Humano Demasiado Humano
Enviado por wilson216 • 10 de Septiembre de 2013 • 674 Palabras (3 Páginas) • 543 Visitas
Se me ha dicho repetidas veces, con profunda sorpresa por mi parte, que en todas mis
obras, desde El origen de la tragedia hasta Preludios para una filosofía del provenir,
había algo de común; se me ha dicho en todas había redes para atrapar pajarillos inocentes, y
una especia de provocacción al derrumbamiento de todo lo que habitualmente se estima.
¡Cómo! ¿Todo no es humano, demasiado humano? Era la exclamación que, según dicen,
arrancaban mis obras, mezclada a cierto sentimiento de horror y de desconfianza. Se ha
dicho que mis libros son escuela de desprecio y de valor temerario.
Efectivamente, no creo que nadie haya considerado el mundo abrigando las sospechas
que yo, no sólo como abogado del diablo, sino también, empleando el lenguaje teológico,
como enemigo y partidario de Dios; y el que sepa adivinar algo de las consecuencias que
entraña toda sospecha profunda, algo de la sensación de fiebre y de miedo y de las angustias
de soledad a que se condenan todos los que están por encima de la diferencia de miras,
comprenderá también cuánto tengo que hacer para descansar de mi mismo, casi para
olvidarme de mi propio yo, buscando refugio en cualquier sitio, llámese hostilidad o ciencia,
frivolidad o tontería; porque cuando no encontré lo que necesitaba, me lo he procurado con
artificio o falsificación. ¿Han procedido de otro mundo los poetas? ¿Ha sido distinta la
manera de crear el arte en el mundo? Pues bien; lo que yo necesitaba con mayor exigencia
cada día para mi restablecimiento, era adquirir la creencia de que no estaba solo en el existir
así, en ver desde ese prisma mágico un presentimiento de afinidad y semejanza de
percepción y de deseo, un descanso en la amistad, una ceguera de dos, completa, sin
intermitencia alguna, un sentimiento de placer alcanzado desde el primer momento en lo
cercano, en lo vecino, en todo aquello que tiene color, forma y apariencia. Pudieran
reprochárseme a este respecto no pocos “artificios”, y algo también de falsa acuñación; por
ejemplo, que tengo con cabal conocimiento y plena voluntad cerrados los ojos ante el ciego
deseo que Schopenhauer siente por la moral desde una época en que ya tenía yo bastante
clarividencia de ella; que me he engañado a mi mismo respecto al incurable romanticismo
de Ricardo Wagner, como si fuera un principio, no un fin (pasándome lo propio con relación
a los griegos y a los alemanes y su porvenir); hasta podría presentárseme una larga lista de
observaciones. Pero aun suponiendo que todo esto fuera cierto, ¿qué sabéis, qué podréis
saber de lo que haya de astucia, de instinto de conservación, de razonamiento y de
precaución superior en semejante autoengaño, y de lo que
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