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ETICA Y DEONTOLOGIA


Enviado por   •  1 de Noviembre de 2019  •  Reseña  •  60.051 Palabras (241 Páginas)  •  163 Visitas

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INTRODUCCIÓN A LA ÉTICA[pic 1]

Selección de apuntes y textos

Prof: Martín Susnik

El presente material es para uso único y exclusivo dentro de las cátedras de Ética y Deontología Profesional del INSTITUTO SUPERIOR NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ

Ética... ¿qué es?

Definición etimológica y finalidad

De manera más o menos precisa todos tenemos al menos algún conocimiento del contenido de términos como "ética" o "moral". Sabemos que hace referencia al comportamiento humano y lo solemos relacionar con el cumplimiento de determinadas normas, con la noción de justicia, con los conceptos del bien y del mal, con la idea de conciencia, etc. Todos exigimos "ética" y nos escandalizamos ante la ausencia de ella; en los cargos públicos, en las empresas, en los colegios. Tenemos incluso la sensación de que la ética es una exigencia, una necesidad para que la convivencia sea posible.

Procuremos entonces, en un primer paso, aclarar esta noción, para comprender mejor de qué hablamos cuando hablamos de "ética". Para ello consideramos oportuno hurgar en la etimología de la palabra.

La etimología de "ética" tiene su particularidad, pues se trata de un vocablo de doble raíz. Proviene de los términos griegos éthos y êthos.

Éthos: costumbre, hábito, uso.[1] 

Según esta acepción podría llegar a pensarse que la ética ha de ser un estudio y análisis de las costumbres de los integrantes de un grupo social determinado, en una determinada época, o algo por el estilo. Convertiríamos así a la ética en una disciplina meramente descriptiva, pero sin ningún poder normativo. Pero debe hacerse hincapié en la otra acepción, que es en realidad más antigua que esta que ya hemos mencionado:

Êthos: morada o lugar habitual, habitación, residencia, patria [...] hábito, costumbre, uso; carácter, sentimientos, manera de ser, pensar o sentir...

Con esta segunda acepción se nos ilumina más plenamente lo que puede significar la ética. La ética apunta a la "morada" del hombre, a su modo de ser, a su "residencia" interior, a su esencia íntima.

Desde luego que no debe desvincularse este ser de la persona con su modo de obrar, pues es desde nuestra morada interior desde donde salimos al mundo y al encuentro con las cosas de la realidad que nos rodea y sobre la cual actuamos. Pero sí debe tenerse en cuenta que sería un desacierto considerar la ética como mero análisis de las acciones, de lo exterior, olvidándose el foro interno desde el cual brotan esas acciones.

Así como lo entendieron los pensadores clásicos, la preocupación de la ética es ayudar a mejorar el ser del hombre. No sólo su obrar, considerando los actos que el hombre realiza como algo "suelto", sin una raíz común desde la cual surgen. Es justamente porque se apunta al ser del hombre, que se apunta también a mejorar su obrar.

El viejo adagio filosófico señala que "el obrar sigue al ser". Claramente, primero se es, después se actúa; nadie puede obrar sin ser. Y no sólo eso, sino que cada uno actúa según lo que es. Su modo de ser incide en su modo de obrar inevitablemente, y esto es así en todos los entes. Sin embargo, hemos de notar que, en el caso del hombre al menos, también se da en cierta medida la situación inversa. El modo de obrar de una persona incide en su modo de ser. He ahí una particular importancia que recubre a nuestras acciones, pues éstas no sólo modifican al mundo que es exterior a nosotros sino que además nos moldean a nosotros mismos. El ser humano tiene la invalorable posibilidad de influir sobre su propio modo de ser ya que éste, si bien está condicionado en gran medida por factores ajenos, no está plenamente determinado. Cada uno de nosotros es por ello, aunque de manera limitada, el autor de su propio destino y el escultor de sí mismo. Es así que entonces el buen obrar de una persona tiene una influencia favorable sobre la misma, mientras que el obrar malo influye sobre ella negativamente.

Muchas veces la ética es considerada simplemente como un conjunto de normas externas, para colmo generalmente normas negativas ("no se debe hacer esto", "no se debe hacer aquello otro"...). Por ello no está de más insistir en la necesidad de plantear una ética que no se limite solamente a prohibir y ejercer un "control" sobre el accionar del hombre, sino que permita al ser humano crecer en el camino del propio desarrollo y plenitud ofreciendo una guía para el mejoramiento de su obrar y, en consecuencia, de su ser como persona.

Es importante para la reflexión ética mostrar que el obrar debidamente (conforme a la naturaleza), es idéntico a la realización de las posibilidades propias y es a su vez el camino al cumplimiento de nuestros deseos más profundos. La ley se funda en la misma naturaleza que, en tanto no acabada, necesita seguir un determinado orden de evolución para conquistarse a sí misma en plenitud.[2]

Desde esta perspectiva es posible descubrir en la ética su rostro positivo y vivificante, y no quedarse con aquel modo de pensar que ve en la ética algo represivo, algo anulador de las tendencias de la naturaleza humana, algo que opaca la vitalidad de nuestra existencia. Claro que la reflexión ética se topará con muchos "no" en su camino, pero deben entenderse estas negativas como en función de un "sí" que apunta a nuestra propia mejora y perfeccionamiento.[3]

Con demasiada frecuencia se ve la norma ética como algo que se impone desde fuera a un hombre en rebelión; aquí el bien ha de entenderse como aquello cuya realización es lo que de veras hace al hombre ser hombre.[4]

Definición real y actos humanos

Una vez que hemos utilizado la etimología para aclarar algunos puntos referentes a la reflexión ética, pasemos a definir con algo más de precisión técnica sobre qué versa esta disciplina.

Si bien existe una ética religiosa o teológica (habitualmente denominada teología moral), consideraremos aquí a la Ética como una disciplina perteneciente a la Filosofía, ya que vamos a encararla desde las posibilidades de nuestro conocimiento natural, aunque esto en nada signifique un desprecio por los asuntos de fe. Aclarado esto podemos definir a la Ética, como es ya clásico, como una:

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