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Las Venas Abiertas De America Latina


Enviado por   •  15 de Abril de 2015  •  465 Palabras (2 Páginas)  •  197 Visitas

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Los Bandeirantes de la región de San Pablo habían atravesado la vasta zona entre la Serra de Mantiqueira y la cabecera del río de Sao Francisco, y hablan advertido que los lechos y los bancos de varios ríos y riachuelos que por allí corrían contenían trazas de oro aluvial en pequeñas cantidades visibles.

A lo largo del siglo XVIII, la producción brasileña del codiciado mineral supero el volumen total del oro que España había extraído de sus colonias durante los dos siglos anteriores.

Salvador de Bahía fue la capital brasileña del prospero ciclo del azúcar en el nordeste, pero la “edad de oro” de Minas Gerais traslado al sur el eje económico y político del país convirtió a Río de Janeiro, puerto de la región, en la nueva capital de Brasil a partir de 1763.

Con frecuencia llegaban a Lisboa quejas y protestas por la vida pecaminosa en Ouro Preto, Sabara, Sao Joao D’el Rei, ribeirao do carmo y todo el turbulento distrito minero. Las fortunas se hacían y se deshacían en un abrir y cerrar de ojos.

Proliferaban, de todos modos, las hermosas iglesias construidas y decoradas en el original estilo barroco característico de la región. Minas atraía a los mejores artesanos de la época.

Los mineros despreciaban el cultivo de tierra y la región padeció epidemias de hambre en plena prosperidad, hacia 1700 y 1713: los millonarios tuvieron que comer gatos, perros, ratas, hormigas y gavilanes.

Los esclavos se llamaban “piezas de indias” cuando eran medios, pesados y embarcados en Luanda; los que sobrevivían a la travesía del océano se convertían, ya en Brasil “en las manos y los pies” del amo blanco.

A mediados del siglo XVIII, ya muchos de los mineros se habían trasladado a la Serra do Frío en busca de diamantes.

Contribución del oro de brasil al progreso de Inglaterra

El oro había empezado a fluir en el preciso momento en que Portugal firmaba el tratado de Metheuen, en 1703, con Inglaterra. Esta fue la coronación de una larga serie de privilegios conseguidos por los comerciantes británicos en Portugal.

Inglaterra y Holanda, campeonas del contrabando de oro y los esclavos, que amasaron grandes fortunas en el tráfico ilegal de carne negra, atrapaban por medios ilícitos, según se estima, más de la mitad del metal que correspondía al impuesto del “quinto real” que debía recibir, de Brasil, la corona portuguesa.

Nada quedó, en suelo brasileño, del impulso dinámico del oro, salvo los templos y las obras de arte. A fines del siglo XVIII, aunque todavía no se había agotado los diamantes, el país estaba postrado.

Solo la explosión de talento había quedado como recuerdo del vértigo del oro, por no mencionar los agujeros de las excavaciones y las pequeñas ciudades abandonadas. Portugal no pudo, tampoco, rescatar otra

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