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Todas Las Imagenes Del Consumismo

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Categoría: Temas Variados

Enviado por: mondoro 21 mayo 2011

Palabras: 1417 | Páginas: 6

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conversión de todo tipo de cosas en bienes de consumo.

Esta situación no es privativa de las grandes economías de altos ingresos per cápita anuales, ya que el mercado es el mismo en todo lugar, y por ende asume el mismo objetivo, poner a la venta la mayor cantidad posible de cosas, servicios, experiencias, datos, información y conocimiento, es decir, vender más de lo que sea (Toffler, 2006). Bajo esta premisa, el consumidor es considerado por todo el globo terráqueo, un cliente potencial. Por ello, muy pocas son las diferencias en el consumo de mercancías y servicios entre una nacionalidad y otra.

Ahora bien, en el mercado interactúan el productor y el consumidor a través del mecanismo de las fluctuaciones entre la oferta, la demanda y los precios. Esta dinámica se ha visto sustancialmente alterada por el control del consumidor. Se ha modificado la conducta de éste, creándole necesidades nuevas y constantemente, a través del deseo de tener cada vez más nuevos y diferentes productos; transformando el consumo en consumismo, es decir, el consumo sin límites, sin satisfacción plena por parte del consumidor. Por ello, el consumismo se define como el acto desenfrenado y desmesurado de comprar con el fin de llenar un vacío emocional y/o espiritual.

Pero qué sucede cuando este consumismo se transforma en un estilo de vida diferenciado socialmente y qué sucede cuando las imágenes que se transmiten a través de las múltiples pantallas llenan al individuo de situaciones imaginarias que suelen no ser el publico consumidor físicamente ya que al ser bombardeados por la publicidad existente de ciertas industrias culturales sus principales mercados a las que les llega la información de la marca suele ser clientes totalmente diferentes al que les esta consumiendo. Por lo tanto cabria responder a esto, que la situación a la que obedecen la publicidad de ciertas marcas es la promoción o divulgación del deseo a través de las múltiples imágenes de realidades inmediatas que incitan a los distintos públicos de las distintas esferas sociales a la cada vez más demandante adquisición de bienes.

El estilo, la personalidad, son cada vez más accesibles en el mercado. Muchas personas construyen su mundo interior a través del consumo. Más de uno busca en los centros comerciales y con su tarjeta de crédito un estilo o una imagen. El mercado se ha convertido en el lugar donde construimos nuestra personalidad. “El juicio sobre una persona no se basa en lo que uno hace en la sociedad, sino en lo que uno tiene” (Ewen, 1991: 70).

El consumo ha traído a las sociedades un gran número de ventajas, desde la democratización de muchos países hasta el impulso de industrias, conocimiento, investigación y tecnología. Sería casi inimaginable un mundo en el que no existieran centros comerciales ni tarjetas de crédito, ambas son características del consumismo, pero también motores de la economía, del desarrollo social y del bienestar. El consumismo, la imagen o la publicidad nos han llevado a un terreno peligroso en el que el hombre parece convertirse en un producto más. Como recoge Stuart Ewen, si la personalidad “se ha convertido en algo que la gente cree que puede comprar, entonces, estamos perdiendo al hombre mismo”.

En términos generales, el consumo provee las bases en las que los individuos construyen una imagen de la vida, es decir un estilo de vida, incluyendo prácticas cotidianas y valores que se perciben a través de diversas imágenes de representaciones e ideales. En este sentido, las imágenes que se promueven en el consumo de hoy en día, se encuentran fuertemente orientadas hacia los jóvenes por ser considerados más vulnerables emocionalmente y en una constante búsqueda de identidad, es así que los jóvenes encontrarán que uno de los temas recurrentes es el de la conservación de la imagen que implica ciertos ideales como la feminidad y la masculinidad, lo nuevo y lo viejo, lo reconocido, lo de marca, lo de tendencia, etc. El culto a la imagen que se promueve a través de los bienes de consumo, se centra en gran medida en la apariencia, en el movimiento y control del estilo en el espacio público o social. Es precisamente a través de productos dotados de legitimación y prestigio que el estilo cobra fuerza, no solo a través de la actitud sino que es fortalecido por medio de productos que realzan el imaginario simbólico, es decir, la idea de distinción está marcada por los patrones de consumo de productos y de imágenes que adquirimos.

En este campo de distinción, pareciera que estamos delimitados por los proceso de consumo él cual nos llevara a un ciclo constante y repetitivo del que no podemos escapar simplemente adaptarnos. No solo porque vivimos en un mundo industrial marcado por las pautas del capitalismo sino porque “la identidad de clase no es un asunto de elección individual sino de la posición que se ocupa en relación a las fuerzas de producción” (Ewen, 1991: 80)

Por ello la lucha constante de acceder a nuevos mundo más elevado a nuestra realidad es un hecho, el imaginario social nos dota de nuevos sentidos hacia imágenes prediseñadas, prototipos a seguir, cuestiones vánales, que en una forma engañosa nos acerca a imitaciones baratas del estilo elitista reproducidas en serie, que consumiremos, ya que siguiendo esa lucha por saltar de nuestra clase encontraremos es estas imitaciones, un elemento central de la investidura individual y social.

A través del consumo construimos el personaje que deseamos ser, transmitimos información sobre nosotros y sobre las relaciones que esperamos establecer con los demás. Es decir que la retórica de la imagen, dirigida por diversos medios de comunicación, impone prácticas de consumo en donde a través de un juego de signos, la imagen se convierte en un “significante social”.

Por lo tanto, bajo la lógica del consumo, el estilo se convierte en un objeto que se puede moldear, modificar o modular de acuerdo a los imperativos sociales y a la intención personal de integración o diferenciación con los grupos hegemónicos. En este sentido, la conformación del significado personal y social del estilo, proviene de diferentes instituciones o aparatos sociales, en donde los diversos mecanismos de consumo, específicamente las industrias y redes de comunicación, adquieren primordial importancia. Bajo este esquema, el estilo de vida se crea a partir de bienes y apariencias, desde donde se orienta lo simbólico proponiendo prácticas específicas en donde se observan determinadas estéticas y comportamientos que los consumidores tomarán de modelo para la autoconstrucción de su estilo-imagen.

BIBLIOGRAFÍA

* TOFFLER, H. y TOFFLER, A. (2006) La revolución de la riqueza. México: Debate.

* STUART Ewen. (1991) Todas las imágenes de consumismo. La política del estilo en la cultura contemporánea, Editorial Grijalbo, S.A. de C.V. México.