Ontologia
Enviado por sandrino_jams • 27 de Junio de 2014 • 1.348 Palabras (6 Páginas) • 153 Visitas
CAPITULO 1:
BASES DE LA ONTOLOGIA DEL LENGUAJE
Estamos participando en una transformación histórica fundamental: se está gestando una
nueva y radicalmente diferente comprensión de los seres humanos. Este es uno de aquellos
acontecimientos especiales de la historia que tienen el poder de reconfigurar lo posible y de
modificar el futuro.
Estamos en el umbral de una nueva era histórica. Y los primeros en comprender la
naturaleza de este importante cambio podrán ser capaces de emprender caminos que otros
encontrarán más difíciles y de obtener ventajas que eventualmente les permitirán convertirse
en pioneros y líderes en sus respectivos campos.
El nacimiento de la deriva metafísica
La historia suele concebirse como la secuencia de las huellas dejadas por los
acontecimientos ocurridos en el pasado. Sin embargo, sabemos que no todos los acontecimientos
tienen el mismo impacto sobre el futuro, ni todos los momentos de la historia han
sido igualmente fecundos en la producción de nuevas posibilidades. Algunos han sido más
importantes que otros, y muy pocos han sido capaces de abrir largos períodos históricos para
la humanidad.
Hace mucho tiempo, una de esas grandes transformaciones históricas tuvo lugar en la
antigua Grecia. Alrededor del año 700 a.C, fue inventada una nueva forma de comunicación:
el alfabeto. Este hecho tuvo consecuencias históricas trascendentales al crear las condiciones
a partir de las cuales se generó un tipo de ser humano particular: el hombre y la mujer
occidentales.1
La invención del alfabeto dio origen a cambios fundamentales en la sociedad. Nuestras
nociones de educación, de sabiduría y de convivencia social fueron todas profundamente
transformadas. Surgieron nuevas prácticas sociales. Los poetas se vieron pronto obligados a
ceder a los filósofos la educación de la juventud. Se inventó la democracia. No obstante, los
cambios quizás más importantes tuvieron lugar en un área menos visible: en la
transformación de nuestras categorías «mentales», en la manera en que los seres humanos
piensan sobre ellos mismos y sobre el mundo.
Antes de la invención del alfabeto, los seres humanos vivían en lo que llamamos un
«lenguaje del devenir». Lenguaje y acción estaban entonces estrechamente unidos. Se
reconocía de manera natural que el hablar tenía el poder de hacer que ciertas cosas
sucedieran; cosas que posiblemente no habrían acontecido, de no haber dicho alguien lo que
dijo. Los poetas, los responsables entonces de la educación, cumplían con su función de
enseñar relatando historias épicas o fábulas, narraciones sobre acciones realizadas por
humanos, héroes y dioses. De esta forma, se sabía lo que era la piedad, el amor o la perfidia
a través de las acciones realizadas por los personajes de esas historias. Por ejemplo, se
accedía a la sabiduría obrando a la manera de aquéllos a quienes la comunidad, a través de
estos relatos, como en el caso de Ulises, consideraba sabios. Se aprendía la valentía obrando
según aquellos que la comunidad, en sus historias, consideraba valientes, como Aquiles.
1 La interpretación que se ofrece a continuación se apoya en los trabajos de autores tales como Eric A. Havelock (1963 y
1986), Walter Ong (1982), Jack Goody (1987) y Robert K. Logan (1986), entre otros.
R a f a e l E c h e v e r r í a O n t o l o g í a d e l L e n g u a j e
1 5
El alfabeto separó al orador, el lenguaje y la acción. Este fue un cambio de gran
envergadura. Una vez que un texto estaba escrito, parecía hablar por sí mismo y, para
escucharlo, el orador dejaba de ser necesario.
A la vez, se produjo un desplazamiento de un lenguaje de acción a un lenguaje de ideas.
La reflexión comenzó a suplantar el papel que previamente había tenido el relato de
acontecimientos. Con el advenimiento del alfabeto, cambió nuestra manera de pensar sobre
las cosas. Entonces pasamos a preguntarnos «¿qué es la sabiduría?», «¿qué es la
valentía?» con independencia de las acciones emprendidas por un Ulises o por un Aquiles.
Pasamos a hablar de ellas como ideas, no como rasgos propios de las acciones de los sabios
y de los valientes. Se hizo posible ahora dejar atrás los relatos épicos. Ya no se necesitaba de
la figura de Ulises para hablar de la sabiduría. El relato épico fue progresivamente sustituido
por el tratado. La sabiduría dejó de
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