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Resumen Del El Elogio De La Locura

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Categoría: Filosofía

Enviado por: karlo 06 mayo 2011

Palabras: 3426 | Páginas: 14

...

de bueno en el mundo... Afirmación que tomada en serio sería una auténtica aberración tanto en su expresión como en su contenido, al hacer de los placeres sensibles la única y verdadera felicidad...

Fuera de la Locura, los primeros personajes que desfilan alrededor de Ella son la niñez y la vejez... (XIII-XIV) En ambos extremos encontramos a la Locura, como dueña y señora...:

"¿Qué hay entre ellos que les diferencie, sino la rugosidad de la piel y el número de cumpleaños celebrados? Los cabellos lacaros, la boca desdentada, el cuerpo débil, la apetencia de leche, los balbuceos, la simpleza, la charla insustancial, la falta de memoria, la carencia de reflexión, todo esto, entre otras cosas, les acerca..."

Seguidamente —parágrafo XV— hace otro alarde de erudición sumiéndose en el "empíreo" haciendo alusión a dichos, hechos y proverbios de Safo, Ovidio, Luciano Homero, las Geórgicas...

Los cinco parágrafos siguientes los emplea en hacer desfilar en boca de la Locura diversas situaciones e instituciones:

XVI: disquisiciones sobre la razón y la concupiscencia... Da una visión negativa, de tendencia protestante... la íntima corrupción de la naturaleza humana...

XVII: sobre las mujeres locas...

XVIII: sobre los festines...

XIX: sobre la dulzura y trato con los amigos...

XX: sobre el matrimonio...

Todo lo somete a su visión satírica, amarga, demoledora, sin esperanza, sin trascendencia...:

XXI: Resume así su visión:...

"En suma, de tal forma no hay ninguna sociedad ni relación humana que pueda ser placentera ni estable sin mí, que ni el pueblo al príncipe, ni el siervo al señor, ni la criada a la señora, ni el discípulo al maestro, ni el amigo al amigo, ni el marido a la esposa, ni el inquilino al casero, ni el camarada al camarada, ni el huésped al anfitrión les soportarían un instante si el uno con respecto al otro no fingieran, ni se adularan, ni se engañaran, prudentemente, ni se untaran con la miel de la Locura."

Este pensamiento resumido en el parágrafo XXI, como hemos dicho es por una parte un resumen de los anteriores y por otra parte la sustentación de los que siguen; XXII y XXIII :

"la primera condición de la felicidad es que cada cual esté satisfecho de ser lo que es".

"Filautía (el Amor Propio) da para ello grandes facilidades."

"logra que nadie tenga queja de su propia belleza, ni de su ingenio, ni de su progenie, ni de su estado, ni de su conducta, ni de su patria."

todas las empresas humanas son realizadas por la "hez de los mortales y no, por los filósofos que velan bajo una lámpara."

Como para reforzar las ideas expuestas hasta aquí, Erasmo ofrece en los siguientes parágrafos (XXIV a XXVII ambos inclusive) ejemplificación abundante tomada de hechos de la antigüedad. La tesis expuesta es la siguiente: la sabiduría no sirve para regir los pueblos; éstos la rechazan: "De cuán inútiles sean los sabios para todos los menesteres de la vida, nos sirve de ejemplo el mismo Sócrates." Hace alusión a la acusación de la que fue víctima y de la que no se defendió de corromper a la juventud porque le enseñaba a someter a crítica y revisión el saber tradicional.

"No obstante, podría tolerarse que gobernaran los sabios, aun cuando ejerciendo las funciones públicas produjeran el efecto de asnos tocando la lira (locución proverbial griega) si mostraran maestría en todos los actos de la vida (...) Mas llevad a un sabio a un convite, y aguará la fiesta con su triste silencio o con molestas cuestioncillas. Llevadlo a un baile, y diréis que salta como un camello." (cfr. XXV)

Y en el XXVI:

"¿Qué es lo que devolvió la concordia a la plebe romana cuando estaba próxima a sucumbir? ¿Tal vez un discurso filosófico? En modo alguno..." Introduce alguna ejemplificación de Temístocles, Sertorio, Licurgo "por cuyas fabulosas ficciones se gobernó la necia multitud. Son estas necedades las que conmueven esa ingente y poderosa bestia que es el pueblo."

O "¿Qué hay más insensato, dicen que lisonjear un candidato al pueblo para pedirle sus votos, comprar con largueza sus favores, perseguir el aplauso de los necios, complacerse con las aclamaciones, ser llevado en triunfo como una bandera o verse en el foro convertido en una estatua? Añadid a esto la adopción de nombres y sobrenombres. Añadid los honores divinos rendidos a esos mentecatos, añadid las ceremonias públicas en que son puestos en el rango de los dioses los tiranos más infames (...) de tal fuente han nacido las más brillantes hazañas de los héroes (...) Esta locura engendra las ciudades, mantiene los imperios, las magistraturas, la religión, los consejos y la justicia, porque la vida entera del hombre no es otra cosa que un juego de locos." (cfr. XXVII).

Y termina en el parágrafo XXVIII hablando de las artes.

"¿Qué es sino la sed de gloria lo que induce a los mortales a cultivar estas disciplinas, reputadas como excelsas, y a transmitir a la posteridad el fruto de sus trabajos?."

"No obstante, a esta Locura debéis una de las mayores y más dulces ventajas de la vida, como es sacar partido de la locura de los demás."

A partir del parágrafo XXIX no sólo reclama para la locura las excelencias del valor del ingenio sino también las de la prudencia.

"Si la prudencia reside en el uso que se haga de las cosas, ¿a quién compete más el honor del nombre de prudente, al sabio que, en parte por vergüenza, en parte por timidez de ánimo, no emprende nada, o al loco, a quien ni la vergüenza, de la cual carece, ni el peligro que no se para a considerar, hacen que ante nada retroceda? Se refugia el sabio en libros vetustos y no aprende más que un mero artificio de palabras. El loco, en cambio, abordando las realidades y los peligros, adquiere, a mi juicio, la verdadera prudencia. Homero, aunque ciego, lo vio bien cuando dijo que los hechos incluso los locos los entienden."

Pero no se trata de invitar a vivir la prudencia como virtud sino la prudencia de la vida, la astucia para triunfar en ella; lo podemos ver claro en algún párrafo más que transcribo literal de este mismo parágrafo y en el XXIX:

"Precisamente la ficción y el engaño es lo que detiene los ojos de los espectadores. Ahora bien, ¿qué otra cosa es la vida de los mortales, sino una comedia cualquiera, en la que unos y otros salen cubiertos con sus máscaras a representar sus respectivos papeles, hasta que el director de escena les ordena retirarse de las tablas? (...) De la misma manera que nada hay más loco que la inoportuna sabiduría, tampoco hay nada más imprudente que la prudencia mal entendida. Y actúa con prudencia mal entendida quien no se acomoda a las cosas presentes ni obedece las costumbres, quien olvida la regla de los banquetes que dice: =Bebe, o márchate=, y pide que la comedia no sea ya comedia. Por el contrario es verdaderamente prudente quien, teniendo en cuenta que es mortal, no se preocupa por saber más que los hombres, y considera que la mayoría de los hombres, o se avienen a simular que no ven, o se engañan con mucha cortesía.

Y esto, se dirá, es propiamente locura. En modo alguno lo negaré, a condición de que se reconozca que ésta es la manera de representar la comedia de la vida."

La vida es una comedia, hay que adaptarse a ella. De los parágrafos XXX a XL insistirá en las mismas ideas aún con mayor cinismo:

"¿Debo decir, o debo silenciar lo que resta, dioses inmortales? Mas, ¿por qué silenciarlo, cuando es más verdadero que la verdad?.

En primer lugar hay que confesar que todas las pasiones humanas pertenecen a la Locura.(...) Volveré a hablar de los demás bienes que reporto."

Contrapone una visión dolorida, pesimista y amarga de la vida a una visión venturosa que sólo se puede alcanzar con la Locura; la realidad de la primera lo lleva a justificar el suicidio, la segunda a la felicidad inconsciente. "¿Qué te importa que te silbe todo el mundo si tú mismo te aplaudes?"

Transcribo algunos párrafos de los parágrafos citados en los que se recogen algunas de estas ideas:

"vería cuántas calamidades pesan sobre la vida de los hombres, lo miserable y sórdido del nacimiento..." (de nuevo su experiencia amarga...)

"lo engorroso de la crianza, los rigores a que está expuesta la niñez, las fatigas a que se halla sujeta la juventud, las molestias de la senectud, la dura necesidad de la muerte. (...) Pero quien medite sobre esto, ¿acaso no disculpará el suicidio?

"Por eso yo, valiéndome unas veces de la ignorancia, otras de la irreflexión, algunas del olvido de los males, otras de la esperanza de los bienes, y en ocasiones de un poco de miel de los deleites, alivio a los hombres de tantos males, que nadie puede dejar la vida."

"Estas circunstancias, que deberían ser el motivo de que los hombres no desearan conservar la vida, son las que más les encienden las ganas de vivir, hasta tal punto aborrecen experimentar cualquier tristeza."

"Pues lo que el vulgo considera una vergonzosa deshonra, no es tal para mis locos, que, o no sienten ese mal, o, si algunos lo sienten, no le hacen ningún caso. Si cae una teja en la cabeza, esto es verdaderamente un mal. La vergüenza, la infamia, el oprobio, el insulto, tanto ofenden en cuanto se tiene conciencia de ellos. Si falta esta conciencia, no son ciertamente males. ¿Qué te importa que te silbe todo el mundo si tú mismo te aplaudes? Pues bien, si alguien dispensa tanto favor, no dudéis de que es la Locura."

Así el engaño es lo verdadero. Cuanto más incompetente sea una persona, más grata será su vida y más se le admirará. Ser engañado, parece una desgracia pero, no serlo, constituye una desgracia mucho mayor.

Sigue insistiendo, la cordura es una desdicha, la presunción es la felicidad.

Bajo esta perspectiva y en corroboración de la tesis que sostiene, hace desfilar a numerosos oficios y profesiones; ciencias, las más preciadas, las del común sentir. Sólo el médico es estimado por los hombres; la Medicina, tal y como hoy la ejercen muchos, no es otra cosa que una forma de adulación, no menos que la retórica, la profesión de leguleyos, propia de asnos; la de teólogos, sólo les sirve para roer legumbres. Los más felices, los que consiguen abstenerse de todo trato con el saber; la felicidad está reservada a los que sólo se dejan conducir por la naturaleza, los animales se contienen dentro de los límites de su condición. "sólo el hombre se esfuerza por franquear los que se le han impuesto a la suya". Los más alejados de la felicidad, los que cultivan el saber; los más felices, los chiflados, locos, imbéciles... a quienes todo el mundo protege.

Presenta la "egregia imagen de un sabio".

"siempre sobrio, pobre, triste, sombrío, severo y duro para sí mismo, grave e insoportable para los demás (...) ¿qué importa que muera así quien nunca ha vivido?"

Este último párrafo es sintomático en cuanto a la manera de enseñar de Erasmo; anteriormente parece que criticara por boca de la Locura el modo de vivir el género humano contemporáneo suyo, los valores no son valores son otros esquemas los que se imponen y, al final, la crítica no es tal crítica es incluso tesis defendida. La Locura lo invade todo; distingue por esta razón dos clases de locura: una la engendran las Furias, la pasión de la guerra, inextinguible sed de oro; otra, aligera el alma de preocupaciones, la sumerge en múltiples deleites. "No es raro observar que el más loco de los dos es el que ríe más fuerte." La tesis sostenida por Erasmo reflorece: la verdadera sabiduría tiene mucho que ver con un cierto aire de locura.

Los parágrafos XL a XLVIII nos ofrecen un ataque frontal, una censura sin paliativos a "todos los pecados de la Iglesia". Es una mano tendida a la Reforma. Se entiende bien que Lutero buscara su apoyo. Expresa con una inconsciencia sin límites ideas que no por decirlas en tono jocoso representan un menor peligro. Se pone de manifiesto en estos parágrafos la incapacidad de Erasmo para valorar la gravedad de la herejía protestante, a la par que su propia ligereza para tratar estos puntos.

Asimismo, con la imagen de que Philautía es la que se acaricia a sí misma y Adulación, la que acaricia a las demás, hace el panegírico burlesco de los linajes y de los amores patrios.

También en estos juicios Erasmo en boca de la Locura se deja llevar de la huella de su propia vida, carente de vínculos y estabilidad, infatigable viajero, ciudadano del mundo, europeo.

La rudeza, dice en frase de Horacio, es desaliñada y molesta. En cambio, la adulación "levanta las almas abatidas, alegra a los tristes, vigoriza a los débiles, despabila a los torpes, alivia a los enfermos, doma a los soberbios, reconcilia a los enamorados, mantiene las reconciliaciones. En suma, consigue que cada cual sea más agradable y caro a sí mismo, que es sin duda parte muy esencial de la felicidad."

Como colofón de lo escrito en estos parágrafos, el XLVIII nos ofrece una rica ejemplificación de abundantes paradojas:

"Hay algunos que se preocupan diligentemente de los negocios del vecino y descuidan los propios. Algunos consideran que es suyo el dinero que han tomado a préstamo y suyas las riquezas ajenas, y enseguida quiebran. Hay quien cifra su felicidad en vivir en la estrechez, para dejar rico al heredero."

"En suma, si como Menipo en otro tiempo pudierais observar desde la Luna la inenarrable confusión de los mortales, pensaríais ver una multitud de moscas o mosquitos riñendo entre sí, luchando, tendiéndose trampas, robándose, burlándose unos de otros, holgándose, naciendo, enfermando, muriendo. No se puede creer qué tumultos, qué tragedias se producen entre esos insignificantes animalillos que tan pronto perecen. A veces una corta guerra o el azote de una epidemia arrebatan y aniquilan en un instante a millares de ellos."

Una vez más la visión arrogante de Erasmo hacia su entorno, mezclada con la experiencia amarga de su vida... la peste.

En los parágrafos XLIX a LIII desfilan gramáticos, poetas, jurisconsultos, filósofos y teólogos. A todos ataca, de todos se queja. Concretamente en el XLIX expone parte de su sentido crítico hacia la educación que seguía aún vigente y en concreto hacia los "gramáticos", "porque siempre los veréis mugrientos y famélicos en sus escuelas —dije escuelas— y mejor haría en llamarlas letrinas o cámaras de tortura—, entre una tropa de muchachos, encaneciendo a causa de los trabajos, ensordecidos por los gritos y envenenados por el hedor y la suciedad, y sin embargo yo hago, con mis beneficios, —es la Locura quien habla—, que se estimen como los primeros entre los mortales. Hasta qué punto están satisfechos de sí mismos cuando aterrorizan con su rostro y con su voz a la multitud temblorosa de chiquillos, cuando martirizan a los desdichados niños con la palmeta, con la vara y con las correas."

Como se puede apreciar la descripción es harto elocuente.

Los poetas... "De todos mis familiares son los más devotos del Amor Propio y de la Adulación y no hay en todo el género humano quien me rinda culto más sincero y constante."

Los retóricos y los que publicando libros quieren alcanzar fama inmortal. "los que escriben con erudición (...) se torturan perpetuamente: añaden, modifican, suprimen, escriben de nuevo lo que habían tachado, insisten, rehacen, aclaran, guardan el manuscrito nueve años y no se satisfacen jamás."

Los jurisconsultos, los filósofos, los teólogos! En este parágrafo LIII vuelve Erasmo a perder la medida de la crítica, aunque la ponga en boca de la Locura. Sus protestas de amor a la Iglesia y de querer morir dentro de Ella nos hacen pensar en su buena voluntad, pero no se puede pasar por alto sin decir que sus expresiones, al querer condenar a los teólogos, son irreverentes cuando no heréticas.

Asimismo los parágrafos siguientes. En el LIV habla de religiosos y monjes. Se siente con autoridad para vejarlo todo: la confesión, la memoria de los Apóstoles. Si no se debe pensar en su mala fe, una vez más nos admiramos de su ligereza y frivolidad, de su falta de sensibilidad y delicadeza.

En los parágrafos LV y LVI desfilan Reyes, príncipes de la Corte y Cortesanos. La sátira, aunque dura, es mucho más suave y respetuosa. Hace una llamada a la responsabilidad:

"las miradas de todos están fijas en él, que puede ser el astro propicio por cuya influencia se difundan las buenas costumbres y el bienestar público, o el cometa mortal que les aporta innumerables daños."

Acusa: "creen realizar su misión cazando de continuo, sosteniendo hermosos caballos, vendiendo a su gusto los cargos. Imaginaos ahora un príncipe tal como es a menudo, un hombre ignorante de las leyes, casi enemigo del bien general. Ponedle además el collar de oro, que indica la armonía y la unión de todas las virtudes; la corona guarnecida de piedras preciosas, que le advierte su obligación de sobrepujar a los demás en todas las virtudes heroicas; también el cetro, símbolo de la justicia y de un alma incorruptible; y por último la púrpura, emblema de su perfecta entrega al Estado. Y si el Príncipe comparara tales atributos con su conducta."

En el LVII, LVIII y LIX , partiendo de lo anteriormente dicho sobre los príncipes e incluso valiéndose de las mismas imágenes —el significado de los vestidos— fustiga al Sumo Pontífice, cardenales y obispos. Termina con un quiebro frívolo, sin sentido o si se prefiere, lleno de sentido: el de desviar la atención hacia la Locura. Erasmo no habla; Erasmo no entra en responsabilidades, es la Locura quien habla.

"Por lo poco que llevo dicho, y tratado con mucha ligereza, se verá, sin embargo que no existe ningún mortal que pueda vivir dichoso si no está iniciado en mis ritos y no cuenta con mi protección." (par. LX)

Estamos llegando al final...

Parágrafo LXI : "la Fortuna ama a las gentes poco reflexivas (...) la sabiduría hace a las gentes tímidas y así veréis por todas partes sabios a quienes acompaña la pobreza, el hambre y la oscuridad, y viven olvidados, sin gloria y sin simpatía."

LXII: Cita a Catón: "La mayor sabiduría es parecer loco"; a Horacio, con varios versos y Epístolas; a Homero que llama a Telémaco, niño loco; a Cicerón que afirma que "el mundo está lleno de locos."

Y por si tales autoridades son de poco peso para los cristianos, —LXIII— trata de robustecer las alabanzas a la Locura con textos de la Sagrada Escritura. En este parágrafo como en el siguiente —LXIV— tanto por el contexto como por el modo de interpretar algunos textos, parágrafos citados y los siguientes, no podemos por menos de rechazar toda gracia y todo posible ingenio, además de merecernos una total repulsa desde el punto de vista doctrinal.

El parágrafo LXVIII, como señalábamos al principio, sirve de epílogo.