Ciencia Y Tecnologia
Enviado por parraolivaresdan • 11 de Septiembre de 2012 • 10.741 Palabras (43 Páginas) • 371 Visitas
CIENCIA, TECNOLOGÍA Y HUMANIDADES PARA EL SIGLO XXI.
IDEAS EN TORNO A UNA TERCERA CULTURA
I
Hace un par de años, con motivo de una conferencia que pronunció en la Cátedra
Ferrater Mora de la Universidad de Girona, el conocido escritor y humanista George Steiner,
ofrecía esta declaración llamativa: “Hasta que los estudiantes de humanidades no aprendan
seriamente un poco de ciencia, hasta que la gente que estudia lenguas clásicas o literatura
española no estudie también matemáticas, no estaremos preparando la mente humana para el
mundo en que vivimos. Si no entendemos algo mejor el lenguaje de las ciencias no podemos
entrar en los grandes debates que se avecinan. A los científicos les gustaría hablar con nosotros,
pero nosotros no sabemos cómo escucharles. Este es el problema”
1
.
Es posible que el gran Steiner, decepcionado ya de lo que han sido en el siglo XX las
humanidades clásicas y de lo que hemos llamado alta cultura humanística, exagere un poco en
su vejez (eso sí, por reacción ante otras presunciones anteriores) al poner todas sus esperanzas
en lo que en esa misma entrevista él denomina la moral implícita en la metodología científica.
Pues tiende a identificar ahora la alegría que suele acompañar a la investigación científica en
acto con la gaya ciencia nietzcheana. Y tal vez exagere otro poco al declarar, gozoso, que,
finalmente, las matemáticas, la computación y el cálculo han venido a ocupar el lugar que
ocuparon las humanidades y al confesar que él mismo se encuentra hoy mucho más a gusto
entre los colegas científicos dedicados a la demostración del teorema de Fermat, o a explicar por
qué la máquina Deep Blue pudo ganar a Kasparov, que leyendo la enésima tesis doctoral sobre
Shakespeare o Baudelaire.
Para poner en su lugar las esperanzas del sabio y viejo humanista decepcionado de la
alta cultura de los “letreros” y esa percepción externa de la gaya ciencia, de la alegría con que
se comporta el investigador científico, bastará, tal vez, con recordar aquí la forma en que uno de
los más eminentes físicos de la segunda mitad del siglo XX, Richard P. Feynman, se ha referido
al estado de ánimo del investigador científico en una de las más alabadas exposiciones de la
física contemporánea:
Uno de los descubrimientos más impresionantes [de este siglo] fue el del origen de la energía de
las estrellas, que hace que sigan quemándose. Uno de los hombres que lo descubrió estaba con su novia la
noche siguiente al momento en que comprendió que en las estrellas deben tener lugar reacciones
nucleares para hacer que brillen. Ella dijo: Mira qué bellas brillan las estrellas. Él dijo: Sí, y en este
momento yo soy el único hombre en el mundo que sabe por qué brillan. Ella simplemente le sonrió. No
estaba impresionada por estar con el único hombre que, en ese instante, sabía porqué brillan las estrellas.
Y bien, es triste estar solo, pero así son las cosas de este mundo
2
.
Dejando aparte las exageraciones acerca de los estados de ánimo de los unos y los otros
(sobre todo cuando los unos hablan de los otros y los otros de los unos), se ha de reconocer que
Steiner no es el único humanista grande del siglo XXI que está diciendo cosas así.
1
G. Steiner, en Tripodos nº 12, URL, Barcelona, 2002
2
R.P. Feynman, Seis piezas fáciles. La física explicada por un genio. Crítica, Barcelona, 2002. Ciencia, Tecnología y Sustentabilidad
El Escorial, julio 2004
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Al afirmar que si no entendemos algo mejor el lenguaje de las ciencias no podremos ni
siquiera entrar en los grandes debates públicos que se avecinan, Steiner está apuntando a un
problema real de nuestro tiempo. Pues si se quiere hacer algo en serio a favor de la resolución
racional y razonada de algunos de los grandes asuntos socioculturales y ético-políticos
controvertidos, en sociedades como las nuestras, en las cuales el complejo tecno-científico ha
pasado a tener un peso primordial, no cabe duda de que los humanistas van a necesitar cultura
científica para superar actitudes sólo reactivas, basadas exclusivamente en tradiciones literarias.
A lo que habría que añadir, como suelen hacer algunos de los grandes científicos
contemporáneos, también ellos desde las alturas de edad, que tampoco hay duda de que los
científicos y los tecnólogos necesitarán formación humanística (o sea, histórico-filosófica,
metodológica, ética, deontológica, etcétera) para superar el viejo cientifismo de raíz positivista
que todavía tiende a considerar el progreso humano como una mera derivación del progreso
científico-técnico.
Este es el motivo de fondo por el que en los últimos tiempos, y desde perspectivas
diferentes, científicos sensibles y humanistas comprometidos están dando tanta importancia a la
indagación de lo que podría ser una tercera cultura.
II
En lo que sigue voy a intentar argumentar un poco más lo que está en el fondo de la
preocupación de humanistas como Steiner.
Sin cultura científica no hay posibilidad de intervención razonable en el debate público
actual sobre la mayoría de las cuestiones que de verdad importan a la comunidad de la que
formamos parte. Esto se debe a que, como se ha dicho tantas veces, la ciencia es ya parte
sustancial de nuestras vidas. Un importante número de las discusiones públicas, ético-políticas o
ético-jurídicas ahora relevantes, suponen y requieren cierto conocimiento del estado de la
cuestión de una o de varias ciencias naturales (biología, genética, ecología, etología, física del
núcleo atómico, termodinámica, neurología, etc).
Pondré unos pocos ejemplos que me parecen significativos para argumentar esto.
Para orientarse en los debates sobre la actual crisis ecológica, sobre el uso que se hace
de las energías disponibles y sobre la resolución de los problemas implicados en ese uso desde
el punto de vista de lo que llamamos sostenibilidad, ayuda mucho la recta comprensión del
sentido de los principios de la termodinámica, en particular de la idea de entropía, como
mostraron hace ya años, entre otros autores,
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