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Neoliberalismo En Bolivia

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Categoría: Acontecimientos Sociales

Enviado por: John0099 16 mayo 2011

Palabras: 6482 | Páginas: 26

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-el entonces llamado Tercer Mundo- se llevó a cabo igualmente con fuerte presencia del Estado en la economía, apoyado en la teoría de la "industrialización sustitutiva de las importaciones". Esa política surgió como crítica de la "teoría del comercio internacional" (teoría liberal), que consideraba que cada país o región del mundo debería dedicarse a aquello que llamaba "ventajas comparativas", lo que condenaba a quienes llegaban posteriormente al mercado internacional a quedar prisioneros de la producción de artículos primarios que, intercambiados por los industrializados, consolidaban eternamente y profundizaban la división entre centro y periferia del capitalismo, entre potencias industriales y países agrícolas o minerales.

Las economías centralmente planificadas que caracterizaban a los países socialistas eran el contrapunto más radical a las economías de mercado, más aún a las inspiradas en el liberalismo.

El ciclo global de crecimiento económico de la posguerra se construyó así sobre la crítica, más o menos radical, del liberalismo. Fue cuando esas tres vertientes comenzaron a dar señales de agotamiento que el liberalismo se lanzó de nuevo como alternativa hegemónica, cuando la crisis de 1929 parecía haberlo convertido en un cadáver. Durante ese largo periodo de receso, los liberales se habían mantenido como crítica marginal, conservadora, de las tendencias económicas y políticas dominantes. Incluso los partidos de derecha se comprometían con el keynesianismo, al punto que, a comienzos de los años 70, el presidente republicano de Estados Unidos, Richard Nixon, declaró "somos todos keynesianos", reflejando el poder hegemónico de la propuesta reguladora del Estado capitalista. En el plano concreto esa hegemonía se reflejaba también en que el Estado de bienestar en Europa -en países como Alemania, Italia, Francia- era construido por partidos conservadores o demócrata-cristianos, entre otros.

Detrás de ese proceso estaba el largo ciclo expansivo del capitalismo, que se agotó durante la década de los 70, con la fecha convencionalmente fijada en la crisis del petróleo de 1973, aunque ésta había sido apenas el detonante de un proceso que ya había perdido aliento en años anteriores. El diagnóstico neoliberal, en relación con las tres vertientes que habían entrado en crisis, fue que la regulación desestimulaba al capital y que la libre circulación era la alternativa para regresar al desarrollo, tanto en el centro como en la periferia del capitalismo. En cuanto a las economías centralmente planificadas, éstas estaban condenadas inevitablemente al fracaso por no contar con el dinamismo que únicamente el libre mercado podía promover.

En este contexto es que surgen las propuestas liberales -autoproclamándose neoliberales-, con la actualización de las tesis clásicas del pensamiento liberal. La economía mundial fue transformada, en grados diferentes conforme a la región y al país, por las políticas neoliberales, que promovieron la hegemonía de la ideología de mercado, identificada con el dinamismo y la "libertad económica".

II EL NEOLIBERALISMO EN BOLIVIA

2.1 Caracterización del Neoliberalismo en Bolivia

La “Nueva Política Económica”, aprobada mediante Decreto Supremo 21060 del “9 de Agosto, como se desarrollará no es precisamente nueva, ni en Bolivia, ni en América Latina, siendo que en otros países de esta región, fue probada en mejores condiciones que en Bolivia y resultó un fracaso, en Chile por ejemplo, conteo con todas las circunstancias para ser plenamente integrada y desarrollada, dejando a Chile en una situación mas difícil que la de principio u origen.

En Bolivia el Plan de Estabilización monetaria (15 de Diciembre de 1956), fundamentó los principios proclamados con el 21060, teniendo un lapso de organización bajo este peor hasta 1964, teniendo después en el régimen de Banzer Suarez (1971-1978) su mayor radicalización, tomándola en cuenta los gobiernos posteriores bajo diferentes matices, incluyendo medidas dentro de la UDP.

Lo que si resultó nuevo es que el 21060 llego al límite, no quedando márgenes ni siquiera para matices, es decir que el neoliberalismo entró en vigencia en su sentido mas puro, dentro del país con el claro objetivo de enfrentar la crisis capitalista en el ambiente nacional.

2.2 Esencia del 21060

Su esencia se traduce en asegurar la mas absoluta libertad para que las fuerzas del mercado establezcan las relaciones fundamentales de la economía y la sociedad, toda intervención extraña al mercado debe ser suprimida. El mejor Estado es aquel que reduce su actividad a funciones generales de administración, justicia, defensa, policia y relaciones internacionales, cabe decir, que existirá un progresivo desmantelamiento del Estado mediante supresión de funciones económicas y sociales, disolución de empresas públicas, descentralización de agencias estatales y otras medidas menores. El único objetivo: el redimensionamiento del estado a la vieja filosofía del “Dejar Hacer y Dejar Pasar”

2.2.1 Piezas Claves del 21060

• Libertad de precios y salarios

• Libertad Cambiaria

• Apertura total al exterior

• Libre contratación

• Traslado de actividades económicamente rentables a la empresa privada

Cabe recalcar que el modelo es cerrado, si por ejemplo se establece un control a los precios o se elimina la libre contratación, el modelo queda cojo. Como se nota este es un modelo anti-política económica, o lo mismo que es impedir al Estado su acción de operar política económica.

El éxito del modelo depende de su coherencia con al realidad y aquí es donde la “nueva política económica” muestra sus fallas fundamentales. Es menester no olvidarse que en los países donde se aplicó esta inserción neoliberal, fueron gobernados por férreas dictaduras militares, que no debitaron en usar la fuerza represiva en contra de las voces disidentes. A pesar de ello los resultados negativos están a la vista, demostrando que ni la represión mas violenta es suficiente para modificar la realidad ideada en contextos diferentes.

2.2.2 Desmantelamiento de las Empresas Estatales

El viejo antecesor del neoliberalismo, el Estado Liberal tuvo como primera tarea desmantelar el aparato intervencionista de predominio mercantilista. Ahora la misión del neoliberalismo es desmantelar el aparato que conformó su rival populista y desarrollista: El Nacionalismo Revolucionario, este hizo todo el esfuerzo desde 1952 por crear una burguesía ausente en el acontecer socio-político.

La teoría de la subsiedariedad del Estado es esencial en el enfoque neoliberal, el Estado debe tomar aquellas actividades que los empresarios privados no tiene interes en desarrollar, es decir, el Estado no debe competir o sustituir a la empresa privada, solo debe participar donde hace falta, esta idea en el caso boliviano sirve de fundamentación para el desamantelamiento del Estado. Esta proposición es sostenida sin una consideración teórica de lo que ocurrirá cuando el Estado Boliviano haya perdido la capacidad de acción y al mismo tiempo los problemas económicos y sociales se vuelvan incontrolables, pero dentro de todo este proceso está la confianza plena de los neoliberales en el uso de la fuerza y violencia, sustento neto de ellos.

Aquí se determina una diferencia sustancial entre el liberalismo que propugna la libertad, igualdad y fraternidad, considerando fundamental el consenso y el acuerdo de las partes sociales, mientras el neoliberalismo prescinde de estos y recurre a un estado de sitio constante.

El principio de descentralización aplicado con el propósito de fortalecer y consolidar una empresa tiene grandes efectos positivos. Contribuye a desburocratizar las empresas, facilitar y agilizar el proceso de decisiones, aplicar con rigor el cálculo económico y la evaluación de resultados permanente. En suma eleva la eficacia y eficiencia de las empresas. Si factores ajenos debilitan estos principios, la descentralización puede traer distorsiones peligrosas. No es por tanto, la aplicación del principio en si, la que contribuye o puede contribuir al debilitamiento del Estado, el problema radica en la filosofía o marco general que se encuadra la descentralización.

III EL NEOLIBERALISMO EN CHILE

3.1 1956-1983

Hace exactamente veintiún años el Presidente Allende fue derrocado en medio de un dramático golpe de estado.. El solitario suicidio de Allende, desenlace trágico de un largo proceso de deterioro de los consensos básicos, anticipó el fracaso de toda resistencia antigolpista. En pocas horas la insurrección militar liquidó "la vía chilena al socialismo", cancelando de paso, el sistema democrático.

Uno de los elementos más decisivos en la proyección del autoritarismo emergente, que se extendería por 17 años, fue la asociación lograda entre militares y neoliberales. La contra-revolución capitalista resultante de tal alianza, impactó horizontalmente la estructura económico-social de Chile, sacudiendo además el escenario político, ideológico y cultural. Precisamente las transformaciones económicas derivadas de la violenta implantación de un modelo de desarrollo neoliberal, ajeno a la trayectoria republicana, influyeron en la mentalidad y en el discurso de diversos agentes políticos, en especial aquellos vinculados a la derecha.

¿Cómo se produjo la implantación ideológica del neoliberalismo en Chile? ¿Qué sectores participaron en el proceso? La contestación de ambas preguntas lleva a un pensamiento ambivalente. De una parte, nos obliga a precisar algunas coyunturas decisivas en la construcción de un expansivo proyecto hegemónico. De otra parte, nos empuja a distinguir las transformaciones ideológicas ocurridas al interior de la derecha chilena, caracterizada, durante los últimos veinticinco años, por la presencia de tres corrientes principales: el nacionalismo, el gremialismo corporativista y el neoliberalismo.

3.2 La gestación del "Proyecto Chile": 1956-1958

El 29 y 30 de marzo de 1956, se firmó un convenio de intercambio académico entre la Universidad de Chicago, la Administración para la Cooperación Internacional y la Universidad Católica de Chile, que vinculó institucionalmente los departamentos de economía de ambas universidades por más de una década. La cristalización del acuerdo, que entre otros objetivos incluía la promoción de investigaciones "...sobre el papel que le corresponde a la empresa privada en el desarrollo nacional", en su parte central consignaba el envío de egresados chilenos a la universidad norteamericana y la creación de un Centro de Investigaciones Económicas, localizado en Santiago, bajo la tuición académica de Chicago.

La elección de la Universidad Católica por parte de los norteamericanos no fue azarosa. Prolongadas conversaciones antecedieron a la redacción de un programa de cooperación, que debía responder satisfactoriamente a los intereses de las instituciones participantes. Para la contraparte chilena, el convenio representaba una aspiración crecientemente deseada: modernización académica e institucional, pero desde una perspectiva diferente a la promovida por el desarrollismo o el marxismo. Para su similar estadounidense, las motivaciones que justificaban la decisión de influir en la formación científica de economistas latinoamericanos, apuntaba en una dirección precisa: difundir, en un pequeño grupo de cuadros intelectuales, un discurso económico que no solo ponía en el centro de su argumentación la necesidad de reducir el tamaño y la intervención del Estado, privatizar y descentralizar la actividad económica, defender y promover la propiedad privada sino que además asignaba al mercado un papel determinante en el desenvolvimiento económico. El evidente interés norteamericano por Chile sugiere un objetivo adicional: neutralizar, o a lo menos atenuar, la manifiesta influencia sub-regional exhibida tanto por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), con sede en Santiago, como por la Facultad de Economía de la Universidad de Chile. Instituciones que aplicaban, en la docencia e investigación, un enfoque estructuralista.

En forma paralela al comienzo de tan particular transferencia ideológica -que recibió la nada ambigua denominación de "Proyecto Chile"-, el Estado continuaba liderando el proceso de industrialización sustitutiva de importaciones. En este sentido, el Estado nacional populista buscaba y a veces obtenía la representación de un amplio consenso basado en la aceptación, la exigencia o la tolerancia de su papel como director de la industrialización y del desarrollo, como modernizador de la sociedad y como regulador del conflicto de clases.

La profundización del proceso de modernización no impidió que la economía chilena, a mediados de la década del cincuenta, ingresara a un agudo ciclo recesivo. Las dificultades experimentadas por el modelo de desarrollo mercado-internista repercutieron duramente en la segunda administración del ex-general Ibáñez, provocando la contratación de un equipo económico extranjero con el fin de minimizar la espiral inflacionaria. Con ese objetivo arribó la misión Klein-Saks [1955-1958]. Las recomendaciones sugeridas por el staff estadounidense concordarían ampliamente con las primeras recetas neoliberales sobre la realidad chilena. En síntesis el programa de dicha misión "...se basó en el control de las remuneraciones y en la eliminación de los reajustes automáticos; en la reducción de los gastos públicos; en la limitación de crédito bancario y, en lo relativo a política cambiaria, en la implantación de una tasa de cambio única y fluctuante, que reemplazara a los subsidios y cuotas tan característicos del comercio exterior chileno".

A pesar de algunos éxitos relativos, una creciente ola de presión social obstaculizó el intento liberalizante, restringiendo y luego cancelando las iniciativas de reordenamiento económico formuladas por el equipo Klein-Saks. Con todo, la aguda polémica pública, simultánea a la permanencia de la misión en Santiago, movilizó opiniones favorables a una reducción del aparato estatal y del gasto fiscal.

Coincidente a la puesta en marcha del convenio de cooperación Universidad de Chicago-Administración para la Cooperación Internacional-Universidad Católica, surgió uno de los factores más decisivos en la difusión local del planteamiento neoliberal: la actuación de Agustín Edwards B., influyente empresario y propietario del más importante diario de circulación nacional. Edwards, que durante 1955 había adherido ampliamente, desde las columnas de El Mercurio, a las orientaciones estabilizadoras y aperturistas de la misión Klein-Saks, fustigaría, más tarde, el discurso proteccionista del empresariado nacional y las debilidades gubernamentales para sostener en el tiempo una política antiinflacionaria. No es de extrañar, entonces, que el grupo de abogados y empresarios adscritos al grupo económico Edwards, que compartían una visión pesimista del desarrollo nacional en su opinión derivada del predominio de los estructuralistas de CEPAL, los planificadores y los estatistas, brindara un explícito y decidido apoyo al "Proyecto Chile".

3.3 Etapa 1963-1970

Si bien el contrato entre ambas universidades estipulaba una duración de tres años, previéndose su término para la primavera de 1959, se extendió finalmente hasta 1964. Lapso durante el cual entre veintiséis a treinta economistas chilenos se educaron en Chicago, de los cuales al menos quince alcanzarían posteriormente amplia notoriedad como académicos, consultores internacionales, funcionarios públicos o ejecutivos de importantes empresas. Tras su retorno a Santiago algunos de ellos fueron contratados como profesores con dedicación exclusiva en la Universidad Católica, mientras otros se dirigieron hacia la empresa privada, el Banco Central y, en menor medida, a la Universidad de Chile. El grupo que se concentró en la Universidad Católica, logró en 1965 obtener el control de Facultad de Economía, eligiendo como decano a Sergio de Castro, sin duda uno de sus más conspicuos líderes.

Aproximadamente a partir de ese momento, el interés de la primera generación de monetaristas comenzó a desplazarse más allá del ámbito puramente académico. Persuadidos frente a la posibilidad de ampliar su campo de influencia y diseminación ideológica, un cohesionado elenco de neoliberales se integró, desde una posición sólidamente técnica, al debate interno de la derecha chilena.

Hacia mediados de la década del sesenta el sistema de partidos registraba un hecho fundamental: la destrucción electoral de la derecha política tradicional. Si a lo anterior agregamos el inicio de la Reforma Agraria y la declinación institucional del Congreso Nacional -espacio privilegiado de negociación, alianzas y pactos intersectoriales-, se configuraba un escenario potencialmente sombrío para el conjunto de la derecha.

A diferencia de lo profetizado por algunos políticos contemporáneos a los sucesos, el derrumbe electoral de la derecha tradicional no significó su defunción política ya que a tan sólo un año de su estrepitoso naufragio, el sector resucitaba con una nueva fisonomía. Si bien la fundación del Partido Nacional (1966) vino a resolver la aguda crisis de representación, el estilo confrontacional de la nueva organización partidaria no hizo sino aumentar la polarización general del sistema político.

Unos años antes, la alianza neoliberal-grupo Edwards comenzó a exhibir sus primeros resultados. Durante el transcurso de 1963 se creó, por iniciativa de Agustín Edwards B. el Centro de Estudios Socio Económicos (CESEC), con el fin de contribuir al pensamiento económico de la derecha y, al mismo tiempo, defender los principios de la libertad de mercado y de la eficiencia económica. El funcionamiento de CESEC, en tanto que vehículo de análisis, reflexión y extensión del discurso neoliberal, se prolongó hasta la campaña presidencial de 1970, año en que fue disuelto y sus archivos auto destruidos.

El éxito relativo logrado por los neoliberales en su objetivo por incidir en el escenario político, tuvo, en esta etapa, su punto más alto en el diseño de la plataforma programática del Partido Nacional. Aunque se trataba de un triunfo modesto -la cantidad de páginas que el texto final le asignaba a los temas económicos era reducida-, la presencia mayoritaria de economistas "monetaristas" en la redacción del documento, no sólo anticipó el carácter hegemonizador que las ideas neoliberales iban a conquistar al interior de la derecha organizada, también expresó el grado de proximidad logrado con el más importante referente de la derecha chilena.

Con todo, el paulatino escalamiento no fue suficiente como para influir en uno de los acontecimientos ideológicos más significativos de fines de la década de los sesenta: la discusión del plan económico del abanderado presidencial derechista Jorge Alessandri R.. Aunque algunos de los más connotados defensores de la "economía libre" intervinieron en las primeras conversaciones programáticas, casi inmediatamente emergieron diferencias de opinión con un sector de empresarios y economistas moderados encabezados por el ex-vicepresidente de CORFO Pierre Lehman. Las orientaciones propuestas por los neoliberales: "...apertura económica; eliminación de las prácticas monopólicas; liberación del sistema del precio; modificación del sistema tributario y previsional; creación y formación de un mercado de capitales; protección del derecho de propiedad", si bien eran mayoritariamente aceptadas no concitaban consenso a la hora de definir la velocidad de su ejecución. Sobre este punto De Castro, Barahona y algunos otros estimaban lo contrario: la gradualidad llevaría al fracaso del programa. La imposibilidad de acuerdo afectó a las propuestas más radicales, situación que provocó su desperfilamiento al interior de la plataforma presidencial de Alessandri.

El debate programático-presidencial de 1970 es expresivo de las dificultades que experimentó el discurso neoliberal para concitar adhesión en la mayoría del empresariado nacional y en ciertos sectores de la clase política. No obstante se trataría de la última derrota relativa que este grupo sufriría durante la vigencia del régimen democrático. Los acontecimientos posteriores, por lo menos hasta la crisis de 1982-1983, se presentarían de una manera totalmente distinta para los discípulos de Friedman, Hayek, Harberger y Sjaastad.

3.4 Etapa 1972-1980

Hacia mediados de 1972, la aceleración de la ofensiva estatista y la activación de un amplio movimiento político-social de retórica revolucionaria, se enfrentó a una oposición abiertamente radical con creciente poderío social.

La insoslayable percepción de una crisis terminal movió a un equipo profesional, de sello neoliberal, que incluía a militantes del Partido Nacional, independientes de derecha y democratacristianos -con apoyo empresarial-, a discutir un programa económico para un gobierno post-izquierdista. En el invierno de 1973 el estudio estuvo concluido, iniciándose su distribución en medios civiles y militares. El esfuerzo realizado no sería en vano.

En los días inmediatamente posteriores al golpe de estado, fueron convocados al gobierno, individualmente, por intermedio del Ejército y la Marina -responsable en ese momento de la conducción económica-, algunos destacados neoliberales a colaborar en el diseño de políticas. Su incorporación al aparato público se produjo de manera coetánea al ingreso de un heterogéneo grupo de asesores civiles en una variada gama de áreas administrativas. Pero a diferencia de los otros técnicos incorporados a la maquinaria estatal, el elenco de economistas aludido, contaba con un proyecto claramente determinado y una gran capacidad de gestión individual y colectiva.

En menos de un año, el equipo neoliberal desplazó a los defensores de un programa de corte "nacionalista", formulando un severísimo plan de ajuste estructural. Para las Fuerzas Armadas, dentro de las cuales existía una percepción debilitada del régimen democrático, el nacional populismo no constituía un paradigma a seguir. Ahora bien, si a la imposibilidad práctica de introducir un modelo económico de características corporativas le sumamos la urgencia de contar con respaldo económico internacional junto una cuota decisiva de insoslayable desconocimiento técnico, las posibilidades de elección se restringían rápidamente. A lo anterior hay que agregar un factor de atracción adicional, los neoliberales al igual que los militares chilenos, no sólo carecían de experiencia política, explícitamente repudiaban la politización de la sociedad.

Superados los primeros meses de indefinición, caracterizados por el predominio de la dimensión reactiva-defensiva del régimen, etapa inmediatamente anterior al despliegue de los objetivos fundacionales, el comando militar pudo apreciar las virtudes de la oferta neoliberal.

En rigor, el proyecto propuesto a las Fuerzas Armadas buscaba desestructurar de raíz el modelo de desarrollo implementado hasta 1973. Dicho modelo atribuía un papel preeminente al Estado en dos sentidos: como promotor directo del desarrollo económico -en particular de la industrialización- y como agente de fomento de la actividad privada. Bajo este esquema el Estado era visto además, como regulador de las desigualdades sociales, faceta que debía cumplir a través de medidas en favor de la democratización social en los campos de la salud, la educación, la vivienda y la previsión. En franca oposición a ese modelo, la ejecución de un programa de inspiración neoliberal, requería la existencia de una acentuada política de desestructuración social, cuyo destino prioritario eran las organizaciones sociales y políticas.

Vale decir la experiencia neoliberal prometía revolucionar, no sólo lo realizado por la Unidad Popular (UP), sino la conducción total de la política chilena desde los años treinta. Alternativa que se articulaba perfectamente con una idea que rondaba los autónomos mandos castrenses: el gobierno militar se proponía metas y no plazos.

Como era presumible esperar, desde el comienzo primó, al interior de la nueva gestión económica, la idea que el mercado, operando libremente, era el más eficiente asignador de recursos productivos, a la vez que el mecanismo más idóneo para restablecer los desequilibrios macroeconómicos heredados de la UP. A partir de una progresiva implantación de esta categoría esencial y gracias a una paulatina reducción del gasto fiscal, la política económica inicialmente adoptada se concentró en una lucha gradual contra la inflación, el déficit fiscal y el restablecimiento de los equilibrios básicos. Pero las dificultades experimentadas durante 1974: impacto de la crisis externa, caída del precio del cobre, espiral inflacionaria, empujaron al gobierno militar, agobiado por la percepción de un inminente colapso, a optar por el tratamiento de schock.

El schock aplicado en 1975, marca un hito no sólo por la violencia de las medidas que incluían una brusca reducción del gasto fiscal y de la inversión pública; acelerada privatización de las empresas en manos del Estado; inédito incremento de los impuestos; disminución significativa de los salarios; desregulación del sistema financiero y, finalmente, una rebaja de los aranceles con la consiguiente apertura exterior, sino porque además se trataba de la expresión más evidente de la hegemonía alcanzada al interior del programa económico por los neoliberales. Vale decir, el "estreno en sociedad" por parte de un elenco de técnicos, que de un anonimato casi absoluto pasaban a convertirse en los artífices de un nuevo modelo de desarrollo y por extensión en una de las piezas más relevantes del proyecto fundacional del régimen militar. Precisamente fue en los años posteriores al schock cuando a este grupo de economistas se los comenzó a identificar de una manera simple, pero inolvidable: Chicago Boys.

A partir de 1975, el modelo logró una plena articulación con el autoritarismo. En este sentido la presencia del neoliberalismo al interior del bloque gobernante, a un nivel equivalente al de las doctrinas militares de la seguridad nacional, sólo constituyó una etapa en medio de una trayectoria más extensa y compleja. Hacia fines de la década del `70, la primacía ideológica del neoliberalismo, de la mano de sus éxitos macro-económicos, se tornó incontrastable invadiendo todos los campos de la actividad pública. Durante esta nueva fase, distinguible en el ámbito político por la definitiva institucionalización y progresiva legitimación del régimen militar, el discurso neoliberal, en delicada unión con algunos elementos del gremialista corporativista, trascendió el terreno económico interviniendo en una creación exclusivamente política: el proyecto de democracia restringida.

La durísima crisis económica verificada durante el trienio 1981-1983, comparable a la producida entre los años 1932-33 y 1972-73, no sólo modificó los liderazgos al interior del equipo económico gubernamental, erosionó además la legitimidad alcanzada por el modelo en su conjunto. La extrema ideologización experimentada por el neoliberalismo durante su prolongado paso por el poder, similar a la ocurrida una década antes con la izquierda revolucionaria, aceleró su caída. Desalojados del circuito gubernamental, los Chicago Boys buscaron "refugio" en sus áreas iniciales de influencia: el sistema universitario -en su versión pública y particular- y la empresa privada.

Con todo, el deterioro en la validez del modelo neoliberal no constituyó un obstáculo infranqueable para su planificado retorno a la arena político-económica. Si bien la retórica triunfalista de características utópicas desapareció del discurso dominante; los sucesivos éxitos macro económicos -la llamada "revolución silenciosa"- reubicarían la ideología neoliberal en el centro del debate estratégico. Pero el regreso de los neoliberales a la actividad pública desde mediados de la década de los `80, incluyó un matiz particular. Al contrario de sus predecesores, la nueva generación de Chicago Boys convocados al diseño de políticas, incorporó dos elementos "nuevos": flexibilidad y sutil heterodoxia.

En este sentido es muy probable que tras el intento de rebajar el acentuado dogmatismo de su discurso, el neoliberalismo chileno local apostado a renovar sus alternativas de futuro.

IV BOLIVIA DESPUÉS DEL NEOLIBERALISMO

La experiencia demuestra que las economías latinoamericanas que mejor funcionan son aquellas que contaron con una masa crítica de pensamiento económico endógeno para elaborar respuestas acordes con sus propias realidades.

Desde ya, para cualquier estrategia de desarrollo es indispensable tomar en cuenta que lo económico es sólo un aspecto, una abstracción, de complejas y diversas realidades sociales. Adecuadamente, Douglass North (premio Nobel de Economía de 1993) señala que la economía neoclásica —base teórica del neoliberalismo económico— es una construcción lógica impecable, pero, para que pueda funcionar, ¡requiere de una previa construcción institucional que puede llevar siglos!

En América Latina, sin embargo, con frecuencia no sólo hemos ignorado este aspecto fundamental, sino que hemos sido proclives a adoptar dogmáticamente principios económicos que sólo hacen parte de las soluciones. Nos entusiasmamos con el keynesianismo a tal extremo que el sector público invadió todas las esferas, incluso las productivas, mientras en los países desarrollados los estados keynesianos siempre tuvieron un papel subsidiario respecto de la iniciativa privada en lo que se refiere a estas actividades. Y cuando el modelo adoptado colapsó después de haber endeudado a los ciudadanos hasta límites insostenibles, con frecuencia nos fuimos al otro extremo y abrazamos el neoliberalismo con la misma pasión que antes habíamos adherido al keynesianismo: liberar los mercados parecía la solución universal. Olvidamos que lo económico es sólo un aspecto de lo social y que, para que los mercados funcionen en beneficio de todos, se requieren reglas del juego consensuadas y respaldadas por instituciones democráticas fuertes, ¡por un Estado democrático fuerte!

Ahora, ante la comprobación de que resulta perjudicial liberar la economía a los mercados sin haber consensuado previamente reglas del juego para aprovechar esa fuerza ciega en beneficio de todos, la tendencia de algunos es al retroceso: volver a reemplazar a los empresarios por políticos. O bien, desconfiar de todo lo “externo” y encerrarse en sus propias identidades ¿Serán ésas las soluciones? Parece claro que no, pero entonces ¿cuál es la alternativa?

Los países que mejor han encarado su desarrollo han sido capaces de elaborar a lo largo del tiempo su propio conocimiento en materia de desarrollo. Ésta sería una de las razones por las que ni Chile ni Colombia llegaron a estatizar su economía al grado en que lo hicieron algunos, o por las que, más adelante, varios países no aplicaran el neoliberalismo económico al extremo en que lo hicieron muchos. Y por qué Brasil, contemporáneamente, se puede plantear aprovechar las fuerzas del mercado y la inversión externa para beneficio de todos.

En el caso de Bolivia, más útil que adoptar posiciones dogmáticas y polares sería avanzar, no retroceder, sobre la base de un mejor conocimiento e interpretación de una abigarrada realidad nacional y de las tendencias mundiales, particularmente de las latinoamericanas. Desarrollar propuestas, aprovechando la enorme cantidad de información disponible, sí, pero discriminando en ésta lo general de lo particular y también tomando en cuenta que la información referida explícitamente a nuestras realidades es incomparablemente menor a la que aparece sobre otras.

Es necesario no sólo reconocer la enorme diversidad física, biológica y cultural de Bolivia sino también conocerse mejor mutuamente y no considerar la realidad desde un solo punto de vista, el de cada identidad. Proponer alternativas de organización que tomen en cuenta todos los puntos de vista, todas las realidades histórico–geográficas configuradas desde hace siglos. Convenir en reglas del juego generales, sí, pero que también permitan que los bolivianos puedan elaborar democráticamente y ejecutar libremente estrategias de desarrollo para cada uno de sus respectivos ámbitos territoriales (locales, regionales, nacionales). Y también tomar en cuenta que cada realidad social está inscrita en realidades mayores que no se pueden ignorar, que la globalización de la economía es un hecho y que unidos tendremos más fuerza para aprovechar las oportunidades y defendernos de las amenazas de esa realidad. Y la base de esa unión debe ser la solidaridad social.

La próxima Asamblea Constituyente abrirá una oportunidad histórica para que los bolivianos replanteen sus propias reglas del juego. Pero es sólo una oportunidad: se puede acertar o no. Para que no ocurra esto último habría que llegar a consensuar unas pocas normas realistas —y sus respectivos mecanismos de cumplimiento— que sienten las bases de la ciudadanía y del desarrollo en el más amplio sentido de la palabra: económico, equitativo, participativo. Pero lo esencial, más que el enunciado de esas reglas, sería que ellas fueran efectivamente compartidas e internalizadas por todos, y que puedan ser aplicadas por un Estado que sea un verdadero instrumento de los intereses comunes. Entre otros fines, este Estado debería constituir el instrumento para encauzar y aprovechar en beneficio de todos —y no espantar— las poderosas fuerzas del mercado y de la globalización económica.

V CHILE Y BOLIVIA: CONCLUSIONES COMUNES DEL NEOLIBERALISMO

Como producto del marco económico, pero también del conjunto del sistema político, ideológico y jurídico, se ha instalado un cambio profundo en la subjetividad de las personas. Una mercantilización del sentido de la vida, que deshumaniza a los seres humanos y sus relaciones, vaciándolas por completo de valores éticos y remitiéndolas por completo a lo que significan monetariamente. Una persona entonces ya no vale por lo que es, como expresión única e irrepetible de la vida, sino por el dinero que tiene o es capaz de generar. Las relaciones con otra persona importan en la medida que nos permiten ganar dinero; de lo contrario, son una pérdida de tiempo. La medida del éxito en la vida es la cantidad de dinero que acumulamos. Y como la mayoría no tiene mucho, su autoestima decae proporcionalmente.

Los medios de comunicación de masas, lo mismo que el sistema educativo y las autoridades públicas se encargan de remarcar que vivimos en un mundo de competidores y que los triunfadores son aquellos que merced a su espíritu emprendedor, vencen en el mercado. Los grandes empresarios son convertidos en "modelos de conducta" a ser imitados por toda la sociedad. En esa óptica, hasta los trabajadores por cuenta propia, pasan a ser denominados como "microempresarios".

En el mundo del trabajo asalariado, las empresas entregan un mensaje claro y que cala profundamente en la conciencia de los trabajadores, sobre todo los más jóvenes: "el camino para el progreso económico del trabajador no pasa por la organización, la solidaridad, el sindicato, la negociación colectiva. El camino pasa por el esfuerzo individual, la deslealtad con mis compañeros y la subordinación a mis superiores y al empleador".

La des-responsabilización del estado de su rol de garante de los derechos económicos, sociales y culturales de la población lleva a que los pobres terminen percibiéndose a sí mismos, como culpables de su propia situación. Es culpa de su falta de competitividad, de su ignorancia, de su poco espíritu de superación, de su falta de creatividad o espíritu emprendedor.

Este sentido común que se instala, ha llevado a los sectores medios y populares a una tensión enorme por elevar rápida y sostenidamente su nivel de consumo, como objetivo prioritario y hasta único de su vida. Esa tensión es canalizada y aprovechada por el sistema económico de muy diversas y complementarias formas. Además de trabajar, las personas en su afán de poder gastar más, se endeudan progresivamente, hasta padecer de "endeudamiento crónico".

Como el incumplimiento de las deudas lleva a una espiral que puede amenazar la pérdida de todo, hasta de la vida, las personas son empujadas a multiplicar su esfuerzo laboral, con alargamiento de las jornadas de trabajo y la recurrencia a múltiples trabajos parciales. Las personas empiezan a vivir para trabajar y no trabajan para vivir.

Sacrifican su salud, su tiempo de descanso y de compartir con su familia, con sus amigos y vecinos, para obtener algunas comodidades de la modernidad. Pierden en cambio, años de vida y el afecto, incluso de sus seres más cercanos. No tienen más tiempo para crear, para pensar, para compartir, para atender a sus hijos y darles ejemplo. Se tornan en personas tensas, agresivas, violentas; cuando no se sumergen en el estrés, la depresión, en el alcohol o la droga.

Las consecuencias son graves: Chile exhibe una de las jornadas de trabajo más largas en el mundo, al mismo tiempo que se ubica en el tercer lugar de maltrato infantil, y lidera la región en alteraciones mentales, accidentes de tránsito, tabaquismo, alcoholismo y drogadicción

Los movimientos ciudadanos en defensa de la ecología, por la paz y en contra de la guerra, en contra de la discriminación de minorías -diversidad sexual, discapacitados, migrantes-, por los derechos de la mujer y del niño, han cobrado un grado mayor de fuerza y presencia. Sus denuncias y demandas han logrado un nivel de incidencia en la agenda y en la política gubernamental, pero más significativamente han establecido un grado de control ciudadano por sus derechos que ha logrado dificultar la maniobra empresarial y/o gubernamental en algunas circunstancias.

Los movimientos estudiantiles de universitarios y secundarios han luchado a lo largo de varios años por un mayor aporte fiscal a la educación superior pública y cuestionado el criterio mercantil con que opera el financiamiento universitario, además de los mayores cobros de pasaje escolar; con limitados resultados hasta la fecha.

En los últimos años, dentro de los sectores más pobres de la población, ha emergido un movimiento por el derecho a la vivienda, conformado por deudores habitacionales y sin casa, que ha desplegado notable actividad de marchas y acciones directas, reclamando la condonación total de sus deudas y el otorgamiento de viviendas dignas. En los ámbitos poblacionales urbanos, de otro lado, vienen proliferando redes de organizaciones culturales autogestionarias, con una dinámica contrapuesta abiertamente al discurso neoliberal.

VI BOLIVIA, EL 21060, RAZONES DE SU DESADECUACIÓN NACIONAL

En primer lugar: Las fuerzas de mercado son incapaces de organizar por si solas el funcionamiento de la economía en una escala ampliada ya que ni siquiera son capaces de zoster un proceso de reproducción simple. Dada las reducidas dimensiones de la economía Nacional y sus características de producción, es inevitable la formación y predominio de los llamados “monopolios naturales”.

En segundo lugar, el Estado Boliviano es resultado de todo un largo proceso histórico. La acumulación de funciones económicas y sociales no fue arbitraria, ni respondió a simples afanes voluntaristas, respondió a las exigencias económicas y sociales del desarrollo cultural e histórico. De modo que no se puede desmantelar el Estado sin provocar el surgimiento de profundos desequilibrios y de exigencias perentorias.

En tercer lugar, pretende reimplantar la libre contratación, que es negar a los trabajadores y todo su proceso social e histórico, además de dejar a un lado la Carta Magna, situando al trabajo indefenso frente al capital. Cualquier Estado que niegue las conquistas sociales de los trabajadores de una nación no podrá lograr el consenso mínimo para un equilibrio social.

En cuarto lugar, la apertura total al exterior, lleva a un proceso de desindustrialización, no solo por el problema de tipo cambiario o la irracional protección arancelaria, sino, de las que procesan productos que no podrán competir en el exterior.

Por lo demás una política de este tipo requiere de una burguesía nacional capaz de ser dinámica y emprendedora, de aprovechar las oportunidades que dejan abiertas la retercción del Estado. En Bolivia los empresarios mas poderosos están en el comercio, banca, y finanzas, es decir, dejan al Estado el rol dentro del ámbito productivo, sesgando sus intereses al rol que de mas rédito, no teniendo esa conciencia nacional de trabajo y progreso común.

El neoliberalismo es la negación clara y tajante del nacionalismo revolucionario. Este último en sus expresiones mas genuinas tiene, como postulados la nacionalización y estatización del capital extranjero, el fortalecimiento del sector público, la actividad planificada, la defensa de recursos naturales, la autosuficiencia alimentaria y otros, de contenido popular y nacional. El nacionalismo revolucionario se sustenta en la alianza de trabajadores, en cambio el neoliberalismo niega estos postulados y es al fin de cuentas la ideología de la clase dominante. Por un lado significa un paso atrás en la construcción de un Estado Nacional, pues conduce al debilitamiento de las fuerzas sociales interesadas en la consolidación nacional y afianza las premisas para una mayor dependencia y condicionamiento externo.

Después de este análisis histórico, vale hacerse las siguientes preguntas:

¿Hubiera habido otra salida mas eficaz en el colapso de 1985, que estaba desembocando en una prematura muerte social, política y principalmente económica del país?

¿Sin el 21060 donde estaría Bolivia en este momento?, ¿Progreso?, ¿Dependencia?, ¿Desmembrada?

Preguntas que encuentran respuestas solo en el devenir de la historia…….