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DIVINA COMEDIA


Enviado por   •  10 de Septiembre de 2013  •  1.723 Palabras (7 Páginas)  •  288 Visitas

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La Divina Comedia

El Paraíso: Canto XXXII

de Dante Alighieri

Atento a su placer, aquel contemplativo

asumió libre oficio de doctor,

y comenzó con estas palabras santas:

María restañó y ungió la llaga,

que abrió y punzó aquella

que a sus pies yace tan bella.

En el orden que forman las tercias sedes,

está sentada Raquel debajo de ella

con Beatriz, como lo estás viendo.

Sara y Rebeca, Judit y aquella

que bisabuela fue del cantor que en el dolor

de su falta Miserere mei cantó,

las puedes ver así de grada en grada

descender, a las que voy nombrando

por la rosa bajando de hoja en hoja.

Y del séptimo grado abajo, así como

hasta él, siguen las Hebreas

dirimiendo de la flor todas las ondas;

porque, conforme al mirar que mira

a la fe de Cristo, ellas son un muro

que divide a las escalas sacras.

De esta parte donde el capullo es maduro

en todas sus hojas, están sentados

los que en Cristo creyeron venturo;

de la otra parte, entre espacios

vacíos del hemicírculo, están

quienes los ojos pusieron en Cristo venido.

Y de igual forma como el glorioso escaño

de la señora del cielo y los otros escaños

de abajo tantas divisiones forman,

así correspondiendo está el gran Juan,

que siempre santo el desierto y el martirio

padeció, y luego el infierno dos años;

y siguiendo debajo de él forman divisiones

Francisco, Benito y Agustín,

y otros hasta abajo de giro en giro.

Ahora mira el alto proveer divino,

que a ambos aspectos de la fe

igualmente en este jardín satisfizo;

y sabe que del grado hacia abajo que hiende

como media senda de ambas discreciones,

por ningún mérito propio se sienta,

mas por el de otro, bajo ciertas condiciones;

pues todos estos espíritus son liberados

antes que pudieran tener verdaderas elecciones.

Bien lo puedes percibir por los rostros

y también por las pueriles voces,

si bien los miras y los oyes.

Ahora dudas y dudando callas;

mas yo resolveré el fuerte ligamento

en el que te atan los sutiles pensamientos.

Dentro de la amplitud de este reino

casual punto no puede tener sitio,

como tampoco tristeza, sed o hambre;

pues por eterna ley ha sido establecido

lo que ves, de modo que en justicia

todo se ajusta como anillo al dedo.

Sin embargo esta festinada gente

en la verdadera vida no está sine causa

y adentro los hay más o menos excelentes.

El rey por quien este reino descansa

en tanto amor y deleite,

que ninguna voluntad por más arde,

las mentes todas en su alegre aspecto

creando, a su placer de gracia las dota

diversamente; y aquí baste el efecto.

Lo cual expresa y claramente se nota

en la Escritura santa en los gemelos

a quienes en la madre agitó la ira.

Por tanto, conforme al color de los cabellos

de tal gracia, la luz altísima

es preciso que dignamente los corone.

Así pues, sin mérito en sus costumbres,

puestos son en grados diferentes,

solo difiriendo por la prima lumbre.

Bastaba en los recién creados siglos

junto con la inocencia, para salvarse,

la sola fe de los padres;

luego, la edad primera transcurrida,

a los varones en las inocentes plumas hubo

que circuncidarlos para adquirir virtud;

mas luego que el tiempo de la gracia vino,

sin el bautismo perfecto de Cristo

su inocencia allá abajo se retiene.

Contempla ahora la faz que a Cristo

más se asemeja, porque sólo su claridad

podrá disponerte para ver a Dios.

Yo vi encima de él tanta alegría

llover, llevada por las mentes santas

creadas a trasvolar por tal altura,

de cuantas cosas había visto antes,

con tanta admiración no quedé en suspenso,

ni me mostró de Dios tal semejante.

Y aquel amor que allí primero bajó

cantando Ave Maria, gratia plena,

ante ella sus alas extendió.

Respondió a la divina cantinela

de todas partes la beata corte,

de modo que cada faz se vio más serena.

¡Oh padre santo que por mi soportas

estar aquí abajo, dejando la dulce sede

que ocupas por designio eterno,

¿quién es aquel ángel que con tanto gozo

sus ojos mira nuestra reina,

tan enamorado que de fuego parece?

Así recurrí una vez más a la doctrina

de aquel que embellecía de María,

como del Sol la estrella matutina.

Y él a mi: Decoro y alegría

cuanta haber puede en ángel o en alma,

toda en él está; y así queremos que sea,

porque él es quien llevó la palma

hasta María, cuando el Hijo de Dios

cargar quiso el peso de nuestra carne.

Mas ven ahora con los ojos así como voy

hablando, y observa los patricios grandes

de este imperio muy justo y pío.

Esos dos allá arriba sentados muy felices

por estar muy cerca de la Augusta,

son de esta rosa casi dos raíces.

Aquel que a la izquierda yace junto

es el padre por cuyo audaz gusto

la humana raza tan amargo gusta:

a la diestra mira aquel padre vetusto

de la Santa Iglesia, a quien Cristo las llaves

recomendó de este pimpollo venusto.

Y aquel que vio todos los tiempos graves,

antes de morir, de la bella esposa

ganada con la lanza y con los clavos,

siéntase a su lado; y junto al otro posa

aquel jefe bajo quién vivió de maná

la gente ingrata, mutable y obcecada.

Frente a Pedro observa a Ana sentada,

mirando tan contenta a su hija,

que no mueve ojo por cantar hosanna:

y contra el mayor padre de familia

sentada está Lucía, que impulsó a tu dama,

cuando bajabas para perderte, la vista.

Mas porque huye el tiempo que te adormece,

aquí haremos punto, como buen

...

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