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Violencia En El Noviazgo, Problema Cultural

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Categoría: Acontecimientos Sociales

Enviado por: monto2435 23 abril 2011

Palabras: 1828 | Páginas: 8

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que laborando en un medio universitario y en un país como este, mayoritariamente de jóvenes, se refiere en este ensayo la preocupación por el énfasis en la violencia con las parejas de novios, en especial con las mujeres.

Quizá una de las frases más contundentes y que describen el inicio de una relación y que “suena” como amor es la ya famosa “No puedo vivir sin ti” que presagia el proceso a vivir por una joven, en este caso, puesto que nos dedicaremos a las jóvenes, y que cuadra con el modelo romántico o cultural del amor con sus típicos componentes de auto-renuncia y sacrificio de la autonomía individual con la consecuente alteración de la existencia. Como la llama Ferreira (1992) la “Tolerancia por amor”.

En esos momentos iníciales y sin más experiencia que haberse imaginado el príncipe azul a través de lecturas y telenovelas, no se está preparada para entender el abuso y la violencia, las amenazas amorosas como la que anuncia este aparte; no se sabe decir NO. Tampoco se sabe que se puede aprender a identificarlo, a pesar del encantamiento que envuelve los inicios de una relación amorosa de pareja, porque la manipulación, la seducción y el deseo de control por el otro se pueden prevenir, se pueden intuir en un proceso de “darse cuenta” que hasta puede ayudar al abusador en potencia.

El inicio de “Algunas manifestaciones (del abuso emocional en el noviazgo) están tan aceptadas socialmente que no pueden ser identificadas por los jóvenes adolescentes, que “por amor” se toleran abusos. No está preparada/o para comprender que lo que reciben o presencian es una demostración de violencia...” (Alvarez, 1998,50)

Sigamos adentrándonos en la frase mencionada; “No puedo vivir sin ti”. Es una amenaza sutil, que parece hasta dulce con lo que no se le teme, que “... inspira a la mujer, por el contrario, la idea que revela un gran amor y que si no siguen la relación o aceptan casarse a él puede pasarle algo malo que resulte siendo su culpa, deben protegerlo. Como si la vida del otro dependiera de ella, es su responsabilidad. Acá comienza ese proceso de dependencia emocional, de no pertenecerse, de pérdida de identidad, de relegarse en las decisiones, de baja auto-estima.”(Alvarez, 1998,50). Al comienzo todo parece bien, cuadra con lo esperado en el amor romántico, como nos dijeron que debía ser. Estar al lado de un hombre que le diga al entorno social que allí estamos por fin con una pareja que oculta sus cambios de humor repentinos.

Estas “anteojeras románticas” (Forward, 1997,33) se producen además porque todo va muy rápidamente que es quizá un primer signo reconocible de este tipo de relación. Y así no nos detenemos a ver quien es realmente ese nuevo ser que está a su lado; para reconocer y aceptar tanto sus virtudes como sus defectos, para esto hace falta un poco de tiempo que usualmente estas jóvenes no se dan a sí mismas porque el cortejo permanente, las emociones que surgen, el halago que todo ello supone, el “por fin alguien que me entiende” dejan de lado la posibilidad de percepción realista por ambos miembros de la pareja, de cualquier detalle que no cuadre con el “ideal romántico” de esta nueva sensación tan esperada. Sólo se perciben los sentimientos, lo que cree que debe ser, lo que le dice qué será para ella. Nunca lo que es. El razonamiento es “Si este hombre me hace sentir estupendamente, debe ser maravilloso” (Forward,1997,33)

El noviazgo, sin duda, es encantador. Encantador quiere decir que nos envuelve un halo que nos separa del mundo real y pasamos a vivir un cuento, una fantasía; así literalmente. Lo problemático acá es que cualquier relación de violencia que termina en condiciones extremas se inicia con una situación de este tipo. “Al comienzo era todo perfecto” Las palabras confianza, sinceridad, honestidad no aparecen, esas necesitan tiempo y compartir. Pareciera que lo maravilloso, o lo que parece ser tal, está siempre y se mantiene en un primer plano; no hay defecto o obstáculo que lo empañe, a esos se le resta importancia aunque se repitan, aunque la familia y el entorno los note y advierta.

Dos elementos más acota Forward (1997) y que son imprescindibles en este tipo de relación inicial para predecir abuso emocional. El primero la desesperación por estar juntos y mantenerse ligados muy cercanamente a la otra persona; la necesidad, vista de fuera, es exacerbada, casi insoportable, como de “fundirse” con el otro. La conocida sensación de pasa a ser una sola persona que hasta la Iglesia Católica cita con respecto al matrimonio. Sus individualidades pasan a un segundo plano. Se viven los sentimientos del otro. Se dejan a un lado otras ocupaciones, intereses, amistades, actividades, todo para agradar al otro. Pero el detalle está en que lo más frecuente es que es ella es la que deja de ser ella misma; él es el que le exige dedicarse, a fusionarse con él, sus amistades y sus actividades. Casi lo cree un derecho, hasta inclusive que lo merece.

El otro elemento es el “espíritu de rescate” que se trata de inculcar, por medio de manipulación, a la mujer; la fantasía de que se es tan necesaria que repetitivamente, cuando él tenga dificultades, será ella la que única que pueda ayudarlo y que si se niega o no lo hace también ella será la culpable de una situación que él generó o que tiene que ver con condiciones externas a la pareja El hecho de que muchos hombres hacen que la mujer dependa económica de él, por ejemplo, es precisamente hacerle sentir a ella que entonces la única “rescatadora” de la pareja, la familia, etc., es ella. En las etapas más dramáticas ella será responsable de que él tenga problemas económicos; de abusos en el comer, beber o las drogas; otras relaciones caóticas, con el juego o apuestas o imposibilidad de conservar el trabajo.

Estas afirmaciones son tan acertadas e importantes para concluir en esta parte porque que conforman características encontradas por varios autores para la problemática de la Violencia en el noviazgo. Una mujer puede quedar permanentemente confundida, pensar mucho y mucho, sobre qué hizo para merecer ese trato, o para la reacción violenta ante un hecho detallado, que jamás elevará su auto-estima para valorarse a sí misma o para dejar de culpabilizarse.

Estos elementos se encuentran en el desarrollo de todo el proceso de abuso emocional y psicológico en la pareja y conforman su base desde el cual se inter-relacionan y surgen con más o menos relevancia a través de todo el proceso perverso de este problema social. Y, además, si esa violencia, ese abuso, está aceptado socio-culturalmente, se encuentra en las raíces de las creencias sociales falsas al respecto, el entorno lo apoya. A veces, como dijimos antes, lo observa y algo dice sobre todo en el período de noviazgo. Pero si la joven misma lo acepta pasarán como que tienen algo de “normal” y que ya cambiará, ya se dará cuenta”, cuando en realidad se está produciendo un daño enorme a su futuro como persona libre.

Si todo se debe al aprendizaje y validación cultural puede desaprenderse. En especial la juventud es dinámica, curiosa, cambiante, intuitiva.

Según Álvarez (1998) también: “Haría falta estar pendiente de observar en el joven. Lo que es un riesgo enorme para algunos para ella es parte de su cotidianeidad. También se siente bien con él porque es el origen de ese bienestar pasajero; su riesgo sería entonces realmente salirse de esa situación conocida a otra desconocida sobre todo si piensa, frecuentemente, que ese será el último incidente violento porque así se lo ha prometido él. El ser maltratada por el “amado” pone un conflicto entre dos instintos: el de quedarse en un medio seguro (la familia) y el de huir a otro peligroso. El de quedarse prevalece en ausencia de opciones concretas del otro lado.

CONCLUSIÓN

No existen recetas para evitar el “mal amor” pero las jóvenes en esta situación deben tomar medidas de mutuo respeto y confiar que un mariposeo estomacal”, indisposición hacia el novio, las dudas, las observaciones de amigas y familiares, los datos sobre su pasado, las ausencias y las “pequeñas amenazas” son señales inequívocas de la incomodidad que precede al darse cuenta y el uso de la intuición de empezar a despertar del “sueño de una relación abusiva” que nos evapora mágicamente, como lo imaginó Shakespeare, sino que puede extender peligrosamente en el curso de toda una vida ausente de libertades para una mujer y, agregamos para ser congruentes con nosotras mismas, una de insatisfacción y roce con el delito para el hombre de la pareja.

BIBLIOGRAFÍAS

- Álvarez, Ofelia, (1999), Lista de Cotejo, Caracas, FUNDAMUJER.

- El Abuso Emocional en la Pareja: la Mujer Maltratada, en: Revista Venezolana de Estudios de la Mujer, Vol. 4, Nº 12 y 13 (julio-diciembre) (1999), Caracas, pp 51-70.

- Dutton, Donald y Susan Golant, (1995), El Golpeador. Un perfil psicológico, Buenos Aires, Paidos, 234 pp.

- Instituto Nacional de la Mujer, (2000), Plan Nacional de Acción contra la Violencia hacia la Mujer y la Familia. 2000-2005