Diagnostico Ensayos gratis y Trabajos

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Diagnóstico Psiquiátrico Del Trastorno De Personalidad Psicopático

Diagnóstico psiquiátrico del trastorno de personalidad psicopático La OMS define a la personalidad antisocial como un trastorno de la personalidad caracterizado por el menosprecio de las obligaciones sociales, falta de sentimientos hacia los otros y violencia impetuosa o indiferencia. Asimismo, menciona que la conducta no se modifica con la experiencia ni cambia con el castigo. El individuo con este tipo de personalidad es frío afectivamente y puede ser agresivo e irresponsable. Su tolerancia a la frustración es baja, ofrece racionalizaciones plausibles, culpa a otros por su comportamiento y entra en conflicto con la sociedad. Los sinónimos que se utilizan para nombrar a la personalidad antisocial son múltiples: personalidad amoral, asocial, disocial, psicopática y perversos constitucionales. Dentro de las diferentes denominaciones que la personalidad psicopática recibe, se encuentra el término de sociópata, debido a la tendencia que estos sujetos presentan al oponerse a las situaciones y valores convalidados. En el psicópata la consideración de sus semejantes como valor no se da. Mackinnon y Michels (1971) señalan que el término de psicopatía se aplica a una gran cantidad de síndromes clínicos, se utiliza tanto para referirse a rasgos psicopatológicos como psicodinámicos. Mencionan que cuando el patrón psicopático no está definido nítidamente, se pueden aplicar etiquetas específicas de diagnóstico, ignorando rasgos clínicos. Así, por ejemplo, se habla de alcoholismo, drogadicción, juego patológico, piromanía, perversiones sexuales, etc. Como elementos semiológicos fundamentales en este cuadro se encuentran la ausencia de déficit intelectual, de angustia o de delirio; la ausencia o debilidad de las reacciones ante los imperativos sociales generalmente recibidos, la insensibilidad a los medios de educación o de represión sociales, la inestabilidad afectiva y la impulsividad (ibid.). Los síntomas relevantes que presenta la personalidad antisocial son: 1. Tensión agresiva e impulsividad. Comportamiento indisciplinado, implacable, y cualquier obstáculo supone el desencadenamiento de la acción sin tomar en consideración las consecuencias de ésta. 2. Rebeldía. El sujeto no controla su agresividad, provoca la punición de su conducta y queda excluido de grupos sociales. 3. Malignidad. Se obtiene placer gracias a la provocación de dolor en los demás. 4. Desequilibrio holotímico. La afectividad es muy variable y patológica. En ocasiones se presenta una afectividad exaltada, una hiperemotividad desordenada, un aspecto ciclotímico, o bien una personalidad fría de tipo esquizoide. 5. Perversiones instintivas. Es frecuente encontrar la presencia de perversiones en estos pacientes. 6. Nivel intelectual. Se ha encontrado una disparidad de datos; desde oligofrénicos hasta personas de notable inteligencia. 7. Comportamientos impulsivos. Conductas impulsivas como el robo, la piromanía, la estafa, el juego y las reacciones homicidas (ibid.). Vallejo, (1980) menciona ciertos rasgos encontrados en este tipo de pacientes: 1) incapacidad para aprovechar las enseñanzas de experiencias pasadas; 2) falta de un sentido de responsabilidad propia; 3) incapacidad para establecer relaciones personales; 4) falla en el control de los impulsos; 5) falla en el sentido moral; 6) actitud crónica o reiteradamente antisocial; 7) ineficiencia de los castigos para hacerles cambiar la conducta; 8) inmadurez emocional; 9) incapacidad para experimentar sentimientos de culpa; 10) egocentrismo. La conducta antisocial del psicópata comprende una diversidad de trastornos tales como mentir, hacer trampas, robar y hacer uso de drogas. Busca evitar el castigo, presenta incapacidad para considerar las consecuencias de la propia conducta. La elección del tipo de conducta perversa que puede manifestar depende del significado simbólico que ésta posea, por ejemplo aquel que roba porque siente que algo se le debe. Paz (1966) define al psicópata de la siguiente manera: - Sujeto de conducta impulsiva y versátil, incapaz de posponer la satisfacción de sus deseos con desconsideración para los demás. La impulsividad es sintónica con el yo. - Falto de todo sentimiento de culpa consciente. - Falto de insight. - Irresponsable, falto de capacidad previsora sobre sus actos. - Incapaz de tolerar el aburrimiento. - Impresiona como simpático e inteligente. - Su vida sexual es impersonal, emocionalmente trivial y a menudo promiscua. Vallejo (1980) describe las características que le parecen más significativas en estos pacientes: inexistencia de alucinaciones y de otras manifestaciones del pensamiento irracional, encanto externo y notable inteligencia, ausencia de nerviosismo o de manifestaciones neuróticas, falta de fiabilidad, mentira e insensibilidad, ausencia de sentimientos de culpa, conducta antisocial, razonamiento insuficiente e imposibilidad de aprender de la experiencia, egocentrismo patológico e incapacidad de amar, pobreza de reacciones afectivas primordiales, pérdida de intuición, irresponsabilidad en las reacciones interpersonales corrientes, uso excesivo de bebida, amenazas de suicidio rara vez cumplidas, vida sexual impersonal y trivial e incapacidad para seguir un plan de vida. J. Zac (1966) proporciona una serie de características que diversos autores han observado en pacientes con rasgos psicopáticos: - Individuos crónicamente antisociales, irresponsables, incapaces de beneficiarse por la experiencia o por castigos. - Presentan un yo aloplásticos. Utilizan el lenguaje verbal como técnica de acción inducida sobre la demás personas. - Toman a los otros como una extensión de sí mismos, recurren al lenguaje de acción para establecer comunicación. - Sus impulsos son sintónicos del yo, irresistibles. No pueden esperar, no se adaptan al principio de realidad. Su superyó es incompleto o patológico. - Son incapaces de abstraer conceptualmente y son superficiales en sus afectos. - No pueden soportar la tensión ni la frustración, presentan una combinación de defensas basadas en la omnipotencia. - Proyectan el pensamiento y la culpa relacionados con las ansiedades depresivas, y utilizan la sorpresa y el aburrimiento como mecanismos de defensa para evitar la depresión. - Presentan una aguda perturbación de la identidad, debida a la confusión de los sexos y a la multiplicidad de los objetos externos. - Tendencia a negar la culpa depresiva, haciéndola recaer sobre los demás, transformándola regresivamente en culpa persecutoria. - Muestran incapacidad para utilizar los símbolos verbales. Está fijado en la etapa pre-edípica en que se reconoce el aumento de la tensión pero no se le puede recodificar. Fracasa en la transmisión no verbal del mensaje. - El déficit verbal es compensado por un excesivo control y por el manejo particular de la realidad externa a través del aparato locomotor, utilizan símbolos verbales como instrumentos de acción. La omnipotencia y la identificación proyectiva masiva son sus técnicas principales. Coderch (1975) realiza un cuadro clínico de este tipo de pacientes. La edad de aparición suele ser antes de los 15 años, ciertos rasgos psicopáticos pueden observarse durante el desarrollo infantil temprano. Se suele presentar una historia de conductas delictivas crónicas y repetitivas, en las que la violación a los derechos humanos de los otros es la constante. Presentan una incapacidad de mantenerse en un trabajo estable. Los robos, mentiras, luchas y enfrentamientos con la autoridad son usuales desde la infancia. Durante la adolescencia se presentan por lo regular conductas sexuales perversas, al igual que el uso de drogas o alcohol. Estos individuos presentan quejas personales como tensión continua, incapacidad para tolerar el aburrimiento, depresión y actitudes paranoides. Son incapaces de mantener relaciones sexuales e interpersonales calurosas y duraderas con la familia o amigos. Se menciona que esta patología suele presentarse con mayor frecuencia en varones que en mujeres (ibid.). Dentro de las teorías etiopatogénicas que explican la psicopatía se encuentran los estudios biológicos, que hablan de una disfunción cortical o subcortical, en donde se presenta un grado bajo de excitabilidad, la conducta psicopática se explicaría como un intento de estimulación debido a esta baja excitabilidad. Asimismo, se hace referencia a posibles alteraciones a nivel del sistema límbico o de la zona hipotalámica; estos estudios investigan las bases neurofisiológicas de la agresividad. En la conducta psicopática la meta principal es evitar la tensión que resulta cuando los impulsos no se satisfacen, se evita la ansiedad cuando la frustración es inminente, se protege al yo de sentimientos de inadecuación. No hay un desarrollo de defensas neuróticas adecuadas, por lo que se hace necesario que el paciente escape de la frustración y la ansiedad. Para Vallejo (1980) el individuo parece indiferente a sus objetos, las demás personas son para ellos fuentes potenciales de peligro o satisfacción. Los impulsos interiores se viven como urgentes, el aplazamiento o sustitución no parecen posibles. El sentimiento que resulta de la satisfacción de impulsos tiene una cualidad de alivio o saciedad. La deficiencia primaria del paciente en la capacidad de encontrar placer en las relaciones humanas conduce a la conducta psicopática como búsqueda para formas substitutivas de goce. Se presentan deficiencias en diferentes áreas: (ibid.) - Impulsos básicos. - Afectividad: ansiedad, culpa y capacidad para el placer. - Relaciones de objeto. - Patrones resultantes de la conducta manifiesta. Estos sujetos experimentan sus impulsos como egosintónicos, o bien presentan un sentimiento subjetivo de una fuerza externa urgente. Los placeres que experimentan tienen una cualidad oral primitiva y corresponden más a una respuesta fisiológica que a relaciones interpersonales. La falta de empatía y preocupación por los objetos puede conducir a una crueldad y sadismo extremos, mostrando, posteriormente poca reacción emocional frente a la propia conducta. Por otra parte el carácter extravagante, primitivo y caótico de los impulsos sugiere un origen básicamente psicótico (ibid.). Vallejo (op. cit.) advierte que estos pacientes pueden desarrollar una sintomatología psicótica cuando la realidad externa les impide llevar a cabo una actuación. En psicópatas muy agresivos la destructividad periódica es un requisito indispensable para poder mantener un sentimiento de equilibrado bienestar y en contacto con la realidad. El acto destructivo conlleva un elemento mágico omnipotente necesario para conservar la estabilidad narcisista. A menudo se define al psicópata como carente de ansiedad. Sin embargo, estos sujetos niegan la ansiedad, así como el carácter urgente y compulsivo de sus necesidades internas. Cualquier amenaza hacia la satisfacción de sus necesidades conduce a molestias insoportables. Los pacientes psicopáticos presentan poca tolerancia a la culpa y una falta relativa de ésta. Experimentan sentimientos de vergüenza y temor a la desaprobación, no un sistema internalizado autónomo de controles de la conducta (ibid.). Las respuestas emocionales del paciente psicopático poseen una cualidad superficial. Cuando el afecto de fachada es penetrado suelen encontrarse sentimientos que el paciente describe como depresión, sensaciones de ansiedad mezclada con vacuidad, e incapacidad de relación con la demás gente. Estos pacientes buscan estímulo del exterior para llenar su vacío interno (ibid.). La autoestima del psicópata es deficiente, la aprobación externa le resulta de suma importancia, si no logra un respeto de los demás siente una soledad que lo conduce a operaciones defensivas. El aislamiento emocional sirve como protección contra la depresión. El interés emocional del paciente psicopático está centrado narcisísticamente en sí mismo, experimenta poco sentimiento de pérdida. En la historia de estos individuos se dio una relación sádico-masoquista con uno o los dos progenitores o sustitutos, esta relación se repite en sus vínculos. La persona psicopática teme a la pasividad en sus relaciones personales, su conducta agresiva se enfoca a evitar un sentimiento de sumisión. Por la calidad de su vínculo parece representar un papel. La ilustración más extrema de esto se da en los síndromes del impostor (Coderch, 1975). Para Mackinnon y Michels (1971) las adicciones forman parte del gran rubro de psicopatía. La personalidad adicta trata de recrear una etapa del yo asociada con seguridad. La substitución de seres humanos por substancias químicas protege al adicto de las ansiedades y frustraciones inevitables de las relaciones interpersonales. Se observa en el adicto una fantasía inconsciente de satisfacción mágica de necesidades orales dependientes. Liberman (1966) menciona que en el episodio psicopático las capacidades de percepción y juicio de la realidad pasan a funcionar como instrumentos del principio del placer. El principio de realidad se pone al servicio del principio del placer: las adquisiciones del yo, sus capacidades de agudeza perceptiva y la habilidad motriz se convierten en instrumentos del yo para liberarse instantáneamente del sufrimiento que le ocasiona la más mínima frustración. El estado psicopático es un estilo de adaptación a la realidad, una manera peculiar de interpretarla. El psicópata es lúcido, pero tiene un trastorno de adaptación a la realidad. El yo del psicópata es lábil, no tolera la frustración. Frente a pequeñas ingestiones de alcohol pierde el control. Estos pacientes están en excelentes condiciones para organizar y dar empuje inicial a una tarea, luego la abandonan en forma súbita e incomprensible o incurren en errores absurdos. Esta conducta de fracaso en el éxito se explica por la intolerancia y los sentimientos de monotonía y aburrimiento que presentan, o bien por la idea freudiana del fracaso por un sentimiento inconsciente de culpa (ibid.). Las tensiones pulsionales son transformadas en vivencias insoportables que deben ser descargadas mediante la acción. La anticipación emocional, que corresponde a la “angustia señal” como dispositivo protector es rudimentaria, de tal manera que la producción de una catástrofe es evitada por el acting out. Las vivencias de necesidad, sentidas como catastróficas, tienen que ser simultáneamente negadas y satisfechas. Para Liberman (op. cit.) la impulsividad se refiere a la puesta en acto de motivaciones pulsionales. Los sistemas simbólicos, a los que se les puede concebir como sistemas sociales internalizados ubicados estructuralmente dentro del superyó, constituyen un sistema de demora de las pulsiones. En las personalidades de acción y las psicopatías esta instancia falla. Lo que para otro paciente correspondería a un insight, para estas personalidades se substituye por manifestaciones hipocondríacas o actuaciones. El aprendizaje normal es sustituido por estrategias de manejo, que si bien lo habilita para desenvolverse con astucia en ciertas circunstancias, lo deja inerme ante otras. La sorpresa como actitud activa lo alivia. Para el psicópata la soledad es vivenciada como desintegración. Esto da lugar a un tipo especial de aburrimiento, dificilmente soportable y del cual sale mediante la acción (ibid.). Aspectos de diagnóstico diferencial entre psicopatía y otras patologías Vallejo (1980) realiza una clasificación de diferentes cuadros psicopatológicos ubicando en rubros distintos a la neurosis, la psicosis, los trastornos limítrofes, los trastornos psicosomáticos y los trastornos de personalidad. Introduce el diagnóstico de personalidad antisocial dentro de las reacciones de carácter. Sin embargo, menciona que los sujetos que sufren trastornos de carácter viven sus síntomas como egodistónicos, a diferencia del sujeto con un trastorno antisocial que vive su conducta y afectividad como egosintónica, es decir, como parte integrante de su personalidad sin vivir los síntomas como patológicos. Menciona ciertos cuadros que se pueden asemejar al trastorno antisocial: 1. Alcoholismo. Una alta proporción de los sujetos antisociales presentan problemas de abuso de alcohol. Asimismo los alcohólicos suelen tener arrestos por escándalos, dificultades laborales, sexuales, cometer actos delictivos durante episodios de embriaguez, etc. Esto hace que el diagnóstico diferencial sea difícil, y señala como clave para establecerlo una buena anamnesis de la infancia. 2. Psicosis. En la psicosis maniaco-depresiva, durante la fase maniaca suele presentarse conducta antisocial. Sin embargo, la conducta patológica termina tras la fase de manía. 3. Neurosis y reacciones de carácter. La gran diferencia que existe entre estos trastornos y la personalidad antisocial está en que los primeros viven sus síntomas como molestos, así como la presencia de culpa. 4. Personalidad asocial. No se trata de verdaderos psicópatas, sino de profesionales del delito, mantienen sus reglas del juego bien delimitadas, con unas normas peculiares y estrictas, las cuales respetan admirablemente. Las relaciones interpersonales que pueden darse entre ellos son aceptables y profundas. Existe una adhesión a sus normas y fidelidad a unos valores totalmente contrarios a los de la sociedad. Asimismo pueden tener áreas de la personalidad muy conservadas. Entre este tipo de sujetos se encuentran prostitutas, vendedores de drogas, ladrones, profesionales del juego, etc. Needles (1947) piensa que dentro del grupo designado como "psicopatía" se encuentran una gran variedad de personalidades que tienen muy poco en común además de ciertas formas de conducta. La psicodinamia de estas personalidades es muy diferente. Él distingue dos grupos, basándose en diferencias motivacionales: los secundarios o sintomáticos y los primarios o ideopáticos. El tipo sintomático se refiere a individuos con neurosis o psicosis, en donde la conducta psicopática oscurece el desorden neurótico o psicótico. La psicopatía ideopática se refiere al tipo específico de desorden en donde el sujeto puede ser activamente agresivo o parasitario, conllevando un carácter delictivo. NEUROSIS El diagnóstico diferencial de las personalidades psicopáticas, con respecto a las neuróticas, no suele ser difícil. La ausencia de síntomas neuróticos, la tendencia a la acción, la poca capacidad de frustración expresada en una agresividad de tipo impulsivo, la ausencia de culpabilidad, la irresponsabilidad, la insinceridad, la tendencia a conductas asociales, la falta de respuestas afectivas adecuadas, la inconstancia en las relaciones interpersonales y de un proyecto existencial estable, la desconsideración hacia los demás, la escasa autocrítica respecto a su problemática, la dificultad de cambio en su comportamiento y la inaccesibilidad a la psicoterapia son aspectos que apuntan hacia un trastorno psicopático frente a uno de cariz neurótico. Sin embargo, algunos casos plantean problemas, ya que se entremezclan rasgos neuróticos y psicopáticos en el mismo individuo. El psicópata refiere una conducta patológica ubicada principalmente en el área social; la queja siempre procede de los parientes o amigos a quienes hace sufrir con su comportamiento, ellos no suelen acudir por sí mismos a consulta (Bleger, 1966). Freud (1906) propone una diferencia entre lo que es un histérico neurótico y un criminal. Menciona que ambos guardan un secreto, pero el neurótico no sabe lo que oculta, porque se lo oculta a sí mismo, se refiere a un contenido inconciente reprimido. El criminal sabe lo que oculta y lo oculta a otros, fingiendo que no sabe. El criminal no coopera en el tratamiento pues lo haría en contra de su yo. Para Freud no es posible aplicar la práctica psicoanalítica a pacientes que tengan características criminales. Existen tres tipos libidinales, según la colocación de la libido en el aparato anímico: (Freud, 1931) 1. Erótico. El principal interés está puesto en la vida amorosa, ser amado y la preocupación por la pérdida del amor. Un ejemplo de esto sería la histeria. 2. Compulsivo. Hay un predominio del superyó, que segrega al yo mediante una tensión elevada, hay angustia frente a la conciencia moral. Un ejemplo de este tipo libidinal sería la neurosis obsesiva. 3. Narcisista. No hay tensión entre el yo y superyó, ni poder de las necesidades eróticas. El interés principal reside en la autoconservación, la muestra de independencia y el escaso amedrentamiento. El yo dispone de una elevada medida de agresión. Las enfermedades que ejemplifican este tipo libidinal son las psicosis y la criminalidad. Liberman (1966) señala que las actuaciones repetitivas de los neuróticos tienen mucho en común con la descripción del comportamiento del paciente psicopático. Esto llega a aparentar ser similar porque las deficiencias neuróticas van en detrimento de las funciones de simbolización, resultando la incapacidad de poder atribuir significado a los acontecimientos vividos y otro a los imaginados. El psicópata en sus actuaciones neuróticas sustituye arbitrariamente la acción por lo que en realidad es un pensamiento como acción de ensayo. Hay algunas defensas neuróticas de las que el psicópata se vale: aislamiento, desplazamiento, proyección y racionalización. Una de las características defensivas más comunes es la de tratar de transferir su propia ansiedad a los demás. Los impulsos son proyectados sobre otros, el paciente tiene la sensación de que los otros tienen alguna de las características que le son propias (ibid.). Dor (1987) señala que en la relación con las mujeres los obsesivos, los histéricos y los psicópatas manifiestan conductas de maltrato que se pueden llegar a confundir. Sin embargo, debajo de esto subyacen estructuras y motivaciones diferentes. El obsesivo muestra una idealización radical de la mujer, esta veneración corresponde a una toma de distancia. Se prohíbe a sí mismo desear a la mujer como un intento de prohibir su deseo. La prohibición le evita sentirse comprometido con su deseo. La mujer es rebajada a rango de posesión, reaparece un componente arcaico del despotismo infantil. La mujer debe quedar entera y colmada por la presencia del sujeto obsesivo, identificado él mismo con el falo. El principal interés es velar porque el objeto quede no deseante. La quiebra introducida por el deseo del otro convoca al obsesivo al orden de la pérdida. En la relación del hombre histérico surge también la representación de una mujer idealizada colocada sobre un pedestal inaccesible, vuelve a la mujer absolutamente deseable, importa por sobre todo que no se derogue su función de objeto a valorizar. Cuando tal es el caso, la mujer se convierte en despojada de sus atributos, adornos y otras atracciones seductoras. Se vuelve objeto amenazante, objeto a destruir. Esto refleja la relación ambivalente que el histérico tiene con el falo (ibid.). La mujer idealizada se sitúa fantasmáticamente para el hombre histérico en posesión de objeto de admiración fálica ofrecido a la mirada de todos. Esta construcción es muy frágil ya que si por una parte debe ser demasiado deseable, por otra debe no ser demasiado deseante. Si la mujer misma se pone a desear, es la prueba misma de que le falta algo, se vuelve entonces un objeto perseguidor. Dor (op. cit.) menciona que maltratar al objeto es para el histérico aniquilar la falta en el objeto femenino. Suele, por otra parte, mostrarse como héroe sacrificado en el terreno del amor por el otro femenino. Se esfuerza por este medio en aparecer como aquél que puede ofrecer todo, reparando de este modo inconsciente lo que no puede dar por no tenerlo. Estas patologías comparten rasgos en cuanto al desafío y a la transgresión, pero surgen con intenciones diferentes a las del psicópata. El psicópata se esfuerza por provocar la ley y desafiarla. La transgresión es el correlato del desafío, no hay medio más oportuno de asegurarse que la ley existe que transgrediendo prohibiciones y leyes que las instituyen simbólicamente. El perverso encuentra la sanción que busca; es el límite que remite metonímicamente a la prohibición del incesto. En la dinámica obsesiva también se encuentran transgresiones, pero éstas están ligadas a la huída hacia adelante de los obsesivos con respecto a su deseo, hacen una puesta en acto de su deseo. Por lo regular se trata de transgresiones insignificantes, pero son vividas por el sujeto en una dramatización. El acting out es el elemento que cataliza esta dramatización (ibid.). Desde que el desafío toma parte en la lucha de la estrategia obsesiva, la posibilidad de transgresión se neutraliza. El obsesivo se ofusca ante la menor falta a la regla, hace esfuerzos por ser perverso pero no lo consigue nunca. La histeria produce a menudo una pendiente favorable hacia la transgresión. La ambigüedad del histérico con respecto a su identidad sexual le impone el deseo de tomar ciertas vías de expresión que se pudieran presentar como un perfil perverso, sin llegar a la fuerza que la transgresión tiene en el perverso. Existe un desafío en el histérico porque no cuestiona nunca la ley del padre referida a la lógica fálica y al significante de la castración. Dor (op. cit.) menciona que el componente de desafío es correlativo de la dimensión de la apariencia, como estrategia de reivindicación fálica. A los obsesivos se les puede considerar como los nostálgicos del ser y a los histéricos como militantes del tener. Tanto para el obsesivo como para el histérico el desafío con respecto a la posesión del objeto fálico se sitúa esencialmente en la alternativa del tener o no tener. En el psicópata el desafío se organiza en el registro de la dialéctica del ser, es la ley del padre. Tiende a imponer la única ley del deseo que reconoce y no como la expresión de un deseo que se encontrara fundado por la ley del deseo del otro. La ley del padre, con todo lo que ésta implica de falta al simbolizar a través de la castración, constituye el objetivo fundamental que el perverso se dedicará permanentemente a desafiar (ibid.). Por otra parte, Liberman (1966) hace referencia a personalidades psicopáticas que comparten rasgos neuróticos y eligen como depositarios personas con características neuróticas. Explica a través del desarrollo de estas modalidades, cómo el psicópata es capaz de percibir, enlazar y utilizar los aspectos inconscientes patológicos de otros. Las técnicas de acción se desarrollan en la persona histérica o demostrativa cuando ésta pierde las posibilidades de manejo simbólico. La persona de acción con modalidad histérica establece un ligamen simbólico con una persona o personas con características histéricas, de tal forma que toma el control de la otra persona transformándose ellos mismos en el personaje de los sueños diurnos de la persona histérica, con la cuál se ha efectuado el acoplamiento. El psicópata con modalidad histérica sacará partido de las represiones genitales y de la ingenuidad de la persona con la cual ha establecido la simbiosis. Las actuaciones psicópatas tienen como motivo la seducción y la defraudación en el campo de las relaciones amorosas. Estos pacientes usan sus habilidades para sacar partido de las inhibiciones en el sentir, pensar y actuar de la persona histérica de la cual toma posesión. Defrauda el amor seduciendo al objeto, asumiendo el papel del padre seductor del sexo opuesto al de su pareja e inesperadamente actuando el papel de la otra figura parental que rivaliza y reprime (ibid.). Liberman (op. cit.) menciona que el psicópata capta, mediante habilidades escoptofílicas, las fantasías edípicas reprimidas de la personalidad histérica. Las actuaciones psicopáticas tienen como motivo la seducción y la defraudación en el campo de las relaciones amorosas. Mientras el psicópata con modalidad histérica toma posesión de las otras personas especulando con la magia de la expresión que presentan los individuos con características histéricas, el psicópata con modalidad fóbica lo hace apoyándose en la necesidad de controlar la angustia de las personas con rasgos fóbicos. Las otras personas pierden el carácter de objetos totales depositarios de las angustias y se convierten en prolongaciones de su propio cuerpo. El psicópata las obliga a realizar las actuaciones contrafóbicas que él ya no es capaz de hacer por sí mismo. Las personas elegidas serán fóbicas y se dejan influir por éste. Con la finalidad de adquirir poder sobre la otra persona, también asumen el papel del objeto castrador o fobígeno (ibid.). En el psicópata que presenta características compulsivas, el control y manejo de los demás se desarrolla tomando en consideración la creencia en la magia de las ideas y la omnipotencia del pensamiento. Serán elegidas como depositarios personas con rasgos obsesivos. En este rubro se ubicarían algunos obsesivos cuyos rituales de carácter punitivo y expiatorio se han sexualizado irrumpiendo en el impulso original en el acto compulsivo. Estos psicópatas presentan actitudes sádicas. El psicópata con modalidad obsesiva utiliza personas con características obsesivas usurpando las funciones del superyo sádico de éstas, implantándoles su perfeccionismo obsesivo y especulando con su masoquismo moral, con su tenacidad, sus escrúpulos y afán de orden con la finalidad de que el depositario realice actos obsesivos que contengan la ambivalencia del paciente. DESÓRDENES IMPULSIVOS Vallejo (1980) diferencia la impulsividad de la psicopatía; menciona que la impulsividad se caracteriza por ser un comportamiento directo, automático, forzado, que escapa del control del Yo y se desarrolla a veces bajo una ofuscación temporal y breve de la conciencia. En el impulsivo esta conducta va seguida de un sentimiento de culpa auténtico, lo cual no se encuentra en el psicópata. Por otra parte, el impulsivo puede llegar a establecer relaciones afectivas estables, mientras que el psicópata es incapaz de ello, no tanto por la expresión del acto afectivo en sí mismo, sino por su imposibilidad de mantener unos vínculos de solidaridad permanentes. La psicopatía se establece básicamente por problemas ambientales y se estructura como un trastorno fundamentalmente psicológico, en tanto que la impulsividad se asienta sobre una base biológica que está marcada por un exceso de activación del SNC. La diferencia entre la agresividad psicopática y la impulsividad radica más en la naturaleza y finalidad del acto que en sus características concretas (ibid.). El acto psicopático puede considerarse generalmente situado dentro de la categoría de conductas impulsivas, pero esta fusión resta riqueza a la aprehensión psicopatológica real de ambos fenómenos. Desde un punto de vista diferente Bromberg (1948) menciona que la llamada personalidad psicopática es similar a la estructura del yo que Fenichel describe en los llamados "neuróticos impulsivos". La estructura psicopática presenta las mismas defensas en contra de las pulsiones en las fases orales del desarrollo infantil que aquellas que se encuentran en las neurosis impulsivas. La presencia de ansiedad, sentimientos de culpa y la represión de necesidades urgentes son rasgos comunes. Kanser (1957) habla sobre los aspectos que se relacionan y se diferencian entre los desórdenes impulsivos y el acting out. Menciona que estos términos han sido usados con frecuencia para significar los mismos fenómenos. Señala como punto común a ambos una fijación en las fases pregenitales y preverbales del desarrollo, marcando una falla en el proceso secundario y poca tolerancia a la frustración. La actuación del impulso es más primitivo, mas maligno y cercano al patrón encontrado en los trastornos psicosomáticos; el acting out esta ligado a conflictos de tipo neurótico. La actuación de un impulso queda asociado con un proceso primario y con el narcisismo. En el carácter psicopático impulsivo, se presenta una desproporción entre la actividad motora y la verbalización; se da un énfasis en lo concreto y sensorial en lugar de lo abstracto, la capacidad para la sublimación y la fantasía es mínima. Frecuentemente en estos casos se presenta un retardo en el desarrollo del lenguaje. Kenser (ibid.) menciona la existencia de un acting out benigno como un fenómeno pasajero dentro de la relación de transferencia, diferenciándolo de un acting out maligno basado en una formación de carácter depresivo-impulsivo. El acting out maligno pertenece a los desórdenes impulsivos, mientras que el benigno se encuentra en estructuras neuróticas. En el desorden impulsivo la acción se da en lugar del pensamiento, las funciones del yo fallan (tales como la memoria), y el supero es una estructura corrompible y desolada. Los desórdenes impulsivos, para este autor, estarían situados dentro de las neurosis narcisistas, incluyendose aquí las perversiones, la conducta no sexual sintomática como la cleptomanía y el carácter impulsivo (psicopatías). El síntoma principal de los desórdenes impulsivos consiste en lo irresistible y placentero de la acción. Paz (1966) sitúa a las perversiones, la impulsividad y la psicopatía dentro del mismo rubro. Menciona que esto se debe a ciertos rasgos que presentan en común; las conductas que los definen atentan contra valores convalidados, expresan conflictos primarios y no son psicosis en tanto que se ajustan a la realidad. HIPOMANÍA Liberman (1966) describe la diferencia entre hipomanía y psicopatía. El psicópata reacciona frente al influjo de la situación terapéutica de una manera inmediata. Desarrolla una disociación derivada de una ansiedad paranoide al percibir al terapeuta como otra persona con una mente autónoma y con intenciones diferentes a las de él mismo que escapan de su control. En la hipomanía la ansiedad paranoide no es ubicada en el mundo externo, sino que es sentida procedente de un objeto con características de un superyó que debe de ser controlado. En la hipomanía, la dependencia afectiva con los demás es inestable porque la relación de dependencia se da más con un objeto interno que con la otra persona transitoriamente depositaria del mismo. En cambio, en la psicopatía la otra persona representa en concreto a dicho objeto interno que debe ser aniquilado en su autonomía y transformado de perseguidor en aliado. Al maniaco el terapeuta le puede parecer fastidioso o cómico. El psicópata le provoca al analista un sentimiento de exclusión, repite su comportamiento asocial suponiendo delirantemente que el analista lo ignora. Esta forma de prejuzgar y adscribir un sentido determinado a las acciones de los otros permite connotar el vínculo narcisista que el psicópata establece (ibid.). El narcisismo del psicópata ataca a la base pragmática mediante el supuesto implícito de que él y los demás sólo pueden ser de una determinada forma. En cambio, el narcisismo del hipomaniaco no ataca las bases pragmáticas, más aun, busca y necesita que los demás lo apoyen en el equilibrio narcisista. Los demás no son tomados en totalidad como personas, hay una parte de los demás que no es percibida y aceptada como otra persona, lo que Liberman (ibid.) denomina como "revestimiento narcisista". En la hipomanía la defensa de la autoestima requiere tal grado de control sobre la instancia censora (superyó) que la relación con la realidad está sacrificada para preservarse de la pérdida de autoestima. El psicópata es incapaz de tomar lo que se le dice de una manera directa, generalmente lo decodifica y emite en forma inmediata una respuesta que responde a la interpretación que él se ha formulado. El hipomaniaco, en cambio, se aleja de poner en tela de juicio el significado de lo que ha escuchado y trata más de captar la atmósfera interior de beneplácito o rechazo de la persona que le dirige una acción verbal. Liberman (1970) hace énfasis en los factores y funciones del mensaje verbal para poder hacer un diagnóstico diferencial entre ambas entidades. El psicópata pone énfasis en el destinatario como factor del mensaje verbal, por ende predomina la función conativa del mismo. En el hipomaniaco, debido a una perturbación de la autoestima, predomina la función emotiva del mensaje. FRONTERIZOS Perry y Cooper (1986) analizan comparativamente el desorden de personalidad antisocial con el desorden fronterizo de la personalidad. En la patología de tipo limítrofe las defensas más comúnmente utilizadas son la disociación y la identificación proyectiva, mientras que las defensas de tipo narcisista, utilizadas por pacientes antisociales, son la devaluación, la omnipotencia, la idealización y la negación afectiva. Sin embargo, mencionan que la combinación de estas defensas se pueden encontrar en algunos pacientes. En la literatura psicoanalítica se ha visto al trastorno antisocial relacionado al trastorno fronterizo de la personalidad. Mencionan que para Kernberg (en 1975) la mayoría de los pacientes con trastornos antisociales se situaron dentro del trastorno fronterizo de la personalidad. Esto se definía por la presencia de rasgos como la difusión de identidad, la prueba intacta de realidad y el uso de mecanismos primitivos que tiene como base la disociación. Kernberg sugiere que el mayor déficit encontrado en los trastornos fronterizos es la inhabilidad para integrar identificaciones positivas y negativas, así como introyectos. Los autores señalan que Kernberg hace énfasis en el rol de la agresión y el odio en el tratamiento de pacientes antisociales, pero no especifica el mecanismo por el cual la conducta antisocial resulta en una organización fronteriza de la personalidad. Existe la necesidad de explicar por qué algunos pacientes fronterizos manifiestan dependencia extrema, hambre de objeto y depresión anaclítica, mientras que otros manejan los mismos conflictos y déficits a través del robo o formas de explotación de terceros. Algunos de los rasgos que se han encontrado comunes en los trastornos fronterizos y antisociales son: temperamento errático, impulsividad y relaciones interpersonales inestables. Estas características implican un yo débil con pobres afectos y una pobre capacidad de tolerancia ante la espera de una gratificación, una constelación defensiva en donde la disociación ha suplantado a la represión, y un conflicto centrado en la necesidad de sacarse el sentimiento de vacío y los miedos de abandono. Las hipótesis que los autores manejan son las siguientes: 1. El nivel de defensas que Kernberg define como fronterizas representan dos dimensiones diferentes de funcionamiento que se pueden describir como fronterizas y narcisistas. 2. Las defensas fronterizas están asociadas con el trastorno fronterizo de la personalidad, mientras que las narcisistas, con el trastorno de personalidad antisocial. 3. Existen cuatro conflictos principalmente asociados con el trastorno fronterizo: el abandono-separación, un conflicto global en la experiencia y la expresión de emociones de necesidad y enojo, miedo de fusión y hambre de objeto. Algunos pacientes antisociales no usan las defensas propias del trastorno fronterizo que son la disociación y la identificación proyectiva, así como algunos pacientes fronterizos no utilizan la omnipotencia, la devaluación y la idealización primitiva. Los pacientes fronterizos y los pacientes antisociales muestran un uso diferente de defensas inmaduras: los sujetos fronterizos utilizan defensas de acción, mientras que los sujetos antisociales utilizan defensas de desconocimiento o repudio. Perry y Cooper (1986) mencionan que el trastorno de personalidad antisocial se muestra más heterogéneo en relación a los conflictos que el trastorno fronterizo. El resentimiento por haber sido frustrado por otros tiene más relación con la patología antisocial. Las defensas que se relacionan con este cuadro son la proyección, la negación y la racionalización de impulsos y acciones. El rechazo a otros se vincula con un problema de auto-estima. La patología narcisista tiene un rol muy importante en el desarrollo de la conducta antisocial (Idea apoyada por Kernberg en 1992). Para Paz (1966) el fronterizo presenta características diferentes a las del psicópata; como estar adaptado precariamente, presentar un cuadro polisintomático, tener una vida sexual mal adaptada, no poder mantener un concepto consistente de su self, impresionar como lejanos e inseguros y mostrar dificultad por disociarse en un yo observador y un yo experiencial. SIMBIOSIS Cuadro comparativo entre la simbiosis y la psicopatía: (Bleger, 1966) SIMBIOSIS PSICOPATÍA MENTE Alto grado de desarrollo. Deficientemente desarrollada. CUERPO Y MUNDO EXTERNO Diferenciadas en la parte más integrada de la personalidad. Indiferenciadas INSIGHT Existe en la parte más madura. Ausente. DEPOSITARIO Uno solo, inmovilizado. Existe un sólo depositario. Hay varios, son alternantes, y son inducidos a actuar. RELACIÓN DEPOSITARIO - DEPOSITADO Fusión completa y clivaje muy difícil. Fusión completa pero clivaje menos difícil. SENTIDO DE REALIDAD Falta en la parte simbiótica. Limitado. INTROYECCIÓN Falta en la parte simbiótica. Falta. LIDERAZGO Tiránico. Demagógico. Tanto la simbiosis como la psicopatía tienden a mantener una organización sincrética primitiva, la organización narcisista. La tríada: negación, idealización y omnipotencia no es característica exclusiva de la manía, sino del narcisismo primario. La omnipotencia no es un mecanismo primitivo, sino una consecuencia del narcisismo primario. En la simbiosis y en la psicopatía la negación es consecuencia de la falta de discriminación. PERVERSIONES Para Zavitzianos (1971) existe una relación muy cercana entre perversiones y psicopatía, es común encontrar ambas en un mismo paciente. Cuando un delincuente no presenta actuaciones perversas se debe a que algunos factores han interferido en el desarrollo de las perversiones sexuales. Las pulsiones agresivas toman primacía frente a las sexuales. El grado de deficiencia del superyó es mayor en los psicópatas. Sin embargo, en ambas condiciones se encuentran perturbaciones importantes en la relación temprana madre-hijo que debilitan al yo y al superyó, generan una imagen distorsionada del cuerpo y alteran la identidad. Paz (1966) señala que es difícil distinguir entre una personalidad de acción y un psicópata o perverso. Sin embargo, menciona que en las psicopatías y en las perversiones los actos no son necesariamente impulsivos; los sistemas de mediación se hallan distorsionados por ansiedades persecutorias. Para Mackinnon y Michels (1971) la conducta perversa tiene raíces neuróticas importantes. Sin embargo, los impulsos adquieren una cualidad perentoria y urgente que rebasa con mucho la conducta sexual normal, esto confiere un carácter psicopático. La conducta perversa y adictiva puede, por otra parte, tener lugar en individuos que no son personalidades psicopáticas. Liberman (1966) menciona que los pacientes con perversiones estructuradas presentan comúnmente en otras áreas de comportamiento características psicopáticas y narcisistas. Se debe deslindar dentro de las psicopatías, aquéllas en las que predominan elementos libidinales tal como ocurre en las perversiones, de aquellas otras en las que predominan componentes destructivos, característicos de la psicopatía. Piensa que en estos últimos casos existen elementos epileptoides. Las adicciones serían una forma de transición entre una y otra. Desde otra perspectiva, Kernberg (1992) señala que la promiscuidad sexual tiene diferentes significados dependiendo de la estructura de personalidad manifestada y el contexto social. En psiquiatría este factor se utiliza para dar un diagnóstico diferencial, pero esto implica usar más la conducta que la causa de la conducta para diagnosticar. La presencia de un trastorno de conducta sexual no es suficiente para establecer una diferenciación entre las perversiones y la psicopatía. Cerejido (1981) compara la psicopatía con la perversión; explica que para Meltzer la sexualidad del adulto es básicamente introyectiva, mientras que la del niño y el perverso es proyectiva. La sexualidad adulta se constituye a partir de la introyección de la pareja de los padres como una pareja feliz y unida. En la sexualidad perversa se da un vínculo narcisista, apareciendo un objeto interno tirano, que ataca a los objetos buenos internos. Se establece una falsa autonomía cuyo contenido fantaseoso se apoya en un ataque al poder creativo del coito parental. Por otra parte, cita a Lacan y a la escuela francesa, quienes toman a la renegación como un proceso básico para comprender la perversión. La renegación consiste en negar un aspecto de la realidad que implicaría aceptar la prohibición del incesto. Se da un fracaso en el principio de realidad y predomina el principio del placer. En la mente del perverso se suprimen las diferencias, permaneciendo como objeto del deseo materno y triunfando contra la ley del padre. La psicopatía, así como la perversión, quedaría ubicada dentro de las neurosis impulsivas, ya que como rasgo acentuado se encuentra la intolerancia a la frustración. La imposibilidad de pensar y la tendencia a la acción son características propias de la psicopatía, mientras que la renegación es propia de la perversión. Rabinovich (1984) menciona que los psicópatas protegen la consistencia del Otro de la verdad, el perverso protege la consistencia del Otro del goce. Ese Otro como garante de la verdad está más allá del deseo, no es un deseante. Estos pacientes se presentan desde la respuesta, no desde la pregunta; desde la respuesta que asegura la consistencia del Otro, meta que logran a través de la identificación con el objeto a. Es por eso que se necesita un tiempo de trabajo antes de que el sujeto se sitúe a nivel del sujeto barrado y abandone esa posición de objeto. Por otra parte, Mannoni (1965) menciona que en el perverso no existe ningún pedido de ayuda, ningún mensaje que pueda llegar. Mientras que en el delincuente parece vislumbrarse un pedido de ayuda que se hace oír desde el fondo de su angustia y de su drama. Menciona que, a diferencia del perverso, la angustia de no haber sido escuchado se encuentra en el fondo del delincuente. PSICOSIS Paz (1966) menciona que el psicopatía, la perversión y la personalidad impulsiva sustituyen la realidad tal cual es por las perentoriedades inconscientes que lo determinan, creándose metas y apetencias que tienden al equilibrio de ansiedades psicóticas intensas que se dan de manera narcisista y omnipotente. El psicópata escapa de la psicosis mediante la identificación con un objeto malo y omnipotente. Los propios aspectos de indefensión o carencia son expulsados por medio de la identificación proyectiva en objetos que sufren, por inducción activa, el destino de ellos. La venganza activa inconsciente es característica de estas personalidades. Grinberg (1966) señala que los psicópatas no comparten la misma estructura que los psicóticos a pesar de presentar rasgos en común, como los son: labilidad del yo, incapacidad de tolerar frustraciones, trastorno del pensamiento, necesidad de usar el lenguaje de acción, componentes narcisistas y omnipotentes, utilización de splitting masivo e identificación proyectiva. La diferencia esencial radica en que los psicópatas mantienen el contacto con la realidad y tienen capacidad para detectar lo que ocurre en el otro debido a los mecanismos obsesivos que contienen el control de lo proyectado en el objeto, lo cual confiere al yo una vivencia de cohesión y seguridad. El fracaso de los mecanismos obsesivos puede significar un desastre en el mantenimiento del precario equilibrio de su yo y aparece entonces la caída en la psicosis. Bartolini, (1966) menciona que los episodios psicóticos en un psicópata deben de ser diferenciados de las regresiones de los psicóticos que observan una mayor dificultad de conexión objetal posterior a la salida del episodio. En la época de mejoría del paciente se acentúa la depresión como manifestación de la pérdida de sus fantasías omnipotentes. El psicópata tiene la necesidad de una fantasía omnipotente como mecanismo de defensa erigido en contra la necesidad de dependencia. La aceptación de la dependencia implica un "renunciamiento" a la omnipotencia, positivo para el tratamiento, pero vivido por el sujeto como una desprotección amenazante. Ésta, sin embargo, es una etapa necesaria para la reestructuración del paciente. Winnicott (1984) señala que en la tendencia antisocial, el niño percibe de manera correcta la carencia que recibe del ambiente, se da cuenta de que la causa de depresión o desintegración es externa y no interna. El ambiente es el responsable del trastorno de personalidad, y el niño se ve urgido a buscar nuevas "provisiones" ambientales. El nivel de maduración del yo que capacita para percibir esta realidad, es lo que marca la diferencia entre el desarrollo de una psicosis o de un trastorno antisocial. Liberman (1966) piensa que los casos de mayor peligrosidad son aquéllos en los cuales la esquizoidía es el componente subyacente a las técnicas de acción del paciente con estilo épico. Presentan la falta de sensibilidad característica del esquizoide y una concepción ética y estética idiosincrática en la cuál los grupos humanos pasan a ser simples compuestos moleculares a los cuales este tipo de paciente manipula con la habilidad conferida por las técnicas inoculatorias. Presentan una actitud despiadada y pueden ser prácticamente inanalizables. Para Dor (1987) en el proceso psicopático se observa que hay mensajes significantes a través de los cuales la madre y el padre transmiten al sujeto alguna cosa sobre la posición de sus deseos recíprocos. Pero también existe una predisposición dictatorial en el niño que interfiere en la dinámica deseante del Otro. El niño se ofrece como capaz de colmar la falta del Otro, esto introduce un potencial de inducciones que pueden modificar la dinámica fálica familiar. La función fálica se inscribe en una estructura de cuatro términos: la madre, el padre, el niño y el falo. La discriminación entre los procesos psicóticos y psicopáticos se da en base a la localización del lugar que el significante tendrá. Hay una diferencia entre significante de la ley y significación de la ley. En el perverso esta diferenciación se mantiene, aunque fuese de modo marginal. La ley queda referida a una instancia que garantiza su carácter operatorio: la instancia paterna. La falta no tiene significancia para él sino con referencia a quien tiene el falo (ibid.). En el psicótico la confusión entre significantes de la ley y el significante fálico es completa. La identificación fálica del niño continúa predominando. Se da una forclusión del Nombre del Padre que se traduce en una imposibilidad para que ese significante se pueda simbolizar. El psicótico tiene experiencia de la castración, pero esta castración no tiene para él ninguna inserción simbólica. El mecanismo de la forclusión permite al psicótico mantener su relación imaginaria con el falo, negando la existencia de la falta. Una verdadera palabra queda entonces excluída del psicótico. El autor explica que en el perverso el significante fálico no se presta a la sustitución metafórica, se refiere en lugar de una atribución paterna a una atribución que permanece en estado de suposición. No se trata de forclusión, sino de negación de la castración. La madre del psicópata es una madre fálica, la madre del psicótico es una madre fuera de la ley. La madre fálica encarna la ley para el niño a medida en que es su embajadora. La función paterna existe, en tanto función simbólica, pero al estar delegada a la madre produce un equívoco en el perverso (ibid.). La ley no se inscribe como una ley que aliene el deseo de uno a la ley de deseo de otro, sino como una ley inocua que ordena al perverso transgredirla para esforzarse en sostenerla a su modo. La ley a la cual obedece el perverso es la ley del goce. Dor (op. cit.) menciona que la madre fuera de la ley parece no haber captado radicalmente nada de la significación, no puede simbolizar la ley en cuanto a ella misma. La madre representa entonces la ley a los ojos del niño. Encarna una ley totalmente personal, que no se refiere en nada al significante fálico y a la castración. El niño no puede sino quedar sometido a una madre todopoderosa. Está condenado a proseguir interminablemente su búsqueda de una respuesta sobre la cuestión del deseo materno. ADOLESCENCIA Aberastury, (1966) estudia las correlaciones que tiene el periodo de vida de la adolescencia y la psicopatía. En la adolescencia hay modificaciones corporales incontrolables, vividas como una invasión. Surgen defensas encaminadas a retener los logros infantiles, aunque coexiste el placer y el afán de un nuevo status. El adolescente busca su propio interior como refugio para poder reconectarse con el pasado y desde allí enfrentar el futuro. Los cambios en los que pierde su identidad de niño, implican la búsqueda de una identidad nueva, consciente e inconsciente. El mundo interno constituido por las imágenes paternas será el puente a través del cual elegirá y recibirá los estímulos para su nueva identidad. El mundo interno bueno y las buenas imagos parentales ayudan a elaborar la crisis de la adolescencia (ibid.). Ninguna premura favorece, toda elaboración verdadera exige tiempo. Si esto no es así surgen las características de una negación maniaca. Para el adolescente la pérdida es doble: la de su cuerpo de niño y las fantasías sexuales infantiles. Se produce en esta etapa una fuerte actividad masturbatoria, no sólo con el intento de descargar tensiones genitales, sino para negar omnipotentemente que se tiene un solo sexo, hay una fantasía de unión que subyace. La angustia y el estado de despersonalización tienen un significado defensivo, no aceptar que es en el cuerpo en donde se están produciendo los cambios, hay una necesidad de negar los cambios. La autora explica que las patologías que surgen en esta búsqueda de identidad pueden llevar a confundir una crisis adolescente con un cuadro psicopático. Las defensas utilizadas para eludir la depresión, como son la impostura, las identificaciones proyectivas masivas, la doble personalidad y las crisis de despersonalización resultan pasajeras. El psicópata en cambio fracasa en la elaboración del duelo y no llega a la identidad adulta. En el adolescente y en el psicópata surge una dificultad por renunciar en el momento de decidir. El mecanismo defensivo del impostor en la psicopatía implica la simbiosis de roles identificados proyectivamente, asumidos total y masivamente. En el adolescente, en los casos de adquisición precoz de la identidad, se encuentra que es un ser "a través de alguien". Si queda detenido en esto se produce un debilitamiento de la identidad. Los cambios de identidad veloces son normales y sólo a través de ellos se llega a una verdadera ideología (ibid.). En el adolescente también se observa que recurre a técnicas defensivas como la desvalorización de los objetos para eludir sentimientos de dolor y pérdida. Hay una búsqueda de figuras sustitutivas de los padres, se da una fragmentación de las figuras parentales que sirve a las necesidades de disociación entre buenos y malos aspectos. Aberastury (op. cit.) menciona que los conflictos nacidos de la disociación entre el cambio corporal y el psicológico lo llevan a la necesidad de planificación. Utilizar la palabra es como realizar el acto, planificar sobre su vida hablando sobre su vida futura, amorosa, etc., es una defensa ante la acción que siente imposible desde dentro. La omnipotencia de las ideas y la planificación son defensas de adaptación a un nuevo rol. Surge la posibilidad de solucionar los conflictos por la acción, fugarse hacia una precoz genitalidad, hacer una actuación con apariencia de madurez que encubre un fracaso de personificación. La identidad lograda al final de la adolescencia tiene su relación con las identificaciones del pasado, incluye todas las del presente y también los ideales hacia los cuales tiende. El psicópata por un fracaso en la elaboración de los duelos no alcanza la verdadera identidad ni la ideología que le permitirían alcanzar un nivel de adaptación creativa. ADOLESCENTE PSICÓPATA Necesita estar solo, replegarse en su mundo interno. Recogimiento para desde allí salir a actuar. Necesita estar con gente, necesita a los otros para realizar la acción, para no sentir su propia soledad. El autismo que manifiesta se da por una cierta torpeza en la comprensión de lo que pasa a su alrededor, está más preocupado por conocerse a sí que por conocer a los demás. Tiene un insight defensivo sobre lo que el otro necesita y lo utiliza para su manejo. No tiene el valor instrumental para adquirir experiencia. Piensa y habla mucho más de lo que actúa. Cree en la comunicación verbal y la necesita. Utiliza el lenguaje a manera de acción. ...

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Diagnostico Financiero La empresa en estudio, durante los últimos tres años no ha tenido un incremento importante en sus razones e rentabilidad: El incremento porcentual de los ingresos versus los gastos es igual para los años en estudio, dando c ...

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Diagnostico

1) Definición de diagnostico Es el proceso de estudio para medir, determinar y caracterizar particularidades individuales posibilitando instrumentar estrategias de intervención de acuerdo con las necesidades potencialidades de cada persona. Etimológicamente el concepto de diagnostico provienen del griego, tienen dos raíces, DIA-que es a través de, por, y GIGNOSKEIN que es conocer así que etimológicamente diagnostico significa conocer a través de. El concepto de este significado que representamos en la mente es la identificación de la naturaleza o esencia de una situación o problema y de la causa posible o probable del mismo, es el análisis de la naturaleza de algo. 2) Cuales son los principios del diagnostico. El diagnostico se ausenta en una serie de principios entre los cuales se encuentran:  Su carácter dinámico, continuo y sistemático expresado en que es un proceso permanente de obtención de información, el estar estimulado el alumno por las influencias desarrolladoras del proceso pedagógico trae consigo una reactualización constante de la zona de desarrollo próximo y del diagnóstico, trayendo consigo nuevas estrategias de atención personalizada para cada sujeto.  Su carácter individual y multilateral pues no solo se valora al sujeto como una individualidad única e irrepetible, sino los diferentes contextos en que el se ve inmerso.  Su carácter de personalidad, respetando la integridad de la personalidad, permite determinar lo que ya adquirió, lo que adquiere de forma independiente y lo que ejecuta con nuestra ayuda, lo que responde a al criterio de que el sujeto investigado no se adapta al instrumento de exploración, sino que este se adapta a sus posibilidades.  Su carácter sistémico, se trata de obtener una visión integral del desarrollo del sujeto, ninguna función debe ser estudiada aisladamente sino en la interacción con las demás funciones y estados de la personalidad. 3) Cual es el proceso del diagnostico. El proceso de diagnóstico debe transitar por una serie de fases que conforman su estructura básica y que son fundamentalmente las siguientes:  Revisión de los objetivos del grado, ciclo y nivel que constituyen las metas que dirigen y guían el proceso de enseñanza aprendizaje, nivel de concreción que alcanzan dichas metas en el grupo y en los alumnos en concreto , asegurando contenidos cognitivos y afectivos adaptados a las capacidades e intereses de los estudiantes.  Comprobación del rendimiento escolar del alumno mediante la aplicación de técnicas y herramientas expresado.  Valoración de todos los contextos de actuación en que se ve inmerso el sujeto y que pueden estimular o retardar el aprendizaje del niño teniendo en cuenta el papel que desde la psicología dialéctica se le asigna a lo social en el desarrollo de la personalidad y que ejercen una gran influencia sobre los aprendizajes del lenguaje , actitudes ante determinadas actividades, formas de pensar, de sentir, etc. Tomando en cuenta que el aprendizaje es un proceso de adquisición de conocimientos, hábitos, habilidades, también valores, puntos de vistas, sentimientos, conductas, etc. Que transcurren mediante la actividad y la comunicación.  Determinación por parte del maestro de la pertinencia del uso de técnicas de diagnóstico precisas para la situación en estudio, mucho de los procedimientos del diagnóstico psicológico son factibles de ser utilizados, adaptándolos para su aplicación en la escuela, convirtiéndose así en instrumentos para la caracterización escolar, tomando en cuenta que los test psicológicos están estandarizados y la interpretación de los resultados se hace de acuerdo a normas preestablecidas y estadísticamente validados. Hay que valorar que cualquier recurso que ayude al maestro a conocer a sus alumnos y la naturaleza de sus características es válido. 4) Cuales son los tipos de diagnostico. Brueckner y Bond señalan tres tipos:  Diagnostico general: Se define como el conjunto de técnicas y medios (exámenes, test, entre otros.) que el docente utiliza para comprobar cual es la situación de la clase respecto al rendimiento exigido en los distintos contenidos del programa. Este tipo de diagnóstico trata de conocer la situación global de la clase, de ahí que no se detenga en analizar los resultados obtenidos en cada una de las materias, sino que los haya alcanzado cada uno de los niños.  Diagnostico analítico: Permite al educador conocer la situación de toda la clase o de aquellos casos individuales que le interesen en relación con algún aspecto de la educación y, asimismo con la finalidad de ver en que medida se consiguen los objetivos señalados.  Diagnostico individual o diferencial: Se realiza con aquellos sujetos que presentan dificultades específicas y se basa en una investigación profunda de las causas que ocasionan esa situación especial. La realización de este estudio es difícil y compleja, ya que se precisa la colaboración de médicos, psiquíatras infantiles y psicólogos, que no solo proporcionan el saber técnico sino su experiencia profesional. 5) Construcción del diagnostico como una visión transdiciplinaria. La transdisciplinariedad en cambio, dice Nicolescu, tiene por finalidad la comprensión del mundo presente desde el imperativo de la unidad del conocimiento. Su interés es la dinámica de la acción inscrita en distintos niveles de realidad, y se apoya en la existencia y percepción de distintos niveles de realidad, en la aparición de nuevas lógicas y en la emergencia de la complejidad. Por esta razón, la transdisciplinariedad surge, en forma, relacionada con el desarrollo de la física cuántica y los interrogantes elaborados por Niels Bohr sobre la unidad del conocimiento. En especial los trabajos de Bohr vinculados con conceptos como “no-divisibilidad”, “correspondencia” y “complementariedad”, en donde existe una posible vía para comprender las relaciones entre aspectos contradictorios y en donde juega un papel importante el problema de la articulación entre distintos niveles de realidad. Existen, para muchos investigadores, distintos programas de interdisciplinariedad que dependen de la formulación del objeto de estudio, del marco conceptual o bagaje teórico desde cuya perspectiva la investigación analizara lo real y sobre todo, del prisma disciplinar que portan los actores del programa. Para Nicolescu la visión transdisciplinaria es una perspectiva que propone considerar una realidad multidimensional estructurada en múltiples niveles, que sustituya la visión de una realidad unidimensional del pensamiento clásico. Basarab Nicolescu es consciente de que esta propuesta requiere una explicación rigurosa y que además, encierra numerosos interrogantes: ¿Qué teoría es capaz de describir el pasaje de un nivel de realidad a otro? ¿Hay coherencia y unidad estructural de los niveles de realidad? ¿Hay un nivel de realidad privilegiado para comprender a todos los otros niveles? ¿Cuál es el juego del sujeto observador en la existencia de una eventual unidad de todos los niveles de realidad? ¿La unidad del conocimiento, si es que existe, es de naturaleza objetiva o subjetiva? ¿Cuál es el lugar de la razón en la existencia de una eventual unidad de todos los niveles de realidad? ¿La unidad del conocimiento si es que existe, es de naturaleza objetiva o subjetiva? ¿Cual es lugar de la razón en la constatación de una eventual unidad del conocimiento? Según Nicolescu, los diferentes niveles de comprensión resultan de la interpretación armoniosa del conocimiento de diversos niveles de realidad y de los diferentes niveles de percepción. Pero, la realidad y sus niveles de percepción son múltiples y complejos. La realidad es una unidad abierta que engloba al sujeto, al objeto y a lo sagrado, que serían tres facetas de una sola y misma realidad. Porque para Nicolescu, la realidad reducida al sujeto destruyó a las sociedades tradicionales; la realidad reducida al objeto conduce a los sistemas totalitarios, y la realidad reducida a lo sagrado conduce a los fanatismos e integrismos religiosos. En definitiva: ¿Qué es la transdisciplinariedad para Nicolescu? Es una actitud que implica un cambio espiritual equivalente a una conversión del alma. El poeta argentino Roberto Juarroz señala que el acceso a la actitud transdisciplinaria implica elaborar un lenguaje mediante una triple ruptura: (a) la primera es con la escala convencional de lo real, que significa romper con la creencia de que la totalidad se limita a la realidad sensible que vemos y percibimos con nuestros sentidos; (b) la segunda es con el lenguaje estereotipado, repetitivo y vulgar que nos inscribe en su limitada perspectiva, porque es el lenguaje de la comodidad; y (c) la tercera ruptura consiste en que no se puede acceder a un nivel de lenguaje transdisciplinario sin romper con un modo de vida esclerotizado y convencional. Actualmente los estudios sobre la transdisciplinariedad propiamente dicha suscitan un debate espinoso y conflictivo. La elaboración de proyectos transdisciplinario corren el riesgo, por un lado, de transformarse en proyectos “integristas” es decir con la pretensión de una “meta ciencia” que consiste en una visión totalizante de los saberes en este fin de siglo. Y por el otro, que los estudios y debates sobre transdisciplinariedad se transformen en el patrimonio de una “nueva disciplina”. Pero más allá de estas posibles patologías, la cuestión de la transdisciplinariedad no se reduce a ellas, ya que conlleva, en su debate, una riqueza auténtica que consiste en las problemáticas de la articulación, construcción, reorganización, transmisión, comunicación de los conocimientos en y más allá de las disciplinas establecidas. Cada una de estas problemáticas excede sus propios límites al situarlas en la actual revolución científica y tecnológica. 6) Cual es el rol de cada especialista en la construcción del diagnostico. Cada uno de lo docentes especialista debe aportar en la construcción del diagnostico de aula los elementos que, desde su especialidad permitan el logro de los objetivos que se plantean pero con una visión interdisciplinaria de su conocimiento y con una concepción integral del que hacer educativo que incidan directamente en la creación de las mejores condiciones para que los niños tengan acceso al dominio del proceso educativo. A título de ejemplo: el maestro especialista podrá adelantar sugerencias dirigidas a garantizar el uso significativo de la lengua escrita en el desarrollo de un proyecto de cualquier naturaleza (incluyendo, muy en particular, el Proyecto Pedagógico de Aula) que el maestro regular y sus alumnos hayan decidido implementar. Pero no es función del maestro especialista la elaboración de dicho proyecto ni la evaluación de sus resultados en términos que no sean los de su especialidad, es decir, del uso de la lengua escrita y de las condiciones para facilitar la adquisición de la misma. La planificación e implementación de todas las actividades propias del proceso de enseñanza aprendizaje son de la exclusiva responsabilidad del maestro regular, y la asunción de las mismas por parte del maestro especialista desdibujaría su perfil y podría generar situaciones indeseables. La labor del docente especialista debe tener, como lo dice el nombre de la estrategia a seguir, un carácter de cooperación. De ninguna manera el docente especialista debe sustituir al maestro de aula en su tarea, ni pretender dar líneas para el trabajo en materias que son de la exclusiva competencia y responsabilidad de este último, ni hacer sentir su presencia como una intromisión en el aula. Tampoco el docente especialista puede convertirse en una muleta de la cual el maestro de aula no podría prescindir para desempeñar su labor. Si el docente especialista actúa de esta manera, tendería a duplicar el trabajo del maestro de aula, y en último término, se llegaría a la situación absurda de pretender que haya tantos docentes especialistas como maestros de aula. En todo caso, ese no es el propósito de la estrategia de Acción Cooperativa en el Aula Regular. Así, el docente especialista puede colaborar con la formulación y la implementación de un proyecto pedagógico de plantel o de aula, con la realización de una fiesta o de un paseo de fin de curso, en la elaboración de las carteleras, en la redacción de un periódico escolar, o participar en reuniones con padres y representantes o en otras instancias de proyección comunitaria. Pero estas actividades no pueden considerarse como características de su quehacer, ni conducentes por sí mismas al logro de los objetivos específicos que persigue el aula integrada. La tarea docente juega un papel fundamental en la práctica educativa de los sujetos. El mismo puede favorecer o perjudicar el aprendizaje de sus alumnos, dependiendo del rol que ejerza dentro del aula. Para lograr el éxito del binomio enseñanza-aprendizaje, el docente debe tener en cuenta determinadas situaciones y condiciones que se suscitan en el día a día dentro del contexto áulico, dicho en otras palabras, es necesario que tenga en cuenta la realidad que se vive dentro de la misma, la realidad de sus alumno. ...

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