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Enviado por ober • 9 de Noviembre de 2013 • 1.892 Palabras (8 Páginas) • 231 Visitas
Apocalipsis: para muchos, un libro que encierra
misterios inescrutables. Para otros, un libro lleno de
historias mitológicas basadas en la imaginación o la
creencia popular. Para Jesucristo, su Autor, un libro
maravilloso colmado de revelaciones acerca del futuro:
“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para
manifestar a sus siervos las cosas que deben
suceder pronto... Bienaventurado el que lee y los que
oyen las palabras de esta profecía, y guardan las
cosas en ella escritas, porque el tiempo está cerca”
(Apocalipsis 1:1,3).
La revelación de Jesús, plasmada en el Apocalipsis,a no
ha sido dada en lenguaje directo sino en lenguaje
simbólico. De la misma manera que el general del ejército
envía instrucciones a través de la radio mediante palabras
en clave, a fin de que sólo sus soldados (quienes conocen
el significado) reciban el mensaje, Jesús envía su
revelación en clave para garantizar que el mensaje sólo
llegue hasta los sinceros seguidores de su Palabra en el
tiempo del fin. El Señor dijo al profeta Daniel lo siguiente:
“...Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas
y selladas hasta el tiempo del fin. Muchos serán
limpios, emblanquecidos y purificados; los impíos
procederán impíamente, y ninguno de los impíos
entenderá; pero los entendidos comprenderán”
(Daniel 12:9-10).
¿Cómo comprenderán los entendidos? El Espíritu Santo
ha condensado en la Biblia todo el conocimiento necesario
para el discernimiento cabal de sus profecías. Nadie está
autorizado para desviarse de la interpretación dada por la
Palabra de Dios. Nadie esta autorizado para explicarla
según su criterio o personal punto de vista:
“Pero ante todo entended que ninguna profecía de la
Escritura es de interpretación privada, porque nunca
la profecía fue traída por voluntad humana, sino que
los santos hombres de Dios hablaron siendo
inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:20,21).
Aunque la Biblia contiene en sí misma la interpretación
de sus símbolos, es necesario que el que la lea la
discierna espiritualmente.b Lo cual significa que todo aquel
que desee comprender las profecías debe procurar, en
primer lugar, acercarse a Dios y hacer de él su mejor
amigo. En realidad este es el primer y más importante
paso, así lo confirma uno de los más grandes
reformadores de todos los tiempos: Martín Lutero:
“No se puede llegar a comprender las Escrituras, ni
con el estudio, ni con la inteligencia; vuestro primer
deber es pues empezar por la oración. Pedid al
Señor que se digne, por su gran misericordia,
concederos el verdadero conocimiento de su Palabra.
No hay otro intérprete de la Palabra de Dios, que el
mismo Autor de esta Palabra, según lo que ha dicho:
‘Todos serán enseñados de Dios.’ Nada esperéis de
vuestros estudios ni de vuestra inteligencia; confiad
únicamente en Dios y en la influencia de su Espíritu.
Creed a un hombre que lo ha experimentado”.c
Podemos concluir entonces, que el único medio seguro
para entender cualquier profecía, es acudir a Dios en
oración con un corazón humilde y susceptible de ser
enseñado. Si dejamos nuestro propio criterio a un lado y
permitimos que Dios hable a través de su Palabra, nos
asombraremos de la claridad de aquello que antes nos
parecía tan confuso y sin sentido.
Una vez hemos logrado lo anterior, el paso siguiente
consiste en seguir el método de Jesucristo para interpretar
las profecías. Veamos en qué consiste:
“Entonces él les dijo: ‘¡Insensatos y tardos de corazón
para creer todo lo que los profetas han dicho!’ ... Y
comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los
profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que
de él decían” (Lucas 24:25,27).
Observe que Jesucristo no se conformaba con tomar un
solo texto para explicar las profecías concernientes a su
persona. Él se valía de todas las Escrituras y de esa
manera hacía que la luz de su Palabra iluminara el
entendimiento de quienes le escuchaban.
Tras las huellas de la bestia
“Me paré sobre la arena del mar y vi subir del mar
una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos: en
sus cuernos tenía diez diademas, y sobre sus
cabezas, nombres de blasfemia. La bestia que vi era
semejante a un leopardo, sus pies eran como de oso
y su boca como boca de león. El dragón le dio su
poder, su trono y gran autoridad. Vi una de sus
cabezas como herida de muerte, pero su herida
mortal fue sanada. Toda la tierra se maravilló en pos
de la bestia, y adoraron al dragón que había dado
autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo:
«¿Quién como la bestia y quién podrá luchar contra
ella?» También se le dio boca que hablaba
arrogancias y blasfemias, y se le dio autoridad para
actuar por cuarenta y dos meses. Y abrió su boca
para blasfemar contra Dios, para blasfemar de su
nombre, de su tabernáculo y de los que habitan en el
cielo. Se le permitió hacer guerra contra los santos, y
vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda
tribu, pueblo, lengua y nación. La adoraron todos los
habitantes de la tierra cuyos nombres no estaban
escritos desde el principio del mundo en el libro de la
vida del Cordero que fue inmolado. Si alguno tiene
oído, oiga: «Si alguno lleva en cautividad, a
cautividad irá. Si alguno mata a espada, a espada
será muerto» ... la bestia ... fue herida de espada y
revivió ... Aquí hay sabiduría. El que tiene
entendimiento cuente el número de la bestia, pues es
número de hombre. Y su número es seiscientos
sesenta y seis” (Apocalipsis 13:1-18).
Teniendo este pasaje como base, le invito ahora a tomar
un papel y escribir un listado propio con todas las
características de la bestia que pueda encontrar,
colóquelas una debajo de la otra y deje un espacio
prudente al frente de cada una de ellas para escribir allí lo
que posteriormente le indicaré.
¿Listo? Después de este primer paso usted debe haber
obtenido una lista similar a la siguiente:
...