Critica literaria - Espantapajaros de Oliveiro Girondo
Enviado por Alexandra Amestica Tabja • 22 de Marzo de 2025 • Ensayo • 4.670 Palabras (19 Páginas) • 27 Visitas
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Integrantes: Alexandra Améstica – Hernán Morales
El autodescubrimiento y la sublimación vanguardista en Espantapájaros (al alcance de todos) de Oliverio Girondo
Introducción
El libro de poemas titulado Espantapájaros (1932) pertenece a la segunda etapa del escritor Oliverio Girondo, uno de los principales exponentes de la vanguardia argentina entre la primera y segunda década del siglo veinte; se compone de 25 poemas (22 escritos en prosa, 1 cuento, 1 escrito en verso y 1 caligrama). Fue publicitado por el propio Girondo usando un muñeco de tres metros de alto, el cual representaba a un académico. El muñeco fue paseado en una carroza fúnebre por las calles de Buenos Aires. Tan solo con esta presentación del libro podemos notar el ambiente rupturista que se propone crear el autor, el cual tiene mucha relación con el contenido de la obra analizada.
El existencialismo constituye una temática recurrente dentro de las vanguardias, la idea de cuestionar todo lo previamente establecido para crear nuevas ideas y formas de expresión. En Espantapájaros, Girondo rompe con los parámetros de comunicación establecidos y se conecta con el lector a través de nuevas formas, “exacerba la propuesta vanguardista sin la mediación neutralizadora del circuito de emisión y recepción europeo” (Corral 588).
A lo largo de este libro Girondo examina la naturaleza del ser humano y la necesidad de descubrir y definir la propia identidad. A través de imágenes y metáforas, el poeta cuestiona las convenciones sociales y los roles preestablecidos, invitando al lector a reflexionar sobre quiénes somos y cómo nos relacionamos con el mundo. La presente propuesta de lectura aportará una interpretación de los poemas de acuerdo con un proceso existencial de autodescubrimiento en el hablante lírico.
Desarrollo
En nuestro análisis interpretativo dividimos la obra en 3 unidades individuales y relacionadas a la vez, las cuales analizaremos en este orden.
• Marcas estructurales de vanguardia (Caligrama, poema 12 y cuento 24)
• El proceso existencial de autodescubrimiento del hablante lírico. (20 poemas)
• Sublimaciones o exaltaciones (poema 7 y 18)
Marcas estructurales de vanguardia (Caligrama, poema 12 y poema 24)
La obra analizada presenta una estructuración particular siguiendo los ideales vanguardistas de quiebre de las formas tradicionales. Si bien la mayoría de los textos que conforman el libro podrían ser calificados como poesía en prosa, hay tres en particular que tienen una estructura única dentro del libro: el primero, ubicado al inicio del libro, es un caligrama que busca representar la figura de una persona; el segundo es el poema 12, ubicado en medio del resto de los relatos, que tiene la particularidad de ser el único escrito en verso; y el tercero, ubicado al final del libro, es el número 24, que corresponde a un cuento.
Caligrama (Poema introductorio)
El primer texto del libro consiste en un caligrama que, a partir de su forma, busca representar la figura humana, dividida en tres grandes secciones: la cabeza, el torso y las piernas.
En primer lugar, tenemos la cabeza de esta representación humana, que está conformada por un ejercicio de conjugaciones en las que todas las personas gramaticales, tanto en singular como en plural, se presentan como sujetos que no saben nada. A partir de este fragmento del caligrama podemos enlazar los pensamientos de René Descartes (“Sólo sé que nada sé”) presentes en el autor. La voz poética está consciente de que nadie tiene ningún tipo de certeza, por lo que la ignorancia ante la vida se establece como una experiencia compartida.
En el texto que da forma al torso del caligrama, la comunidad ignorante de todo se ve reducida a una generación en particular, aquella a la que pertenece el hablante lírico. Esta generación se encuentra en un estado de desorientación que tiene como causa principal el enfoque idealizado que la educación le entrega a la acción (se interpreta como seguir patrones predeterminados), en contraposición a su natural inclinación a la meditación (reflexión sobre la interioridad), la contemplación (reflexión sobre lo exterior) y la masturbación (el placer). Así, esta contradicción, originaria de la confusión generacional, se sitúa entre el pecho, espacio en el que se suelen situar los sentimientos, y los brazos, vehículos de la acción humana, especialmente relacionados al trabajo. Luego, como segundo fragmento del torso, el hablante lírico singulariza la problemática generacional, mediante la conjugación del verbo “creer” en primera persona. Dentro de un espacio semántico lleno de incertidumbres, el hablante lírico duda sobre lo que cree y lo que no cree, e incluso sobre la duda misma. Esta confusión posee una condición de lectura introducida por los paréntesis, tal como si fuese la acotación de una obra dramática, para indicarle al lector que este fragmento debe leerse de manera gutural, es decir, desde el espacio más oculto y profundo del aparato fonador, pues corresponde a una duda visceral, intensa, imposible de ignorar.
Finalmente, la parte baja del cuerpo está representada, en primer lugar, con un verso entre comillas, seguido por seis versos separados por sílabas y dispuestos verticalmente, a modo de piernas. Cuatro de estos versos son pleonasmos relacionados a subir o bajar escaleras, mientras que los dos restantes están ubicados espacialmente como los bordes interiores de las piernas, y están dispuestos de tal manera que se leen como dos partes de un mismo intercambio comunicativo, en el que las dos partes buscan algo que en sus respectivos lados no pueden encontrar. Así, interpretamos este fragmento del caligrama como el absurdo en el que el hablante lírico se encuentra al buscar una respuesta a la confusión sobre la que ha reflexionado durante el poema.
Comprendemos, entonces, este caligrama como una obra introductoria del temple de ánimo del hablante lírico al comienzo del libro, en constante cuestionamiento de la norma establecida y, como consecuencia, confusión con respecto a su propia identidad.
Poema 12
Justo en el punto medio de los relatos de la obra se ubica el segundo de los tres textos que presentan una estructura radicalmente diferente al resto. En este caso, el poema 12 es el único que está en verso, compuesto únicamente por verbos, en su mayoría conjugados en tercera persona plural, con uso de pronombres recíprocos y reflejos, los que implican que la acción efectuada afecta directamente a quienes la realizan. Así, durante todo el poema se presenta una experimentación mediante la acción, pero no individual, sino que, en constante relación con otra persona, lo que les permitiría a ambos participantes de la interacción experimentar, al mismo tiempo, tanto el lado de la víctima como la del victimario (siguiendo el supuesto de que toda acción implica que alguien va a terminar dañado, la cual se desarrollará más adelante). Este será otra de las reflexiones que afectará la interpretación del resto de la obra, pues si bien antes se esperaba la sublimación de todo tipo de experiencias, ahora esta toma una dimensión relacional, en la que la interacción con el otro me permite conocer su experiencia de una forma más cercana y, por lo tanto, la posibilidad de sublimación de la existencia a través del otro.
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