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Aquel domingo milagroso


Enviado por   •  25 de Marzo de 2025  •  Reseña  •  1.780 Palabras (8 Páginas)  •  21 Visitas

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AQUEL DOMINGO MILAGROSO

Por; JAUREZ NARANJO RODRIGUEZ.

Aquella mañana cuando sentí la claridad a través de la ventana de nuestro cuarto, la claridad del amanecer, recordé que era Domingo y que no había necesidad de levantarme tan temprano. A pesar del ambiente fresco y más bien frio, nuestra cama era un oasis de calor gracias a nuestras mantas y a la tibieza de nuestros cuerpos, me refiero al calor del cuerpo de mi esposa que unido al mío, hacía que no provocara levantarse, sin embargo recordé que teníamos unos compromisos; pasar por mi hermana y prepararnos para visitar a una prima nuestra en el Corregimiento de Villa Gorgona del municipio de Candelaria, lo que hizo que finalmente me movilizara y levantándome con un poco de lentitud y suavidad, para no incomodar a mi compañera de cama, una vez sentado en el borde, perezosamente me puse mis chanclas y caminé hacia la puerta que conduce al corredor de la casa. Esta es una casa en ladrillo y pisos de baldosa con techos de teja de barro, que en las noches se enfrían bastante, esta zona es pie de monte de los farallones de mi querida Cali. Nuestra casa hace parte del entorno de la vorágine, sobre la carretera que conduce a la cabecera del corregimiento de Pance y está situada a la derecha de la carretera, en sentido oriente a occidente y a la orilla del rio, haciendo parte del cañón del rio Pance, por ello una vez se oculta el sol tras los farallones, la temperatura es menos calurosa que en el día.

Al salir los rayos del sol de la mañana, esta mañana, por primera vez vi como esos rayos de luz solar iban bañando suavemente el césped, los arbustos, la grama, las rosas del jardín, si, las rosas del jardín de Sixta Tulia, mi querida madre, rosas, que ella en vida las sembró. Tal fue su devoción por estas bellas plantas, que esa devoción y amor por ellas se volvió una obligación para todos los descendientes, incluso hoy después de muchos años y cambios en el pequeño terruño de la veguita, nombre con el cual bautizamos dicho pedacito de tierra, cuando mi padre, Luis Naranjo Duque la compró. Hoy, su nieto y a la vez mi querido sobrino Juan Carlos Ríos, sigue cuidándolas con cariño y amor. Ellas son el recuerdo de nuestra madre, ella las sembró y cuidó con gran esmero y nosotros siempre hemos cuidado con cariño su legado.

Estando en este pequeño trance de recuerdos me encontraba inmerso, cuando mi asombro fue mayúsculo al ver por primera vez, como la luminosidad del sol sobre el pequeño rosal y la grama llena de Rosio y demás géneros de matas jardineras en, las zonas aledañas de nuestra casa, generaban una tonalidad nunca antes vista, que tornó el entorno al recibir la luz del sol sobre el paisaje, los arbustos adyacentes y sobre la grama, como si aquel paisaje fuese un prado bañado de un verde oro, si, un verde oro. No amarillo, si no verde brillante, si, un paisaje verde brillante como un nuevo entorno de fascinación y ensueño de maravillosos visos verdes, brillantes, para lo cual no encontraba explicación. Fue tal mi emoción que inmediatamente me olvidé que mi esposa talvez quisiera dormir un poco más y la llamé con premura, ¡Flor! ¡Flor! Mi amor, ven, para que veas lo que yo estoy viendo, ven que es algo, ¡maravilloso ¡Ella, un poco sorprendida, saltó de la cama y llegó a mi lado pensando que algo raro me podía estar pasando! Amor, me dijo. ¿Qué sucede? Quiero que contemples como se ve de lindo el paisaje, mira ese color. Mira como brilla la grama,

bañada por la luminosidad del sol. Bobo, ¡me asustaste! Creí que había algún problema. Me abrazo y me dio cariño y besos. Si, observó y comentó, cierto nunca habíamos visto ese ambiente. Si, creo que es porque siempre madrugamos, entre semana estamos a esta hora viajando para Cali. Bien… a organizarnos para ir a recoger a tu hermana y salir para donde tu prima Nelly en Villa Gorgona. Recuerda que estamos invitados a almorzar.

Aquella actitud de mi esposa me aterrizo de una y pasamos a la rutina de hacer desayuno y disponernos a partir hacia Cali y recoger a mi hermana Libia y rumbo donde mi prima. Aquel día estuvo lleno de sorpresas, pues una vez llegamos a casa de mi prima Nelly, ella nos tenía una sorpresa. Como ustedes me habían prometido llegar temprano yo les tengo preparado el almuerzo para que nos lo llevemos como fiambre, porque nos vamos de pesca. Quiero que nos vayamos de paseo al rio Bolo, queda cerca, nos vamos a pie conocen el entorno y no bañamos y aprovechamos para pescar. Querida prima, mucho me gusta pescar, pero no hemos traído ningún aditamento para ello. En el camino nos aprovechamos de los cañaduzales y chupamos un poco de caña que es deliciosa, aquello fue el mayor robo que yo le haya hecho a la gran oligarquía de los cañeros del Valle: dos cañas que cortamos sin pedir permiso y nos las fuimos chupando. Prima, no tenemos elementos para pescar. Volví a insistir. No se preocupen por ello, me contestó. No necesitamos ningún elemento, yo les enseño como lo vamos a hacer. Vamos preparados con el fiambre para almuerzo que es lo importante, lo demás déjenmelo de mi cuenta. Así fue. Caminábamos

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