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Teoría Pedagógica: Elementos Para Su Historia. De La Pedagogía Clásica A Pestalozzi

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Categoría: Historia

Enviado por: Ensa05 13 mayo 2011

Palabras: 7357 | Páginas: 30

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a nos referimos a la ciencia o arte de la educación que no sólo contempla a los niños sino al hombre de manera integral, la tarea que nos queda es exponer como reflexionamos en torno al acto educativo.

El estudio metódico y la indagación racional de los fines y principios de la educación, de manera sistemática y ordenada, es materia de la pedagogía, pues desde Kant sabemos que podemos desechar la educación intuitiva, mecánica, sólo basada en la experiencia, como mera repetición irreflexiva. Sin embargo, por tratarse de una experiencia humana, el razonamiento, justamente, deberá estar basado en ella. Así, la posibilidad de la teorización del acto educativo, tendría que corresponder a la teoría derivada de la práctica, por lo que esta teorización deberá pertenecer a la Teoría Pedagógica.

Además, el razonamiento tiene que tomar en cuenta que la teoría pedagógica debe contemplar la reflexión sobre el concepto de hombre, los principios filosóficos, la ideología -el imaginario social-, la posición política, el sistema de valores, la visión societaria e histórica, el proyecto social como producción colectiva, el modelo pedagógico, el propio proyecto educativo como constructor de sujetos sociales, el ideario educativo y, finalmente, los principios y fines del proyecto pedagógico.

Si aceptamos, insisto, aunque sea de manera provisional, que la teoría pedagógica atiende al estudio de los principios y fines que debe proponerse la educación, entramos al campo de la filosofía y, más concretamente, al de la eticidad, puesto que los propósitos de la educación se corresponderán con los proyectos societarios y los valores que ello encierra.

Durante el renacimiento, Erasmo de Rótterdam y Michel de Montaigne reflexionaron alrededor del acto educativo planteando una pedagogía que retomaban los principios educativos clásicos de La Paideia en concordancia con las propuestas que adquiría la visión antropocéntrica de la nueva sociedad posmedieval.

Luís Vives y Juan Calvino responden con su propuesta pedagógica al planteamiento de la Reforma Luterana que requería del alfabeto, desplazando al clero, intermediario de Dios, para que, mediante la lectura de La Palabra (así escrita, con mayúscula) el trato con lo Divino, con el Verbo, fuera directo, pero además, para que se educara en razón del futuro desarrollo económico, como agudamente lo registra Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo.

La contrarreforma surgida del Concilio de Trento, hace posible la multiplicación de la propuesta pedagógica del catolicismo. La vanguardia era sostenida por La Compañía de Jesús quien, para 1640, mantenía abiertos más de quinientos centros escolares cuyo propósito fundamental era formar a los jóvenes en la fe católica, es decir, en los valores del medioevo.

El filósofo ginebrino Jean Jaques Rousseau, creador de El Contrato Social de cuyas bases se alimentó la Revolución Francesa, congruente con el espíritu del enciclopedismo, expone su teoría pedagógica en El Emilio o De la educación, donde subraya la necesidad de educar por la vía de la expresión prevaleciendo sobre la represión, dando lugar, con ello, a una de las primeras expresiones de la educación democrática.

A finales del siglo xviii y durante el xix, con la formalización de la educación escolar, las propuestas pedagógicas se multiplicaron. Johann Pestalozzi, siguiendo a Rousseau, defiende la individualidad del niño; propone además que el aprendizaje se haga a través de la práctica y la observación por medio de la utilización natural de los sentidos. El espíritu práctico que va a prevalecer durante todo el siglo diecinueve en educación, se lo debemos, en buena medida, a las ideas de este pedagogo suizo, quien además insistió en la profesionalización del magisterio.

Como podemos observar, las diversas propuestas pedagógicas de los diferentes tiempos y circunstancias históricas, responden a valores también diferenciados según el grupo social o el representante que lo propone, así, con el Renacimiento, la oferta pedagógica asume la herencia clásica que pone en el centro de la reflexión al hombre.

En la Reforma, la educación se orienta a la interlocución, por medio de la lectura de las Sagradas Escritura, con el Verbo, además de hacer permisible y ajeno de pecado de avaricia, el lucro y el bienestar individual; mientras que la dirección que siguen los jesuitas esta orientada a la redención por medio de la educación en la fe católica.

En los albores de la Revolución Francesa, con el Siglo de las Luces, se da cabida a la educación democrática, para que los futuros ciudadanos se “empoderen” del sueño que nace en París y empieza a recorrer Europa: Libertad, igualdad y fraternidad.

Con la consolidación del desarrollo capitalista, el espíritu práctico que prevalecerá en el siglo xix, multiplica las propuestas pedagógicas, siempre destacándose aquellas que garantizan la perspectiva del positivismo como contenido metodológico del liberalismo.

Los valores de la educación republicana, regidos por el laicismo, nos muestran claramente la correspondencia de la norma ética con la propuesta pedagógica, aquí, no hay lugar para las ambigüedades, la educación se evidencia como el espacio de creación del hom/bre nuevo (por ello es imprescindible la coeducación), en el sentido guevarista de construcción del aquí y el ahora, en donde se incluyen los valores republicanos de libertad, democracia, solidaridad, tolerancia, austeridad, estado de derecho, justicia y equidad.

Las propuestas pedagógicas, -que contienen, necesariamente, una teoría pedagógica, a la vez que incluye un contenido ético- son producto de proyectos sociales, resultado de una construcción colectiva múltiplemente determinada (que se puede analizar con los instrumentos que la hermenéutica nos proporciona), decantada en el tiempo –de ahí la importancia de historiar- y, a través de la cual se reivindican los valores y necesidades de los pueblos.

Una propuesta pedagógica se define como una construcción ordenada y sistemática de los principios y fines, tiempos y espacios, actores y métodos que intervienen en el proceso educativo que además contiene un fundamento filosófico de eticidad.

Comparyré diferencia el concepto de educación del de pedagogía atribuyéndole al primero el cuadro completo de la cultura intelectual y moral de los hombres en todas las épocas y en todos los países, sería el resumen de la vida de la humanidad en sus diversas manifestaciones, literarias y científicas, religiosas y políticas.

Podemos aventurar, en cambio, que el objeto de la teoría pedagógica puede encontrarse en las doctrinas, métodos y procedimientos que sobre la educación y la enseñanza se han producido en diversos espacios, diferentes épocas y con distintas orientaciones, siempre en relación con la red de relaciones que se tensan en el entramado social y que, finalmente, son las que determina su contenido.

Siguiendo a Francisco Larroyo podemos suponer que el objeto de estudio de la teoría pedagógica es el de la teorización del hecho pedagógico, considerado éste como aquel realizado desde los orígenes de la sociedad, caracterizado como un proceso por medio del cual una generación transmite a otra cultura, tanto la propia como aquella o aquellas que influyen en ella:

Hay un carácter común en todo proceso educativo: ya sea espontánea o reflexiva, la educación es un fenómeno mediante el cual el individuo se apropia en más o en menos la cultura (lengua, ritos religiosos y funerarios, costumbres morales, sentimientos patrióticos, conocimientos) de la sociedad en donde se desenvuelve, adaptándose al estilo de vida de la comunidad en donde se desarrolla[1]

En su Historia General de la Pedagogía, Larroyo sostiene que la descripción, ordenamiento y clasificación del hecho educativo es tarea que le corresponde a la teoría pedagógica, agrega que indaga los factores que lo determinan, sus leyes y fines; además, analiza las técnicas más apropiadas para obtener mejores rendimientos.

Aquí hay que aclarar que si bien las técnicas, procedimientos y métodos que están incluidos en la didáctica forman parte integral de la teoría pedagógica, ésta última no se incluye en las tecnologías, pues las técnicas, su clasificación y estudio corresponden, efectivamente, a la didáctica, sin embargo, insisto, como la teoría pedagógica la incluye, por lo que, la afirmación de Larroyo es, en principio, correcta.

Como expuse al inicio, la necesidad de historiar a la pedagogía parte de la convicción de que, para introducirnos correctamente en las prácticas o teorías de cualquier ciencia, es necesario –indispensable- hacer una revisión de los fundamentos que le dieron origen y examinar cual ha sido el desarrollo que condujo a dicha ciencia al estado del en que se encuentra.

Para el caso de la educación en la época clásica se tendría que revisar la Paideia, pues es la obra más importante que se haya escrito sobre educación y la de mayor influencia para su desarrollo posterior. Sin embargo, su vastedad, para los efectos del trabajo colegiado, nos dificultaría ocuparnos, aun brevemente, del conjunto de la historia de la pedagogía, por ello debemos, limitarnos a exponer un panorama general.

Esparta y Atenas son las dos Ciudades – Estado (Polis) que formalizan la educación, y en las dos, esta orientada a subordinar a los futuros ciudadanos a la voluntad de la ley.

El Estado en Esparta, orientaba a los educandos en su defensa. La educación de los niños espartanos se inicia desde su nacimiento y, hasta los seis años, está a cargo de la madre, a partir de esa edad, el infante asiste al Pedagogium, establecimiento público de educación en donde se forman física y moralmente bajo una estricta disciplina.

Las instituciones escolares son: las Palestras y los Gimnasios. Un esclavo especial llamado pedagogo enseñanza a los niños desde los siete años, con elementos de escritura, lectura y aritmética.

Si en algún tiempo de la Grecia clásica tuvo importancia la educación, fue en el siglo de Perícles, pues durante su gobierno que florece la educación, sin embargo, hay que apuntar que es con los sofistas que se “profesionaliza” la función docente, pues, por primera vez la enseñanza de la retórica sienta sus reales en el mundo clásico dotando de la tecné a los oradores, que acudirán a la palestra a defender sus propiedades y derechos ciudadanos. Recordemos además que los sofistas son los primeros en recibir un emolumento que posibilitaba su reproducción como maestros-filósofos.

En el siglo V, con Sócrates la enseñanza de la virtud aparece como el cuestionamiento pedagógico inaugural, las cosas adquieren un carácter pedagógico con la mayéutica (método socrático). En los Gimnasios, la Academia y el Liceo se destaca la enseñanza con Platón y Aristóteles. El desarrollo de la pedagogía culmina con el periodo alejandrino.

En Roma surgen las escuelas superiores de gramática. El método de enseñanza es el Trivium: escritura, lectura y cuentas. Virgilio, Horacio y Ovidio son los escritores que con mayor frecuencia son leídos.

Hay una escuela especial de Retórica que puede destacarse como una instrucción pública superior. Conforme se expande la cultura romana el fundamento de la formación científica se delinea en el Trivium como Gramática, retórica y dialéctica.

La educación Helenístico-romana fue primordialmente privada, sin embargo, durante el Imperio Romano el Estado interviene, por lo menos en la gestión escolar. En los Colegios de efebos la administración municipal tiene gran importancia; los Monarcas participan en la educación en carácter de mecenas.

En Roma, el papel, como educadora de la madre empieza a tomar importancia, aunque sigue siendo el padre, el educador de la prole. La formación del joven está orientada a la vida político-judicial, es decir, civil, aunque no se descuida la formación militar. Se trata de una formación moral, ligada a las creencias religiosas.

El griego fue una materia obligada en la educación romana, pero también el latín, como lengua materna fue del interés en la formación educativa. El derecho, aportación romana para el mundo, fue un conocimiento que se impartió regularmente, sobre todo, como contribución del sentido práctico de los romanos.

El pedagogo romano ya tenía el carácter de preceptor que, el esclavo griego que le antecedió, no poseía, por ello, es de entenderse que, particularmente, eran las familias aristócratas las que encargaban a sus hijos a este personaje.

Marco Fabio Quintiliano inicia las cátedras de retórica, tanto en lengua griega como latina, así, la educación romana se perfila como una educación esencialmente retórica, pero también memorística e imitativa. Más tarde Plutarco proclama los elementos de la naturaleza, el conocimiento y el ejercicio como ideal de la educación romana, sin descuidar la enseñanza de la retórica y la ilustración de la vidas ejemplares como paradigma de la educación de los jóvenes romanos.

Con la burocratización del Imperio Romano se hace necesaria la formación de los jóvenes como funcionarios públicos, a imagen y semejanza de los escribas de los despotismos asiáticos desarrollados en siglos anteriores en las márgenes de los ríos Éufrates y Tigris.

La oferta cristiana de “igualdad” se hace atractiva para los ciudadanos desesperanzados de encontrarla en la polis que ya no existe o en la que se profundizan las desigualdades; el la “ciudad de Dios”, reflexionada por San Agustín, el ofrecimiento es contundente, el reino del paralelismo, la parejura, es la recompensa que espera el ciudadano, lo que si bien no es ofrecido en este mundo, tiene la ventaja del plus de la eternidad del amor y la justicia.

El ideal educativo del cristianismo se encuentra en la formación del hombre en acuerdo con los Evangelios, pero para tal formación se requiere de formar a los formadores, catecúmenos, sacerdotes que darán la buena nueva a los evangelizados, a aquellos que, con el bautismo, pasan a formar parte de la nueva comunidad cristiana.. La traducción de La Biblia, puede incluirse como parte integral de la enseñanza cristiana., pero, es hasta la aparición de las ordenes comunitarias que la reflexión intelectual hace su aparición en la Edad Media. Aún cuando las comunidades monacales no constituían por sí mismas una institución escolar, con la admisión de candidatos a formar parte de ellas, se tuvo que formalizar la educación, en escuelas conventuales o monásticas.

Hay que destacar para el año 100 a Quintiliano y su Institutio Oratoria, como modelo de escuela de gran utilidad para la vida pública de los latinos. Sobresale en importancia también el trato a los niños como método en la educación, evitando el castigo corporal.

El cristianismo es un reconocimiento del hombre que muera para vida y revive para el espíritu, en la verdad, la justicia y el amor. Este planteamiento se hace atractivo en la sociedad romana en donde reina la desigualdad como forma de vida; así, la buena nueva de la vida igualitaria, en el amor y la justicia eterna, es una oferta difícil de rechazar, por lo que cada día, más y más súbditos del Emperio toman las aguas del bautismo y se convierten al cristianismo.

A la obra de conversión de los padres fundadores nos les basta con el bautismo, tiene que llevar La Palabra a los iniciados, necesitan educar a los adeptos de la nueva religión quienes a su vez recientemente habían acogido tal creencia; así, necesitados de un ideal pedagógico, acuden a las Sagradas Escrituras, para proyectar un ideal pedagógico que siente las bases la basta tarea educativa de la evangelización.

Salen de las catacumbas cristianas los nuevos educadores, los catecúmenos, para trasmitir la alegría del Verbo Divino, por ello, la educación del primitivo cristianismo (en el sentido iniciatico) tiene que ser, necesariamente, estrictamente religiosa, formándose las incipientes escuelas monacales y conventuales, en donde los monakos, los solitarios, inician su proceso de transformación para convertirse en clericus, esto es, en doctos, que se van a distinguir, con el tiempo de los laicus o ignorantes, de aquellos que poseen la ignorancia de la palabra revelada, no de cualquier ignorancia.

Los misioneros de la fe, del dogma cristiano, además tendrán como misión la transmisión de la nueva cultura medieval, primero, del año 1 al 200 impulsando la defensa de la fe cristiana; después, del 200 al 450 con la formación de una doctrina y, finalmente, a partir del 450 con la consolidación de las doctrina. Este proceso será conocido como la Patriótica.

Durante el Siglo II, Irineo e Hipólito debatirán contra los herejes, los descreídos del Divino Verbo, enfrentando las “absurdas” creencias de la existencia de un Ser de dos cabezas una buena y otra mala, que hace reflexión en el mundo real que asemeja tal comportamiento, como lo prueba la experiencia humana; contra ésta creencia es que van a arremeter los padres de la iglesia, oponiendo la bondad de Dios frente a la maldad mundana.

Orígenes comparte la visión cristiana de Irineo e Hipólito, la absoluta bondad de Dios y la pedagogía de su palabra es la que contribuirá a la salvación del mundo .

San Gregorio se preocupará por argumentar sobre la unicidad de La Santísima Trinidad, como la perfección divina, tema que será persistentemente retomado para disertar, durante toda la Edad Media, sobre la fe y la razón, aunque antes, ya Justino, el padre de los apologetas, identificaba a la razón con el Verbo Divino.

El currículo de la educación en el período patrístico, además de la idea fija de la enseñanza de la doctrina cristiana al través de los Evangelios, se formalizó un plan de estudios para la enseñanza escolar:

Gramática, retórica, lógica, aritmética, geometría, astronomía, musica, arquitectura y medicina, fueron materias que compusieron un verdadero plan de estudios para los jóvenes que se quisieron internar en la vida cristiana. Capella, elimina del plan de enseñanza las materias de arquitectura y medicina por “razonar” que ni la una ni la otra son propia para el estudio de la inteligencia pura, pues ésta es espíritu, por lo que no necesita casa, pero tampoco se enferma, por lo que esta de más en estudio de las artes médicas, así, se excluía lo mundano, lo corporeo, todo aquello que distrajera la atención de la reflexión interior que acerca al alma con dios.

Esta vuelta a lo que parece una operación socrática de dar a luz, en el interior del hombre, “donde habita la verdad”, esta verdad que está en el hombre mismo, no es una operación de retorno al antrocentrismo, por el contrario, de lo que se trata es de la trascendencia del hombre para encontrar a Dios,

Boecio (480 – 525) dedica sus esfuerzos educativos a la traducción al latín de las obras de Aristóteles, las que más tarde serán fundamentales para la filosofía y cultura de la Edad Media; también Isidoro trabaja en la recopilación de los saberes de la época creando una monumental obra enciclopédica que estaría al servicio de numerosa órdenes monacales.

San Agustín, de padre pagano y madre cristiana

En la Edad Media se fundan las Escuelas Catequistas de Alejandría, Antioquia, Edesa y Nísibis. San Agustín abre los primeros Seminarios, inician las Escuelas de Palacio para los funcionarios públicos y eclesiásticos superiores, San Agustín rechaza el saber originario de las fuentes paganas por ser sabiduría del diablo (por lo tanto se abandona la herencia clásica), prefiriendo la ignorancia acoplada a la candidez y a la piedad, a toda erudición

En contradicción con San Agustín, Artianus Capella, Boethius y Casiodoro pugnan por la necesidad de acudir a los clásicos.

Benito de Nursia, en 529, funda las escuelas claustrales de los benedigtinos. Se crean las escuelas parroquiales, catedrales y claustrales, en ellas se estudiaba a Séneca y Orosius, Catón y Virgilio, así también los escritos de Capella, Boecio y Casiodoro eran corrientes en ellas.

Lo que no podía realizar la ineptitud del maestro ni las escasas dotes del escolar tenían que realizarlo el palo, el ayuno y la privación de la libertad, es decir, la represión pasó a formar parte del método de enseñanza de la Edad Media.

Los maestros estaban sometidos en los claustros al Magister Principalis o al Magister Scholarum. En el Siglo XII nace, en París, la Universitas Magistrorum et Scolarium dirigida por un Rector y cuatro Decanos, se funda la organización de escuelas municipales o de consejo. El escolástico hizo valer su derecho de otorgar la capacidad de enseñanza, prohibiendo la fundación de escuelas no consentidas por él.

En el siglo XIV se fundan en Alemania las escuelas de escritura, en donde el latín es desplazado por la lengua materna, como necesidad de la vida gremial, apareciendo también las primeras escuelas de párvulos.

En Italia, durante la etapa humanista, Petrarca y Boccacio inician el movimiento pedagógico. Los Medicis impulsan la Academia Platónica junto con Marsilio Ficino, ahí se leen a Homero, Virgilio, Demóstenes y Cicerón. Se rechaza la excesiva aplicación de castigos corporales, por ser incompatible con el principio de humanidad. Quintiliano destaca el gran valor pedagógico de despertar la ambición (es decir el deseo).

En Alemania Desiderio Erasmo (1467-1536), junto con Johan Reuchlin (1467-1522) son la vanguardia del humanismo en Alemania y los Países Bajos. Influidos por Quintiliano proponen el estudio de los pensadores clásicos apoyando la enseñanza en la gramática, con el aprendizaje del griego y el latín, sin embargo es en las universidades en donde se libra la lucha entre la escolástica y el humanismo.

La posición de los reformadores frente al humanismo y los estudios clásicos no estuvo exenta de contradicciones, el propio Erasmo acusaba a Lutero de intolerancia, por lo que le imputó el decaimiento de las ciencias; sin embargo, Lutero tuvo que reconocer la necesidad de los estudios humanistas, por lo que se pudieron introducir en la mayoría de las escuelas protestantes, siempre bajo el dominio de la ideología cristiana. Así el propio Lutero pidió una enseñanza organizada por la autoridad y común a los dos sexos, tanto como su obligatoriedad. El plan de Lutero era crear un verdadero programa de cultura popular.

La Biblia y el Catecismo fueron los libros de estudio y de lectura más extendidos en las escuelas populares evangélicas. La creación de una enseñanza pública para los niños y las niñas protestantes fue obra principalmente de Melanchthon. También se crearon, durante ese periodo, varios reglamentos escolares en distintas regiones de Alemania.

Wüttemberg y Brenz superaron a Lutero al plantear un plan de enseñanza nacional, obligatoria, con unidad para toda la comunidad y los maestros.

Trotzendorf (1490-1556) hizo un ensayo especial con base en una República Escolar, con un Senado, que variaba mensualmente, un Cónsul y censores, para acostumbrar desde un comienzo a los alumnos a la obediencia y respeto a la autoridad. Aquí se muestra, con claridad, la condición de posibilidad de la creación de la escuela republicana.

Sturn (1507-1589) impulsa la enseñanza a través del ejercicio de la razón antes que de la memoria o por lo menos en la misma medida. No debía aprenderse de memoria lo que antes no había sido explicado; debía evitarse todo salto en la enseñanza; toda nueva idea debía enlazarse con las dadas anteriormente. La fijación de la enseñanza y el uso del libro de texto facilitarían la repetición de lo aprendido.

Los Jesuitas fueron la piedra angular de la Instrucción Pública Católica en la época de la Reforma. El Concilio de Trento sancionó los acuerdos que debían servir para mejorar la instrucción pública, encomendando a los sacerdotes el cuidado de la educación de la juventud. La Orden de los Jesuitas, fundada en 1540 vino en auxilio de la iglesia católica para levantar la educación pública.

Ignacio de Loyola reconoció que la instrucción de la juventud, al lado del sermón y la confesión, eran las armas más enérgicas para luchar contra los herejes (léanse protestantes). Por esto determinó en las Constituciones, en los principios de la orden, que a ésta debía someterse toda la instrucción pública, hasta en las universidades, afirmando así los rasgos fundamentales de la pedagogía jesuítica. En 1580 se elabora un plan general obligatorio de enseñanza y educación que se aprueba en 1599 por el general de la Orden Claudio Acuaviva, después de un acucioso examen, nace la Ratio atque istitutio studiorum.

Los establecimientos jesuíticos llamados colegios son sometidos a una rigurosa inspección. La enseñanza se divide en escuela inferior y superior. La escuela inferior se proporciona en cinco clases (seis años), la enseñanza del Gimnasio, coincidía con la escuela protestante. La devoción y las buenas costumbres debían ser el fin de la educación jesuítica, por lo que se incluía la enseñanza de la religión que debía inculcar la obediencia a la iglesia y al Papa.

La excitación de la ambición (el deseo), proclamada por los humanistas, es retomada por la orden y se pone un competidor que le sirva de estímulo al alumno, para fomentar la aplicación y formarle el carácter. Se promueve también la cultura física.

A Luís Vives (1492-1540) Erasmo lo llevó a los brazos del humanismo. De Disciplinis, en 1530 fue su principal obra pedagógica, en donde pretende edificar la teoría pedagógica sobre una base ética y psicológica. Rechaza a Aristóteles; las observaciones e investigaciones propias son una gran aportación de Vives en las ciencias naturales. Pugna por la educación colectiva antes que por la individualizada, por lo que exige un local especializado para la escuela y para los maestros una posición respetable e independiente, pidiendo que el Estado se hiciera cargo de sus sueldos. Se preocupó por el perfeccionamiento moral de sus estudiantes y maestros; escribió un tratado sobre la educación de la mujer; finalmente, Bacon, Sturn y Comenio retomaron algunas de sus ideas pedagógicas.

Ninguna cuestión de la historia de la educación y la pedagogía ha sido más debatida y menos comprendida que la educación y cultura popular antes y después de la Reforma.

Se puede asegurar que ya para el siglo XVI la escritura y la lectura eran prácticas extendidas entre los artesanos. Las escuelas de escritura no autorizadas y las municipales de latín así como las rurales atendidas por párrocos y sacristanes educaban a la población en tránsito al mercantilismo, sin embargo se tiene poca información sobre su número y extensión.

Al finalizar la Edad Media, un gran entusiasmo religioso que había llevado a una amplia divulgación de Biblias para los pobres, de pasiones (historias de mártires y santos) y de catecismos. La enseñanza que esto proporcionó fue de más valor para los adultos que para los niños. Indudablemente, despertaron entonces los grandes reformadores de nuevo el interés del pueblo por la instrucción religiosa.

Para facilitar el trabajo educativo, Lutero escribió, en 1529, el Pequeño Catecismo y una Pasión. La enseñanza dominical fue fomentada por los reformadores y se impuso en gran parte del mundo protestante, sin embargo, solamente en las ciudades existieron verdaderos edificios escolares, pues en los pequeños poblados rurales los maestros iban de vivienda en vivienda y sólo en el caso de que el maestro fuera un artesano acomodado usaba su propia casa como escuela, donde al mismo tiempo que enseñaba, desarrollaba su oficio.

La iglesia católica reconoció la importancia de la enseñanza del catecismo establecida por los reformadores. En el Concilio de Trento se determinó que en todas las parroquias debían ser instruidos los niños en los fundamentos de la fe y en la obediencia. Las órdenes monacales vinieron su ayuda. Como ya se vio, los jesuitas jugaron un importante papel en la educación católica, sin embargo su inclinación no fue precisamente dirigida al pueblo llano, por lo que Oratorense, Piaristas y particularmente los hermanos de las escuelas cristianas de Lasalle consagraron una gran atención a la instrucción primaria.

En lo que corresponde a las escuelas de niñas, los reformadores del siglo XVI exigieron, antes que nadie, la enseñanza para todas, como lo hizo Lutero en 1520 en la obra A la nobleza cristiana.

En 1537 la Oren de las Ursulinas emprende una prolongada y consistente lucha contra el protestantismo mediante una gran actividad educativa orientada hacia las niñas.

Con la aparición de los nuevos ideales de cultura, en la primera mitad del siglo XVII se da una decadencia de la instrucción pública humanista, pero fue, al mismo tiempo, un periodo de progreso poderoso en la esfera de las investigaciones de la naturaleza.

Mientras que, hasta entonces, se habían tomado todos los conocimientos de las ciencias naturales de las obras de los escritores griegos y romanos, especialmente de Aristóteles, se comenzó a apartar la vista de los libros y los dirigieron a la naturaleza y escuchar sus secretos admirables, cuyos descubrimientos tanto de Copérnico, Galileo, como de Kepler y Newton, lo hicieron posible.

Los descubrimientos de Colón, las expediciones de Vasco da Gama y Magallanes posibilitaron el progreso de las ciencias naturales. Bacon de Verulam (1561-1626) las tomó como base de sus investigaciones filosóficas, en tanto que llevó de nuevo la ciencia a la experiencia y a la filosofía de la naturaleza. También Descartes (1596-1650) rechaza la autoridad de la fe mostrando nuevos caminos y nuevos fines para la ciencia, insistiendo en el gran valor de las matemáticas para el progreso de las ciencias.

Montaigne (1533-1592) y Pedro Ramos (+1572) se ocuparon de la educación y la enseñanza distinguiendo, el primero, la importancia de diferenciar los términos, pues para él la educación es de mayor importancia que la instrucción.

Montagne insistió en la defensa de la lengua materna hasta llevarlo a conceder al alemán un carácter nacional.

Wolfgang Ratichius (Ratke) de Holstein (1571-1635) es el primero de los grandes pedagogos alemanes que empleó todos sus esfuerzos para realizar los ideales pedagógicos de la Reforma. Pugna por la obligatoriedad de educar a los maestros.

Los rasgos fundamentales de su sistema de enseñanza se encuentran agrupados en cortas proposiciones:

1. Todo conforme al orden y el curso de la naturaleza

2. Aprender una cosa a la vez

3. Repetir cada cosa varias veces

4. Aprender, al principio, todo en la lengua materna

5. Todo sin violencia (el maestro de escuela no debe ser duro)

6. No aprender nada de memoria (mecánicamente)

7. Uniformidad en todas las cosas (método de enseñanza, reglas y libros)

8. Primero la cosa en sí misma, después el uso de la cosa (esto es, para la enseñanza de la lengua, primeramente el ejemplo, después la regla)

9. Todo por partes, mediante la experiencia y la instrucción.

Ratichius prescribió el silencio pitagórico así como prohibió el trabajo en la casa. Él fue el primero en demostrar la necesidad de enseñar el arte de enseñar, y que debe practicarse y enseñarse de acuerdo con determinadas reglas.

Sus aportaciones más importantes fueron:

El deseo de una gramática general que sirviese para todas las lenguas; la escritura en lengua materna; la insistencia en la unidad y uniformidad de la enseñanza como la unidad de los libros de texto (él escribió los primeros libros metódicos); la instrucción de un método inductivo conforme a la naturaleza; basar las reglas gramaticales en ejercicios vivos y, haber desterrado la violencia de la enseñanza.

Johan Amos Comenio o Comensky (de Comna, su pueblo natal) nació en 1592 en Moravia. Toda su vida fue regida por la esperanza de reunir todo el saber humano en el gran sistema de la “Omnisciencia” (pansofía)

Comenio profundizó en el problema de la enseñanza elemental. Quiso que con la escuela popular quedase sentada la base para una cultura general humana. Sobre ésta debía aportarse, ensanchándose en círculos concéntricos, el saber de los futuros hombres, con su plan de cuatro grados expuso, por vez primera, la necesidad de la escuela integral, incluyendo la educación moral.

Como discípulo de Spencer, Augusto Hermann Francke (1663-1727), creía que lo primero que había que atender era propagar la piedad viva e intensa del corazón, la piedad de todo sentimiento y pensamiento, lo que constituía lo que designaron como pietismo. Mientras Spencer se dedicó a la vida de la iglesia, Francke trató de asegurar, mediante la instrucción de la juventud, la reforma moral y religiosa, fundando, en 1688 en Hamburgo, una escuela de niños de numerosa asistencia.

En 1695 fundó una escuela para pobres, a la que se incorporaron, más tarde, los hijos de los burgueses; también fundó una escuela municipal a la que llamó Pedagogium. Para 1697 abre la escuela latina y, un año más tarde una escuela superior de niñas (gineceum). La obra pedagógica y educativa de Francke creció hasta conformar las Instituciones Francke que, a su muerte, atendían a más de 2300 niños, hasta conformar, para 1817, la institución nacional educativa que asumió el Estado Prusiano.

Enseñanza más breve y sencilla para dirigir a los niños hacia la verdadera piedad y el espíritu cristiano es la obra pedagógica con la que Francke pretende alcanzar los dos fines educativos pietistas: Combatir en los niños (quienes tienen, en germen, una inclinación por la perversión) su natural obstinación y tenderse hacia un mejoramiento del fondo de su corazón. Un medio para conseguirlo es el ejemplo de los maestros y padres piadosos, evitando todo lo que fomente el amor al mundo (juegos perniciosos, placeres mundanos, visitas a ferias, música, teatro, etcétera), fomentando lecturas piadosas y las explicaciones de las Sagradas Escrituras, la catequización, la oración, el culto, el amor a la verdad, la obediencia y la aplicación.

Además de la instrucción religiosa y de virtudes las escuelas alemanas debían proporcionar los conocimientos indispensables para todos: leer, escribir y contar, así como las cuestiones más importantes de historia, geografía, historia natural, organización de la policía del país, etcétera. El latín era una lengua esencial en la enseñanza de las escuelas de Francke, así como la enseñanza de la historia, geografía, matemáticas, astronomía, historia natural y física. En las clases superiores se incluyen también, lógica y retórica.

Uno de los principios pedagógicos era que debían limitarse el número de cosas que se pretendían enseñar con el fin de hacer más fácil el aprendizaje (no enseñar a la vez más de tres cosas diferentes). Para que no olvidaran lo aprendido, se tenían días especiales para el repaso. La intuición como principio de aprendizaje era fomentada a través de la observación de la naturaleza y de las ocupaciones de la vida humana; Francke llamaba a esta observación inspección constante. El educador debía ser un compañero inseparable del discípulo preservándolo de todo mal. Los castigos corporales y las injurias debían evitarse. Aunque se rechazaban los juegos inútiles, el recreo era una práctica usual en las escuelas, así como los exámenes. Francke también observó la necesidad de una escuela espaciosa, clara y alegre que conservara la salud de los estudiantes.

En lo que se refiere a la formación de maestros, Francke personalmente los formaba en sus escuelas, buscando de entre los estudiantes más destacados a aquellos que pudieran ingresar al Seminarium praeceptorum. El compromiso de los estudiantes era impartir clases diariamente durante dos horas para asegurar la unidad del método.

El Gineceo fue la primera escuela superior para niñas en Alemania, fundada en los principios de Fenelón (L`education des filles, 1687), quien vio el problema supremo de la mujer en el gobierno de la casa, insistiendo más que Vives, en la educación para la vida práctica.

Ernesto el piadoso, protector de las instituciones educativas de Francke, promovió los establecimientos para la formación de los maestros, eligiendo las diez mejores escuelas de Gotha para formar a los aspirantes al profesorado. La primera Escuela Normal de Maestros de Prusia la fundó Schienmeyer, discípulo de Francke, en 1732.

Federico Guillermo I de Prusia, hizo más por la educación que ninguno de sus antecesores, pero sobre todo abrió escuelas de paridad religiosa en donde se educaban, reunidos, niños de diferentes creencias; además, en 1717, introdujo la enseñanza obligatoria y fundó más de 2000 escuelas nuevas.

El espíritu de las luces se ve fortalecido en Alemania tanto que, en la segunda mitad del siglo XVIII desplazó completamente al espíritu pietista que tanto había hecho por la educación. Las ideas procedentes de Inglaterra fueron aceptadas primero en las escuelas superiores. En la Universidad de Halle, Cristian Thomasius (+ 1728) y Cristian Wolff (+1754) lucharon contra la filosofía aristotélica introduciendo el racionalismo, apoyados en las matemáticas y las ciencias naturales. En la Universidad de Göttinga, para 1737, se aceptaba la libertad académica en las investigaciones científicas y en las doctrinas. Así, la dominación del espíritu de las luces preñó a las nuevas ideas pedagógicas, ideas que ya había esbozado, a finales del siglo XVII, John Locke.

John Locke (+1704) publica en 1693 Algunos pensamientos sobre educación (Some Thoung conserting education) en donde reflexiona sobre sus años de estudiante y sobre su actividad pedagógica en la casa del Conde de Schaftesbury. Lo mismo que Montaigne, da preferencia a la educación dada por el preceptor que a la recibida en la escuela, ya que sólo en el primer caso se puede dar atención individualizada.

Al colocar Locke a la educación como un valor por encima de la adquisición de los conocimientos, dio otra dimensión a la concepción de la cultura, así, al gentleman que constituía el ideal aristocrático de la cultura de su tiempo, se sumó la formación del carácter moral, que es la verdadera educación del sentimiento a la que aspiraba Locke.

En Sobre la Dirección de la Inteligencia, publicación aparecida después de su muerte, se insiste en la necesidad de la educación que proporcione la capacidad de juzgar y, recomienda una mayor atención a la enseñanza de las matemáticas como el medio más apropiado para la educación.

Con la publicación, en 1762, del Emilio, Rousseau produjo el mayor interés que sobre cualquier obra pedagógica se haya tenido. Ya desde 1741, a partir de su entrada al círculo de los enciclopedistas en París, había dado muestras de su brillante forma de argumentación, primero disertando sobre la influencia de las artes y las ciencias en la corrupción de los hombres, originalmente buenos; más tarde, en 1754, apareció Sobre el fundamento de la desigualdad entre los hombres, en donde demuestra que en la propiedad privada y en la autoridad pública se encuentra el origen de la desigualdad.

La Nueva Eloisa y el Contrato Social, fueron obras que aparecieron en 1761 y 1762 y, la novela pedagógica señalada, Emilio o la educación. Los pensamientos pedagógicos del Emilio son coherentes con las demás obras.

El Emilio ha proporcionado a los críticos de la pedagogía roussoniana elementos más que suficientes para descalificarla, en primer lugar por al afirmación de la bondad originaria del hombre, pero principalmente por la sustracción al influjo humano para la educación de los niños; sin embargo, y a pesar de las críticas, no puede discutirse la importancia de Emilio para el ulterior desarrollo de la teoría pedagógica, fundamentalmente en lo relativo a la exigencia de una educación conforme a la naturaleza. Rousseau entiende que educar conforme a la naturaleza es educar acorde al desarrollo natural del niño, contrariamente a como la entendió Comenio: conforme al orden natural exterior; por ello, el estudio del alma infantil, se consideró como un problema nodal de la pedagógica. Por otro lado la afirmación de que la educación solamente puede servir para la formación de la vocación general del hombre, ha influido en el desarrollo de la teoría pedagógica. Después de Rousseau, educación general humana, es un lema generalizado en la educación escolar.

Para 1773 se desarrolló en Alemania, la idea de la escuela municipal considerada como una escuela popular más elevada, tanto para la educación del ciudadano como par el trabajo (escuela agrícola, de oficios y de comercio), pero también con un fuerte acento en la educación pública a cargo del Estado.

La idea de la secularización de la instrucción pública por el Estado fue ganando terreno en casi toda Europa. Para 1751 se redactó, en Alemania, el reglamento para la escuela popular que puso la dirección de la educación en manos del Estado. Así como la generalización de la fundación de escuelas normales.

A finales de siglo, la enseñanza en lengua materna se extendió, abriéndose las primeras escuelas rurales y dándose un más amplio espacio a la enseñanza de las ciencias. La escuela popular, la mayor parte de las veces daba cabida lo mismo a niños que a niñas con lo que la coeducación tomó carta de ciudadanía. De la formación de maestras se preocuparon al principio tan sólo las órdenes católicas femeninas que, por cierto, pretendieron apoderarse de la enseñanza de la juventud, pero en 1786, José II fundó en Viena la primera escuela seglar de maestras del mundo.

Con el ingreso de Guillermo de Humbolt a la Sección para el culto y de la enseñanza pública (1806) comenzó una época importante en la vida de la Reforma, pues para 1810, se da la deparación definitiva entre el profesorado superior y el eclesiástico, así como la fundación de la Universidad de Berlín. Para 1812 se publica el nuevo reglamento sobre el examen de fin de estudios.

La influencia de Kant en el movimiento pedagógico alemán fue de gran impacto, pues él vio en la educación el mayor problema de la humanidad, al cual no se le había dado su verdadero valor. La perfección humana debería ser el ideal, que se resuelve en la moralidad. Para Kant, el fin supremo de la educación es la formación de un carácter que quiera el deber por el deber, el bien por el bien, y no en atención a la recompensa o al castigo. Los medios para conseguir estos fines son: la disciplina que debe dominar nuestra brutalidad y barbarie; la cultura, que nos educa con la instrucción; la civilización, que nos presta seguridad social y experiencia en el mundo; y la moralización, que nos educa, sólo para elegir, únicamente, los fines buenos. Ésta constituye el punto culminante de la obra de la educación, el fundamento del carácter, que obra solamente según máximas.

J. Gottlieb Fitche (+ 1814) opinaba que debía crearse un nuevo Estado Nacional mediante la educación que tomara en cuenta la esencia del espíritu alemán. El Estado debería hacerse cargo de la educación.

Johann Heinrich Pestalozzi era un hombre cuyo total sentido y aspiración era elevar a las clases populares mediante la educación y la enseñanza. Los buenos maestros y las buenas escuelas faltaban en todas partes, por lo que, propuso poner la cultura del pueblo en manos de las madres.

En 1782 escribe Cristóbal y Elsa, nueve años después, Investigaciones sobre la marcha de la naturaleza en el desarrollo de la especie humana. En esos años introdujo la instrucción de dos niños más pequeños por uno mayor y, sobre todo, promovió con gran determinación la enseñanza intuitiva.

En 1801 publica Cómo ensaña Gertrudis a sus hijos, que es el libro de mayor impacto en la pedagogía, en ella señala el comienzo y fundamento de la intuición, como su fin, el concepto claro; como el medio elemental de toda cultura, el número, la forma y el lenguaje. Con el Canto del cisne culmina su obra pedagógica.

Pestalozzi designa su doctrina pedagógica con las palabras educación elemental. Comprende con ellas el despliegue y formación de las fuerzas y aptitudes humanas. Estas fuerzas son de la naturaleza, física en parte, en parte intelectual y en parte moral.

Con Pestalozzi cerramos este primer acercamiento a una historia que nos sirva en la reconstrucción de la teoría pedagógica, sosteniendo que de no volver a las aulas de las escuelas normales, las escuelas y facultades de pedagogía, así como a la propia Universidad Pedagógica, la educación, en todos sus niveles, se seguirá manteniendo en el falaz sostén de las técnicas que lo más que le pueden proporcionar son elementos productivistas para la enseñanza, pero estará permanentemente perdida la esencia de la educación, que es su teoría.

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[1] Larroyo Francisco, Historia General de la Pedagogía, Porrúa, México, 1984