Educacion
Enviado por Paularenga • 11 de Mayo de 2013 • 1.372 Palabras (6 Páginas) • 312 Visitas
que quiere reunir a los individuos aislados en comunidad pero encuentra su dificultad cuando
se le antepone la pulsión agresiva, de destrucción
Fue Empédocles de Agrigento, filosofo griego (siglo V a.C.), quien habló de los dos
principio básicos, que luego tomará Freud, AMOR y DISCORDIA, es decir EROS y
TANATOS. Eros tiende a unir, Tánatos a deshacer y separar. Esta fantasía cósmica fue
trabajada por el creador del Psicoanalisis como una forma de explicar la naturaleza de
lo humano.
Según el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis, Freud define el término
pulsión como un proceso dinámico consistente en un empuje (carga energética, factor
de movilidad) que hace tender al organismo hacia un fin. Una pulsión tiene su fuente de
excitación corporal (estado de tensión); su fin es suprimir el estado de tensión y gracias
al objeto, la pulsión puede alcanzar su fin.
En la teoría de las pulsiones, expresada en la obra de Freud “El Malestar en la Cultura”
adjudica al hombre una inherente “...pulsión de odiar y aniquilar...” en la complejidad
de su constitución instintiva, y afirma que “la tendencia agresiva es una disposición
instintiva innata y autónoma del ser humano [....] que constituye el mayor obstáculo con
que tropieza la cultura.”
Freud tomó de la mitología griega el nombre Eros para designar a las pulsiones de vida,
dada su base sexual, hacia lo erótico recuperando el mito del amor. Asimismo designó como pulsión destructiva a las que tienen como fin la destrucción del
objeto. Estas operan fundamentalmente en silencio y no pueden reconocerse más que
cuando actúan en el exterior. En el desarrollo libidinal1 del individuo, Freud describió el
juego combinado de la pulsión de vida y la pulsión de muerte.
En la pulsión de muerte, este autor, ve la pulsión por excelencia.
Eros representaría un principio de cohesión consistente en crear unidades cada vez
mayores y mantenerlas: es la ligazón; el fin de Tánatos es por el contrario, disolver los
conjuntos y, de este modo destruir las cosas.
El concepto de ambivalencia afectiva se refiere a la presencia simultánea en relación a
un mismo objeto de tendencias, actitudes y sentimientos opuestos, especialmente amor
y odio. La oposición entre pulsiones de vida y pulsiones de muerte se situaría aun más
claramente en las raíces de lo que llamamos dualismo pulsional. Cabe señalar que según
Freud que “la esencia más profunda del hombre consiste en impulsos instintivos iguales
en todos y tendentes a la satisfacción de ciertas necesidades primitivas. Estos impulsos
instintivos no son en sí ni buenos ni malos”2, sino que se van transformando en el
camino evolutivo hasta mostrarse eficientes en el adulto. Dicha transformación
responde tanto a factores internos y externos. Los primeros por la necesidad de amor y
aceptación y el externo es la educación que representa las exigencias de la civilización.
Si planteamos el tema de la constitución de cada individuo desde la teoría freudiana del
dualismo pulsional, es también para poder dar cuenta de lo que ocurre a nivel de los
grupos, las comunidades y los estados nacionales, donde se reproduce de alguna manera
estas particularidades de lo humano. El odio y la destructividad dependen de la pulsión
de muerte y de que ésta es inseparable de la pulsión de vida. La cultura se construye, en
lo esencial, a expensas de la pulsión de vida.
La cultura es entonces un proceso puesto al servicio del Eros, que busca su expansión en unidades cada vez mayores, libidinalmente vinculadas (familias, tribus, pueblos, naciones), con la constante oposición del instinto de muerte. "Ahora, creo, el sentido de la evolución cultural ya no nos resultará impenetrable; por fuerza debe presentarnos la lucha entre Eros y muerte, instinto de vida e instinto de destrucción, tal como se lleva a cabo en la especie humana". Y esta lucha de Titanes es el que "nuestras nodrizas pretenden aplacar con su <<arroró del Cielo>>".
• La conciencia moral o el super-yo: el masoquismo del individuo como mecanismo de defensa de la cultura y el sentimiento de culpabilidad.
De acuerdo con estas ideas de Freud, el cristianismo, con su precepto de amar al prójimo, y la conciencia moral
...