiva de un ser humano espiritualmente superior en altruismo, creatividad, independencia,

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conocimientos y voluntad. III. Las tres grandes orientaciones teóricas de la epistemología en los siglos XIX y XX. En este artículo abordaremos diferentes problemáticas epistemológicas y en esos análisis tendremos en cuenta nuestro criterio de que existen tres grandes orientaciones teóricas en el desarrollo de la epistemología en los siglos XIX y XX. Esas corrientes son: 1) el positivismo en todas sus variantes; 2) las diversas corrientes teóricas en epistemología que son anti positivistas o discrepantes del empirismo positivista; y 3) el humanismo científico representado por la filosofía marxista leninista, el pensamiento cubano del siglo pasado (Varela, Luz y Martí) y todas aquellas concepciones teóricas que combinan la orientación moral y humanista con el conocimiento científico objetivo. El positivismo, en todas sus variantes, se caracteriza por los siguientes criterios fundamentales: 1) el conocimiento es objetivo y está basado en los hechos dados en la sensoriedad, por lo tanto es necesario evitar la interpretación subjetiva como un determinante del mismo; 2) los hechos son la experiencia sensorial y su expresión verbal y se les niega que constituyan una realidad objetiva fuera de la conciencia del investigador; 3) la teoría es una descripción generalizadora de los hechos y está subordinada a ellos; 4) propone sólo la investigación cuantitativa que tiene en el experimento su forma más acabada; y 5) el positivismo, en su conjunto, expresa una posición cientificista (centrada en la ciencia y el método científico) agnóstica e idealista subjetiva. En todas sus variantes, las posiciones epistemológicas anti positivistas, que rechazan el empirismo positivista de manera absoluta, muestran, sin embargo, las siguientes características generales: 1) conciben que el conocimiento está basado en la interpretación del sujeto (individual o/y social); 2) niegan que el conocimiento sea un reflejo o copia de la realidad objetiva que existe fuera de la conciencia; 3) plantean que la elaboración teórica o interpretación a partir de los hechos resulta fundamental y es la que le confiere sentido a estos últimos; 4) otorga especial preferencia e importancia a la investigación cualitativa, aunque algunos teóricos son partidarios de combinarla con la cuantitativa; y 5) los anti positivistas, por lo general, expresan las posiciones del humanismo idealista centrado en la problemática espiritual y social del ser humano. El humanismo científico, en sus diferentes exponentes, tiene las siguientes características generales: 1) el conocimiento está basado en la unidad de la teoría con la práctica, de la reflexión teórica con la observación de los hechos, de la interpretación del investigador con su verificación empírica; 2) el conocimiento es objetivo, es un reflejo o imagen de la realidad objetiva que existe fuera de la conciencia; 3) se confiere importancia

tanto a la elaboración teórica como a la verificación empírica; 4) estos puntos de vista nos conducen a ser partidarios de la unidad dialéctica de la investigación cuantitativa con la cualitativa; y 5) el humanismo científico se caracteriza por la armonización e integración del humanismo (ya sea idealista en Martí, o materialista en Marx) con el método científico concebido como la unidad de la interpretación teórica con la verificación empírica, de la reflexión y la observación. Como puede observarse el humanismo científico sintetiza, supera críticamente e integra a un nivel superior lo valioso, tanto del positivismo como de las posiciones anti positivistas. El marxismo defiende que el conocimiento tiene un contenido objetivo y se verifica en la práctica (coincide con el positivismo en la importancia de la verificación empírica y la predicción científica), pero también destaca la necesidad de la interpretación teórica, la unidad de ciencia e ideología, de la verdad absoluta y relativa y el carácter histórico y social del conocimiento, con lo cual puede desarrollar igualmente los aspectos contenidos en la epistemología anti positivista. De aquí las enormes potencialidades del pensamiento marxista leninista en cuanto a la asimilación crítica de lo valioso que aporta una y otra corriente de la epistemología. El positivismo y el anti positivismo coinciden en rechazar la teoría materialista del reflejo la cual afirma que el conocimiento científico es una imagen de la realidad objetiva que existe fuera de la conciencia y en esto se contraponen al humanismo científico. Sin embargo, el positivismo y el anti positivismo difieren fundamentalmente en cuanto al énfasis que el primero pone en la verificación empírica y que el segundo hace en la interpretación teórica. En nuestro criterio, positivismo y anti positivismo constituyen la expresión en la epistemología de dos direcciones fundamentales del pensamiento filosófico que se contraponen recíprocamente, la primera centrada en un pensamiento predictivo y transformador de la realidad (materialista o positivista), la segunda en el pensamiento interpretativo y valorativo idealista. El humanismo científico integra y armoniza ambas direcciones del pensamiento filosófico. A continuación abordaremos diversas problemáticas epistemológicas que son resueltas de manera diferente por cada una de estas corrientes teóricas principales de la epistemología. IV . ¿Cuál es el criterio de la verdad? Esta es una problemática central de la epistemología. Para el positivismo el criterio de la verdad está en la verificación empírica, en la correcta y precisa generalización de los hechos. Para el anti positivismo la verdad está en la calidad o naturaleza de la interpretación teórica. Para el marxismo la verdad está en la correspondencia entre la teoría y los hechos de la práctica que Lenin

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(1964, p. 165) precisó diciendo: “De la percepción viva al pensamiento abstracto, y de éste a la práctica: tal es el camino dialéctico del conocimiento de la realidad objetiva”. En desacuerdo con el positivismo y el criterio de la práctica F. González (1996, 1997) se opone a que la validación de toda teoría o hipótesis se encuentre en los hechos, o sea, en la verificación empírica. Para este autor el saber se legitima en su propia construcción, las teorías no se validan ni se verifican en su momento empírico. Las comprobaciones que se logran a nivel empírico no siempre representan un criterio de validez de una teoría, pues las teorías solo son objetos de validez histórica, sobre la base de su utilidad para el avance del conocimiento en un área concreta. Ve la correlación entre lo empírico y lo teórico solo en el plano de la elaboración teórica, donde la construcción interpretativa tiene un rol activo y creador y lo empírico es fundamentalmente un punto de partida. Por nuestra parte pensamos que el sentido moral y humano de la ciencia es la predicción del decurso de la realidad que nos permite cambiarla o adaptarnos a ella. Por ello el criterio de veracidad de la teoría está, en última instancia, en la prueba, en la verificación empírica, en los hechos. Desde el surgimiento de la ciencia esto es lo que la distingue de cualquier otra forma de la conciencia social. La diferencia entre ciencia y religión, entre ciencia, de un lado, y literatura, pensamiento moral o político, etc. etc. del otro, está en el carácter comprobado del pensamiento científico. Los conocimientos científicos son fundamentados en hechos, en pruebas, han sido comprobados por la experiencia. Y debemos reconocer la diferencia que existe entre la elaboración teórica y la verificación empírica y la necesidad de ambas. En la elaboración teórica los hechos son el punto de partida y su interpretación engendra la hipótesis. Este es el camino que marcha de la contemplación viva al pensamiento abstracto. Por el contrario, en la investigación empírica las elaboraciones teóricas constituyen el punto de partida y son los hechos los que le confieren o no el carácter de verdad. Este es el camino que va del pensamiento abstracto a la práctica. La elaboración teórica es relativamente independiente de la verificación empírica, pero en última instancia es reafirmada o rechazada por ella. No es correcto convertir el modelo de la elaboración teórica en el de toda la ciencia y rechazar el modelo de la verificación empírica, pues el conocimiento científico surge en la unidad dialéctica de ambos. Son necesarios tanto la construcción teórica como su verificación empírica. Si repudiamos la construcción teórica caemos en las posiciones del positivismo. Pero si rechazamos la verificación empírica simplemente nos vamos en la dirección del anti positivismo. Para nosotros el conocimiento humano es un reflejo creador. Es reflejo porque parte de los hechos y se confirma en ellos. Pero es creador

porque requiere de una interpretación, de una construcción o creación teórica que no es dada directamente por los hechos, sino elaborada por la subjetividad del científico. El investigador crea la hipótesis, crea la teoría, pero los hechos se encargan de verificarla o refutarla. V . ¿La realidad existe fuera de la conciencia y es posible conocerla? En la contestación a esta pregunta los positivistas y los anti positivistas coinciden por lo general en dar una respuesta negativa. Marx y Martí dan una respuesta positiva, es decir, la ciencia, el ser humano, puede conocer la realidad objetiva que existe fuera de la conciencia. Los positivistas en todas sus variantes y los anti positivistas por lo general rechazan el concepto leninista de materia como “la realidad objetiva dada en las sensaciones que es copiada, fotografiada, reflejada por las sensaciones, pero que existe independientemente de ellas”. Para Lenin la materia es “la realidad objetiva que existe fuera de la conciencia”. (Véase Lenin, V.I. 1956, p. 109 y 234). Como ejemplo de las posiciones positivistas tenemos el monismo neutral de Mach y Avenarius. Para ellos los “elementos” que componen el mundo son físicos en una relación y psíquicos en la otra. Son a la vez físicos y psíquicos. F. González (1997) reconoce la existencia de lo real en la conciencia, se opone al agnosticismo, pero niega que lo real que es dado en la conciencia exista fuera de ella de modo independiente y se refleje en un plano psíquico. En este sentido afirma que la ciencia construye la realidad, que la ciencia es una construcción de su objeto. Aspira a romper con la dicotomía de lo externo y lo interno. Dice que los objetos, fenómenos y hechos de la realidad social no afectan el desarrollo subjetivo desde su condición externa. Lo real tiene un papel activo en la construcción teórica, pero actuando desde dentro de la subjetividad y a partir del sentido que le confiere el sujeto. Según este autor lo real, lo social, representa de forma permanente una combinación dialéctica entre lo externo y lo interno: es externo, pues lo social como forma de la realidad no se agota en aquellos aspectos que tienen una significación para el sujeto individual; es interno, porque su significación siempre va a depender de un proceso de constitución de sentido, en el cual lo interno y lo externo pierden su condición como antinomia y se integran en una compleja relación dialéctica. Según nuestro criterio los objetos físicos, materiales, que nos rodean, existen fuera de la conciencia y no existen afuera y adentro, no son materiales e ideales a la vez, pues no son creados por la conciencia, sino que existen fuera e independientemente de ella. Los conceptos de externo (lo físico o material) e interno (lo psíquico o ideal) surgen en virtud de una diferencia cualitativa que establecemos entre los objetos materiales y los “objetos” ideales o psíquicos.

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Las propiedades de los objetos materiales (percibidas o pensadas o no) se manifiestan en las interacciones o cambios de dichos objetos y en consecuencia le pertenecen a ellos, son reales y objetivas. Por ejemplo, una silla sirve para sentarse; un árbol puede cortarse y hacer con él leña; el sol emite radiaciones, calor, luz; los electrones se manifiestan en la corriente eléctrica; los fotones en la luz; la descomposición del núcleo atómico se evidencia en la radio actividad; etc. Por el contrario, aquellas propiedades de los “objetos” ideales que son dadas en los procesos psíquicos como pertenecientes a dichos objetos no se manifiestan en las interacciones y cambios de estos objetos y por tanto no le pertenecen, son irreales y subjetivas. Por ejemplo, el “árbol” que nos representamos mentalmente no se puede cortar ni de él hacer leña; igualmente el “sol” que aparece en nuestra imaginación no nos envía radiaciones, calor, luz, etc. ; la “mesa” que está contenida en el concepto de mesa no nos sirve para apoyarnos y comer sobre ella; el “electrón” que está contenido en nuestro concepto jamás se manifestará en la corriente eléctrica, etc. etc. La materia es la realidad objetiva de los objetos materiales que son dados en nuestras sensaciones. La materia es la realidad objetiva pura, separada de lo irreal y subjetivo, pues no los contiene, aunque en la relación cognoscitiva es dada al ser humano en íntima unidad con lo subjetivo, pero esta unidad es una contradicción o mediación externa de dos polos perfectamente separables: lo objetivo y lo subjetivo. Y cuando decimos separables nos referimos al hecho indiscutible de que la naturaleza existió antes de la subjetividad del hombre, de que dejamos de percibir un objeto o de pensar en él y sabemos que sigue existiendo fuera e independientemente de nosotros. Lo psíquico, la conciencia, es la realidad objetiva de los "objetos" ideales y consiste en ser imágenes producidas por el cerebro que regulan la actividad y se expresan en ella y en sus productos. Pero esta realidad objetiva está esencial e íntimamente unida a lo irreal y subjetivo que es el contenido de la imagen. Lo ideal, la conciencia, es la unidad inseparable de la realidad objetiva (la imagen) y la irrealidad subjetiva (el contenido de la imagen). Aquí la unidad de lo real y lo irreal, de lo objetivo y lo subjetivo, es una contradicción interna en la cual sus polos son inseparables y están esencialmente unidos. Lo psíquico es la realidad (la imagen producida por el cerebro que regula la actividad) íntima e indisolublemente unida a lo irreal (el "objeto" representado en la imagen). Ser una imagen constituye la realidad de lo psíquico, pero la imagen tiene inexorablemente como contenido un "objeto" irreal. En esto radica la naturaleza ideal de la imagen, de lo psíquico, en la unidad indisoluble de lo real y lo irreal. Los fenómenos psíquicos son ideales y

subjetivos y a la vez una realidad objetiva tan cierta e importante como el mundo material que nos rodea. Sin embargo, la diferencia cualitativa e irreductible entre lo material y lo ideal es dialéctica. Entre ambos se produce una mediación que se da en el conocimiento perceptual, en los objetos materiales percibidos e interpretados racionalmente, los cuales están compuestos por dos partes perfectamente separables que son el objeto material y su reflejo perceptual e interpretación racional que se presentan al sujeto en íntima fusión, como si fuesen el mismo objeto material. Aquí se aprecia la naturaleza del conocimiento perceptual como un reflejo creador. El conocimiento perceptual es un reflejo o imagen del objeto material que existe fuera e independientemente de la conciencia y que surge en la actividad, pero en la medida en que se fusiona a él, lo crea, en cuanto objeto percibido e iluminado por la conciencia. En el contexto de esta comprensión teórica debemos diferenciar la realidad objetiva de la realidad para la ciencia. La realidad para la ciencia es aquella parte o aspecto de la realidad objetiva que es reflejada y contenida en el conocimiento científico, el cual se presenta irrealmente como si fuese dicha realidad y en el lugar en que ella se encuentra, y que, por lo tanto, en la relación gnoseológica, para la cognición humana, la realidad objetiva siempre está inseparablemente unida a éste conocimiento científico, a su carácter relativo, aproximado, parcial y a los errores o falsedades que contiene en un determinado momento histórico. Por lo tanto, la realidad para la ciencia es la unidad (indisoluble en el conocimiento, pero no en el mundo existente) de una parte de la realidad objetiva y su reflejo subjetivo, aproximado, en el conocimiento científico, el cual se presenta irrealmente como si fuese la misma realidad que refleja. La realidad para la ciencia es la unidad indisoluble, en la relación gnoseológica, de la realidad objetiva más su conocimiento científico que se presenta irrealmente como si fuese dicha realidad. La ciencia no crea su objeto en cuanto realidad objetiva, por el contrario, lo refleja, lo copia, pero sí crea su objeto en cuanto realidad para la ciencia. La ciencia no crea la realidad objetiva, sino que la refleja, la copia, la descubre; sin embargo, sí crea la realidad para la ciencia. Trataremos de ilustrar lo dicho de la siguiente manera. La realidad objetiva desconocida por la humanidad es el mundo en la oscuridad, aunque se manifiesta en los hechos que sí son visibles o que pueden llegar a serlo. Existe, pero no la vemos. A partir de los hechos que se le ofrecen y que él obtiene, el científico elabora un reflejo cognoscitivo, una representación, un sistema de conceptos, una teoría, que actúa como si fuese un reflector que ilumina una nueva porción de la realidad objetiva. Ahora, en virtud del reflejo cognoscitivo, sí la vemos, pues está iluminada. Así surge la realidad para la ciencia, que es aquella parte de la realidad objetiva

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que está iluminada por el reflector de nuestro conocimiento. Ahora bien, dicho reflector contiene impurezas, limitaciones y manchas, que nosotros vemos como si fuesen la realidad misma y no lo son, pues pertenecen al reflector que la está iluminando. En conclusión, no podemos aceptar que el objeto real, material, existe afuera y adentro y que es construido por el sujeto. Nos oponemos al constructivismo epistemológico. El objeto material no es engendrado por el sentido, por la interpretación psicológica que le otorga la subjetividad del científico o de cualquier sujeto. El objeto material (y también la realidad psíquica de otra persona) existen fuera del sujeto y se reflejan en él, dando lugar al conocimiento. Desconocer que el objeto físico es externo a la conciencia y que la determina en cuanto imagen, lleva a no considerar cómo el mundo de las cosas y de su distribución entre los seres humanos determina en última instancia la conciencia, lleva a ignorar la actividad con objetos materiales como determinante de la psiquis y en consecuencia constituye una negación del materialismo histórico. Para F. González (1997 p. 132) “la categoría sociedad es similar a la de personalidad” y todo lo que en la sociedad acontece “en el orden institucional, económico y político, se expresa en el nivel de constitución de la subjetividad social”. Para nosotros, la superestructura social (las instituciones y la conciencia social) se encuentran al nivel de la personalidad, aunque ambas son diferentes, la superestructura es social y la personalidad es individual; y para nosotros, todo lo que en la sociedad acontece opera en el contexto de la interacción entre el ser y la conciencia social, entre la base y la superestructura. Engels (1955, 493 - 494) reconoció que Marx y él no estudiaron adecuadamente la génesis de las ideas sociales. Posteriormente el economicismo y el mecanicismo han lastrado el pensamiento marxista. Se impone la tarea de desarrollar una teoría marxista de la subjetividad en sociología y psicología, pero esto no autoriza a renunciar a las verdades fundamentales del materialismo histórico que indican con fuerza que la vida material de la sociedad se refleja en la superestructura y condiciona en última instancia el decurso de las ideas e instituciones sociales. La superación del economicismo y del mecanicismo no puede llevarnos al extremo opuesto de verlo todo sólo a partir del auto movimiento de la subjetividad social. VI. ¿Existe una diferencia total y excluyente entre el método de las ciencias naturales y el de las sociales? Para el positivismo el modelo científico único debe ser el de las ciencias naturales. Sin embargo, para otros pensadores no positivistas como Dilthey y Windelband existe una diferencia cualitativa entre la metodología de las ciencias naturales y sociales. Guillermo Dilthey (1833 - 1911) historiador

alemán, planteó que hay una diferencia fundamental entre las ciencias naturales y las sociales, a las cuales llamó ciencias del espíritu, y que obliga a diferentes métodos de investigación. Las ciencias naturales buscan la explicación y las causas de los fenómenos. En las ciencias sociales se requiere de la comprensión del espíritu humano a partir de la auto observación, de la observación de las propias vivencias, es decir, de una interpretación del otro a partir de nuestras propias vivencias, pues la lectura de ese mundo histórico hemos de hacerla en nuestro propio espíritu. Dilthey propuso una psicología comprensiva liberada del carácter esencialmente hipotético de la psicología científico natural. Aquí se perfila una nota diferencial muy relevante entre la psicología explicativa y la comprensiva. La comprensiva arriba a hipótesis que completan sus indagaciones. La explicativa comienza con las hipótesis. F. González (1996, 1997), destacando la diferencia fundamental entre ciencias de la naturaleza y ciencias del hombre, expresa que las ciencias sociales trabajan con un objeto que simultáneamente es sujeto del proceso en que se produce el conocimiento sobre él; por tanto, la comunicación con dicho sujeto tiene un papel esencial para las ciencias sociales y constituye el espacio dentro del cual el sujeto estudiado va madurando y construyendo de forma cada vez más compleja su expresión, lo que es condición esencial para el conocimiento que se construirá. Así aprecia el método de la psicología y la ciencia social como un proceso progresivo de comunicación. En oposición al positivismo y a Dilthey, y Windelband pensamos que entre el método de las ciencias naturales y el de las sociales existen similitudes fundamentales (como son la unidad dialéctica de la interpretación teórica con la verificación empírica, de lo individual y lo general y otras) e importantes diferencias, pues en las ciencias sociales existe el valioso dato de la vivencia, de la comunicación, de la introspección, de la auto observación. Pero no es posible establecer una diferencia absoluta entre la naturaleza y la sociedad. Para Marx (1965, p. 109) “la sociedad es la unidad consumada en sustancia de hombre y naturaleza”. Por lo tanto, para las ciencias sociales y para la psicología tan importante es la comunicación como la observación objetiva de la conducta, de las reacciones fisiológicas y de las circunstancias externas que influyen sobre el ser humano. Es en la unidad de ambos datos (el que aporta la comunicación y el de la observación externa) donde radica el método de las ciencias sociales y de la psicología. Y como dice Rubinstein (1964) ambos son puntos de partida fenoménicos a partir de los cuales es necesario descubrir la realidad esencial que en ellos se expresa. VII. Lo individual y lo general en la investigación psicológica.

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El filósofo neo kantiano G. Windelband (1848 1915) distingue entre ciencias de la naturaleza y ciencias sociales o del espíritu, no por su objeto de estudio, sino por su método. La misma realidad empírica puede ser considerada como naturaleza o como historia. Es naturaleza si la consideramos con respecto a lo universal y a lo general, se convierte en historia si la estimamos con respecto a lo particular y a lo individual. Así distingue entre ciencias nomotéticas que son las ciencias naturales, las cuales emplean el método generalizador que consiste en formar conceptos generales y formular las leyes, y ciencias ideográficas, que son las ciencias históricas que se interesan por los acontecimientos singulares en su originalidad no repetida. Las ciencias naturales utilizan el método “generalizador”, la historia describe los hechos históricos singulares utilizando el método “individualizador”. Por el contrario, el positivismo se aferra a la investigación de lo general y al método cuantitativo tanto para las ciencias naturales como para las sociales. Coincidiendo con Windelband en este aspecto, F. González (1996, 1997) destaca lo individual que, según dice, tiene una significación fundamental dentro de las ciencias humanas. Para él lo singular representa un momento esencial en el curso de la construcción del conocimiento para las ciencias del hombre. Cada caso es consistente en sí mismo, es una unidad de análisis, en cuya unicidad comienza el proceso de construcción de lo general, proceso esencialmente cualitativo que avanza dirigido por el investigador. Es partidario de ir de lo individual al descubrimiento de lo general y no a la inversa. Por el contrario, nosotros pensamos que es necesario marchar en ambas direcciones, de lo individual a lo general y viceversa, pues la unidad de lo individual y lo general es un hecho fundamental tanto para las ciencias naturales como para las sociales. No sería posible investigar lo individual si no partimos de los conocimientos generales que tenemos y de las técnicas de diagnóstico que han sido elaboradas, más bien es necesario utilizar nuestros conocimientos generales y técnicas de diagnóstico en el estudio de cada individuo y someterlos cada vez a su verificación o superación sobre la base de su aplicación a la comprensión del caso individual. Así, en la investigación de la personalidad de un sujeto es necesario utilizar nuestros conceptos y concepciones generales y las técnicas de diagnóstico, que también se basan en generalizaciones, y a partir de la diversidad de datos que tenemos sobre ese sujeto, descubrir su individualidad. A su vez, ciertamente, a partir de lo individual se perfecciona y construye lo general. VIII. La determinación del psiquismo y de la estructura de la personalidad. El positivismo en psicología ha conducido al conductismo el cual enfatiza sólo la determinación

externa del comportamiento. Por el contrario, el anti positivismo (el psicoanálisis, el cognitivismo de Piaget, el humanismo) han enfatizado la auto determinación, el determinismo interno del psiquismo y del comportamiento. F. González (1996, 1997) destaca como objeto central de la psicología el descubrimiento de la estructura o configuración subjetiva y en consecuencia del sentido personal que las cosas tienen para el sujeto. Su énfasis en la teoría configuracional de la personalidad recuerda las concepciones de Dilthey y Spranger quienes fueron partidarios del primado del todo sobre las partes y del descubrimiento del sentido. Ellos emplearon el término comprensión, F. González emplea el término interpretación o construcción para denotar lo mismo, o sea, el descubrimiento en un plano teórico de la configuración y del sentido. Según F. González el individuo es un determinante del propio curso de sus experiencias mediante la construcción de sus creencias y representaciones, de la toma de decisiones en el enfrentamiento a sus conflictos. Dice que lo social, como la cultura, dejan de ser dimensiones externas para convertirse en internas, en formas organizadas en las diferentes configuraciones subjetivas del sujeto individual. En el plano social o cultural solo es relevante aquello que, por su sentido, puede ser integrado a la experiencia del sujeto, de actuar como un elemento de sentido para sus configuraciones actuales. Una vez ubicado en términos de la experiencia, lo asimilado puede tener una acción modificadora dentro de la propia subjetividad en la que se configuró. Así, afirma que los determinantes económicos “actúan sobre la población en dependencia de su sentido subjetivo, no como “cosa en sí””. (González, F. 2000, p.67). Estos son sus criterios. De todo lo dicho se puede concluir el énfasis que este autor pone en la determinación interna o auto determinación de la personalidad y del psiquismo a partir de las interpretaciones y del sentido que el sujeto le confiere a la realidad. Por el contrario, entendemos que si bien es cierto y positivo destacar que la estructura del psiquismo y de la personalidad determina el sentido, también debe reconocerse la dirección contraria, o sea, cómo la acumulación de elementos o contenidos psíquicos procedentes del reflejo del mundo externo, social, llega a transformar la estructura y en consecuencia, el sentido. Para nosotros el determinismo del psiquismo y de la personalidad es externo e interno. El psiquismo humano y su estructura es un producto y un reflejo de la vida material y espiritual de la sociedad, ahora bien, ella asume un rol activo y creador en su propia construcción. Destacar sólo la auto determinación de la personalidad y del psiquismo es decir una parte de la verdad y no la verdad completa. IX. La metodología cuantitativa y la cualitativa.

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A partir de todos estos criterios F. González (1996, 1997) concibe el estudio de caso y la investigación empírica cualitativa como separada de la cuantitativa y contrapuesta a ella. Pues afirma que “la contradicción entre lo cualitativo y lo cuantitativo a nivel epistemológico...la consideramos irreconciliable” (F. González, 2000, p. 68). Sus concepciones epistemológicas le llevan a la posición de defender la investigación empírica cualitativa como el modelo fundamental de la investigación psicológica y social. Los positivistas son defensores de la investigación cuantitativa. Los anti positivistas lo son de la investigación cualitativa. Por el contrario, nuestro punto de vista consiste en enfatizar la necesaria unidad dialéctica, a nivel epistemológico, de la investigación empírica cuantitativa y la cualitativa y la importancia de las dos en la investigación psicológica. Pero este criterio supone superar la concepción positivista de la metodología cuantitativa y la comprensión anti positivista de la metodología cualitativa. Ambas son valiosas y necesarias, según sea el objeto de la investigación. Si se aspira a descubrir lo general y particular se requiere una metodología cuantitativa; si se quiere revelar la naturaleza esencial de una estructura psíquica compleja o la condición única de un sujeto individual o colectivo se debe emplear una metodología cualitativa. Pero además, la metodología cuantitativa debe contener dentro de sí rasgos de la cualitativa y llevar a ella y la metodología cualitativa ha de incluir en sí misma elementos de la cuantitativa y conducir a ella. ¿Cómo concebimos esta penetración e influencia recíproca de ambas?. Veamos. 1 Tanto en la cuantitativa como en la cualitativa se debe dar la unidad de la verificación empírica y la elaboración teórica, pero de manera diferente en la una y en la otra. a) La cuantitativa se caracteriza por la verificación empírica, pero debe ser superado el empirismo exagerado de la concepción positivista y en consecuencia, es necesario que la investigación teórica penetre en la esencia del fenómeno investigado y ésta sea descubierta en los datos que aporta la investigación empírica cuantitativa. b) En la cualitativa la interpretación, la construcción, es lo fundamental, pero sus conclusiones deben ser sometidas a una verificación empírica, ya sea en el mismo estudio de caso o en otra investigación cuantitativa. Pues debemos evitar la interpretación especulativa y no confirmada en los hechos a la que puede conducir el enfoque anti positivista. 2 Tanto en la cuantitativa como en la cualitativa deben participar la auto observación y la observación externa, pero de manera diferente, según sea la una o la obra. a) En la investigación cuantitativa, por ejemplo, en el experimento, o en la simple observación, basada

por lo general en datos de la observación externa, se deben elaborar hipótesis sobre la naturaleza psicológica interna de los fenómenos investigados. b) En la investigación cualitativa, apoyada fundamentalmente en la comunicación con el sujeto investigado, se requieren datos de la observación externa logrados por el investigador u otros sujetos, que sirvan de instancias de control para lo que el sujeto nos comunica. 3. Tanto la investigación cuantitativa como la cualitativa deben constituir la unidad de lo general y lo individual, pero de manera diferente, según sea la una o la otra. a) La investigación cuantitativa busca lo general o particular a través de hechos o sujetos individuales b) La investigación cualitativa busca lo individual, para ello tiene que apoyarse en instrumentos, pero también en conocimientos y técnicas del diagnóstico que nos dan lo general o particular. 4) Los resultados generales o particulares de la investigación cuantitativa sirven de método o guía para la investigación cualitativa y las conclusiones de esta última aportan hipótesis que pueden constituir el punto de partida de las investigaciones cuantitativas. Es un error pretender que la ciencia psicológica emplee sólo la cuantitativa o sólo la cualitativa y despreciar lo específico de la una o de la otra. Y también es un error separarlas o diferenciarlas de manera absoluta estableciendo un rechazo entre ambas. En consecuencia, consideramos que es positivo que unas investigaciones empleen sólo la metodología empírica cuantitativa tal y como la hemos concebido, mientras que otras utilicen únicamente la cualitativa, de la manera que hemos dicho, y habrá otras que las empleen a ambas, según sea el objeto de la investigación. Actualmente encontramos que gana fuerza en la investigación social la orientación a articular y complementar y no a excluir ni enfrentar, la aproximación cuantitativa y la cualitativa. Véanse, por ejemplo, los primeros cuatro capítulos de la obra colectiva bajo la dirección de J.M. Delgado y Juan Gutiérrez (1995) donde, con un enfoque constructivista y para la “conquista de la libertad del sujeto epistémico”, se propone la articulación de la investigación cuantitativa con la cualitativa. Igualmente opinan Hernández, J. y Landázuri, A. (1999) quienes señalan que los dos métodos son considerados válidos y su elección se restringe a las características del objeto de estudio. Añaden que ambos métodos pueden complementarse permitiendo así una mejor aproximación al fenómeno que se investiga. Según estos autores, Breilh (1994) es partidario de incorporar dialécticamente técnicas que permitan estudiar datos cualitativos y otras que permitan manejar datos cuantitativos. Para concluir diremos que tanto la

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epistemología positivista como la anti positivista reflejo creador (González, D.J. 1997, 2000), puede críticamente e integrarlos contienen elementos valiosos, pero que sólo el superarlos desarrollo de la epistemología marxista en nuestra armónicamente conduciendo al despliegue máximo ciencia, que concebimos como la psicología del y más fructífero de nuestra labor científica. REFERENCIAS

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