CAUDILLISMO
Enviado por • 30 de Marzo de 2014 • 2.030 Palabras (9 Páginas) • 377 Visitas
EL CAUDILLISMO EN ARGENTINA Y AMERICA LATINA.
El caudillismo en América Latina que se dio con fuerza en los albores del siglo XIX, en especial en la zona de las provincias rioplatenses correspondientes a la actual República Federal Argentina, tiene como origen una serie de factores tanto sociales como políticos y económicos que permitieron a ciertos personajes, gran parte de ellos provenientes de las altas cúpulas militares, tomar el poder y el control sobre sus territorios y usufructuar de las atribuciones que dicho poder les otorgaba.
Por una parte el caudillismo político decimonónico se puede interpretar plenamente como una de las primeras formas de dictadura que se dio en las nacientes repúblicas latinoamericanas. Claro ejemplo de esto fue el represivo y sanguinario gobierno del General argentino Juan Martínez de Rosas, quien hizo de la violencia y la persecución el modus operandi de su gobierno y representa también uno de los primeros grandes ejemplos de violencia institucionalizada y llevada a cabo como una herramienta estatal de control de la población civil en la persecución y resguardo de sus propios intereses.
Entre los muchos factores que permitieron el surgimiento y la exitosa proliferación de estos modos de gobiernos autoritarios, en especial en la vecina república Argentina, se puede destacar el centralismo. Este factor es importantísimo tomando en cuenta que permitía a los caudillos argentinos controlar a los mercaderes y el sistema de comercio en las regiones correspondientes a sus jurisdicciones, de tal manera que toda actividad económica en la región terminaba por favorecer el enriquecimiento de dichos personajes, y por ende, fortalecía aún más su poder y su influencia sobre las elites de la sociedad. La importancia del centralismo y de la consecuente cercanía con la aristocracia, radicaba en que al estar fuertemente ligados a las elites dominantes, hacia mucho más difícil cualquier intento de rebelión o movimiento que pudiese poner en jaque la estabilidad de su propio gobierno y control. Por otra parte, esta condescendencia con la aristocracia solo podía mantenerse con un nivel adquisitivo acorde a las exigencias sociales que esta cúpula social demandaba.
El centralismo y el control del mercado a favor de los caudillos en Argentina, no fue el único factor que favoreció estos regímenes de gobierno. En el caso de las regiones rioplatenses, el federalismo fue una poderosa herramienta de poder para el fenómeno del caudillismo. La distribución y el control del territorio en estados federales, hacía que el poder se focalizara solo en las grandes ciudades, como por ejemplo Buenos Aires. Pero el resto del territorio provincial quedaba en manos de caudillos locales quienes ejercían su poder. A diferencia de lo que ocurría en países tan cercanos como Chile, donde el territorio unitario focalizaba el sistema de gobierno común para todo el territorio en su capital Santiago, y las ciudades del resto de las provincias quedaban subordinadas a dicha metrópoli, la capital argentina focalizaba su poder solo en los territorios que la provincia de Buenos Aires comprendía. De esta manera, el resto de las provincias tenía gobiernos que no dependían de la capital, y podían ser varios caudillos los que tuviesen el poder de varias provincias argentinas. En muchos casos lo que se pretendía por parte de los caudillos era perseguir el gobierno central de Buenos Aires, por lo que el control de sus respectivas provincias resultaba ser un camino a seguir.
El caudillismo argentino fue sin duda favorecido por las condiciones en que se dio la formación de la república. El gobierno del territorio argentino, incluso hasta el día de hoy se lleva a cabo de un modo muy particular y el federalismo resalta el poder y la figura de la capital nacional. Pero es muy evidente que muchas de las provincias argentinas están prácticamente enajenadas del poder central, y que si estas características se dieron incluso en los inicios de la republica, era de gran utilidad para los personajes que en aquellos años llegaron a usufructuar un poder que parecía ser legítimo por la gran independencia que tenían sus territorios.
En Chile, la conciencia de la necesidad de una correcta formación republicana y voluntad de sus ciudadanos y gobernantes para llevar a cabo este proceso, así como también la idiosincrasia, permitieron que el fenómeno del caudillismo fuese un tema casi ajeno. Si bien existían condiciones que pudieron facilitar su surgimiento, la subordinación al poder presidencial de las altas cúpulas militares y la conciencia política de la aristocracia, representaron mayormente un obstáculo que un aliciente para llevar a cabo un sistema de dictadura que hubiese marcado para siempre la historia nacional.
Caudillismo, caudillos y líderes políticos en América Latina
Los caudillismos siempre han sido aborrecidos. Su aparición se vincula al ejercicio autocrático del poder, en el que proliferan el miedo y la represión. Su correlato, la figura del caudillo. Un personaje deleznable como el régimen que preside. Los caudillos suelen ser considerados seres enfermizos, con delirios de grandeza, sueños faraónicos y proyectos imperiales. Sujetos que acumulan un poder desmesurado, sin control y al margen de las instituciones. Algo parecido a un monarca absoluto. “El Estado soy yo”, al decir apócrifo de Luis XIV, el Rey sol francés.
Los caudillos nunca han gozado de buena prensa, sobre todo cuando su definición se homologa a dictadores sin escrúpulos. Si echamos un vistazo al siglo XIX latinoamericano, el apelativo se adjudicó a figuras como Juan Manuel de Rosas en Argentina y Facundo Quiroga, tan bien descritos por Domingo Sarmiento en Facundo, civilización o barbarie. En Paraguay, el mote recayó en José Gaspar Rodríguez, de Francia, inmortalizado por Augusto Roa Bastos en su novela Yo, el supremo. Ningún país se libra de tenerlos. En Bolivia, los focos se centran en Manuel Mariano Melgarejo, asesinado en el exilio en 1871. Su personalidad ha sido objeto de múltiples chascarrillos. Alcides Arguedas lo retrata en su obra Los caudillos bárbaros. La lista es larga. Entre tantos, un caso singular, Chile, donde el caudillo nunca ocupó la presidencia. Ahí se habla del “hombre fuerte” que aglutinó a las “fuerzas vivas” del país para construir el Estado, Diego Portales. Resulta significativo que en 1973, tras el golpe de Estado, la junta militar, encabezada por Pinochet, adjetivara la sede de la dictadura como “Edificio Diego Portales”, antes llamado
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