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Pobreza En El Mundo

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Categoría: Acontecimientos Sociales

Enviado por: Stella 26 abril 2011

Palabras: 10235 | Páginas: 41

...

ara dar a conocer los métodos de ayuda para mejorar o reducir los índices de pobreza en el mundo, así como también les mostraremos algunas graficas con este índice para que sean más comprendidas.

De esto y mucho mas hablaremos en esta investigación esperando que sea de su agrado y esperando también buenos resultados.

ANTECEDENTES DE LA POBREZA

La pobreza es una situación o forma de vida que surge como producto de la imposibilidad de acceso y/o carencia de los recursos para satisfacer las necesidades físicas y psíquicas básicas humanas que inciden en un deterioro del nivel y calidad de vida de las personas, tales como la alimentación, la vivienda, la educación, la asistencia sanitaria o el acceso al agua potable. También se suelen considerar la falta de medios para poder acceder a tales recursos, como el desempleo, la falta de ingresos o un nivel bajo de los mismos. También puede ser el resultado de procesos de segregación social o marginación. En muchos países del tercer mundo, se dice que uno está en situación de pobreza cuando su salario (si es que tiene un salario), no alcanza para cubrir las necesidades que incluye la canasta básica de alimentos.

La aplicación del concepto de pobreza a unos países frente a otros se denomina subdesarrollo (países pobres).

El concepto de pobreza es fundamentalmente económico, aunque también tiene impactos políticos y sociológicos. En la mayoría de los contextos se la considera algo negativo, pero en algunos ámbitos espirituales la pobreza voluntaria se considera una virtud por implicar la renuncia a los bienes materiales (voto monástico de pobreza, junto con los de castidad y obediencia). Históricamente la pobreza ha sido objeto de distintas valoraciones ideológicas que implicaban distintas respuestas sociales (véase Pensamiento económico medieval).

Puede ser descrita o medida por convenciones internacionales, aunque pueden variar los parámetros para considerarla.

Un intento de definición responde al hecho de que la pobreza debe ser vista como el resultado de un modelo económico y social, ejercido y aplicado en un territorio y tiempo determinado, por los diversos agentes económicos y políticos, que producen en la sociedad sectores excluidos de los beneficios totales o parciales del modelo en ejecución. A estos sectores excluidos de tales beneficios los llamamos generalmente pobres o más genéricamente como parte de la pobreza existente.

La pobreza no es pues una causa que deba ser tratada como tal para combatirla, es el resultado de procesos complejos y extendidos en el tiempo, que son difíciles de apreciar a simple vista y que requieren investigación sostenida para lograr su comprensión antes de plantear cualquier intento de terminar con la pobreza.

Niveles de pobreza:

Hay dos definiciones básicas distintas:

• pobreza absoluta cuando ciertos estándares mínimos de vida, tales como nutrición, salud y vivienda, no pueden ser alcanzados

• pobreza relativa cuando no se tiene el nivel de ingresos necesarios para satisfacer todas o parte de las necesidades básicas.

Las formas de medir la pobreza son muy diferentes en ambas definiciones. Desde un punto de vista económico, sociológico y psicológico se complementan ambas. Es particularmente dramática la situación de pobreza absoluta, de la cual es el principal problema de las sociedades sin recursos. Es sociológicamente y psicológicamente muy interesante la pobreza relativa, que la padece quizás gran parte de las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo, se trata de la calidad de vida.

Umbral de pobreza que viene definido como la línea fijada en un dólar diario por persona, cantidad que se considera suficiente para la adquisición de productos necesarios para sobrevivir.

El Día Mundial para la Erradicación de la pobreza se celebra el 17 de octubre.

Países más pobres por continentes.

A continuación veremos una lista con los 3 países más pobres de cada continente. La estadística se basa en PIB PPA per cápita:

• América Central: [pic] Haití, 1300$. [pic] Nicaragua, 2600$. [pic] Honduras, 4100$.

• América del Norte: [pic] México, 14000$.

• Cuenca del Caribe: [pic] San Cristóbal y Nieves, 791$. [pic] Antigua y Barbuda, 1526$. [pic] Santa Lucía, 1794$.

• América del Sur: [pic] Guyana, 3800$. [pic] Bolivia, 4000$. [pic] Paraguay, 4500$.

• África: [pic] Zimbabue, 200$. [pic] República Democrática del Congo, 300$. [pic] Liberia, 400$.

• Asia: [pic] Afganistán, 1000$. Franja de Gaza, 1100$. Cisjordania, 1100$.

• Europa: [pic] Kosovo, 1800$. [pic] Moldavia, 2900$. [pic] Montenegro, 3800$

• Oceanía: [pic] Tokelau, 1000$. [pic] Tuvalu, 1600$. [pic] Islas Salomón, 1900$.

• Mundo: [pic] Zimbabue, 200$

Estadísticas

• Más de 1.000 millones de personas viven actualmente en la pobreza extrema (menos de un dólar al día). El 70% son mujeres.

• Más de 1.800 millones de seres humanos no tienen acceso a agua potable.

• millones carecen de vivienda estimable.

• 840 millones de personas mal nutridas.

• 200 millones son niños menores de cinco años.

• 2.000 millones de personas padecen anemia por falta de hierro

• 880 millones de personas no tienen acceso a servicios básicos de salud.

• 2.000 millones de personas carecen de acceso a medicamentos esenciales.

La pobreza como producto de la desigualdad social.

El mediocre crecimiento económico de América Latina durante el siglo XX, en acentuado contraste con las economías exportadoras de productos primarios de los países desarrollados, se debió a la inestabilidad política, las barreras comerciales, la poca solidez de los derechos de propiedad, las deficientes infraestructuras y la volatilidad en las finanzas públicas.

Asimismo, la mala formación general y técnica y otras barreras a la innovación relacionadas explícitamente con la generación y gestión de conocimientos contribuyeron a este lento crecimiento. Todo esto se vio exacerbado por estrategias proteccionistas con industrias de sustitución de las importaciones, que descuidaron el desarrollo de las fortalezas naturales de los países, desalentaron la innovación y sobrecargaron de impuestos a sus sectores de recursos naturales.

La apertura comercial, y no el proteccionismo, ha sido decisiva para ayudar a los países a diversificar sus exportaciones. Por eso, la región no debe dar la espalda a sus recursos naturales, a su proximidad geográfica general con los Estados Unidos o a su fuerza laboral competitiva. La mejor forma de tener éxito es mantenerse abierto a la competencia internacional. La consolidación de los esfuerzos de integración regional, como el Nafta y el Mercosur, será fundamental para ayudar a los países a diversificar sus fuentes de ingreso por exportaciones y así aumentar los ingresos y hacerlos más estables.

Los países de América Latina y el Caribe no deben volver al pasado, sino aprovechar sus recursos naturales y la apertura comercial para encaminarse a una economía del conocimiento que genere empleos de alta calidad y bienestar para los latinoamericanos.

Es realmente asombroso cómo algo puede existir al mismo tiempo de no existir en absoluto. Tal fue el caso del proceso que condujo a la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible. Después de muchas reuniones del comité preparatorio teníamos un proyecto para la implementación, un plan falto de imaginación, débil, carente de visión, que valía menos que el papel en el cual estaba escrito. Era un plan lleno de frases vacías, con gobiernos peleándose como niños caprichosos por asuntos que no justificaban siquiera el menor desacuerdo.

Empero, en las negociaciones se trataba más de hacer gestos para la galería que de asumir posiciones de principios. Así, por un lado, algunos desean renegar sobre el acuerdo básico entre ricos y pobres, sobre cómo la responsabilidad de proteger el medio ambiente es común pero diferenciada, basada en la capacidad de una nación y su responsabilidad para el problema. Por el otro lado, algunos gobiernos no quieren aceptar que el buen gobierno, nacional y mundialmente, es un determinante crítico del desarrollo sostenible.

Lo que Johannesburgo necesita más que nada es un sueño. Y necesita creadores del cambio, que tienen fe en el sueño. En la Cumbre para la Tierra de Río de Janeiro en 1992, el programa medioambiental ocupó el centro del escenario gracias a que la sociedad civil había llevado a los gobiernos a emprender medidas. Mas desde entonces, los grupos ecológicos en su mayoría han seguido la inacción de los gobiernos en determinar el destino de comas y puntos en los textos de negociación.

Esta “gubernamentalización” de la agenda del medio ambiente ha sido desastrosa, puesto que se ha convertido en una causa sin interés... ¡precisamente cuando el mundo desesperadamente necesita un acuerdo global!

Los retos ambientales son ahora retos de desarrollo, tanto mundial como nacionalmente. El proceso de globalización ecológica es impulsado por el hecho de que los niveles de producción y consumo han alcanzado un estado en que lo que se hace en un país dado puede tener importantes impactos sobre sus vecinos, y hasta sobre el resto del mundo.

Hasta cosas sencillas como el uso de un refrigerador o un acondicionador de aire puede contribuir a la destrucción de la capa de ozono del mundo; usar un automóvil, o talar un árbol sin plantar otro en su lugar, puede ayudar a desestabilizar el clima del mundo. El uso de un compuesto orgánico persistente como DDT en la India puede causar contaminación capaz de poner en peligro la vida de la gente y otras formas de vida en las remotas regiones polares, a medida que es transportado lenta pero constantemente a esas zonas por las corrientes oceánicas y las corrientes de aire . Nunca antes ha sido tan grande la necesidad de los seres humanos de aprender a vivir en “un mundo”.

Debemos reconocer, en primer lugar, que la “globalización ecológica” es el inevitable resultado del continuo proceso de crecimiento económico y mundialización - o globalización - que no sólo une las economías del mundo sino lleva los niveles de producción y consumo nacionales a un punto que pone en peligro los sistemas ecológicos de la Tierra.

Los convenios multilaterales, desde el clima hasta la biodiversidad hasta el comercio en desechos peligrosos, son todos partes del rompecabezas de cómo compartir el espacio ecológico (y económico) del mundo. Sus negociaciones establecen las normas y los reglamentos - en efecto, la constitución de un nuevo acuerdo.

En segundo lugar, debemos reconocer que el Sur, más que nunca, está aprendiendo penosamente el costo que un medio ambiente sucio significa para la salud. El modelo económico y tecnológico de Occidente es altamente material, de alto consumo energético, y metaboliza enormes cantidades de recursos naturales, dejando tras sí una huella de toxinas y ecosistemas altamente degradados y transformados. Y no obstante, nosotros, en el mundo en desarrollo, estamos siguiendo este modelo de crecimiento económico y social, creando un extraordinario cóctel de pobreza y desigualdad, codo a codo con economías en expansión, contaminación y una destrucción ecológica en gran escala.

Los procesos de generación de riqueza a las claras impondrán creciente presión sobre los ecosistemas naturales y generarán enormes cantidades de contaminación. Literalmente, cada ciudad en el Sur en rápido proceso de industrialización está muriéndose por respirar aire limpio. Los estudios del Banco Mundial ahora nos informan que cuando el producto doméstico bruto (PDB) de Tailandia duplicó durante los años 1980, su carga total de contaminantes aumentó diez veces. Y un estudio conducido por el Centro para la Ciencia y el Medio Ambiente basado en Nueva Delhi reveló que recientemente, al duplicar la economía de la India, la contaminación de la industria cuadruplicó, y la contaminación de los vehículos aumentó ocho veces.

Hace falta una importante iniciativa tecnológica mundial para abordar el problema de la contaminación. Los países en desarrollo necesitan tecnologías eficaces en función del costo para satisfacer sus necesidades de desarrollo y de prevención de la contaminación. Un enfoque de amplias miras consistiría en alentar a las naciones en desarrollo a evitar “cambios incrementales” en las tecnologías e imponer un cambio hacia tecnologías limpias tales como células de combustible y células solares. Necesitamos un marco mundial para apoyar esta transición, en el interés de todos nosotros.

En tercer lugar, existen ahora amplias pruebas para demostrar que el proceso de mundialización pasará por alto o descuidará a miles de millones de personas pobres durante varias décadas, hasta que desarrollen la capacidad de integrarse a mercados nacionales y mundiales. La calidad de vida para estos pueblos marginados es francamente abismal. La falta de acceso hasta a necesidades básicas como agua potable limpia, alimento adecuado y atención de la salud significa que casi un tercio de los habitantes en el mundo en desarrollo tienen una expectación de vida de apenas 40 años. También es evidente que el problema de la pobreza rural en grandes partes del mundo en desarrollo no es “pobreza económica” sino “pobreza ecológica” - la escasez de recursos naturales para desarrollar la economía rural. Más de mil millones de habitantes viven en pobreza absoluta, una gran proporción de los mismos en tierras degradadas. La regeneración de estas tierras jugará un papel clave en la tarea de revivir las economías locales, desarrolladas alrededor de la agricultura y la cría de ganado. Esto a su vez requiere buena gestión de la tierra y del agua a fin de asegurar alta productividad de árboles, pastos y cultivos.

Desgraciadamente, los estudios de “pobreza ecológica” son muy escasos, debido a que la mayoría de los economistas no comprenden la gestión del medio ambiente ni la ordenación de los recursos naturales, y la mayoría de los ambientalistas no comprenden la pobreza. En un mundo interdependiente, todos los habitantes deberían poder disfrutar del derecho humano más fundamental - el Derecho a la Supervivencia. El desempleo y la pobreza asolan a gran parte de la humanidad y la obligan a sufrir privaciones que no pueden tener justificación moral, legal o socioeconómica alguna. Y sin embargo, los vastos números de desempleados o personas insuficientemente empleadas, sobre todo en el Sur rural, nos brindan una extraordinaria oportunidad para llevar a cabo una masiva empresa mundial para la regeneración ecológica y la restauración de la base de recursos naturales de la cual los pobres dependen para su supervivencia. Si se les ofrece la oportunidad, las comunidades de aldea en todas partes de América del Sur, África y Asia podrían sobrevivir mejorando su medio ambiente y sus sistemas agrarios locales mediante la forestación, el desarrollo de pastizales, la conservación del suelo, sistemas locales de cosecha de agua y desarrollo de energía de pequeña escala.

Necesitamos un programa mundial de gran envergadura para generar empleo para la regeneración ecológica a fin de detener la pobreza y la degradación ecológica, dos de los peores males que asolan al mundo, y en última instancia abolirlos por completo. Estos son los factores básicos del sueño que debería impulsar las negociaciones en Johannesburgo. Para que la Cumbre pueda convertirse en un éxito - y es imprescindible que sea un éxito - los líderes del mundo deberán reunirse no en desacuerdo sino para redactar el preámbulo de esta nueva constitución mundial. Esto es lo menos que podemos hacer para nuestro futuro común.

Hay algunos intentos de categorización de las desigualdades sociales en relación con América Latina y el Caribe, se consideran cuatro categorías:

I. Desigualdades estructurales, que dependen de la naturaleza y características de los correspondientes sistemas socio-económicos;

II. Desigualdades sexuales, en cuanto desigual distribución de derechos y oportunidades que en sus respectivas sociedades nacionales tienen mujeres y hombres;

III. Desigualdades físicas, concernientes a la ubicación y condiciones geográficas, así como a la diversidad y riqueza de recursos naturales; y

IV. Desigualdades por origen racial.

Así planteada la problemática global en cuestión, la pobreza es una de las manifestaciones de la desigualdad. De esto se deriva, lógicamente, que en el supuesto de eliminarse la pobreza en un espacio físico y social determinados, ello no conduciría automáticamente a la igualdad, si concurrentemente no se cumplieran otras condiciones, cuya dimensión depende de los distintos niveles de percepción y de las opciones que se asuman.Los bajos ingresos y aún su distribución desequilibrada no son, ciertamente, la única característica de la pobreza rural. Esta es un fenómeno multifactorial, algunas de cuyas expresiones son las siguientes:

• -desigual distribución del ingreso

• -desequilibrio entre estructura económica y demográfica

• -desempleo y subempleo rural

• -bajos salarios agrícolas

• -mecanización agrícola

• -falta de organización de los trabajadores agrícolas

• -el uso de la tierra

• -el acceso a la tecnología

• -el acceso a los servicios de comercialización

• -acceso limitado a los servicios básicos, que conlleva restricciones en la utilización de los servicios de salud, educación, vivienda, incluyendo también el suministro deficiente de agua potable y alcantarillado, así como de los servicios de electricidad.

TEMA 1:

POBREZA EN EL MUNDO.

La pobreza se concibe como la situación que afecta a las personas que carecen de lo necesario para el sustento de sus vidas, es decir, que no pueden satisfacer sus necesidades básicas. Nos encontramos ante un concepto multidimensional; no contempla sólo aspectos económicos sin que además incluya aspectos no materiales y ambientales.

En otras palabras, la pobreza implica no tener la oportunidad de vivir una vida larga, sana, creativa y disfrutar de libertad, dignidad, respeto por sí mismo y de los demás.

Sus causas son múltiples, entre ellas se encuentran los problemas políticos, la crisis de los mercados financieros, los desastres naturales, la gestión inadecuada del medio ambiente –utilización incorrecta de los recursos naturales por parte del hombre.

Incluso, existen distintas metodologías para medir la pobreza de los habitantes del planeta. Algunos utilizan indicadores de carácter pecuniario (producto bruto interno, PBI), otros tienen en cuenta cuestiones vitales (esperanza de vida, consumo diario de calorías, entre otros) y otros aspectos educativos (analfabetismo, etcétera). Además, cada uno de estos indicadores ofrece ventajas y desventajas y su aplicación depende del propósito que se persiga.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo presentó en el Informe Mundial de 1997 un índice de la pobreza humana, el IPH, cuyo objetivo fue incluir las diferentes características de privación de la calidad de vida. Este índice toma en cuenta las siguientes variables:

• Porcentaje de la población con esperanza de vida menor a 40 años;

• Porcentaje de adultos analfabetos;

• Porcentaje de personas sin acceso a servicios de salud y a agua potable;

• Porcentaje de niños menores de cinco años víctimas de malnutrición.

De acuerdo con este índice, la pobreza humana afecta a una cuarta parte de la población del mundo en desarrollo. Los países que se encuentran en los últimos lugares de la clasificación según el IPH ocupan también los últimos lugares de la: clasificación según el Índice de Desarrollo Humano. El África al sur del Sahara y Asia Meridional son las áreas donde la pobreza humana está más generalizada. Níger, Sierra Leona y Burkina Faso son los países del mundo que presentan los valores más altos, con más del 55% de la población en condiciones de pobreza.

A los fines de establecer una comparación internacional, se ha definido el umbral de pobreza como la línea fijada en un dólar diario por persona, suma considerada suficiente para adquirir los productos necesarios para sobrevivir.

En la actualidad, en el mundo en desarrollo 1.300 millones de personas viven con menos de un dólar diario y cerca de 3.000 millones, casi la mitad de la población mundial, con menos de dos dólares.

Cabria destacar que el hecho de que los países industrializados alcancen los porcentajes más bajos de pobres, no significa que en esos países no los tengan, pues el problema de la pobreza es mundial. Lo que sucede es que en esos países, la mayoría de sus habitantes no son pobres y gran parte tiene acceso a condiciones dignas de vida. En cambio, en los países en desarrollo, existe un predominio de pobres y una minoría de ricos, en otras palabras una marcada polaridad social.

En el mundo, la mayoría de los pobres todavía se localiza en las zonas rurales, pero esta situación está cambiando y probablemente en el siglo XXI la mayor parte viva en ciudades. Este proceso será resultado de la migración a las zonas urbanas, del menor acceso a recursos productivos, del desarrollo insuficiente de la vivienda urbana y la infraestructura física, etcétera.

En búsqueda de soluciones

Para los Estados reducir la pobreza mediante estrategias y políticas concretas constituye un objetivo común. Es importante para la consecución de este objetivo la interrelación de tres elementos que deben ser tenidos en cuenta en forma conjunta. Es decir, ninguno por sí sólo, basta para combatir la pobreza:

• El mercado.

• El Estado.

• Los propios pobres, que deben trabajar unidos para encontrar soluciones.

Así, el mercado puede cumplir una función benefactora con los pobres. Si las corrientes financieras y comerciales funcionan bien, las economías prosperarán y la riqueza llegará a los pobres. Pero, actualmente, la globalización económica, los embates especulativos y la fragilidad de los mercados ponen en evidencia la debilidad de esta teoría.

La crisis financiera sufrida en el Sudeste Asiático es un ejemplo de esto. En Indonesia ha provocado grandes estragos, graves tensiones sociales y actos de violencia, luego de 30 años de crecimiento económico y de reducción de la miseria. El impacto fue mayor porque no estaba previsto un sistema de protección social capaz de ayudar a los pobres en caso de recesión. Sólo se han aplicado intervenciones a corto plazo para limitar los perjuicios.

Estas consideraciones nos llevan a concebir nuevas estrategias de desarrollo sostenible que deben atender dos graves problemas del siglo XXI: la desocupación masiva y la acentuación de las desigualdades dentro de las naciones o entre ellas.

Por su lado, el Estado también puede contribuir eficazmente a la lucha contra la pobreza y para ello deberla:

• fomentar las expresiones pacíficas de las demandas de la gente y la participación política;

• garantizar el espacio democrático;

• estimular las asociaciones entre el sector público y el sector privado;

• luchar para una distribución más equitativa;

• velar por la responsabilidad y la transparencia;

• brindar educación y salud básicas para todos.

Incluso, le corresponde al Estado un papel activo y firme para implementar estrategias de erradicación de la pobreza pero, asimismo, debe saber cuándo intervenir y cuándo mantenerse al margen.

Los propios pobres también son importantes para superar la pobreza mediante sus aptitudes y sus valores culturales. Los proyectos para luchar contra la pobreza deben comprender y respetar la cultura local. No obstante, muchas propuestas han fracasado porque se han querido imponer programas realizados en otros lugares a realidades locales que difieren enormemente.

La solución deviene de la organización para la acción colectiva de las comunidades basadas en sus propios sistemas de valores culturales. La movilización popular hacia la erradicación de la pobreza puede asumir muchas formas. Entre ellas se pueden mencionar:

• Asociaciones corporativas;

• Sindicatos, que han desempeñado un papel fundamental en la promoción de mejores condiciones de vida y de trabajo;

• Movimientos populares: es importante que surjan espontáneamente a partir de iniciativas de la propia población afectada y que no sean controlados o manipulados desde el poder;

• Organizaciones no gubernamentales (ONU): desempeñan un papel fundamental en el impulso de estrategias de desarrollo humano. Las ONU pueden servir para reforzar y complementar las actividades gubernamentales por ser más flexibles y más aptas para llegar a algunas comunidades de manera efectiva.

Sudáfrica se destaca como ejemplo de país donde se ha producido la interacción entre el pueblo, el mercado y el Estado para erradicar la pobreza. El ímpetu político de la lucha contra el apartheid impulsa ahora la lucha contra la pobreza humana. Este proceso cuenta con el compromiso político, con estrategias basadas en las asociaciones entre el sector público y el privado y con un proceso de desarrollo impulsado por el pueblo

Población que vive con un dólar por día

(porcentaje)

|País |Inflación anual | | |País |Inflación anual |

| |promedio | | | |promedio |

| | | | | | |

|Canada |2.7 | | |Australia |3.3 |

|Francia |2.5 | | |Dinamarca |2.1 |

|Noruega |2.6 | | |Alemania |3.1 |

|EUA |3.6 | | |Italia |15 |

|Japón |1.7 | | |Rusia |460.4 |

|Finlandia |2.8 | | |China |11.4 |

|Suecia |5.3 | | |Gran Bretaña |4.4 |

TEMA 2:

POBREZA EN MÉXICO

La pobreza definida como la insatisfacción de necesidades básicas en el individuo ha sido tema de análisis muy amplios en los planos social, económico y psicológico, cuando hay plenitud de pan, dice Abraham Maslow, otras necesidades (más altas) emergen y éstas, más que las hambres fisiológicas, dominan el organismo. Las características económicas y sociales actuales en México permiten definir el concepto de pobreza ligado al primer nivel en la interpretación del autor citado, es decir la necesidad básica de comer, a continuación revisamos algunas variables que nos permiten afirmar la urgente necesidad de encontrar soluciones que nos permitan posteriormente pensar en necesidades “más altas”.

Para julio del 2003 cuando el FMI y el Banco Mundial cumplían los sesenta años afirmaban que el malestar social derivado de la falta de progreso económico en América Latina esta creciendo. Esta afirmación poco usual era expresada por el propio organismo que ha conducido los programas de reforma en la región durante al menos las pasadas dos décadas. Y afirmaron también que debía “haber cierto monto de gasto social en los presupuestos de los países (de la zona) para aliviar las preocupaciones de la gente”, se debe entender que si tales preocupaciones acerca del “malestar social creciente” eran preocupantes lo eran en el sentido de, como afectaría tal malestar a la organización social establecida. Los números macro no son malos afirmaban también, aunque son incipientes. En la realidad el malestar social crece a pesar de algunas mejoras en condiciones económicas.

Algunas de las cifras que acompañó esta información señalan que en los pasados 13 años el desempleo en la región se duplicó, las cifras evidencian tal situación del grupo de países integrados por Argentina, Bolivia, Brasil Chile, Colombia, ecuador, México, Perú, Uruguay y Venezuela.

La llamada década perdida, para los países en referencia delinea con una caída del PIB por persona de 1.4 a 0.1 por ciento y el consiguiente aumento de pobreza de 34.7 a 41 por ciento del inicio al término de la década.

La región se insertó paulatinamente en el tren de las reformas desde mediados de los años 80. Estas partieron en Bolivia, Chile, Costa Rica y México, prosiguiendo a principios de los años 90 en Argentina, Brasil, Colombia, Jamaica y Perú.

Para el FMI los países de la región tienen que mantener un control fiscal debido a los altos niveles de deuda pública y la “fragilidad” de los mercados financieros. Ello limita la posibilidad de gasto y por tanto la capacidad de los gobiernos de mejorar la situación social en el corto plazo. Sin embargo, mantener el esfuerzo por reducir los niveles de deuda (que es lo que tiene limitado los presupuestos, como en el caso de México con todas las deudas publicas como la bancaria) puede tener un beneficio para las condiciones sociales en el largo plazo.

Las manifestaciones, los “disturbios civiles” del último año han elevado la preocupación del FMI de que debe haber cierto monto de gasto social en los presupuestos que alivie algunas de las preocupaciones de la gente, especialmente cuando el crecimiento económico no tiene bases tan sólidas.

Por su parte el BM afirma que la pobreza en México se mantiene en niveles inaceptablemente altos y ofrece como estrategia de asistencia al País mayor endeudamiento a partir de 2004 y hasta el 2008. Y es que los niveles actuales de pobreza, son similares a los registrados a comienzos de los años 90, hecho que muestra que los últimos 15 años han sido una perdida en combatir esa condición que afecta a mas de la mitad de los mexicanos, Mas del cincuenta por ciento de los habitantes del país son pobres, debido en gran medida a la gran desigualdad en los ingresos, la décima parte mas rica de la población gana mas de 40 por ciento de los ingresos totales, mientras la décima parte mas pobre solo obtiene 1.1 por ciento. Además contribuyen a la pobreza la profunda desigualdad regional y étnica y las diferencias en cuanto al acceso a la salud, a la educación y a los servicios públicos de buena calidad. Según el mismo BM, alrededor de 53 por ciento de los 104 millones de habitantes están en esta situación, definida como un nivel de consumo por debajo de las necesidades mínimas de alimentos básicos y algunos otros bienes no alimentarios básicos.

Cerca del 24 por ciento de la población es considerada ”extremadamente pobre”, es decir, con un ingreso insuficiente incluso para una nutrición adecuada.

La pobreza en México se extendió debido a que la transición económica ha resultado mas difícil de lo que se había previsto hace una década, cuando la reducción de la deuda externa conforme al plan Brady (1990) y la entrada en vigor del TLC(1994) hacían parecer promisorio el desarrollo económico.

La herencia negativa de la crisis de 1994-95 se mantiene en México, con niveles de pobreza que apenas están recuperando los que se tenían al comienzo de los años 90. Después de 10, las ventajas iniciales derivadas del TLC comienzan a ser diluidas por la creciente competencia mundial, principalmente de China, que a partir del 2003 desplazo a México como segundo socio comercial de Estados Unidos.

El avance en las variables macroeconómicas como tipo de cambio estable, inflación y tasa de interés limitadas así como el bajo riesgo país, no han podido elevar la calidad de vida de los trabajadores.

La EAP(estrategia de asistencia al País)[1] hacia México para los próximos cuatro años se concentra en la lucha contra la pobreza y la desigualdad, el aumento de la competitividad, el fortalecimiento de las instituciones y la promoción de la sostenibilidad ambiental en el país.

El FMI[2] señalo en 2003 que la deuda pública de México se mantenía en un nivel mas alto de lo deseable, y advirtió que el país ha perdido atractivo para las inversiones privadas y crecen las dudas sobre su competitividad en el mediano plazo, además de que no hay ningún tipo de previsión para hacer frente a una caída de ingresos por menores precios del petróleo, añadía. Ese era el pronóstico en el contexto interno y en el externo, la situación no pintaba mejor. El organismo creía que las tasas de interés de referencia en E.U.A., ivan a aumentar ese año, con su efecto directo sobre el costo de los pasivos contratados en el exterior y la reducción de los flujos de inversión hacía países en desarrollo, sin embargo la inversión extranjera directa en América Latina fue de 30 mil millones de dólares en 2003, menos de la mitad de los 66 mil millones de 2000.

La capacidad de respuesta de México ante un cambio de condiciones financieras internacionales es limitada, de acuerdo con el FMI, hasta ahora el país se ha beneficiado de las bajas tasas de interés en EUA, puesto que la parte sustancial de su deuda externa está denominada en dólares.

La recuperación de la economía estadunidense a finales de 2003 en realidad no generó beneficios para México, debido a que estuvo determinada principalmente por el sector industrial, que tiene poca conexión con el aparato productivo mexicano. La mayor relación entre ambas es en el ámbito de la actividad industrial.

De acuerdo con la información de la Secretaria de Hacienda, la deuda pública externa e interna alcanza 1.66 billones de pesos. Adicionalmente la cifra de 447 mil 797 millones de pesos( el rescate bancario, carretero, etc), ambas cifras representan un tercio del PIB.

El desempleo, indicador de pobreza.

El nivel de desempleo abierto en las principales ciudades del país mostró un crecimiento de 37 por ciento entre marzo de este año y el mismo mes de 2003, mientras todos los indicadores complementarios de empleo y desempleo evidenciaron deterioro, y 50.6 por ciento de la población ocupada labora sin ningún tipo de prestaciones.[3]

En marzo apunta el Organismo, la tasa de desocupación abierta afectó a 3.86 por ciento de la población económicamente activa, aunque un año antes esta proporción de los habitantes en edad, condiciones para trabajar y en busca de ocupación era de 2.82 por ciento.

El reporte del INEGI, indica que los cinco centros urbanos con mayor proporción de desempleados en marzo 2003 fueron: Saltillo, con 5.8 por ciento; Toluca, 5.2; Cd. De México, 5; Pachuca, 4.9 y Durango, 4.8 por ciento de su población económicamente activa sin opción ocupacional.

Rezago educativo, indicador de pobreza.

En la actualidad hay 1.3 millones de indígenas entre seis y 14 años de edad. De ellos, 16.43 por ciento no asiste a la escuela, aunque hay estados más rezagados, como Chihuahua y Sinaloa, donde 40 y 61 por ciento de los niños indios no estudian la primaria, respectivamente.

Para el INEE[4] es grave el hecho de que el 57 por ciento de los estudiantes indígenas estén en el nivel de competencia más bajo, porque eso no sólo les impide aprender español sino también el resto de las asignaturas. Estos alumnos tienen una comprensión muy literal de lo que leen, por lo que suelen tener problemas para abstraer ideas principales. Sólo un 12 por ciento de los alumnos de alguna etnia alcanza un nivel aceptable de lectura en relación con el promedio nacional de 17 por ciento, en los planteles indígenas apenas 0.67 por ciento del alumnado alcanza el nivel de competencia más alto mientras que en el ámbito nacional esta cifra es de 3.18 por ciento.

Dichos resultados, según el mismo instituto, se relacionan directamente con el grado de marginalidad de las poblaciones indígenas. El mismo estudio del INEE señala que la región corahuichol-tepehuana de Durango, Nayarit y Jalisco es la mas pobre de México. ¿Por qué el atraso educativo? Los números también dan la respuesta: 85 por ciento de los planteles indígenas están en un contexto sociocultural desfavorable.

Los bajos resultados están fuertemente relacionados con aspectos como el nivel educativo materno, ingreso en el hogar, condiciones de hacinamiento y características de la vivienda, así como disponibilidad de libros en el hogar.

En promedio dice el INEE, alrededor de 20 por ciento de las escuelas indígenas son incompletas(no ofrecen los seis grados de primaria) y 28 por ciento tienen un solo profesor atendiendo los diferentes grados con que cuenta la escuela.

Aunado a esto en un informe de la FAO-UNESCO[5], se dice que en nuestro país se da una enseñanza en el medio rural pero no una educación dirigida a la población rural creada para y con las comunidades campesinas e indígenas.

Juan Carlos Tedesco afirma[6]que el 80 por ciento de los resultados del aprendizaje, corresponden a las condiciones de vida de las familias, es decir que las condiciones del fracaso escolar son en alto porcentaje de las condiciones sociales y económicas de las familias. Ante la desnutrición, la violencia o la desintegración familiar el proceso educativo es mucho más complejo. La nueva pobreza, es más que bajos salarios es una exclusión de la sociedad que no permite que los menores puedan adquirir un proyecto de vida.

La enfermedad, indicador de pobreza.

En el medio rural, uno de cada seis niños padece desnutrición activa en alguno de sus grados, lo que afecta su crecimiento y maduración, colocándolo en desventaja para el aprendizaje escolar, este es un problema que esta ligado a la pobreza y sigue el mapa de la miseria que se genera en el país, el llamado desarrollo desigual permite crear tres zonas donde la intermedia y la del sur presenten los mayores problemas. Mientras en Sonora cerca de 87 por ciento de los niños registra un crecimiento normal, en Guerrero –sobre todo en la montaña- 63 por ciento esta desnutrido y 10 por, por una mala calidad en la alimentación ciento padece de desnutrición en tercer grado, que es la más grave[7]. Preciso también que después de Guerrero, el segundo lugar en depauperación, seguida de Chiapas, Puebla y Veracruz. Y si se toma el promedio la desnutrición infantil alcanza 42.8 por ciento en la categoría de primer grado. El especialista indicó que en la nación existen un millón de niños de entre cero y cinco años de edad con crecimiento insatisfactorio en estatura.

La desnutrición es el resultado de deficiencias múltiples. La más importante de ellas es la cantidad insuficiente de energía que consume la persona para realizar sus actividades cotidianas, a la que se agrega deficiencia de proteínas, hierro, vitamina A, entre otras.

Como combatir la pobreza.

Aunque en nuestros días abundan los programas para "combatir la pobreza", como si realmente las sociedades estuvieran dispuestas a librar una guerra para terminar con la partición de la humanidad entre pobres y ricos, es previsible -dice Adolfo Sánchez Rebolledo- que al menos algunos de los planteamientos en ese sentido sean una colección de buenos deseos convertidos en ideología.

Lamentablemente, señala el autor de este ensayo, la pobreza aumenta en México y en el mundo, y no tendremos éxito en este capítulo del desarrollo mientras no se apliquen medidas severas que, efectivamente, redistribuyan el ingreso y sirvan para dar empleo productivo a varios millones de pobres marginales.

1. Nunca como ahora se habían dedicado tantos esfuerzos intelectuales a comprender el fenómeno de la pobreza. La geografía del hambre que sacudió las conciencias al mediar el siglo XX, hoy abarca al planeta entero. La mundialización ha transformado los viejos problemas regionales o comunitarios de las sociedades nacionales en temas de orden universal. La sociedad globalizada es, como decían los clásicos, un espacio desigual y combinado, con zonas de avances deslumbrantes y franjas de mera sobrevivencia.

Estas profundas transformaciones no son, empero, novedades absolutas, pues hunden sus raíces en la propia historia de la modernidad, aunque es en el último medio siglo cuando alcanzan el ritmo de verdadera revolución, en virtud de los acelerados avances en materia científica y tecnológica que han cambiado decisivamente las maneras de vivir, producir y pensar de la humanidad. En rigor, estamos en el cruce de caminos que anuncia el comienzo de una nueva era, cuyos rasgos sustanciales se están configurando aquí y ahora.

No obstante, si -como sugiere Zaqui Laidi1- el cambio mayor que la globalidad introduce, más allá de la economía, radica en el paso de un sistema interestatal hacia un sistema social mundial entonces, sencillamente, aún no hemos visto nada. Podemos suponer, aceptando esa hipótesis, que a consecuencia de la mundialización de las sociedades surgirán formas inéditas de interacción entre la empresa productiva, los individuos y el Estado, sujetas a un orden internacional cuyo sustento acaso será un singular entramado de asociaciones autónomas, comunicadas entre sí fuera de mediaciones institucionales como las que conocemos, capaces de asumir de manera directa y democrática las responsabilidades de los individuos, pero también las decisiones que hoy corresponden exclusivamente a diversos organismos de representación. La sociedad globalizada traería de vuelta finalmente, sobre bases sustentables, la idea del mundo como comunidad, que hoy resulta utópica, aunque ya se vislumbra a través de algunos debates cuyo sujeto es la humanidad como tal, como ocurre con los temas del medio ambiente, que subrayan los valores de la solidaridad y la cooperación sin fronteras. La última palabra la dirá, naturalmente, el propio desarrollo social y la acción de los hombres que seguirán existiendo y sorprendiéndonos.

En este punto vale una advertencia. Aunque las tendencias permitan prefigurar una sociedad idealmente justa, bien puede ocurrir exactamente lo contrario, sobre todo si, a partir de esa realidad potencial, se trunca la aparición de un nuevo orden racional capaz de reflejar el interés general y, por tanto, de sustituir la anarquía organizada que hoy nos domina. La globalización está lejos de ser la panacea imaginada por cierto pensamiento dogmático no bien se invocan los ideales del libre mercado. Tampoco es la causa universal de todos los problemas sociales, como pretende cierta crítica inconsistente. Antes que ideología o proyecto definido, es un proceso objetivo contradictorio, y como tal plantea problemas originales, desafíos inéditos en la historia y oportunidades que antes no existían, dándoles una dimensión diferente a las necesidades humanas.

Es difícil negar que la interacción creciente de la economía mundial aumenta la polarización dentro y fuera de cada país, "ya sea que hablemos de ingresos, de consumo, o de acceso efectivo a los medios más modernos de comunicaciones y transporte".2 Esta es la conclusión a la que llega la mayoría de los expertos, así saquen conclusiones muy distintas de tal reconocimiento. En cambio, no se pone énfasis suficiente al señalar que la integración, que no es simplemente una relación con el exterior, depende fundamentalmente de la situación de las sociedades particulares. Si sus efectos suelen ser demoledores, ello se debe en gran medida a que muestra la debilidad estructural de cada sociedad. La apertura a los rigores de la competencia abierta es un trauma muy severo, precisamente porque aumenta la inequidad "en las sociedades que previamente eran muy desiguales" (Laidi, loc cit).

No es ninguna novedad señalar las consecuencias negativas que la integración económica tiene sobre las empresas más frágiles, arrastradas por la corriente modernizadora junto con la economía tradicional de la cual depende la cohesión social de millones de seres humanos al borde de la catástrofe vital. Si a ello se añade el desmantelamiento de los apoyos y subsidios estatales que se practica como una receta de política económica en el mundo para abolir la presencia del Estado, se comprenderá mejor la ruptura de los lazos que unen a masas enormes con el universo productivo, quedando sin otra opción de sobrevivencia que la migración, a veces intercontinental, tratando de escapar de las regiones azotadas por las hambrunas o la pobreza extrema que se llevan a cuestas hasta los paraísos laborales que los rechazan.

La internacionalización económica, ciertamente, condiciona el papel de los Estados, reduce su influencia, limitando la soberanía nacional. Pero ésa es una tendencia de largo plazo que no puede servir de coartada para que se deje aquí y ahora al mercado la tarea de satisfacer aquellas necesidades sociales carentes de atractivo económico, mucho menos autoriza a decretar la muerte del Estado que, no obstante la evolución regional o comunitaria, sigue constituyendo una fortaleza en las sociedades más desarrolladas. Así pues, aun en las hipótesis de trabajo menos estólatras, el Estado nacional es el marco para la mayoría de los procesos de desarrollo social, aunque muchos de los problemas tengan una dimensión supranacional. Del mismo modo que la nación -que ya se daba por desaparecida- continuará siendo fuente de identidad de los conglomerados sociales.

En la sociedad globalizada se combinan compulsivamente los procesos que vienen del atraso secular que surgen con la modernización. Esta conjunción propicia una nueva dialéctica entre opulencia y miseria o justicia y desigualdad para las cuales, en efecto, ni los Estados ni las sociedades estaban preparadas.

Cambiar será difícil sin un cambio de actitud. Como ha observado Oskar Lafontaine,3 es urgente desmitificar algunas ideas sobre la globalización, en especial cierto fatalismo que impide comprenderla como fenómeno inacabado, incompleto, capaz de ofrecer oportunidades para un aumento del bienestar y el trabajo de la gente, pero también -y esto es muy importante- de servir como coartada ante la responsabilidad de los gobiernos por sus propios errores internos. Naturalmente que un cambio de actitud no es sencillo pues implica, en primera instancia, abandonar las ideas fijas que han encerrado al pensamiento económico en un callejón sin salida, convirtiéndolo en un nuevo dogmatismo ideológico.

2. Las Naciones Unidas y el Banco Mundial, desde hace años, ensayan una metodología que sirva para clasificar los rasgos esenciales de la pobreza, pero también para diseñar conceptos y políticas que permitan atender con eficacia este antiguo y nuevo mal de la humanidad. A tal preocupación corresponden los diversos planes nacionales que, en conjunto, canalizan importantes recursos materiales, humanos y monetarios, los cuales, de todas maneras, son insuficientes, dada la magnitud gigantesca del problema.

Abundan, pues, los programas para "combatir a la pobreza", como si en verdad la sociedad humana -al filo del año 2000- estuviera dispuesta a librar una guerra consigo para poner punto final a la partición de la humanidad entre ricos y pobres. Mucho me temo que una parte al menos de esos planteamientos que se presentan bajo un ropaje pragmático prima una especie de buenos sentimientos convertidos en ideología.

La verdad, por desgracia, es que la pobreza aumenta en México y en el mundo. Y aunque el problema de la pobreza tiene peso específico -considerable o no es otra cosa- en las políticas públicas, no hay comparación posible entre los recursos mundiales que se destinan a otros asuntos, incluyendo los bélicos, con aquellos que se dedican a paliar, que no resolver, a la pobreza mediante apoyos e intervenciones de última instancia por parte de la comunidad global.

No entro en detalles sobre las posibles salidas ofrecidas por las ciencias sociales a la cuestión, que es de suyo controvertible, pero es un punto de acuerdo entre los especialistas y las instituciones que "la condición necesaria para reducir la pobreza es tener una tasa de crecimiento del PIB, alta, estable, sostenida", como dice Nora Lustig4 refiriéndose al caso mexicano. Lo cual nos lleva de la mano a la política económica y a los fines del Estado. Se requiere, en consecuencia, incrementar el ahorro y la inversión doméstica, así como la productividad general del aparato productivo. Pero los propios especialistas nos dicen que el crecimiento es indispensable aunque "no es suficiente". Son imprescindibles otras reformas concomitantes o complementarias, en particular las relativas a la educación, genuina palanca para el desarrollo sustentable, y la democracia, entendida aquí como "una forma de vida".

Mientras eso ocurre o no, tenemos que encarar una realidad que no admite especulaciones. "En el caso de México -plantea Lustig- llevaría alrededor de 40 años lograr (erradicar la pobreza extrema) a una tasa de crecimiento del producto del 3% anual; al 2%, el número de años aumentaría alrededor de 60 años. En contraste, si se pudieran focalizar los recursos perfectamente sólo se necesitaría transferir 0.5% del PIB para erradicar la pobreza en el presente". Otro investigador, Enrique Provencio, plantea lo siguiente: "En un escenario sin variaciones en la distribución del ingreso y crecimiento económico de 4.3% promedio anual desde 1997 hasta el 2010 (que supone un conjunto de condiciones muy favorables, entre ellas la consolidación de los cambios estructurales, la culminación exitosa de la inserción externa, un crecimiento real de 3% de los salarios y en general un mejor comportamiento del registrado entre 1981 y 1996) la pobreza se reduciría en 10 puntos porcentuales, tanto la extrema como la total",5 lo cual significaría que al menos una tercera parte de la población estaría bajo algún grado de pobreza en el 2010. Como se colige de los argumentos expuestos, es una tarea difícil y muy compleja convertir una propuesta racional y legítima para combatir la pobreza sin definir una política de largo plazo estratégicamente vinculada al desarrollo general de la economía que, por desgracia, no existe.

No obstante, teniendo estas cifras a la vista no es una provocación preguntarse si alguien cree, honestamente, que los pobres de hoy o, mejor, los hijos de los hijos de los pobres de hoy esperarán hasta el año 2040 para alcanzar un nivel de vida por encima de la pobreza extrema. ¿Todos o la mayoría se quedarán cruzados de brazos a que la economía crezca a los ritmos convenientes para salir de pobres? ¿O tratarán de hacerse justicia por su propia mano, como ya ha ocurrido en otros momentos de la historia?

Tengo la impresión de que a los estudios de los expertos -que apenas rozan las causas estructurales de la pobreza- los desborda la dimensión, así como la naturaleza del problema planteado: siempre se quedan cortos en las posibles soluciones o acaban ofreciéndonos una visión idílica del futuro, pues olvidan una circunstancia que nadie debería descuidar: la propia dinámica de la sociedad de la pobreza que tiende a convertirse en un sujeto políticamente activo, gracias entre otras causas a las repercusiones que tiene sobre ella la sociedad globalizada. La dificultad para entender esa dinámica tampoco es casual, si tomamos en cuenta que en las últimas décadas se han desterrado de la política los vestigios de toda ideología sustentada en una propuesta social positiva, como en su momento lo fueron los planteamientos de la revolución mexicana y, más lejos, los principios socialistas.

Sin embargo, hay una grave equivocación en los discursos autocomplacientes que dan por muertos los impulsos de redención de las masas pauperizadas. La historia está llena de previsiones erróneas, de creencias amables y confusiones atroces que se tejen para producir resultados que nadie quería.

Se olvida que el igualitarismo de los pobres visto como un riesgo para el resto de la sociedad aparece como una utopía natural allí donde la desigualdad moderna está acompañada de la polarización más amplia y ofensiva que pueda imaginarse. Contra los horrores cometidos en nombre de la igualdad social no son suficientes los exorcismos ideológicos, por cuanto subsisten agravadas y reelaboradas -si cabe la palabra- en el presente las causas más generales que lo hicieron posible en el pasado y pueden volverlo deseable hoy a los ojos de millones de parias sociales.

El igualitarista pretende alcanzar la igualdad nivelando autoritariamente a la sociedad, según el dictado de un ideal promediado de la justicia, haciendo sospechosa la diversidad y peligrosas las diferencias: es en la homogeneidad -social, religiosa, cultural- donde el radicalismo igualitarista encuentra realizados sus sueños libertarios originales, aunque esos fines éticos y racionales acaben siendo desnaturalizados por los medios dispuestos para alcanzarlos. Nadie quiere, por supuesto, que esa u otra pesadilla peor se repita de alguna manera, pero no hay que engañarse. El estrepitoso fracaso del socialismo estatal estriba, antes que nada, en su incapacidad de superar por otra vía el doble desafío que la modernidad con todas sus luces tampoco ha resuelto en este siglo, dejándolo como herencia al milenio venidero: lograr que la equidad entre los hombres sea el fruto final del desarrollo social en libertad.

El discurso catastrofista que sólo ve en la pobreza violencia potencial, como si este binomio estuviera atado a una relación directa de causa-efecto, seguramente carece de un piso firme, pero en una época de grandes cambios en todos los órdenes de la vida humana, cuando nada -ni las ideas ni los bienes materiales- quedan en pie por mucho tiempo y las sociedades son sometidas a fuerzas centrífugas imprevisibles, la permanencia o, mejor dicho, la reproducción de la pobreza, que en el pasado pudo ser la condición de estabilidad pasiva, es el más poderoso elemento de inseguridad e incertidumbre capaz de minar las bases de la convivencia democrática. Y esa es, justamente, la fuente más segura de la violencia política cualesquiera que sean sus fines declarados.

Más de uno pensará, sin embargo, que el futuro más deseable es el que hoy prefigura el dualismo, pero llevado hasta el infinito, procurando, si acaso, cierta humanización de la pobreza, que seguirá siendo una variable más de la economía que la sociedad debe aprender a controlar para convivir con ella. Pero esa ilusión pesimista, tan vieja como la civilización, se sustenta en la antigua creencia de que las raíces de la desigualdad son, finalmente, sagradas e inmutables.

No es posible ignorar que en nuestras individualistas sociedades modernas, el individuo pobre se considera un "perdedor", carente de todo futuro o dignidad, aunque en la tradición católica la pobreza inspire respeto, veneración, como sustento de la caridad. Bien ha dicho Groethuysen6 que la limosna es el impuesto espiritual que los ricos deben pagar para entrar al cielo, sin cambiar el orden divino de las cosas, es decir, sin dejar de ser cada uno lo que es. Pero, ¿cuál es el lugar del individuo pobre en una sociedad moderna que decreta la igualdad de los ciudadanos ante la ley?

Un compromiso semejante ya no cabe en el mundo secularizado de hoy, que reconoce como desiderátum la opción opuesta, es decir, la que admite positivamente la imposibilidad absoluta de erigir una sociedad próspera y democrática mientras persistan la pobreza y la miseria de millones de seres humanos, por más que algunos expertos la consideren como el mal necesario que acompaña fatalmente el quehacer humano sin más remedio que los paliativos, dejando que el tiempo y el mercado hagan su trabajo nivelador, como dicen que ocurrió en la historia con las sociedades más avanzadas.

Pero eso no es viable en una sociedad democrática moderna. La pobreza se convierte en algo puramente negativo que trasciende a la ética y la religiosidad, pues representa un cuestionamiento constante sobre la viabilidad de la nación que, por serlo, requiere de respuestas de la sociedad en su conjunto: no sólo del Estado o de los grupos civiles, de la filantropía o de las organizaciones comunitarias de los pobres sino de todos los ciudadanos sin excepción.

La situación de miseria en la que viven grupos enteros de mexicanos es, o más bien debiera ser, un asunto de interés nacional al que nadie puede evadir conscientemente. Pero no es así, por desgracia. Hemos llegado a un punto en el cual requerimos responder otra vez a la pregunta inicial de si es posible o no erradicar la pobreza, sin comprometer la libertad o la riqueza que ya está creada, como temen algunos.

Si los recursos disponibles son escasos, y su uso tiene límites insorteables marcados objetivamente por distintas restricciones, como ha planteado Rolando Cordera,7 el tratamiento técnico que es indispensable bajo cualquier hipótesis metodológica debiera estar precedido racionalmente por una cuestión previa: ¿qué clase de esfuerzo está dispuesta a realizar para disminuir la pobreza o, dicho de otra manera, a qué sacrificios debe someterse la sociedad y qué pacto, acuerdo o compromiso nacional es necesario a fin de superar las contingencias de la cotidianidad política en este grave asunto?

En tanto sabemos la respuesta, una cosa es segura: no tendremos éxito en este y otros capítulos del desarrollo mientras no se considere la conveniencia de aplicar severas medidas que, efectivamente, redistribuyan el ingreso y sirvan para darle empleo productivo a varios millones de pobres marginales.

Lamentablemente, estas preguntas que podrían ser el fundamento de una estrategia de recomposición nacional, merecen pocos espacios en el juego político que ha terminado por neutralizar, por inocuas, las alusiones rituales a la pobreza

Conclusión:

La conclusión que he podido extraer del tema es que la pobreza es un fenómeno, que puede ser causado por miles de factores (naturales, políticos, sociales, etc.).

Por lo tanto, ninguna de las personas deben deben vivir solo el hoy sino siempre pensando en su futuro, por que uno no sabe cuando le puede tocar este fenómeno que hace mucho daño.

Anexos:

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Referencias de Internet:

http://www.rolandocordera.org.mx/esta_inter/pobreza.htm

http://html.rincondelvago.com/pobreza-en-el-mundo_1.html

http://www.portalplanetasedna.com.ar/poblacion12.htm

http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/mx/2005/lvm-pobreza.htm

http://www.monografias.com/trabajos26/pobreza/pobreza.shtml