Español / Primer Capitulo La Casa De Los Espíritus

Primer Capitulo La Casa De Los Espíritus

Ensayos de Calidad: Primer Capitulo La Casa De Los Espíritus
Ensayos de Calidad, Tareas, Monografias - busque más de 2.241.000+ documentos.

Enviado por:  Danimarce  23 mayo 2013
Tags: 
Palabras: 14556   |   Páginas: 59
Views: 183

Capítulo I

Barrabás

llegó a la familia por vía marítima, anotó la niña Clara con su delicada

caligrafía. Ya entonces tenía el hábito de escribir las cosas importantes y más tarde,

cuando se quedó muda, escribía también las trivialidades, sin sospechar que cincuenta

años después, sus cuadernos me servirían para rescatar la memoria del pasado y para

sobrevivir a mi propio espanto. El día que llegó

Barrabás

era jueves Santo. Venía en

una jaula indigna, cubierto de sus propios excrementos y orines, con una mirada

extraviada de preso miserable e indefenso, pero ya se adivinaba -por el porte real de

su cabeza y el tamaño de su esqueleto- el gigante legendario que llegó a ser. Aquél

era un día aburrido y otoñal, que en nada presagiaba los acontecimientos que la niña

escribió para que fueran recordados y que ocurrieron durante la misa de doce, en la

parroquia de San Sebastián, a la cual asistió con toda su familia. En señal de duelo, los

santos estaban tapados con trapos morados, que las beatas desempolvaban

anualmente del ropero de la sacristía, y bajo las sábanas de luto, la corte celestial

parecía un amasijo de muebles esperando la mudanza, sin que las velas, el incienso o

los gemidos del órgano, pudieran contrarrestar ese lamentable efecto. Se erguían

amenazantes bultos oscuros en el lugar de los santos de cuerpo entero, con sus

rostros idénticos de expresión constipada, sus elaboradas pelucas de cabello de

muerto, sus rubíes, sus perlas, sus esmeraldas de vidrio pintado y sus vestuarios de

nobles florentinos. El único favorecido con el luto era el patrono de la iglesia, san

Sebastián, porque en Semana Santa le ahorraba a los fieles el espectáculo de su

cuerpo torcido en una postura indecente, atravesado por media docena de flechas,

chorreando sangre y lágrimas, como un homosexual sufriente, cuyas llagas,

milagrosamente frescas gracias al pincel del padre Restrepo, hacían estremecer de

asco a Clara.

Era ésa una larga semana de penitencia y de

ayuno, no se jugaba baraja, no se

tocaba música que incitara a la lujuria o al olvido, y se observaba, dentro de lo posible,

la mayor tristeza y castidad, a pesar de que justamente en esos días, el aguijonazo del

demonio tentaba con mayor insistencia la débil carne católica. El ayuno consistía en

suaves pasteles de hojaldre, sabrosos guisos de verdura, esponjosas tortillas y grandes

quesos traídos del campo, con los que las familias recordaban la Pasión del Señor,

cuidándose de no probar ni el más pequeño trozo de carne o de pescado, bajo pena de

excomunión, como insistía el padre Restrepo. Nadie se habría atrevido a

desobedecerle. El sacerdote estaba provisto de un largo dedo incriminador para

apuntar a los pecadores en público y una lengua entrenada para alborotar los

sentimientos.

-¡Tú, ladrón que has robado el dinero del culto! -gritaba desde el púlpito señalando

a un caballero que fingía afanarse en una pelusa de su solapa para no darle la cara-.

¡Tú, desvergonzada q ...



Suscríbase a ClubEnsayos

Suscríbase a ClubEnsayos - busque más de 2.241.000+ documentos


Ensayos relacionados