La biografía y el legado de John Dewey
Enviado por anhitha • 26 de Noviembre de 2012 • Documentos de Investigación • 11.095 Palabras (45 Páginas) • 360 Visitas
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El texto que sigue se publicó originalmente en Perspectivas: revista trimestral de educación comparada
(París, UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXIII, n os 1-2, 1993,
págs. 289-305.
©UNESCO: Oficina Internacional de Educación, 1999
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JOHN DEWEY
(1859-1952)
Robert B. Westbrook 1
John Dewey fue el filósofo norteamericano más importante de la primera mitad del siglo XX. Su
carrera abarcó la vida de tres generaciones y su voz pudo oirse en medio de las controversias
culturales de los Estados Unidos (y del extranjero) desde el decenio de 1890 hasta su muerte en
1952, cuando tenía casi 92 años. A lo largo de su extensa carrera, Dewey desarrolló una filosofía
que abogaba por la unidad entre la teoría y la práctica, unidad que ejemplificaba en su propio
quehacer de intelectual y militante político. Su pensamiento se basaba en la convicción moral de
que “democracia es libertad”, por lo que dedicó toda su vida a elaborar una argumentación
filosófica para fundamentar esta convicción y a militar para llevarla a la práctica (Dewey, 1892,
pág. 8). El compromiso de Dewey con la democracia y con la integración de teoría y práctica fue
sobre todo evidente en su carrera de reformador de la educación.
Cuando se hizo cargo de su puesto en la universidad de Chicago en el otoño de 1894, Dewey
escribía a su esposa Alice: “A veces pienso que dejaré de enseñar directamente filosofía, para
enseñarla por medio de la pedagogía” (Dewey, 1894). Aunque en realidad nunca dejó de enseñar
directamente filosofía, las opiniones filosóficas de Dewey probablemente llegaron a un mayor
número de lectores por medio de las obras destinadas a los educadores, como The school and
society (1899) (La escuela y la sociedad), How we think (1910) (Cómo pensamos), Democracy
and education (1916) (Democracia y educación) y Experience and education (1938) (Experiencia
y educación), que mediante las destinadas principalmente a sus compañeros filósofos y, como él
mismo dijo, Democracy and education fue lo que más se parecía a un resumen de “toda su
postura filosófica” (Dewey, 1916). No es una casualidad, observaba, si como él, muchos grandes
filósofos se interesan por los problemas de la educación, ya que existe “una estrecha y esencial
relación entre la necesidad de filosofar y la necesidad de educar”. Si filosofía es sabiduría –la
visión de una “manera mejor de vivir”–, la educación orientada conscientemente constituye la
praxis del filósofo. “Si la filosofía ha de ser algo más que una especulación ociosa e inverificable,
tiene que estar animada por el convencimiento de que su teoría de la experiencia es una hipótesis
que sólo se realiza cuando la experiencia se configura realmente de acuerdo con ella, lo que exige
que la disposición humana sea tal que se desee y haga lo posible por realizar ese tipo de
experiencia”. Esta configuración de la disposición humana puede conseguirse mediante diversos
agentes, pero en las sociedades modernas la escuela es el más importante y como tal constituye un
lugar indispensable para que una filosofía se plasme en “realidad viva” (Dewey, 1912-1913, págs.
298, 306 y 307).
Los esfuerzos de Dewey por dar vida a su propia filosofía en las escuelas estuvieron
acompañados de controversias y hasta hoy día siguen siendo un punto de referencia en los debates
acerca de los fallos del sistema escolar norteamericano: el enemigo encarnizado de los
conservadores fundamentalistas es considerado como el precursor inspirador de los reformadores
partidarios de una enseñanza “centrada en el niño”. En estos debates, ambos bandos suelen leer
erróneamente a Dewey, sobreestimando su influencia y subestimando los ideales democráticos que
animaban su pedagogía.
Advenimiento de un pedagogo
John Dewey nació en Burlington (Vermont) en 1859, hijo de un comerciante. Se graduó en la
Universidad de Vermont en 1879 y después de un breve período como maestro de escuela en
Pennsylvania y en Vermont continuó sus estudios en el departamento de filosofía de la universidad
John Hopkins, primera institución que organizó los estudios universitarios basándose en el modelo
alemán. Allí recibió la influencia de George S. Morris, un idealista neohegeliano. Al obtener el
doctorado en 1884 con una tesis sobre la psicología de Kant, Dewey acompañó a Morris a la
universidad de Michigan, donde lo sucedió en la dirección del departamento de filosofía.2
Cuando vivía en Michigan, Dewey conoció a su futura esposa, Alice Chipman, que era una de
sus estudiantes. Alice llegó a la universidad después de varios años de maestra en escuelas de
Michigan e influyó más que nadie en la orientación que tomarían sus intereses a finales del decenio
de 1880. Dewey reconoció que ella había dado “sentido y contenido” a su labor y que tuvo una
influencia importante en la formación de sus ideas pedagógicas (Jane Dewey, 1951, pág. 21).
Cuando se casó, Dewey empezó a interesarse activamente por la enseñanza pública y fue miembro
fundador y administrador del Club de Doctores de Michigan, que fomentó la cooperación entre
docentes de enseñanza media y de enseñanza superior del Estado. Cuando el presidente de la
recién fundada universidad de Chicago, William Rainey Harper, le invitó a esa nueva institución
Dewey insistió para que su nombramiento incluyera la dirección de un nuevo departamento de
pedagogía, consiguiendo que se creara una “escuela experimental” para poder poner sus ideas a
prueba. Durante los 10 años que pasó en Chicago (1894-1904), Dewey elaboró los principios
fundamentales de su filosofía de la educación y empezó a vislumbrar el tipo de escuela que
requerían sus principios.
Pragmatismo y pedagogía
Durante el decenio de 1890, Dewey pasó gradualmente del idealismo puro para orientarse hacia el
pragmatismo y el naturalismo
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