Leer Ensayo Completo -Socialismo Del Siglo Xxi Como Vision Del Estado Social De Derecho Y Justicia De La Republica Bolivariana De Venezuela En Las Relaciones Juridicas Privadas

-Socialismo Del Siglo Xxi Como Vision Del Estado Social De Derecho Y Justicia De La Republica Bolivariana De Venezuela En Las Relaciones Juridicas Privadas

Imprimir Documento!
Suscríbase a ClubEnsayos - busque más de 2.047.000+ documentos

Categoría: Acontecimientos Sociales

Enviado por: tomas 02 junio 2011

Palabras: 3320 | Páginas: 14

...

igirle de acuerdo a su capacidad

Solidaridad, acompañamiento de todas y todos en este tránsito hacia el socialismo.

Participación, deber y derecho de intervenir en las decisiones que afectan la vida de la patria

Soberanía, poder que tiene el pueblo venezolano, de escoger sus gobernantes, sus instituciones, sus normas, su destino

Ética, cúmulo de costumbres, creencias, valores, principios y normas que sirven de guía a un individuo o grupo social para actuar u obrar, en busca del bien común.

Prevención: En el socialismo nos ocupan actividades tendientes a evitar conductas que ameriten sanción. El capitalismo es sanción.

Relaciones jurídicas privadas:

Se usa en sentido amplio equivale a situación jurídica es decir la situación jurídica en que se encuentra una persona respecto de su capacidad, la situación jurídica de una persona para poder testar.

Si todos los elementos de la relación jurídica son nacionales estamos en presencia de una relación jurídica privada.

DESARROLLO

Las cooperativas son empresas de propiedad privada colectiva que cons¬tituyen un avance en relación con la propiedad privada individual. Por su estructura y funcionamiento, pueden trabajar en cualquier sistema econó-mico, político y social. Sus productos pueden ser ofrecidos en el mercado, aunque inicialmente sean elaborados respondiendo a una o varias necesi-dades. Las cooperativas surgen de la unión de un colectivo para satisfacer necesidades individuales, comuni¬tarias o ambas. Pueden ser de gran utilidad para el desarrollo de activida¬des productivas de pequeño calado y para la prestación de servicios.

Las Empresas de Producción Social pueden ofrecer bienes y servicios, de acuerdo con la escala y la complejidad de la actividad. El ideal es que toda Empresa de Producción Social tenga asociadas un ramillete de coopera¬tivas que desarrollen labores com¬plementarias, sin que ello suponga tercerización, flexibilización laboral o maquila. Tanto las Empresas de Producción Social como las coo¬perativas pueden desarrollar determi¬nadas actividades productivas, cuya propiedad sea de las comunidades organizadas.

Las empresas comunales (no sociales) desarrollarían la economía comunal, al lado de las economías estatal y privada. Este tipo de empre¬sas estarían preparadas para absor¬ber a las empresas estatales que se les transfieran o para ser creadas a partir de determinadas condiciones. Además, ofrecen una pista de aterri¬zaje para la economía que se mueve del sector privado individual hacia el comunal. Se ocuparían de lo que sea endógeno y apunte a la autosu¬ficiencia de las comunas y ciudades comunales, especialmente en agricul¬tura, vivienda, artesanía, pequeña in¬dustria, turismo, servicios comunales y conservación ambiental, y estarían atentas a recibir todas las gestiones económicas que les sean transferi¬das por la administración pública (tal como lo propone el artículo 184 de la reforma constitucional).

Las Empresas de Producción Social no comunales, es decir, las privadas, estatales o mixtas pue¬den, sin limitación alguna, participar en las actividades de producción, dis¬tribución y comercialización de los sectores agrícolas, industriales y de servicios.

Las Empresas de Producción Social han sido concebidas como instrumen¬tos fundamentales para combatir el capitalismo y la economía de merca¬do, sistema en el cual, supuestamente, se explota al trabajador al extraerle la plusvalía, la fuerza de trabajo se con¬vierte en una mercancía más que se intercambia por un salario y predomi¬na el valor de cambio sobre el valor de uso. El objetivo explícito del Gobierno consiste en sustituir la economía de mercado por el modo de producción socialista, caracterizado por la planifi¬cación central, en el cual, hipotética¬mente, prevalece el valor de uso, la producción se orienta a satisfacer las necesidades humanas y, por lo tanto, desaparece el derroche consumista y al trabajador se le remunera de acuerdo con el valor que produce.

La eficiencia de las empre¬sas socialistas no puede medirse con los mismos indicadores que emplea el capitalismo. Para los capitalistas, la efi-ciencia se determina a partir de la pro¬ductividad (obtener cifras azules) y la maximización de las ganancias y, con ello, el beneficio particular. Para los socialistas la eficiencia viene dada también por la productividad (obtener también cifras azules), pero orientada a satisfacer necesidades reales; es de-cir, beneficiar al colectivo.

Este mismo razonamiento es extensible a las empresas públicas, comunitarias y privadas. Las empre¬sas públicas tienen otros objetivos económicos y políticos, como crear empleo o poner en práctica políti¬cas sociales. Además de favorecer la creación de capital fijo, buscan el be¬neficio colectivo.

En el socialismo del siglo XXI las empresas deben ser eficientes desde el punto de vista social y creadoras, principalmente, de valores de uso. Pero necesitan indicadores que les permitan saber si están operando con principios económicos.

La eficiencia no sería medida por la ganancia, sino por el impulso dado a la productividad del entorno. De ma¬nera que no necesariamente se gene-rarán excedentes y, si los hubiera, se destinarían a promover otras activida¬des. Incluso, algunas empresas debe¬rían liquidarse paulatinamente, porque no son sostenibles ambientalmente o porque no satisfacen necesidades so¬ciales (por ejemplo, las empresas que producen artículos de lujo). Entonces, se programaría su eutanasia, para que los restos aprovechables permitan fi-nanciar la empresa sustituta (tal como lo desarrolla Luis Vargas en el trabajo inédito «En torno a la eficiencia socia¬lista»). Aquí, las pérdidas estarían jus-tificadas por la conversión, de modo que no serían realmente pérdidas. Es el caso de convertir una fábrica de tan¬ques de guerra en fábrica de tractores agrícolas.

Márquez: La proposición oficial está frente a un complejo dilema: ¿cómo aumentar la eficiencia de las coope¬rativas y de las EPS si no están con¬cebidas para generar ganancias que permitan incrementar el capital? El esquema que propone Hugo Chávez está condenado al fracaso por su ineficiencia estructural.

La eficiencia está ligada a una clara división del trabajo, al aumento de la producción y de la productividad me¬diante el incremento de la inversión en capacitación, maquinarias y equipos, y a redes de comercialización que colo-quen los productos en los lugares más distantes a los menores costos. Uno de los prerrequisitos para que esto ocurra es que en las cooperativas y EPS la propiedad individual no desaparezca, de modo que sus integrantes puedan hacer uso de sus activos para venderlos, traspasarlos como herencia, utilizarlos para obtener créditos particulares y emplearlos para cualquier otro fin personal que los beneficie. En muchos países capitalistas avanzados y con subsuelo, los medios de transporte y comunicación, la tierra ociosa y la ex-plotación de minerales preciosos y de alto contenido radioactivo. En todos los demás ámbitos podrían participar las excelentes índices de equidad social (Suiza, por ejemplo), existen coopera¬tivas muy exitosas en las áreas agríco¬las e industrial, que reparten grandes beneficios entre sus integrantes. Son unidades productivas eficientes que funcionan de acuerdo con los principios de la libre concurrencia y la defensa de la propiedad privada y excelentes índices de equidad social (Suiza, por ejemplo), existen coopera¬tivas muy exitosas en las áreas agríco¬las e industrial, que reparten grandes beneficios entre sus integrantes. Son unidades productivas eficientes que funcionan de acuerdo con los principios de la libre concurrencia y la defensa de la propiedad privada

Las empresas estatales se ocuparían del aprovechamiento de los recursos estratégicos de la nación, en pos del aseguramiento de la redistribu-ción equitativa de los excedentes, con énfasis en mejoras populares y dismi-nución de la desigualdad, indicadores claros que afirman el avance real del proyecto socialista. Esos recursos es¬tratégicos son la energía en todas sus formas (petróleo, gas, electricidad, ori-mulsión), el agua, el aire, las reservas de biodiversidad, las industrias produc¬toras de materias primas para el sector transformador, las que exploten y trans¬formen primariamente los recursos del

EPS, tanto públicas como privadas, co¬munitarias o mixtas; también las gran-des, medianas y pequeñas empresas privadas, así como las cooperativas.

El Estado, por su importancia, pero también por sus debilidades his-tóricas, sigue formando parte tanto del problema como de la solución. La debilidad de la clase empresarial venezolana, Incapaz de invertir (esti¬mulada, por el contrario, por la idea de rápida generación de riqueza, comúnmente asociada a actividades como la especulación financiera, las importaciones, las ventas al Estado, las contrataciones de obras públicas, entre otras), no siempre es compen¬sada por un Estado poco acostumbra¬do a salirse de su papel de gestor de la riqueza petrolera. La desinversión se convierte así en un problema.

La razón capitalista inhibe la iniciativa particular en áreas poco lucrativas y de gran riesgo; desde la perspectiva liberal, comúnmente se deja en manos del Estado tal tipo de operaciones. Para el socialismo del siglo XXI la eficiencia se mira con lentes propios; por ello, es absolutamente necesario que el Estado invierta en áreas poco atractivas (des¬de el punto de vista de la búsqueda de lucro), pero que también lo hagan comunidades y comunas a las cuales se les ha transferido la propiedad de determinados medios de producción. Así mismo, los privados podrían parti¬cipar de este tipo de tareas como parte de sus políticas de corresponsabilidad social. Sólo la participación articulada y acompasada de los tres vértices de la pirámide Estado-comunidad-mercado y la reconstrucción de las relaciones entre ellos pueden dar cuenta de los anhelos de desarrollo humano integral de los pueblos.

En cuanto a si las empresas del Estado deben ser participativas, hay que partir del principio de que la de¬mocracia directa debe imponerse en todas las esferas empresariales. De cara a la implementación de los pos¬tulados constitucionales, es preciso _ ser consecuentes con las nociones de participación protagónica de los sujetos sociales, en todos los ámbitos de la gestión pública y privada.

La democracia participativa combina protagonismo con representatividad, sólo que la delegación se asume en términos funcionales, al fijárseles pautas y límites a los representantes. En g la búsqueda de equilibrio y reciprocidad= entre representación y protagonismo popular, se cuenta con los siguientes instrumentos:

1. Reglamento de remoción de autoridades, revocación del mandato y control político de las autoridades (el que actúe de espaldas a las mayorías se va).

2. Elección directa de autoridades (elección de los cargos por la base de los trabajadores).

3. Sistema de rotación de autoridades, responsables y vocerías (na¬die se atornilla en las posiciones de poder).

4. Delegación funcional (se manda obedeciendo).

5. Democracia del saber (la informa¬ción es patrimonio del colectivo).

6. Rendición de cuentas (no existen cajas negras, todo es transparente y auditable).

7. Debate permanente (se estimula la cultura del debate sin censuras ni temas tabúes; existe además tole¬rancia con las opiniones divergen¬tes y respeto de las todas ideas).

Estas consideraciones pueden ser apli¬cables en mayor o menor grado, en su totalidad o parcialmente, de acuerdo con los contextos y las especificidades de cada realidad. Adicionalmente, en el marco de la democracia directa, se vinculan aspectos relacionados con la planificación participativa, la toma de decisiones en manos de quienes es¬tán al frente de la actividad, la ges¬tión colectiva y el control social de los procesos.

La gerencia participativa, incluso en el capitalismo, ha demostrado mejor desempeño que la centralizada y auto¬ritaria. Los planes de las grandes empre-sas del Estado deberían ser consultados, en referendo si fuera posible. Los planes de las empresas comunales deben tam¬bién someterse a la consideración de las asambleas de ciudadanos, propietarios todos del medio de producción.

Márquez: Las empresas del Estado ocupan un lugar cada vez más pre-ponderante en la economía nacional desde 1999. Ya no es sólo Pdvsa, la empresa más importante de Vene¬zuela, la que se encuentra en manos del sector público. A ella se suman las que están bajo la conducción de la Corporación Venezolana de Guayana, la Petroquímica y las recientemente readquiridas Cantv, La Electricidad de Caracas y Ávila Mágica. El Estado se ha convertido en un empresario cada vez más activo, tanto que resulta di¬fícil establecer las diferencias entre el socialismo (colectivismo) del siglo XXI del cual hablan los representan¬tes del oficialismo —que en realidad tiene una presencia marginal dentro del aparato productivo— y el recru¬decimiento del capitalismo de Estado (¿del siglo XXI?) que se observa en la práctica. El estatismo, encubierto bajo el engañoso nombre de «nacio¬nalización», constituye el signo do¬minante de la economía. La actividad económica privada, salvo en algunos rubros agrícolas, en las telecomuni¬caciones, en la banca y en empre¬sas como Polar, ha sido arrinconada a esferas muy reducidas. A esto hay que agregar la creciente presencia de regulaciones y leyes que restringen la actividad económica particular. Ve¬nezuela se encuentra en los últimos lugares del índice de Libertad Eco¬nómica que publica anualmente The Heritage Foundation.

El desmedido predominio de las empresas del Estado es un factor que conspira contra la libre concurrencia, las oportunidades económicas, la sana competencia entre los distintos agen¬tes económicos y, en general, contra la

Con la eliminación de la propiedad pri¬vada, aquellas experiencias socialistas decían suprimir la desigualdad social y crear una sociedad sin clases.

Salvo en contadas excepciones, esto no ocurrió. Si bien el Estado era dueño de los medios de producción, permaneció subrepticiamente la divi¬sión de clases: por una parte, la buro¬cracia estatal privilegiada y acaudalada, «representantes» de la sociedad en la administración del gobierno y, por la otra, la población desprovista de espa¬cios para la participación en la gestión pública, apartada del ejercicio de un gobierno popular y democrático.

En parte, su fracaso devino de un error: no interpretar la dialéctica de los procesos que nacen y se desarrollan en medio de fuertes contradicciones y resistencias. Por ello, el socialismo del siglo XXI debe ser visto como un proceso; su ideal: establecer nuevas relaciones de convivencia humana ba-sadas en la igualdad, la justicia social y productividad y la eficiencia del aparato productivo. De hecho, Venezuela tam¬bién aparece en los puestos más reza¬gados en materia de productividad.

En el socialismo del siglo XXI las empresas deben ser eficientes desde el punto de vista social y creadoras, principalmente, de valores de uso

La empresa privada tiene inexora¬blemente que sumergirse en las aguas de las transformaciones nacionales; en su nomenclatura han de hacerse comunes términos como responsa¬bilidad social, planificación y partici¬pación. En piedra de Sísifo se ha de tornar la actuación de los sectores empresariales que persistan en la lí¬nea capitalista ortodoxa de la máxima ganancia. Para este segmento, ojalá minoritario, habrá de haber regulacio¬nes, más temprano que tarde.

De una somera revisión de la realidad empresarial venezolana se pueden distinguir al menos tres gran¬des grupos: 1) aquellos que se niegan a cualquier tipo de cambio y que, dando un paso más allá, dificultan el rumbo de las transformaciones nacionales, 2) quienes, sin tener esa mala voluntad, necesitan más datos que les permitan tomar una decisión racional en la nueva dirección y, 3) los que están dispuestos a andar el camino socialista.

En el contexto de régimen de pro¬piedad mixto planteado por el socia-lismo del siglo XXI se han de delimitar las pautas de actuación esperadas de

cada uno de los actores que intervienen en el desempeño productivo nacional: Estado, comunidades organizadas e iniciativas privadas. Cada cual ha de poseer, por así decirlo, más allá de su compromiso social y del cumplimiento de las regulaciones vigentes, la cartilla contentiva de las reglas del juego que le corresponde asumir.

Si bien las EPS son dueñas de ciertos medios de producción, se comportan de acuerdo con una lógica solidaria: ganan lo razonable y colaboran con el Estado y las comunidades en la construcción de una sociedad justa, inclusiva e igua¬litaria. Están dirigidas por empresarios cuyo único fin no es la acumulación desmedida; además tienen conciencia social, organizan su actividad corporati¬va en función de las necesidades de las mayorías y saben que ganarán dinero, pero que su riqueza no se obtiene fácil-mente, sino con trabajo.

Toda empresa capitalista (pública o privada), en aras de su reformateo en Empresas de Producción Social, debe incorporar progresivamen¬te las siguientes prácticas:

1. Ejercer la responsabilidad social em¬presarial: promover obras sociales en beneficio de la comunidad.

2. Vincularse con los problemas del entorno: coadyuvar a la organiza-ción social y articularse con los con¬sejos comunales, por ejemplo.

3. Producir para satisfacer necesida¬des sociales, no para vender por vender e incrementar las ganan¬cias: no estimular el consumo de bienes innecesarios o suntuosos y concentrarse en la manufactu¬ra de los artículos fundamentales para el sustento humano.

4. Distribuir los excedentes entre los propietarios de las empresas, sus trabajadores y la sociedad: no enriquecerse a expensas de la explotación del trabajo ajeno, sino compartir los márgenes de ganancia.

5. Disminuir los beneficios particulares y aumentar los beneficios sociales: ganar lo suficiente y reducir los pre¬cios de las mercancías al mínimo, en beneficio de la población.

6. Tejer relaciones de comercio justo: romper las cadenas y las roscas de la distribución y la especulación, al intercambiar mercancías con la menor intermediación posible.

7. Incorporarse en los planes de for¬mación de los trabajadores y traba-jadoras: ayudaren el mejoramiento de su cultura y conciencia.

8. Fomentar relaciones de democracia directa a lo interno de los centros laborales: asumir prácticas como la elección de representantes y admi-nistradores, la rendición de cuen¬tas, las contralorías de trabajadores y la revocabilidad de mandatos.

9. Producir de acuerdo con los prin¬cipios del valor de uso de la mer-cancía: no producir por el valor co¬mercial de determinados produc¬tos, amén de que la rentabilidad empresarial no riñe con la calidad.

10. Ofrecer remuneración digna y re¬gular a los trabajadores: a cada cual según sus necesidades y trabajo.

11. Destinar la producción entre quie¬nes más la necesitan: incorporarse desinteresadamente en planes de protección social para quienes es¬tán en condiciones de extrema ex¬clusión y miseria.

12. Tener compromiso ecológico.

13. Articularse con los planes guberna¬mentales de desarrollo tales como los núcleos de desarrollo endóge¬no, los presupuestos participativos o los gabinetes móviles.

14. Fomentar o tutelar nuevas empre¬sas, cooperativas o asociaciones productivas sin ánimo de lucro y sin que medien intereses.

15. Asumir nuevos protocolos de aten¬ción al público: trato digno a los trabajadores, clientes y, en general, a todas las personas; superar las prácticas burocráticas clientela res y el maltrato al que nos mal acos¬tumbró la Cuarta República.

El cumplimiento de tales prerrogativas supone la disposición de los empren¬dedores a incorporarse voluntaria¬mente en el circuito de las transfor-maciones nacionales. Quien no esté dispuesto a reformatearse no aspirará

a obtener incentivos públicos y, en ese sentido, habrá de someterse a la opi-nión pública nacional, cada vez más consciente y movilizada en función de construir la propuesta socialista. Pero, ¿qué razones puede tener un próspero empresario de la economía capitalista para avanzar hacia una for¬ma socialista como una EPS?

1. Por una convicción racional de que la inclusión social construye socie¬dades más armónicas que, en úl¬tima instancia, hacen la vida más placentera.

2. Por ideología (que asuma la igual¬dad como una exigencia ligada a la dignidad humana) o por con¬vicción religiosa (si todos somos hijos de Dios, ¿por qué hay per¬sonas con tantas necesidades?).

3. Por presión popular.